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Por LevantTime . - Publicado sep 19, 2026 - 20:26
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Reunidos en torno a la emblemática estatua de la Virgen, alumnos, antiguos alumnos y padres expresaron su apego al Colegio de Nazaret, que forma parte de su identidad.
Acudieron en masa —profesores, padres, antiguos alumnos y estudiantes del Colegio Notre Dame de Nazareth (NDN)— para expresar alto y claro su apego a la identidad, la singularidad, la historia, el patrimonio y el sistema educativo —esencialmente francófono— de un centro escolar presente desde hace más de siglo y medio, concretamente 153 años, en las alturas del barrio de Achrafieh, que, al igual que el Colegio, ha resistido durante décadas todo tipo de pruebas y crisis existenciales. Reunidos en un ambiente distendido en el emblemático patio de la Virgen, que abarrotaron de punta a punta, corearon consignas y portaron pancartas en las que reafirmaban que “NDN está en nuestro ADN”, “Nuestra historia no está en venta”, “Nazareth es un legado que hay que preservar” o “Nazareth tiene alma, preservémosla”… Levant Time fue el primer medio en difundir información procedente de fuentes fiables sobre un proyecto de traspaso del Colegio de Achrafieh y, probablemente, también del colegio de Kfarzeina (en Zghorta), así como del convento de Feytroun (Kesrouan) y la residencia de ancianos de Aïn Alak (Metn Norte), a una congregación libanesa. Informaciones no confirmadas apuntan a los monjes antoninos como posibles compradores. Esta intención de traspaso ha sido manifestada por la superiora general de la congregación internacional de las Hermanas de Nazareth, con sede en Roma. Ha provocado una ola de indignación entre profesores, padres, antiguos alumnos e incluso estudiantes, cuya postura al respecto no refleja una actitud negativa hacia los posibles adquirentes, sino la voluntad —expresada claramente durante la concentración del sábado en el patio de la Virgen— de salvaguardar el patrimonio histórico, la identidad y los valores defendidos por el Colegio durante un siglo y medio. Porque hay que admitir que toda congregación y todo centro escolar tienen su propia singularidad, identidad, historia y tradiciones pedagógicas. La vocación pluralista del Líbano y su razón de ser exigen preservar esta diversidad y complementariedad, fuente de riqueza, especialmente en el ámbito de la enseñanza privada. En este contexto, el Colegio de Nazareth se ha convertido, con el paso de los años, a lo largo de sus 153 años de existencia, en un “referente” de la francofonía y en un centro educativo basado en las virtudes cristianas. Esta necesidad de salvaguardar tal singularidad fue, en esencia, la que expresaron durante la concentración del sábado las representantes de las antiguas alumnas de Nazaret, Nada Chaoul, Reine Riachi y Paola Rebeiz, así como los delegados de los padres y de los alumnos que siguen cursando sus estudios en el Colegio. El comunicado publicado al término de la sentada subraya sin ambages que, “sea cual sea la forma jurídica” que pudiera adoptar el proyecto de traspaso y “la manera en que se presente este cambio o la denominación que se le dé”, los profesores, padres, antiguos alumnos y estudiantes reunidos en el patio de la Virgen afirmaron su determinación de combatir la “desfiguración” del centro, cuya historia ha estado ligada a lo largo de los años —bajo el peso de las sucesivas pruebas y guerras— a la del emblemático barrio de Achrafieh.
