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Strategia

Mar Rojo y Cuerno de África: el papel de Turquía (4/6)

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Miembros de las Fuerzas de Defensa Nacional de Etiopía (ENDF) viajan a bordo de un camión al día siguiente de los enfrentamientos entre las fuerzas federales y grupos armados contrarios al Gobierno, en Adigrat, el 17 de octubre de 2026. (AFP)
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Publicado nov 2, 2026 - 18:22

La estrategia turca en el Cuerno de África, la cuenca del Nilo y el mar Rojo responde a una lógica regional. Para Ankara, esta región es una encrucijada geopolítica y económica vital, esencial para proyectar su poder militar hacia el corredor del mar Rojo y el canal de Suez, garantizando así la seguridad de las rutas marítimas de su comercio mundial; asegurar el paso de su flota militar hacia sus bases en Mogadiscio y Catar; desarrollar sus alianzas de defensa y ampliar su influencia diplomática ejerciendo como mediador.

 

Estas ambiciones cobran relevancia en un contexto marcado por las tensiones en el mar Rojo, las rivalidades por las aguas del Nilo y la reanudación de los enfrentamientos en Tigray, en Etiopía, y entre Etiopía y Eritrea. Las distintas vertientes de esta estrategia son las siguientes:

 

– Somalia, principal punto de apoyo de Ankara

 

Somalia sigue siendo el socio más cercano de Turquía en la región. El acuerdo de defensa y cooperación económica firmado en 2024 reforzó su relación y contempla la cooperación en el ámbito marítimo, en particular para desarrollar las capacidades de la Armada somalí.

 

Ankara también forma a militares somalíes en el centro Turksom, en Mogadiscio, su principal base militar en el extranjero. Esta alianza contribuye al desarrollo de los vínculos económicos entre ambos países y se enmarca en el apoyo turco a la integridad territorial de Somalia.

 

– Etiopía y Somalia, el frágil equilibrio de Turquía

 

Las relaciones entre Ankara y Adís Abeba se sustentan en intereses económicos y políticos: intercambios comerciales, inversiones turcas en Etiopía y suministro de equipos militares. Sin embargo, Turquía debe compatibilizar esta alianza con su apoyo a la soberanía y la integridad territorial de Somalia.

 

Esta tensión se hizo patente tras el memorando suscrito en 2024 entre Etiopía y Somalilandia, territorio que declaró su independencia en 1991, separándose así de Somalia. El memorando contemplaba, entre otras cosas, el acceso de Etiopía al puerto de Berbera, algo que Mogadiscio denunció como una vulneración de su integridad territorial. Ankara facilitó entonces el diálogo entre Etiopía y Somalia, en particular mediante el nuevo proceso de Ankara (2024), que contribuyó a su acercamiento diplomático. Turquía buscaba así preservar su alianza con Mogadiscio, mantener el diálogo regional y evitar una escalada, sin perjudicar sus relaciones con Adís Abeba. No obstante, la mediación no resolvió definitivamente la cuestión del acceso de Etiopía al mar, que sigue siendo políticamente delicada.

 

– Egipto, un acercamiento que debe entenderse en su contexto

 

Las relaciones entre Turquía y Egipto han mejorado notablemente tras varios años de fuertes tensiones provocadas por el acuerdo sobre la delimitación de las fronteras marítimas entre Ankara y los dos gobiernos de Libia(1) (2019). La reanudación del diálogo al más alto nivel y el impulso a la cooperación bilateral evidencian un acercamiento regional real. El Cairo y Ankara coinciden en algunos asuntos, como la estabilidad de Somalia, socio privilegiado de Turquía, aunque no comparten los mismos intereses en todas las cuestiones relativas al Cuerno de África y la cuenca del Nilo.

 

No obstante, las relaciones entre Egipto y Etiopía siguen marcadas, en particular, por los desacuerdos sobre la gestión de las aguas del Nilo y la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), que priva a Egipto de una parte importante de sus recursos hídricos. Por otra parte, una eventual adhesión de Egipto al pacto de La Meca (Turquía-Arabia Saudí-Pakistán) no está en absoluto garantizada, y una de las razones sigue siendo la estrategia turca en la cuenca del Nilo.

 

– Sudán, una política prudente en plena guerra

 

En Sudán, donde el devastador conflicto persiste desde hace más de tres años, Turquía adopta una postura de suma cautela ante una situación política y de seguridad extremadamente fragmentada. En octubre de 2026, la catastrófica situación humanitaria provocada por la guerra entre las SAF y las RSF, que atacan indiscriminadamente infraestructuras civiles, asentamientos de desplazados y servicios esenciales, ha llevado a Turquía a adoptar una política de neutralidad benevolente. Esta se traduce en esfuerzos diplomáticos entre los beligerantes, el no alineamiento y la ayuda humanitaria directa a la población afectada.

