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El Nuevo Mundo

Una sola guerra, de Yemen a Irak

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بقلم Khairallah Khairallah
نُشر sep 14, 2026 - 00:49

Al tomar el control del puerto de Mokha, los hutíes permitieron a Irán dar un paso importante hacia el control del estrecho de Bab el-Mandeb. Este estrecho constituye el paso obligado hacia el mar Rojo y el canal de Suez. La “República Islámica” ha utilizado a los hutíes en el marco de la guerra que libra contra Estados Unidos e Israel, una guerra que también ha extendido a los Estados árabes del Golfo y a Jordania. Entre estos países figura, en primer lugar, Arabia Saudita, que considera ahora que libra una guerra a lo largo de su extensa frontera con Yemen, al tiempo que es blanco de ataques procedentes de Irak.

Ya no se trata únicamente de una prueba para la “legitimidad” yemení, cuyo propio destino está ahora en entredicho. Es también una prueba para el mundo árabe y el Golfo, sobre todo porque la “República Islámica” no ha dudado en utilizar a Yemen para ejercer presión sobre cada uno de los Estados de la región.

¿Qué hará la administración estadounidense? ¿Comprenderá que la guerra con Irán se ha convertido en un conflicto total, es decir, en una sola y misma guerra que se extiende de Yemen a Irak? ¿Comprenderá que la “República Islámica” está dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias en esta guerra, de la que Irak se ha convertido ahora en un componente esencial?

Lo que ocurre en Yemen plantea la cuestión del futuro de la “legitimidad” yemení y de si esta es capaz de sobrevivir. Pero también se plantea otra cuestión: el futuro de Irak y si se encuentra o no bajo el control de Irán.

No cabe duda de que el éxito militar de los hutíes constituye un éxito considerable para Irán en la estrategia de chantaje que viene practicando. En última instancia, para proseguir esta política hacia los Estados de la región, Irán utiliza a los hutíes, que no son sino uno de los instrumentos de su política regional. Ellos mismos se denominan “grupo Ansar Allah”, en referencia a Hezbolá en el Líbano. No es ningún secreto que Hezbolá desempeñó un papel central en la transformación de los hutíes en Yemen en un mero instrumento al servicio de la “República Islámica”, en particular mediante el entrenamiento, la creación de redes de comunicaciones y la instalación en Beirut de un canal de televisión satelital. De este modo, el norte de Yemen se ha convertido en una base de misiles y drones iraníes en la península arábiga, así como en una amenaza para todos los Estados árabes del Golfo.

Los hutíes ejecutaron las instrucciones iraníes sin la menor vacilación. Desplegaron fuerzas considerables en la batalla por el puerto de Mokha, del que ya se habían apoderado brevemente inmediatamente después de entrar en Saná el 21 de septiembre de 2014, convirtiendo así otra capital árabe en una capital sometida a la autoridad de Teherán. Es bien sabido quién había expulsado anteriormente a los hutíes de Mokha y, antes de eso, de la propia Adén y de otras zonas del sur. Fuerzas respaldadas por los Emiratos Árabes Unidos desempeñaron un papel fundamental en obligar a los hutíes a retroceder en distintas regiones de Yemen, en particular en las provincias del sur.

El interés de los hutíes por Mokha era evidente, empezando por su avance militar en la región montañosa de Taiz, donde “Ansar Allah” ya cuenta con presencia. Los hutíes atacaron posiciones específicas en la provincia de Taiz con el objetivo de cercar Mokha y hacer militarmente inevitable su caída. Lograron entrar en la ciudad aprovechando la ausencia, sobre el terreno yemení, de un frente unido capaz de hacerles frente. Está claro que las divergencias entre las distintas fuerzas yemeníes hostiles a los hutíes crearon una situación de la que estos últimos sacaron el máximo provecho.

Entre algunas facciones del sur y otros grupos que contribuyeron a recuperar Adén y Mokha de manos de los hutíes hace más de diez años ya no existe el mismo entusiasmo por enfrentarlos. Poco sentido tiene ahora reabrir expedientes de los que Yemen bien podría prescindir. Sin embargo, conviene recordar que, en un momento dado, las fuerzas que habían recuperado Mokha de manos de los hutíes estuvieron, junto con otras, a punto de expulsarlos también de Hodeida. Fue a principios de 2018, cuando intervenciones internacionales estadounidenses y británicas impidieron la expulsión de los hutíes de Hodeida.

Llegará el día en que se revelen las razones de la insistencia de ciertos círculos internacionales en mantener a los hutíes en Hodeida, el mayor puerto yemení sobre el mar Rojo. Puede decirse que la situación actual en Taiz es de avances y retrocesos. Los hutíes logran penetraciones en determinadas zonas, como ocurrió en Mokha, y retroceden en otras, llegando incluso a sufrir fuertes pérdidas, como sucedió en Al-Jawf, lejos de Taiz. Pero una cosa está clara: más que nunca, es necesaria una coordinación entre las facciones opuestas a los hutíes, que se supone deben actuar bajo la autoridad de la “legitimidad” encabezada por el Dr. Rashad Al-Alimi. Al final, las rivalidades entre quienes fracasaron estrepitosamente en impedir que Irán llegara a Mokha carecen hoy de toda utilidad.

Una mejor coordinación entre las fuerzas leales a la “legitimidad” yemení o sometidas a su autoridad tampoco basta. Más que nunca, parece necesaria una coordinación árabe, y específicamente del Golfo, en lo que respecta a Yemen. Por una razón sencilla: lo que está en juego es enorme. No se limita al futuro de Yemen ni a la presencia iraní en ese país. Se trata del uso que hace la “República Islámica” de esa presencia para amenazar la seguridad del Golfo en su conjunto, hasta poner en riesgo el canal de Suez y su funcionamiento. Lo ocurrido en Yemen constituye, por tanto, un acontecimiento de enorme importancia, sobre todo porque fue seguido de ataques lanzados desde Irak contra el oleoducto saudita que desemboca en el mar Rojo.

Todo esto ocurre en un momento en que no existe una estrategia estadounidense clara frente a Irán. En cierto momento, Irán no dudó en atacar a varios Estados del Golfo, entre ellos Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Baréin, Qatar y el Sultanato de Omán. Ante la ausencia de una estrategia estadounidense clara, ¿por qué no habría de existir una estrategia árabe del Golfo, con la participación del Reino Hachemita de Jordania, que también está siendo objeto de repetidas agresiones iraníes?

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