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Cultura
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Por Fabienne Touma - Publicado jul 9, 2026 - 14:12
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En un momento en que los conflictos debilitan los equilibrios culturales y amenazan directamente los tesoros del pasado, ciertas exposiciones trascienden el simple marco artístico para convertirse en verdaderos actos de resistencia cultural. Es precisamente el caso de la exposición “Biblos, ciudad milenaria del Líbano”, presentada hasta el 23 de agosto de 2026 en el Instituto del Mundo Árabe (IMA) de París. A través de cerca de 400 objetos, recorre la historia antigua de Biblos, uno de los puertos más antiguos del mundo, al tiempo que se ancla de manera concreta en la actualidad y en el conflicto que hoy afecta al Líbano y al Oriente Medio. Porque la exposición también está, pese a todo, moldeada por la guerra. ¿Cuál ha sido el impacto de la guerra en este proyecto, tanto en su organización como en su escenografía? Esta última incluía un elemento especialmente significativo: la inscripción “Obra bloqueada por la guerra”. ¿Por qué esa elección? ¿Se trata de una voluntad deliberada de despertar una emoción en el público? ¿De un acto de resistencia frente a la actualidad? ¿O de algo más? Por otra parte, ¿qué hemos descubierto de nuevo sobre la ciudad milenaria? ¿Estos descubrimientos han puesto en cuestión ciertas hipótesis históricas sobre la ciudad antigua? ¿Qué queda aún por descubrir en este contexto? Son preguntas que abordamos con Agnès Carayon, responsable de exposiciones en el Instituto del Mundo Árabe (véase la entrevista en el vídeo adjunto). Asumir la ausencia de ciertas obras bloqueadas Prevista inicialmente para 2024, la exposición “Biblos, ciudad milenaria del Líbano” tuvo que aplazarse debido al conflicto en la región de Levante, que impidió el traslado de numerosas obras desde el Líbano. Dos años después, pese a una situación todavía inestable, se retoma, aunque algunas piezas siguen bloqueadas allí. Esta realidad no es algo que los promotores de la exposición intenten ocultar: la asumen plenamente. Las obras ausentes se señalan en el recorrido con la mención “obras bloqueadas por la guerra”, haciendo visibles los efectos directos del conflicto sobre la circulación del patrimonio y otorgando un valor inestimable tanto a las obras expuestas como a las ausentes. Al asumir estas ausencias, la exposición adquiere una dimensión completamente diferente y presenta un doble relato: el de una memoria milenaria y el de un patrimonio fragilizado y bloqueado por las realidades contemporáneas. Mantener una exposición así en estas condiciones va más allá del marco propio del museo. Se trata de afirmar que la cultura puede subsistir a pesar de la guerra, seguir circulando y transmitiendo conocimiento. “Biblos, ciudad milenaria del Líbano” adopta así la forma de un gesto de resistencia cultural, recordando que preservar el patrimonio es hoy, más que nunca, una cuestión esencial. Una inmersión en 9 000 años de historia La exposición sumerge al visitante en una ciudad habitada desde hace cerca de 9 000 años, encrucijada fundamental de las civilizaciones mediterráneas y primer gran puerto marítimo internacional. Biblos mantuvo estrechos vínculos con Egipto, Mesopotamia y el mundo egeo, desempeñando un papel clave en la difusión del alfabeto fenicio. Tesoros reales, adornos de oro, objetos de aparato y recientes hallazgos arqueológicos dan testimonio de la riqueza y el esplendor de esta civilización. Esta exploración se complementa con una programación cultural que incluye conferencias, proyecciones y encuentros, con los que se profundiza en los aspectos históricos y contemporáneos vinculados al Líbano y su patrimonio. En consonancia con la exposición, ARTE emite el documental Líbano, los secretos del reino de Biblos de Philippe Aractingi, disponible hasta el 9 de octubre de 2026 en arte.tv, prolongando así el descubrimiento más allá de las salas del museo. La exposición puede visitarse hasta el 23 de agosto de 2026. Para más información, conéctese en: https://www.imarabe.org/fr/agenda/expositions-musee/byblos-cite-millenaire-du-liban
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Reportaje
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Por Maxime Pluvinet - Publicado jun 2, 2026 - 14:46
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Figura emblemática del Santo Valle de Qadisha, en el norte del Líbano y en las altas montañas de Bsharri, el padre Dario Escobar falleció hace unos días a la edad de 92 años. Nacido en Medellín, Colombia, en 1934, decidió renunciar a la comodidad y los privilegios de su acomodado entorno familiar para trasladarse al Líbano a comienzos de los años 2000, unirse a la Iglesia Maronita y llevar una vida de ermitaño en el Santuario de Nuestra Señora de Hawqa, en Qannoubine. Antes de convertirse en ermitaño, recibió una sólida formación universitaria en teología, psicología y griego bíblico en Colombia. Luego eligió dedicar su vida a la contemplación y a la vida religiosa en la soledad de las montañas de Qadisha, que conservarán viva la memoria del ermitaño Escobar, llegado desde la lejana tierra de Colombia. Reportaje de Maxime Pluvinet.
