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Opinión

Un «Líbano 2045» para preparar la paz junto a la diáspora

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نُشر nov 6, 2026 - 12:46

El Líbano atraviesa uno de los períodos más difíciles de su historia. Las tensiones en materia de seguridad, las armas fuera del control del Estado, la presencia militar extranjera y las consecuencias del colapso económico y financiero obstaculizan la recuperación. No es posible concebir una reconstrucción duradera sin soberanía, sin seguridad y sin instituciones capaces de asumir sus responsabilidades. Pero ¿hay que esperar a que se resuelvan todas estas crisis para preparar el futuro? Desde luego que no.

La paz no debe encontrarnos sin un proyecto. El mundo está viviendo profundas transformaciones. Nuestros amigos tradicionales, en particular los países del Golfo, con los que nos unen relaciones históricas y fraternales, también deben afrontar sus propios desafíos.

Por tanto, el Líbano no puede construir su futuro limitándose a esperar ayuda exterior. Debe apoyarse, ante todo, en sus recursos, en el talento de su gente y en el inmenso potencial de su diáspora. Esto no significa en absoluto renunciar a nuestros socios árabes e internacionales, pero es necesario ofrecerles instituciones creíbles y proyectos capaces de atraer inversiones.

La ayuda exterior debe acompañar la recuperación, no sustituirla.

De «Sí, podemos» a «Visión Líbano 2045»…

Esta convicción inspiró las conferencias internacionales Sí, podemos, organizadas durante tres años consecutivos en la Universidad Árabe de Beirut, en Trípoli, por iniciativa de HALFA —Empresarios Libaneses de Francia—, junto con socios del ámbito universitario y económico.

La tercera edición, celebrada los días 26 y 27 de mayo de 2025 bajo el patrocinio del primer ministro Nawaf Salam, representado en la inauguración por la ministra de Educación, Rima Karami, reunió a varios miembros del Gobierno, académicos, empresarios y representantes de la diáspora.

Los debates se centraron, entre otros temas, en cuatro infraestructuras estratégicas del norte del Líbano: el puerto de Trípoli, la Feria Internacional Rachid Karamé, la Zona Económica Especial de Trípoli y el aeropuerto René Mouawad de Kleiat.

En las semanas siguientes, el Gobierno impulsó avances en varios asuntos, en particular en lo relativo al aeropuerto de Kleiat y al nombramiento de un nuevo consejo de administración de la Feria Rachid Karamé. Estas decisiones son, naturalmente, fruto de esfuerzos conjuntos y no pueden atribuirse a una sola conferencia. No obstante, ilustran la importancia del diálogo entre responsables públicos, sectores económicos, académicos y la diáspora.

Esta cultura de la escucha, la toma de decisiones y los resultados es la que el Líbano debe extender. Entre los ponentes figuraba el Dr. Kamil Jbeily, cuyas reflexiones contribuyeron a alimentar una aspiración nacional de mayor alcance. Como continuación de estos encuentros, bajo su impulso y con la participación de libaneses de distintas comunidades y de la diáspora, se desarrolló la iniciativa «Visión Líbano 2045». Esta propuesta parte de una convicción fundamental: el Líbano no se reconstruirá únicamente con capital. También tendrá que reconstruir la confianza, la ética pública, el sentido de ciudadanía y la responsabilidad individual.

La visión que promueve el Dr. Jbeily sitúa en el centro de la recuperación a ciudadanos competentes, íntegros, constructivos y comprometidos, cuya lealtad primordial sea hacia el Líbano, por encima de las divisiones partidistas y confesionales. Reconstruir la ciudadanía es tan indispensable como reconstruir las instituciones.

De la visión a la acción

A esta aspiración a largo plazo podría sumarse una hoja de ruta económica y financiera a corto plazo, elaborada desde ahora con objetivos medibles, fuentes de financiación identificadas y plazos precisos. Tres prioridades podrían articularla.

En primer lugar, restablecer la credibilidad del Estado. Las directrices nacionales corresponden al poder político, pero la ejecución de los proyectos debe confiarse a profesionales competentes, protegidos de las injerencias partidistas y sujetos al cumplimiento de objetivos. Podría contemplarse la creación de una autoridad independiente para la reconstrucción y el desarrollo económico, con un mandato preciso y mecanismos rigurosos de control.

En segundo lugar, reconstruir el sistema bancario y recuperar la confianza de los depositantes. Será necesario determinar las responsabilidades financieras respectivas del Estado, del Banco del Líbano y de los bancos comerciales, en particular a la luz del artículo 113 del Código de la Moneda y del Crédito, y después establecer un calendario creíble y con financiación garantizada para la devolución de los depósitos. La reestructuración bancaria no puede sustentarse únicamente en textos legislativos. Exige responder a una pregunta fundamental: ¿de dónde saldrá el dinero necesario?

En tercer lugar, preparar proyectos económicos viables. La electricidad, el agua, el transporte, la agricultura, la industria, la formación profesional y las nuevas tecnologías deben contar con programas presupuestados y sujetos a control. La diáspora podría contribuir con sus inversiones, sus conocimientos y sus redes internacionales. Pero la reconstrucción no debe limitarse a las infraestructuras. También debe crear empleo, apoyar a las empresas, evitar que los jóvenes se marchen y devolver a los libaneses la posibilidad de vivir dignamente en su país. Debe ser nacional, abierta a todas las regiones y a todas las comunidades, sin que ningún partido se la apropie.

Rechazar el fatalismo

La soberanía y la seguridad siguen siendo indispensables para una recuperación duradera. Pero nada nos impide preparar desde ahora las reformas, los equipos y los proyectos que podrán ponerse en marcha cuando las circunstancias lo permitan. No podemos decidir por nosotros solos el día en que volverá la paz. Pero sí podemos decidir qué Líbano encontrará a su llegada.

Nuestro país ha atravesado pruebas que podrían haber quebrado a muchas otras naciones. Sin embargo, aún cuenta con las mujeres, los hombres, los conocimientos y los recursos humanos necesarios para su recuperación. Mientras un pueblo conserve la voluntad de vivir, trabajar y reconstruir, nada estará definitivamente perdido. La esperanza no consiste en esperar pasivamente tiempos mejores. Consiste en preparar, desde hoy, las condiciones para que vuelvan. Confiemos ante todo en nosotros mismos. Organicemos nuestras fuerzas. No perdamos años esperando el futuro. Preparémoslo.

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