


En las sombras, se están produciendo acontecimientos de gran trascendencia en el interior de Siria. De su desenlace dependerá la identidad de un país que salió, hace menos de dos años, de una larga pesadilla iniciada con la toma del poder por el Partido Baaz, el 8 de marzo de 1963, y que desembocó en el dominio minoritario del régimen de la familia Assad. El golpe de Estado del 23 de febrero de 1966, encabezado por oficiales alauitas, preparó el terreno para esa transformación. Marcó un punto de inflexión en el proceso mediante el cual estos oficiales se hicieron con el control del “Ejército Árabe Sirio” y de los servicios de seguridad, que terminaron convirtiéndose en los verdaderos dueños del país.
Durante más de medio siglo, entre 1970 y 2024, Hafez al Assad y su hijo Bashar gobernaron Siria. A lo largo de ese periodo, Israel constituyó una garantía para el régimen sirio, que nunca mostró la menor voluntad de recuperar los Altos del Golán, ocupados desde 1967. ¿Quién se convertirá ahora en garante del nuevo régimen sirio, que parece haber quedado, al menos en el futuro previsible, bajo tutela turca?
¿Ha pasado Siria, como régimen, de contar con la garantía israelí a encontrarse bajo alguna forma de tutela turca? Conviene recordar que Irán también fue, junto con Israel, uno de los garantes del régimen alauita sirio. En realidad, existía una aceptación tácita por parte de Israel de la presencia iraní en Siria, siempre que Hafez al Assad y su hijo Bashar estuvieran dispuestos, por un lado, a garantizar la seguridad en el Golán y, por otro, a mantener el sur del Líbano como un “escenario” para el intercambio de mensajes.
Una muestra reveladora de la tutela turca sobre Siria surgió en las redes sociales durante los últimos días. Una ola de críticas se dirigió contra el Ministerio de Educación sirio a raíz de las modificaciones introducidas en las ediciones más recientes de los libros de texto. Entre los cambios figuraba la eliminación de fotografías e ilustraciones de mujeres y niñas, incluidas niñas pequeñas y mujeres que no llevaban velo. Al parecer, ya no hay lugar en los libros escolares para una mujer sin velo, en un país donde ciudadanos de distintas religiones convivieron durante siglos, antes de que Hafez al Assad sembrara las semillas de la discordia entre alauitas y sunitas, al tiempo que marginaba a cristianos, drusos e incluso ismaelitas.
Las modificaciones, realizadas con el pretexto de eliminar los símbolos del “antiguo régimen”, también incluyeron la supresión de imágenes de estatuas y esculturas parcialmente desnudas. Hay que llegar al absurdo de ponerle una camisa a la imagen de una estatua faraónica para ocultar su torso descubierto. Ahora resulta que una antigua estatua egipcia con el pecho desnudo ofende la moral pública, infringe la ley y contradice las tradiciones y la cultura de Siria. Más sorprendente aún, se eliminó de un libro de texto la reproducción de la célebre Mona Lisa de Leonardo da Vinci, porque la mujer retratada no lleva velo. Se conservó la explicación sobre la importancia de la obra, pero desapareció la imagen del cuadro considerado el más famoso del mundo…
En el ámbito político e histórico, las críticas difundidas en las redes sociales también cuestionaron las modificaciones del contenido de los programas educativos. Entre ellas destaca la eliminación del sanjacado de Alejandreta, anexado por Turquía en 1939, de los mapas de Siria incluidos en los distintos libros escolares. El territorio que antes se conocía como el “sanjacado arrebatado” aparece ahora descrito como una región con “estatus especial”, según la nueva interpretación del Ministerio de Educación sirio o, mejor dicho, ¡del nuevo régimen sirio!
Otra cuestión que desató una intensa polémica fueron las noticias sobre la supresión de las conmemoraciones del Día de los Mártires, que honra la memoria de los patriotas sirios ejecutados por las autoridades otomanas en 1916. Estas figuras históricas, consideradas héroes nacionales en Siria, habrían sido presentadas como espías al servicio de Occidente que colaboraron con no musulmanes para combatir al “califato otomano”. Por su parte, Djemal Pachá, el gobernador militar turco responsable de aquellas ejecuciones, ya no sería descrito como un “carnicero”, sino simplemente como un funcionario que administraba Siria cuando formaba parte del Imperio otomano.
De todo ello se desprenden varias conclusiones.
Mediante la revisión de los programas educativos, el nuevo régimen sirio busca islamizar a la sociedad desde la infancia, impidiendo que aparezcan niñas y mujeres sin velo incluso en las fotografías e ilustraciones destinadas a los niños.
El régimen pretende borrar de la memoria de las nuevas generaciones cualquier acontecimiento histórico que recuerde que la Turquía otomana fue una potencia ocupante en Siria. Según la nueva versión de la historia que promueve el régimen, existía un “Estado del califato” islámico del que Siria formaba parte. Es decir, el Imperio otomano.
Pero lo más importante es que el nuevo régimen sirio, encabezado por el presidente de transición Ahmed al Sharaa, parece haber perdido el rumbo. Da la impresión de estar atrapado entre distintas corrientes que libran una lucha encarnizada entre sí, lejos de la mirada pública. Cada una intenta imponer su propia visión de la sociedad y de la identidad siria dentro de un nuevo orden político alejado de los verdaderos valores del islam. Sin embargo, la principal diferencia entre estas facciones rivales radica en los tiempos. Ahmed al Sharaa quiere islamizar Siria siguiendo el modelo de los Hermanos Musulmanes, pero procura hacerlo por etapas. Necesita tiempo suficiente para consolidar su poder. En cambio, otras corrientes dentro del régimen quieren acelerar al máximo la islamización del país, sin prestar atención a las reacciones del exterior ni a las consecuencias que ello podría tener sobre la situación interna y la cohesión de la sociedad siria.
En definitiva, Turquía está tratando de imponer su propio ritmo a la islamización de Siria, siguiendo un modelo inspirado en los Hermanos Musulmanes. Se perfila así como la nueva potencia tutelar del país… Como si Israel hubiera dejado de existir, como si hubiera renunciado a influir en el futuro de Siria y su única preocupación fuera convertir su ocupación de los Altos del Golán en una ocupación perpetua… independientemente de las ambiciones turcas en territorio sirio.

