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Por Maxime Pluvinet - Publicado mar 28, 2026 - 15:00
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En la provincia argentina de Misiones, en el remoto cruce de Argentina, Paraguay y Brasil, los vestigios de las misiones jesuíticas cuentan una historia de mestizaje cultural, resistencia y utopías sociales singulares. Desde las ruinas de San Ignacio hasta las comunidades guaraníes actuales, Levant Time recorre la huella dejada por el padre Sélim Abou, exrector de la Universidad Saint Joseph, cuyo trabajo de campo ilumina, mucho más allá de América Latina, cuestiones contemporáneas de identidad y convivencia, incluso en el Líbano. En este 19 de marzo, día de San José, patrono de la USJ, Levant Time presenta el reportaje de Maxime Pluvinet y Miroslava Salazar desde América Latina, que sigue los pasos del padre Sélim Abou. Bajo el calor de las antiguas tierras misioneras, donde los caminos de laterita roja se disuelven en la selva y el río Paraná traza fronteras inciertas entre Argentina, Paraguay y Brasil, persisten fragmentos de historia, nunca del todo borrados por el tiempo. Son piedras, voces, memorias. Y, en ocasiones, trayectorias humanas que conectan mundos que parecían irreconciliables. El padre Sélim Abou, S.J., fallecido en Beirut en 2018, fue una de esas figuras cuya trayectoria trascendió las fronteras nacionales. Destacado antropólogo, pensador clave del pluralismo y de la identidad libanesa, y exrector de la Universidad Saint Joseph, estuvo también profundamente vinculado durante más de medio siglo a un rincón remoto de Sudamérica: la provincia argentina de Misiones. En estos asentamientos tomó forma una sociedad híbrida, ni plenamente europea ni exclusivamente indígena, construida sobre una organización colectiva, una economía autónoma y el uso central de la lengua guaraní. Cuando el joven jesuita libanés Sélim Abou se encontró por primera vez con estas ruinas, en Navidad de 1961, a los 33 años, el impacto fue inmediato. Había llegado a Argentina para completar su formación y visitó San Ignacio Miní, hoy declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO. Frente a lo que más tarde llamaría “el testimonio silencioso de la piedra”, experimentó una especie de reconocimiento íntimo: la sensación de un diálogo entre culturas hecho posible, frágil pero real, que confirmó su vocación jesuita. Aquel momento resultó revelador. Heredero intelectual del antropólogo Roger Bastide y del padre Albert de Jerphanion, asesinado al inicio de la guerra civil libanesa, Abou encontró en la experiencia jesuítico-guaraní la confirmación de su vocación: comprender cómo identidades plurales pueden coexistir sin disolverse entre sí. ¿Una utopía jesuita? Más de sesenta años después, en Posadas, la capital provincial a orillas del Paraná, ese recuerdo persiste en lugares inesperados. El Instituto Montoya, nombrado en honor a un célebre pionero de la empresa jesuítico-guaraní, se convirtió en una segunda casa para Sélim Abou. Fue allí donde comenzó a enseñar en la década de 1960 y adonde regresó regularmente durante tres décadas. También es allí donde se conservan muchos de sus archivos. En una sala tranquila del piso superior de su residencia en Apóstoles, entre fotografías y obras originales de Sélim Abou, la doctora Marisa Micolis manipula cuidadosamente documentos acumulados durante más de cincuenta años. Amiga, colega y exalumna del “padre Abou”, recuerda a un hombre para quien la perspectiva de largo plazo era indispensable. “Hoy”, afirma, al reflexionar sobre el