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El Nuevo Mundo

Yemen: para la “República Islámica”, la peor de las noticias

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El príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán (a la derecha) y el vicepresidente de los Emiratos Árabes Unidos, el jeque Mansur bin Zayed Al Nahyan, durante su reunión en Riad, el 29 de septiembre de 2026. Foto SAUDI PRESS AGENCY/AFP
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Por Khairallah Khairallah
Publicado oct 1, 2026 - 03:44

El regreso de la coordinación saudí-emiratí en Yemen constituiría un acontecimiento de enorme importancia a nivel regional, además de ser la peor noticia que podría llegar al oído de la “República Islámica”. No es ningún secreto que Irán está dispuesto a ir lejos en la explotación de Yemen, después de que una parte del país se convirtiera, gracias a los hutíes (el grupo Ansar Allah), en una base militar vinculada a Teherán en la península arábiga.

El regreso de los hutíes al puerto de Mokha, amenazando la navegación por el estrecho de Bab el-Mandeb, así como los ataques contra el Reino de Arabia Saudita lanzados desde territorio yemení, indican que es indispensable hacer frente a los hutíes. Es más, hay que devolverlos a su dimensión natural en el norte de Yemen. Una confrontación de este tipo beneficia a todos los Estados árabes de la región, y no únicamente a Arabia Saudita.

A la luz de los recientes acontecimientos en Yemen, era natural que se produjera el encuentro saudí-emiratí a través de la visita al Reino del jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan, vicepresidente de los Emiratos Árabes Unidos, por invitación del príncipe Khalid bin Salman, ministro saudí de Defensa. En Riad, el jeque Mansour se reunió con el príncipe Mohammed bin Salman, príncipe heredero saudí, lo que indica una reanudación de los contactos entre ambos países y de la coordinación entre ellos al más alto nivel. Los Estados de la región no tienen otra opción que recuperar esa coordinación y reflexionar sobre lo que puede hacerse para proteger la península arábiga.

El peligro que representa Yemen, a la luz del reciente avance de los hutíes hacia el control del estrecho de Bab el-Mandeb, ha vuelto a acercar a Arabia Saudita y los Emiratos. Ha quedado claro, sencillamente, que el Reino no puede prescindir de los Emiratos, ni los Emiratos de Arabia Saudita, especialmente cuando se trata de Yemen… donde el papel de cada uno de los dos países complementa al del otro.

Las victorias militares de los hutíes han demostrado que los Emiratos, que en un pasado reciente sacrificaron a un gran número de sus militares en Yemen, poseían una gran capacidad para coordinar a las fuerzas contrarias a los hutíes. Incluso se puede llegar a decir abiertamente que no puede haber una coordinación eficaz sobre el terreno yemení entre estas fuerzas de distintas orientaciones sin los Emiratos. Desde antes incluso de que los hutíes se apoderaran de Saná, por estas mismas fechas en 2014, los Emiratos lograron reunir a fuerzas del norte y del sur capaces de hacerles frente. Esas fuerzas expulsaron a los hutíes de Adén y Mokha y también contribuyeron a impedir la caída de la ciudad de Marib.

Lo importante ahora es que la celebración del encuentro saudí-emiratí es una buena señal, sobre todo si se toman en cuenta dos factores importantes.

El primero radica en la magnitud de la ofensiva hutí contra Mokha y las montañas que la dominan, cuyo control podría ayudar al “grupo Ansar Allah” a llegar hasta Adén. No es ningún secreto que los hutíes aspiran a regresar a la capital del sur de Yemen, de donde fueron expulsados por fuerzas respaldadas por los Emiratos a principios de 2015. En los combates que tienen lugar en las montañas de Taiz, especialmente en las montañas de Kahboub, los hutíes lanzan a miles de adolescentes a la batalla con el objetivo de alcanzar zonas montañosas que proporcionen protección a Mokha. Estas oleadas humanas hutíes recuerdan a las utilizadas por los iraníes durante su guerra con Irak en la década de 1980. Durante aquella guerra, que duró ocho años, la “República Islámica” utilizaba a adolescentes a quienes el ayatolá Jomeini hacía llevar una “llave del paraíso”, para emplearlos en la limpieza de los campos de minas sembrados por el ejército iraquí. Nada indica que los hutíes tengan consideración alguna por el costo humano de una guerra librada para que Irán controle Bab el-Mandeb y lo utilice como carta en las negociaciones que mantiene con Estados Unidos.

En cuanto al segundo factor, consiste en que saudíes y emiratíes hayan tomado conciencia de que las divergencias respecto a Yemen no sirven de nada y solo benefician a Irán, por la sencilla razón de que los hutíes, que no son más que un instrumento iraní, están permanentemente dispuestos a aprovechar cualquier tipo de desacuerdo interárabe para ampliar la extensión del territorio que controlan en Yemen… y avanzar hacia el sur, en dirección a la ciudad de Adén en particular.

Una vez más, es necesario señalar que la coordinación saudí-emiratí en Yemen solo puede tener repercusiones positivas para ese país, para la región del Golfo y quizá incluso más allá. Es evidente que el entendimiento saudí-emiratí contribuirá a que las fuerzas del sur, incluidas las pertenecientes al Consejo de Transición y las brigadas de los “Gigantes”, estén más dispuestas a participar en los combates en lugar de permanecer como espectadoras de las batallas que se libran contra los hutíes. Un entendimiento de este tipo también contribuirá a reestructurar las fuerzas que estuvieron bajo el mando de Tareq Mohammed Abdullah Saleh, compuestas en su mayoría por combatientes del norte, que se encargaban de proteger Mokha y se vieron obligadas a retirarse de allí.

Queda una pregunta de enorme importancia en un momento en que empiezan a aparecer indicios de una alianza entre los hutíes y el movimiento “Al-Shabaab” en Somalia, un movimiento que no difiere mucho de “ISIS” y que está presente en la otra orilla del mar Rojo. La pregunta está relacionada con la posibilidad de que la coordinación entre Arabia Saudita y los Emiratos vaya más allá de Yemen, es decir, hasta Sudán, donde la única solución consiste en la salida de los dos generales Abdel Fattah al-Burhan y Mohammed Hamdan Dagalo (Hemedti), en lugar de seguir dando vueltas en un círculo cerrado, con todas las repercusiones negativas que ello tiene para el propio Sudán y todo su entorno regional…

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