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Israel: después de las urnas, ¿la guerra?

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Escena callejera en Jerusalén: las elecciones no han hecho más que reafirmar la división de la sociedad israelí entre una izquierda pacifista y laica y una derecha ultranacionalista cada vez más cercana a los religiosos ultraortodoxos. (AFP)
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Publicado nov 1, 2026 - 22:27

Aunque Netanyahu ha dado la sorpresa al mantenerse en cabeza con su partido y su bloque, no cuenta con los apoyos necesarios para formar gobierno en solitario. El Estado hebreo se encamina hacia una crisis o, al menos, hacia un período de incertidumbre, pero el actual primer ministro tiene, mientras tanto, las manos libres para participar junto a Estados Unidos en posibles nuevos ataques contra Irán. Y en el Líbano, una nueva provocación de Hezbolá abriría las puertas del infierno.

La última semana de octubre ha estado marcada por las elecciones legislativas en Israel, que han supuesto un hito este año.

A la espera de la otra cita crucial, las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos del próximo martes, los resultados definitivos en Israel ya ofrecen una pista sobre el futuro de las guerras en la región, aunque las perspectivas al respecto aún no están muy claras.

Contra todo pronóstico, el actual primer ministro, Benjamin Netanyahu, ha consolidado su posición al obtener el mayor número de escaños y aventajar a sus adversarios, tanto con su partido, el Likud, como con su bloque, que suma 53 escaños. Su principal rival, Gadi Eisenkot —cuya visión de la región no es radicalmente distinta—, solo ha conseguido 48 escaños.

 

Ni Netanyahu ni sus adversarios pueden formar gobierno en solitario, pues están lejos de los 61 escaños necesarios. Y aquí entra en juego la otra sorpresa de los comicios: la participación récord de los árabes israelíes, superior al 80 %. Los dos partidos árabes han sumado una cifra inédita de 19 escaños. Se convierten así en actores imprescindibles, pero no está claro que los opositores judíos a Netanyahu estén dispuestos a aceptar semejante alianza.

Aunque, según informaciones de prensa, el bloque de Eisenkot estaría negociando con estos bloques árabes, uno de los pilares de la nueva oposición israelí a Netanyahu, Avigdor Lieberman, presidente del partido Yisrael Beitenu, ya ha declarado que descarta por completo aceptar una alianza con los partidos árabes.

Cabe señalar al respecto que, desde la masacre del 7 de octubre de 2023 perpetrada por Hamás en Gaza —que dejó más de 1.200 civiles muertos en Israel—, cualquier alianza con los palestinos resulta muy impopular entre la población israelí.

En cualquier caso, todas las posibilidades siguen abiertas para el futuro del Gobierno israelí, y el presidente de Israel, Isaac Herzog, deberá nombrar a un primer ministro en los próximos días.


A la espera de las elecciones de mitad de mandato


Mientras tanto, el actual primer ministro sigue al mando, y la participación en un posible nuevo ataque contra Irán sigue siendo una posibilidad muy real. Netanyahu podría incluso buscar esta nueva guerra para salir del bloqueo.

La opción de un nuevo ataque sigue muy presente en las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, a lo que se suman otros indicios, como el refuerzo de la presencia militar estadounidense en Oriente Medio y las advertencias dirigidas a sus ciudadanos en varios países. Esta vez, un ataque se coordinaría con los israelíes, que habían quedado al margen de las negociaciones de Islamabad.

El domingo, el presidente estadounidense declaró que su ejército aún tendría que ocuparse de «una o dos instalaciones» nucleares y afirmó que podría hacerlo «en diez minutos». Según fuentes periodísticas, el escenario más probable sería una campaña intensa y breve.


«Negociaciones» en Catar


Es cierto que la puerta de las negociaciones no está cerrada. Esta semana, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, hizo llegar una propuesta a las autoridades iraníes mediante una carta dirigida al secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Mohsen Rezaí, con el objetivo de establecer un nuevo marco de negociación que evite una nueva acción militar contra Teherán.

Los puntos más importantes de esta propuesta serían, según varias fuentes informativas, una rápida reanudación de las conversaciones directas, la reapertura del estrecho de Ormuz en siete días y el sometimiento del programa nuclear iraní a controles periódicos.


La respuesta iraní ha sido, como de costumbre, una mezcla de amenazas y flexibilidad negociadora. El líder supremo iraní dio el 31 de octubre sus «directrices» para una «respuesta inmediata, contundente y sin límites geográficos» ante cualquier ataque israelí-estadounidense. Y los iraníes, en respuesta a Trump, afirmaron que la guerra «podría ser más larga que la anterior».


No obstante, los iraníes mantienen abierta la vía de la negociación. Sus negociadores estuvieron en Doha durante los tres últimos días de la semana, tratando de consensuar un borrador de acuerdo. Pero sus declaraciones muestran que se esperan lo peor: su ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, dijo que su país «está preparado tanto para la defensa como para la diplomacia».


¿Una nueva ocupación… hasta Sidón?


¿Y en el Líbano? La posibilidad de que Hezbolá se implique en una nueva guerra sigue atormentando a los libaneses. Más aún cuando las relaciones entre la milicia y el Estado siguen deteriorándose tras la imputación de 15 miembros del partido por el caso de los explosivos incautados hace unas tres semanas cuando eran transportados desde la Becá hasta Beirut.

En este contexto, las amenazas israelíes son tan intensas como su escalada militar. La magnitud de las amenazas contra el Líbano quedó reflejada en un artículo del diario israelí Maariv publicado el domingo por la mañana: según algunas fuentes, si Hezbolá participara en una futura guerra, ¡la ocupación podría extenderse a Tiro, Nabatieh e incluso Sidón!

Eso sin contar los suburbios del sur de Beirut. Según el mismo diario, los ataques contra objetivos libaneses se encomendarían a buques de guerra, ya que la aviación estaría ocupada con los bombardeos en Irán.

Ante todas estas sombrías perspectivas, las miradas se dirigen a las elecciones de medio mandato en Estados Unidos y a la carrera entre los esfuerzos de paz y los preparativos bélicos.

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