medio siglo que ha dedicado a la educación, “la gente cree que la excelencia aparece de la nada. Pero el ser humano está hecho para el largo plazo”. En una fotografía, el joven jesuita sonríe junto a su hermano Habib. En otra, aparece un ícono de la Virgen ante el cual rezaba a diario. Cerca, reposa un ejemplar de su obra de 1961 sobre el bilingüismo árabe-francés, su primera gran contribución en Buenos Aires. Para comprender qué marcó tan profundamente a Abou, es necesario cruzar a Paraguay. En San Ignacio Guazú, el padre Daniel, curador del museo jesuita, resume la experiencia de las reducciones sin idealizarla: “No existe una sociedad perfecta. Pero, en comparación con el mundo de su época, la sociedad jesuítico-guaraní realmente creó algo nuevo”. Recuerda la figura de Roque González de Santa Cruz, jesuita nacido en Asunción en el siglo XVI y firme opositor del sistema de encomiendas. Junto con otros misioneros, defendió la idea de comunidades guaraníes libres, protegidas de las incursiones esclavistas que devastaban la región. Este proyecto no fue una utopía abstracta, sino un compromiso histórico. Los guaraníes obtuvieron cierto grado de autonomía; los jesuitas, un terreno fértil para la evangelización. Entre ambos, emergió una cultura original. Aún hoy, en Paraguay, el guaraní es lengua oficial, un legado directo de estas comunidades, donde no solo se hablaba, sino que también se escribía y se enseñaba junto al español y al latín, como lo demuestran las numerosas obras impresas en las propias reducciones. En la iglesia de Santa María de Fe, una pequeña localidad cercana a San Ignacio Guazú, un guía señala una escultura de San Jorge venciendo a un dragón. Aquí, sin embargo, el dragón adopta la forma del aña, figura del mal en la cosmología guaraní. En otro motivo, la fruta de la pasión, símbolo indígena de fertilidad, dialoga con la vid cristiana. Por todas partes subsisten huellas de hibridez cultural, un experimento truncado prematuramente por la expulsión de los jesuitas del continente, tras un acuerdo político entre coronas: el sacrificio de un ideal en favor de intereses claramente terrenales, cuyas últimas esperanzas quedan plasmadas en la película de Roland Joffé de 1987, La misión. 1978: el corazón y la petición Sin embargo, la relación de Sélim Abou con los guaraníes no se limitó a una fascinación por el pasado. Tomó forma concreta en 1978, durante un hecho singular: el traslado a Posadas de la reliquia del corazón de Roque González, el santo paraguayo martirizado en 1628 y fundador de la ciudad. Miembros del pueblo Mbyá-guaraní acudieron a venerarla. Para ellos, este misionero era más que una figura religiosa: era “un amigo de sus antepasados”. Entonces hicieron una petición inesperada. En la selva, durante un encuentro con el obispo Jorge Kemerer y profesores del Instituto Montoya, al pa’i (líder espiritual) Antonio Martínez se le preguntó qué necesitaba su comunidad. Tres veces respondió que nada. Pero ante la insistencia del obispo, precisó: “Quiero una escuela para mis nietos. No quiero que sean como yo, sin papeles, sin una lengua en común con ustedes”. Esa declaración marcó un punto de inflexión. Así nació un proyecto sin precedentes: la creación de comunidades guaraníes con escuelas bilingües en Fracrán y Perutí. El padre Sélim Abou se comprometió plenamente. Durante doce años acompañó y documentó la iniciativa, que describiría como un “renacimiento a escala microscópica” de las antiguas reducciones. Pero sin nostalgia ni idealización: el objetivo no era replicar el pasado, sino inventar una forma