
Resulta extraño que, ante los ataques que los hutíes lanzan contra Arabia Saudita desde territorio yemení, tantas personas omitan mencionar a Irán y lo que hace la “República Islámica” sobre el terreno. Pareciera que lo que se busca es ocultar la identidad del responsable, como si los hutíes pudieran existir sin la “Guardia Revolucionaria” iraní… o como si se pretendiera ignorar que Yemen se ha convertido en un “espacio de influencia” iraní, tal como lo fue Líbano antes de 2023.
Teherán no ha ocultado, sobre todo desde que se apoderó de Saná el 21 de septiembre de 2014, que había pasado a controlar cuatro capitales árabes: Saná, Bagdad, Damasco y Beirut. Hasta hoy, Teherán sigue controlando Saná y Bagdad. Perdió Damasco definitivamente, pero lucha por mantenerse en Beirut mediante la intimidación de los libaneses. Hezbolá utiliza sus armas, incluidos los explosivos que empleó en un pasado reciente para cometer asesinatos. Esto abarca desde el intento de asesinato de Marwan Hamadé hasta el asesinato de Lokman Slim, pasando por los de Rafic Hariri y sus compañeros, Samir Kassir, Gebran Tueni, Pierre Amine Gemayel, Wissam al-Hassan y otros libaneses íntegros…
Ante todo, al hablar de lo que sucede en Yemen y sus repercusiones en toda la región del Golfo y más allá, hay que llamar a las cosas por su nombre. Es decir, Irán considera ahora que, gracias a su presencia en Yemen, la “República Islámica” ya forma parte de la península arábiga. Por lo tanto, resulta natural relacionar los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb, este último puerta de entrada al mar Rojo, por tratarse de dos pasos de importancia fundamental que Irán controla.
Desde esta perspectiva se explica la reacción iraní ante los esfuerzos de las fuerzas del gobierno “legítimo” de Yemen por impedir que los hutíes controlen Bab el-Mandeb. Esa reacción incluyó los ataques reiterados contra Arabia Saudita, que respalda a ese gobierno. Irán está empeñado en controlar Bab el-Mandeb a toda costa. Ese empeño explica la presión que ejercen los hutíes en su ofensiva contra la ciudad de Taiz. No es ningún secreto que controlar Taiz protege a las fuerzas hutíes presentes en Mokha y les abre de par en par el camino para avanzar hacia Adén…
Es difícil separar a Irán de los ataques contra el reino. Ignorar este vínculo equivale a cerrar los ojos ante una realidad de la que no se puede escapar. Si algunos políticos libaneses han omitido el nombre de Irán, deliberadamente o no, lo que merece atención es la casi unanimidad entre quienes pertenecen al islam político árabe a la hora de ignorar a Irán.
Los Hermanos Musulmanes y quienes se mueven en su órbita encuentran toda clase de argumentos para ignorar a Irán, como si los uniera a ese país una alianza impía por el hecho de que está en guerra con Estados Unidos, con Israel… y con Occidente en general. En el propio Yemen, los Hermanos Musulmanes nunca han sido otra cosa que aliados no declarados de los hutíes, de una u otra manera. Todo lo que han hecho los Hermanos Musulmanes, representados por la Agrupación Yemení para la Reforma (Al-Islah), ha beneficiado a los hutíes.
Esto comenzó en 2011, con los esfuerzos por deshacerse de Alí Abdalá Saleh y del régimen que había instaurado, y llegó hasta la negativa a defender Saná en 2014. En aquel momento, los Hermanos Musulmanes tenían en Saná miles de hombres armados que se limitaron a observar cómo los hutíes se apoderaban de la capital yemení. ¿Por qué los Hermanos Musulmanes no defendieron Saná? ¿No resultaba desconcertante esa postura?
Hace apenas unas semanas quedó claro que nada había cambiado en la manera en que Al-Islah trataba a las fuerzas bajo el mando de Tarek Mohammed Abdullah Saleh, que controlaban Mokha. Las fuerzas dirigidas por Tarek se vieron obligadas a retirarse al no encontrar quién les cubriera la retaguardia y al faltarles el apoyo aéreo que necesitaban en determinado momento, cuando se intensificó la ofensiva hutí…
En definitiva, no cabe distinguir entre el islam político sunita y el chiita en lo que se refiere a la conducta de Irán en la región. Hay algunas excepciones, pero no se puede pasar por alto la complicidad entre el islam político en general y la conducta que Irán ha mantenido desde 1979, año en que se puso fin al régimen del sha y se instauró la “República Islámica”. La prueba más clara sigue siendo la apuesta de Hamás por Irán y la de Irán por Hamás. El dinero del islam político tampoco estuvo al margen de esa apuesta mutua, que condujo al “Diluvio de Al-Aqsa”… y a esta gran transformación de la región. Una transformación que también cambió a Israel, que a su vez pagó el precio de haber hecho la vista gorda, en cierto momento, ante el envío de fondos a Hamás, con el argumento de que eso garantizaba que la división interna palestina se prolongara indefinidamente…





















