


El sur de Siria vuelve a ocupar el primer plano, esta vez desde una perspectiva distinta: la seguridad hídrica de Jordania, un asunto al que el rey Abdalá II otorgó una importancia extraordinaria, con una insistencia casi dramática, durante el discurso que pronunció hace unos días ante la Asamblea Nacional, integrada por el Senado y la Cámara de Representantes. Ante la falta de cooperación y coordinación entre Jordania y Siria en todos los ámbitos, especialmente en la lucha contra el terrorismo, Israel continuará realizando incursiones periódicas en el sur de Siria, en un intento evidente por controlar esa región y sus alrededores, con especial interés en la cuenca del río Yarmuk y en sus recursos hídricos.
Era natural que Abdalá II, en el discurso del trono con el que inauguró el tercer periodo ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional, centrara su atención en la masacre que tuvo como víctimas a las personas reunidas para un funeral en una iglesia de la aldea de Hammoud, en la gobernación de Karak. El monarca jordano no dudó en afirmar que "tenemos una deuda con los mártires de Karak". También era natural que insistiera, una vez más, en que "no puede haber seguridad ni estabilidad en nuestra región sin que se haga efectivo el derecho del pueblo palestino a su tierra". Estas declaraciones se inscriben en la continuidad del enérgico discurso que Abdalá II pronunció ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre pasado, cuando condenó duramente a Israel y sus acciones en Cisjordania y Gaza.
El monarca jordano no abordó directamente la situación en el sur de Siria. Sin embargo, los ataques efectuados por la aviación jordana contra un objetivo específico cerca de Daraa dejaron claro que esa región se había convertido en un motivo de preocupación para Jordania. Esta inquietud responde al terrorismo que ha echado raíces en el sur de Siria, donde ha establecido bases permanentes, así como a la presencia de elementos extremistas del Estado Islámico (Daesh). El sur de Siria ya no es solo un foco de tráfico de armas y estupefacientes. La situación allí se ha complicado aún más a raíz de dos acontecimientos que afectan directamente a Jordania. El primero tiene que ver con los vínculos entre extremistas en ambos lados de la frontera, como quedó de manifiesto con la masacre perpetrada en la iglesia de Karak. El segundo tiene que ver con la seguridad hídrica. Esta ha sido siempre, y sigue siendo, una preocupación fundamental, situándose en el primer lugar de las prioridades de un reino que se enfrenta a la escasez de agua.
Lo que llamó especialmente la atención en el último discurso de Abdalá II, además de sus renovadas advertencias sobre las acciones israelíes, fue su referencia a la seguridad hídrica de Jordania. Después de señalar que "hoy avanzamos por el camino de la modernización económica y ya se han puesto en marcha varios proyectos importantes y ambiciosos destinados a impulsar la economía nacional, fortalecer su resiliencia y consolidar el papel fundamental de Jordania en la región", el monarca elevó de pronto la voz y exclamó: "¡Agua, agua, agua!". Y agregó: "Nuestra seguridad hídrica es una prioridad nacional. No permitiremos que la sed de los jordanos quede a merced de ninguna circunstancia. En este aspecto, no cabe hablar de compromisos ni de concesiones. Por ello, instruyo al gobierno a continuar con los proyectos de seguridad hídrica y a elaborar planes preventivos para proteger los recursos del país, garantizar su sostenibilidad y preservar los derechos de las generaciones futuras".
Según especialistas en asuntos jordanos, se trataba de una alusión a la cuenca del Yarmuk, cuya importancia es considerable para Siria, Jordania e Israel, países que buscan constantemente recursos hídricos. De este modo, Abdalá II daba a entender que la expansión israelí hacia esta zona constituye ahora una de las preocupaciones fundamentales del Reino Hachemí, en un momento en que la seguridad hídrica se suma a los problemas del terrorismo y el tráfico de armas y estupefacientes con destino a Jordania. Es cada vez más probable que estas consideraciones lleven al reino a adoptar medidas militares y de seguridad preventivas en el territorio sirio para proteger sus intereses y su seguridad nacional.
No cabe duda de que esto impondrá una nueva realidad en el sur de Siria. En otras palabras, el ataque jordano contra islamistas extremistas cerca de Daraa, inmediatamente después de la masacre en la iglesia de Karak, no será una operación aislada. Se enmarca en un conjunto de esfuerzos destinados a evitar que el sur de Siria se convierta en una amenaza para la seguridad de Jordania, incluida la seguridad hídrica. A estas alturas, resulta evidente que las nuevas autoridades sirias no deben subestimar las preocupaciones jordanas ni la importancia de encontrar soluciones de largo plazo. Esto exige un cambio fundamental en la manera en que la nueva administración siria, encabezada por Ahmad al-Sharaa, aborda la cuestión del sur del país. El primer paso consiste en rechazar cualquier presencia del Estado Islámico y de organizaciones similares en esa región, así como poner fin a la actitud permisiva frente a cualquier forma de pensamiento terrorista que emane de los Hermanos Musulmanes.
En definitiva, la nueva administración siria debe abandonar la idea de buscar fórmulas de convivencia con organizaciones que profesan el terrorismo, bajo el pretexto de preservar la cohesión entre los grupos que lograron derrocar al régimen minoritario de los Assad, padre e hijo. Es necesario que la administración esté a la altura de los acontecimientos, comenzando por comprender que las quejas contra las acciones y ambiciones israelíes seguirán siendo simples protestas si no van acompañadas de medidas concretas sobre el terreno. Medidas que demuestren que Ahmad al-Sharaa realmente ha cambiado y que ahora comprende lo que significa erradicar el terrorismo en el sur de Siria, un terrorismo que se perpetró contra los drusos de Sweida y que actualmente se manifiesta mediante la coordinación con elementos extremistas en Jordania.
La eliminación del terrorismo, de los terroristas y de su ideología, junto con una verdadera comprensión de la importancia de la seguridad hídrica a la que se refirió Abdalá II, también contribuirá a crear un clima diferente en las relaciones con Israel, frente a su insistencia en ampliar la ocupación de territorios sirios más allá de los Altos del Golán...

