contemporánea de convivencia. Javier Villalba, cacique de Perutí, recuerda: “Construyó un puente entre él y nuestros abuelos. Era como un consejero… incluso como un padre”. En los testimonios recogidos se repite un rasgo constante: la humildad. Sélim Abou no llegó a imponer un modelo. Aprendió, observó, acompañó. Respetó las estructuras sociales, las creencias y la lengua. Vivió entre la gente, compartiendo su vida cotidiana. “Era como uno de nosotros”, dice Villalba. De Misiones a Beirut: “resistencia cultural” En Fracrán, hoy rebautizada en honor al pa’i Antonio Martínez, la escuela sigue en pie. Allí los niños aprenden tanto guaraní como español. Catalino Martínez, nieto del cacique fundador, subraya el alcance político de la iniciativa: “Mi abuelo quería que nuestro pueblo siguiera avanzando, incluso después de su muerte”. La experiencia contribuyó a sentar las bases de instituciones locales, como una oficina de asuntos guaraníes. También dejó una huella más sutil: una forma de pensar el desarrollo sin borrar la identidad. Para Sélim Abou, esta experiencia dialogaba con sus reflexiones sobre el Líbano. En una entrevista de 2006 en France Culture, subrayó el contraste entre un Líbano fragmentado en comunidades y una Argentina que busca construir una nación unificada pese a su diversidad. En ambos casos surgía la misma pregunta: ¿cómo construir una sociedad sin negar las diferencias? ¿Cómo pueden las particularidades culturales vivir y prosperar sin convertirse en base de agendas políticas separadas? Lo que Abou vivió en las selvas de Misiones lo pensaba simultáneamente sobre el Líbano. Como antropólogo de las identidades, dedicó su obra a esta cuestión central. En el Líbano, el problema adquirió una dimensión dramática tras la guerra civil y durante la ocupación siria. Entre 1995 y 2003, como rector de la Universidad Saint Joseph en Beirut, Sélim Abou se convirtió en una voz clave de la resistencia intelectual frente a la tutela siria. Sus discursos anuales, muy esperados, adoptaron un tono cada vez más político. En 2002 denunció una “sirianización” del Líbano y un sistema que corrompía incluso el lenguaje político. Ese mismo año declaró: “La ocupación es la madre de las heridas que sufre el Líbano”. Pero su respuesta no fue militar, sino intelectual. Frente a la represión de las protestas, desarrolló una idea clave: la “resistencia cultural”. Invitaba a los estudiantes a escribir, pensar y expresarse de otra manera, a reconstruir un espacio crítico capaz de resistir la dominación. En uno de sus discursos, pronunciado con motivo del día de San José, citó editoriales y artículos de Issa Goraieb y Michel Hajji Georgiou, publicados en L’Orient-Le Jour, para respaldar sus argumentos. En sus intervenciones advertía de un peligro más profundo que la coerción política: la destrucción del discernimiento. Describía un sistema que “pervierte el lenguaje”, “rompe la cohesión social” y “suspende el discurso racional”. En otras palabras, una ocupación que actúa tanto sobre las mentes como sobre el territorio y fomenta la mediocridad. Esta perspectiva se basaba en una convicción más amplia. Como señaló uno de sus contemporáneos, Abou buscaba responder a una pregunta fundamental: “¿Cómo podemos vivir juntos, iguales en derechos, pero distintos en nuestras pertenencias?” En las selvas de Misiones y en las aulas de Beirut, siguió la misma intuición: que las identidades no son muros, sino pasajes. Y a veces, es en los márgenes del mundo, en una escuela perdida en la selva, donde se inventan las formas más concretas de lo universal.