 

– Eritrea y la evolución del equilibrio regional

 

Las relaciones entre Ankara y Asmara están menos desarrolladas que las alianzas de Turquía con Somalia o Etiopía. No obstante, se enmarcan en un entorno estratégico inestable, lo que hace especialmente delicado cualquier nuevo acercamiento entre ambas partes.

 

En resumen: Turquía busca compaginar varios objetivos, entre ellos mantener su alianza privilegiada con Somalia, preservar sus intereses económicos en Etiopía, fomentar el diálogo entre los países de la región y entre los beligerantes sudaneses, y desarrollar sus relaciones con Egipto. Esta estrategia le otorga una visibilidad considerable, pero no convierte a Ankara en un árbitro todopoderoso. Las crisis de Tigray, las rivalidades en torno al Nilo y los desacuerdos sobre el acceso al mar Rojo limitan su capacidad de acción. La diplomacia turca se desenvuelve, por tanto, en un espacio donde las alianzas siguen siendo pragmáticas, los intereses a veces contradictorios y los riesgos de escalada elevados.

 

Israel y el mar Rojo: desafíos de seguridad y profundidad estratégica

 

La seguridad del mar Rojo sigue siendo una prioridad absoluta para Israel y está intrínsecamente vinculada a la protección del acceso al puerto de Eilat y al refuerzo de la vigilancia de las amenazas procedentes de Yemen. Ante la intensificación del conflicto regional, Israel percibe ahora este corredor marítimo no solo como una ruta comercial, sino también como una línea de frente ante los hutíes, que atacaron al Estado hebreo durante la guerra de Gaza (2023-2024), y como un espacio donde las redes de inteligencia e influencia vinculadas a Irán son especialmente activas.

 

Para contrarrestar estas amenazas, que considera persistentes, Tel Aviv busca ampliar su profundidad estratégica mediante un acercamiento pragmático a diversos socios situados en la ribera africana del mar Rojo, con el objetivo de obtener capacidades de vigilancia e inteligencia, puntos de apoyo logístico o facilidades de acceso marítimo frente a los hutíes y las redes iraníes. El reconocimiento de Somalilandia responde a esta voluntad de diversificar sus apoyos regionales para vigilar mejor las actividades hostiles. Esta postura proactiva ilustra la voluntad israelí de prevenir, a distancia, cualquier intento de cerco por parte de actores respaldados por Teherán.

 

Irán, los hutíes y la proyección de presión indirecta

 

Irán sigue obteniendo importantes beneficios estratégicos de su apoyo a los hutíes de Yemen, al convertir esta alianza en una poderosa palanca de influencia en el corazón de la cuenca del mar Rojo. Esta relación permite a Teherán ejercer una presión constante, a distancia y de manera indirecta, negando expresamente su implicación, sobre Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Israel y las rutas marítimas internacionales. Sin embargo, aunque el apoyo iraní es determinante, los hutíes no son meros auxiliares que ejecutan órdenes a ciegas. Mantienen su autonomía de decisión y dan prioridad a sus cálculos políticos internos, su supervivencia y sus intereses locales. Además, la reanudación de la guerra en Yemen ha acercado a Riad y Abu Dabi y ha reactivado los contactos entre Israel y Arabia Saudí.

 

Seis estrategias en interacción

 

En este entorno en el que interactúan las estrategias regionales, en particular las de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Turquía, Irán e Israel, las potencias extranjeras también están presentes a través de sus armadas, fondeadas en Yibuti(2), desde donde llevan a cabo patrullas navales continuas.

 

Dada la complejidad de la situación en cada país del Cuerno de África y del mar Rojo, ninguna potencia regional ni internacional puede aspirar a organizar por sí sola la seguridad de este corredor. Los riesgos de escalada sitúan a la región en un punto de tensión en el que las estrategias de presión indirecta rozan la contradicción con la posibilidad de un enfrentamiento.

 

(1) – En el Mediterráneo oriental, Turquía y Libia delimitaron en 2019 una frontera marítima estratégica que no tiene en cuenta las islas griegas, con el fin de asegurar el control de yacimientos de gas. Esta delimitación suscita una fuerte oposición por parte de Grecia, Egipto y la ONU.

 

(2) – Las armadas presentes en Yibuti son la francesa, la estadounidense, la china, la japonesa y la italiana.

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