


Era necesario poner los puntos sobre las íes respecto de las relaciones entre Marruecos y su vecino español, con el que tradicionalmente ha mantenido buenos vínculos que han experimentado un salto cualitativo en los últimos cuatro años. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Marruecos quiso recordar las distintas etapas por las que han atravesado las relaciones marroquí-españolas, así como el giro positivo registrado en 2022. Ese año, el rey Mohammed VI recibió al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. Conviene recordar, a este respecto, que España desempeñó, después de Estados Unidos, un papel decisivo en la afirmación de la marroquinidad del Sáhara y en el respaldo a la idea de que la única opción viable es una amplia autonomía en el marco de la soberanía marroquí.
Eso es precisamente lo que recuerda el comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí, del que vale la pena reproducir algunos pasajes. El texto subraya que “el Reino de Marruecos ha elegido soberanamente entablar, con el Reino de España, una relación de buena vecindad geográfica, entendimiento político, asociación económica y cooperación en materia de seguridad”. Esta orientación “encontró su expresión más acabada en la Declaración Conjunta del 7 de abril de 2022”, tras el encuentro entre el monarca marroquí y el presidente del Gobierno español.
El comunicado recuerda que “dicha Declaración consagró una nueva etapa en las relaciones, basada en los principios esenciales del respeto mutuo, la confianza recíproca, el diálogo permanente y la ambición de construir una asociación mutuamente beneficiosa”. Gracias a este enfoque, “los dos países lograron cultivar con determinación aquello que los une y contener sus diferencias para abordarlas con serenidad y respeto, lejos de cualquier intento de imponer hechos consumados”.
De este modo, “se obtuvieron resultados tangibles, en particular en el ámbito económico (España es el primer socio económico de Marruecos y el Reino es el segundo socio comercial de España fuera de la Unión Europea), así como en materia de cooperación en seguridad (se salvaron vidas y se desmantelaron redes terroristas y criminales, a menudo a costa de pérdidas humanas y materiales sufridas por las fuerzas marroquíes)”.
El Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí subrayó asimismo que “la cooperación migratoria siempre ha sido coordinada y eficaz”, y añadió que los lamentables acontecimientos ocurridos en Ceuta el pasado mes de julio “requieren sin duda un examen profundo para determinar sus circunstancias, identificar las injerencias, denunciar las manipulaciones y, sobre todo, garantizar que no vuelvan a repetirse”.
El comunicado prosigue: “Ahora, lejos de toda polémica y retórica, el sentido común y un discurso de verdad exigen formular preguntas directas: ¿Por qué mantener las acusaciones contra Marruecos cuando ningún dato, hecho o informe establece implicación alguna de las autoridades marroquíes? ¿Por qué no han sido devueltos los migrantes irregulares, pese a que el Gobierno marroquí se comprometió oficialmente a readmitirlos? ¿Por qué se mantiene a los menores no acompañados lejos de sus familias cuando Marruecos ha reclamado insistentemente su regreso?”. Y agrega que “la respuesta a estas preguntas no debe buscarse en Marruecos, sino entre los actores españoles implicados”.
Desde la perspectiva marroquí, se trata, por tanto, de poner las cosas en su sitio, lejos de polémicas y maniobras políticas que no conducen a nada y que solo pueden perjudicar las relaciones entre dos países unidos por numerosos intereses comunes. Eso es lo que hizo Marruecos mediante el comunicado emitido por el Ministerio de Asuntos Exteriores del Reino, que reafirma ante todo el compromiso marroquí con su asociación con España, al tiempo que rechaza la instrumentalización política del expediente migratorio.
Marruecos quiso también dejar claros varios puntos. Rabat responde a los relatos acusatorios en torno a la migración mientras sigue apostando por la solidez de su asociación con Madrid. Resultó particularmente significativo que Pedro Sánchez afirmara en los últimos días que no existe prueba alguna de una implicación de Marruecos en el fomento de la migración hacia Ceuta, colonia española situada en territorio marroquí.
Marruecos plantea preguntas concretas y legítimas sobre la migración, al tiempo que mantiene su compromiso con el diálogo con España. Rabat llama asimismo a preservar la asociación marroquí-española de las pujas políticas. En pocas palabras, Marruecos se niega a ser instrumentalizado en las disputas políticas internas de España y continúa apostando por su asociación con Madrid. No tiene intención alguna de verse arrastrado al juego de las rivalidades políticas internas españolas.
Estos son los principales puntos en los que insiste Marruecos, y refuerzan su posición en un momento en que no es ningún secreto que la entrada de unos setenta mil ciudadanos marroquíes en Ceuta el pasado 30 de julio se produjo en circunstancias de las que España es considerada parcialmente responsable, en particular debido a una decisión del Tribunal Supremo español que impuso un trato distinto para quienes ingresan a Ceuta por vía marítima.
En definitiva, Rabat desmonta los relatos utilizados para acusarlo y reclama, a cambio, una gestión responsable del expediente migratorio, lejos de toda puja política. Marruecos defiende el balance de su cooperación con España frente a las disputas políticas en torno a la migración, un asunto que pone a prueba la solidez de la asociación marroquí-española.
Marruecos busca seguir desarrollando su relación con España. Sabe perfectamente que ciertos actores conocidos intentan pescar en río revuelto tratando de transformar la cuestión migratoria en una crisis marroquí-española, una crisis que ninguno de los dos países necesita.
Marruecos sabe también que la situación de las dos colonias españolas de Ceuta y Melilla no es natural. Una situación de este tipo solo puede abordarse con sabiduría y paciencia. La sabiduría y la paciencia siempre han caracterizado a la diplomacia marroquí, que recuperó las provincias saharianas mediante una manifestación pacífica, la Marcha Verde, hace más de medio siglo, pero que también supo defender por la fuerza, cuando se vio obligada a hacerlo, aquello que la diplomacia había conseguido.