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Por Miroslava Salazar - Publicado feb 26, 2026 - 13:49
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El ejército mexicano abatió a Nemesio Oseguera “El Mencho”, líder del CJNG y el capo más buscado de México, con una recompensa de 15 millones de dólares ofrecida por EE. UU. Análisis con el Dr. Edgar Guerra, el Lic. Emiliano Alba y los corresponsales de Levant Time, Maxime Pluvinet y Miroslava Salazar. Omar García Harfouch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana (de origen libanés), acompaña a Claudia Sheinbaum, presidenta de México, en una conferencia de prensa tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho", líder del Cártel Jalisco. (Gerardo Vieyra/NurPhoto vía AFP) El domingo 22, Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), fue abatido por el Ejército mexicano. La respuesta del cártel fue casi inmediata: bloqueos carreteros, quema de vehículos y hechos violentos en Jalisco y en otros estados del país. De acuerdo con un mapeo de la plataforma Dataint, se registraron eventos violentos en al menos 22 estados, con especial impacto en Jalisco, Puebla, Michoacán, Tamaulipas y Baja California. La reacción posterior al operativo dejó en evidencia el alcance real del cártel en múltiples regiones del país: su control territorial, su inserción tanto en economías legales como ilícitas y, sobre todo, la solidez de su estructura organizativa y su capacidad de movilización inmediata. Este hito puede compararse con la captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán, ocurrida el mismo día, pero con doce años de diferencia. “Sin duda alguna se trata del golpe a la delincuencia organizada más importante en la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum”, afirma Edgar Guerra, especialista en crimen organizado, violencia y seguridad, en entrevista para Levant Time. La hidra de cien cabezas El operativo que culminó con la muerte de “El Mencho” representa un arma de doble filo. Como advierte Emiliano Alba, analista en seguridad y delincuencia organizada, en el corto plazo el gobierno de Claudia Sheinbaum puede capitalizar el hecho como una victoria política en la lucha contra el narcotráfico: un mensaje tanto para la opinión pública nacional como para Estados Unidos de que “se está haciendo algo”. Sin embargo, el impacto estructural es distinto. “En términos prácticos, lo que vamos a ver es una nueva reorganización dentro del cártel. Habrá conflictos internos muy fuertes por la sucesión del poder”, señala Alba. Nemesio Oseguera tenía una presencia omnipresente en el CJNG y no tenía sucesores claros. Para Alba, la caída del líder puede interpretarse como una vulnerabilidad coyuntural, pero no como un colapso estructural. “Es una debilidad operacional eventual, pero la estructura sigue”, subraya, destacando que el CJNG no depende exclusivamente de una figura central, sino de una organización consolidada, con redes territoriales, financieras y políticas que garantizan su continuidad operativa. El analista enfatiza que la experiencia histórica demuestra que la estrategia de decapitación criminal suele producir efectos contraproducentes: “Cortar la cabeza de la hidra termina generando más cabezas”. La fragmentación, la disputa territorial y la violencia derivada de la sucesión son patrones ya conocidos en el caso mexicano. Esto resulta aún más relevante porque, como explica Alba, la estrategia del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, había dejado de centrarse exclusivamente en la eliminación de liderazgos para enfocarse en el desmantelamiento de estructuras. “Ya no se trataba de decapitar cárteles, sino de atacar sus redes, sus estructuras políticas, financieras y territoriales”, explica, en referencia a operativos como Enjambre, enfocados en alianzas políticas y redes de protección institucional. El escenario que se abre es previsible: o el CJNG mantiene su operación sin su líder, o entra en una guerra intestina por el control del liderazgo. En este último caso, el impacto sería directo sobre la seguridad pública. “Tendríamos un incremento de la violencia homicida”, advierte el especialista en seguridad David Saucedo, en declaraciones a AFP. Estados Unidos: el vecino incómodo Para Edgar Guerra, el contexto internacional es clave para entender el operativo. “No podemos entender la política de seguridad del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum sin mirar la presión de Estados Unidos. La administración de Donald Trump ha ejercido una presión enorme sobre México: decomisos de fentanilo, control migratorio, mayor capacidad operativa. Todo eso forma parte del mismo paquete de exigencias”, afirma. El propio gobierno mexicano confirmó que el operativo contó con apoyo de Estados Unidos en el flujo de información. “Esto no es solo un problema de México ni de Jalisco. Es un problema global”, subraya Guerra. Y precisa: “Estados Unidos es uno de los principales países consumidores de sustancias ilícitas y uno de los principales productores de armas. Eso genera los incentivos económicos y materiales del narcotráfico. Por eso no es solo un problema mexicano: es un problema compartido, pero con una responsabilidad estructural muy clara del lado estadounidense”. La guerra que no termina La llamada “guerra contra las drogas” no es una categoría nueva en el contexto mexicano. Basta mirar el sexenio de Felipe Calderón y los gobiernos que le siguieron para entender que la estrategia de confrontación directa con el narcotráfico ha sido una constante durante casi dos décadas. Sin embargo, lejos de producir una reducción sostenida de la violencia, el país ha transitado por ciclos recurrentes de fragmentación criminal, reconfiguración territorial y expansión de economías ilícitas. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2024 se registraron 33,241 defunciones por homicidio, de las cuales el 71,8 % fueron por arma de fuego. Durante el sexenio de Felipe Calderón (diciembre de 2006 a diciembre de 2012) se contabilizaron 122,462 asesinatos. En el sexenio de Enrique Peña Nieto (2012–2018), la cifra ascendió a 157,158 homicidios. Por su parte, el mandato de Andrés Manuel López Obrador dejó un saldo de 202,336 asesinatos entre diciembre de 2018 y septiembre de 2024. Frente a este panorama, Alba advierte que reducir la política de seguridad a una lógica de confrontación es insuficiente. “Las estrategias contra el crimen organizado tienen que ser integrales. No se trata solo de combatir a las organizaciones, sino de restablecer el gobierno en estos territorios, generar condiciones de tranquilidad para la población. Eso va mucho más allá del uso de la fuerza”, señala. Guerra coincide en que el problema no es exclusivamente militar ni operativo, sino profundamente institucional. “Hay grupos políticos y funcionarios municipales y estatales que los protegen, que han permitido que estas organizaciones se consoliden y se expandan. Parte de la tarea que viene es desmontar esas redes de protección”, advierte. A ello se suma un factor estructural aún más profundo: la impunidad. “La delincuencia organizada en México es posible porque existe un problema profundo de impunidad. Sin impunidad, estas estructuras no podrían sostenerse”, añade. En este contexto, la muerte de “El Mencho” no representa una ruptura estructural, sino una nueva fase dentro de un conflicto prolongado. Más que el fin de una organización, marca el inicio de un proceso de recomposición interna cuyos efectos suelen traducirse en mayor violencia, disputas territoriales y reorganización de alianzas criminales. Alba lo resume en una imagen clara: “Lo que podemos ver es una especie de calma, como una paz en el ojo del huracán, pero solo en el corto plazo. Lo que viene después es la reorganización”. Así, lo que hoy se presenta como una victoria política puede convertirse en la antesala de una nueva reconfiguración violenta. La pregunta ya no es si habrá consecuencias, sino cuáles, dónde y con qué intensidad se manifestarán. Para millones de mexicanos, la duda persiste: ¿es esta la paz antes de la tormenta? Mientras tanto, el gobierno mexicano capitaliza el golpe simbólico. Pero la historia reciente muestra que, en México, la caída de un capo rara vez significa el fin de la violencia, sino que suele marcar el inicio de una nueva fase del conflicto.
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Por Vanessa Kallas - Publicado feb 10, 2026 - 14:44
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“Esperar es desafiar al futuro”. Emil Cioran Esta frase, fotografiada por Édouard Elias, fue escrita por el periodista Samir Kassir en un papel dos semanas antes de su asesinato en 2005. Forma parte de los numerosos objetos personales que Elias ha documentado para preservar la memoria de las víctimas de asesinatos políticos en el Líbano desde entonces. Estos retratos y reliquias integran la exposición fotográfica Remaining, presentada con motivo del quinto aniversario del asesinato de Lokman Slim. La muestra se exhibe del 7 de febrero al 3 de marzo en Union Marks, Burj Hammoud, en un horario de 14:00 a 20:00 horas. La inauguración contó con una amplia asistencia y la presencia de diversas figuras públicas, entre ellas los diputados Marwan Hamadé y Michel Moawad, así como la exministra May Chidiac. La exposición es una colaboración entre el fotógrafo y fotoperiodista Édouard Elias y la periodista y cineasta Katia Jarjoura, curadora del proyecto. Es producida por la Fundación Lokman Slim, con el apoyo del Instituto Francés. Un puente entre el pasado y el presente Remaining narra la historia de 21 víctimas de asesinatos, entre ellas figuras políticas, personal de seguridad, escritores, periodistas, testigos y sobrevivientes. Las imágenes abarcan desde retratos de sus seres queridos y objetos que les eran preciados, hasta los lugares y escenas del crimen donde ocurrieron los ataques, creando una atmósfera de nostalgia y empatía. Inspiración y homenaje Katia Jarjoura reflexiona sobre el vínculo personal que dio origen al proyecto: «Esta exposición es, ante todo, un homenaje a mi querido amigo Lokman Slim, asesinado trágicamente en 2021, pero también a otras víctimas de asesinatos políticos en el Líbano que lucharon por un país libre y soberano, y pagaron por ello con sus vidas». El sentido de “Remaining” Édouard Elias explica el significado del título: «Después de la muerte de alguien, siempre hay una sensación de ausencia. Como no se ha hecho justicia, estas personas quedan atrapadas en un estado intermedio. Siguen presentes: no hemos retirado sus recuerdos, no hemos quitado el sombrero del perchero ni guardado el reloj de la mesa de noche». «En un país donde el sistema judicial es débil y la mayoría de los crímenes quedan impunes, el arte puede responder a ese vacío o ayudar a llenarlo», añade Jarjoura. «Remaining es, en esencia, una forma de decir “ellos permanecen” y “nosotros permanecemos con ellos”». Humanidad compartida y propuesta visual Remaining está narrada exclusivamente en blanco y negro. Elias explica esta elección estética: «Elegí el blanco y negro porque las fotografías abordan la ausencia, la memoria y la naturaleza atemporal de quienes han partido. Quise un trabajo sobrio, sin efectos de color ni intervenciones estilísticas, para que cada persona esté situada en el mismo plano». A través de objetos cotidianos y escenarios familiares, Elias invita al público a reconocer la humanidad compartida de estas familias y a reflexionar sobre cuán cercanas son sus vidas a las propias. Desde su independencia en 1943, Líbano ha registrado más de 200 asesinatos políticos, la gran mayoría sin castigo. La guerra civil libanesa (1975-1990) debilitó gravemente las instituciones del Estado, mientras que la ley de amnistía de 1991 consolidó una cultura de impunidad que sigue marcando la vida política. El asesinato del ex primer ministro Rafic Hariri en 2005, seguido por la creación del Tribunal Especial para el Líbano, marcó un punto de inflexión al evidenciar el asesinato político como una herramienta de influencia sirio-iraní y al socavar tanto la soberanía libanesa como el Estado de derecho. ¿Quién fue Lokman Slim? Lokman Slim fue un editor, cineasta y activista político libanés, reconocido por su defensa abierta de los derechos humanos, las libertades civiles y el Estado de derecho. Junto con su esposa, Monika Borgmann, cofundó UMAM Documentation and Research, una organización dedicada a preservar la memoria colectiva del Líbano y fomentar el debate público. Crítico firme del sectarismo y de la violencia política, Slim fue asesinado el 4 de febrero de 2021 en Addousiyeh, al sur del país. Remaining es un llamado urgente a la responsabilidad y a la justicia, para que el futuro del Líbano no quede restringido, sino que pueda ser asumido con esperanza.
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