
Rivalidades del Golfo, fragilidades africanas y perspectivas de seguridad regional

El mar Rojo, el estrecho de Bab el-Mandeb, el golfo de Adén y el Cuerno de África forman un espacio estratégico conectado con el resto de Oriente Medio. Considerarlos escenarios separados impide comprender los mecanismos por los que una guerra local, una rivalidad portuaria o un ataque marítimo afectan simultáneamente a la península arábiga, África oriental y el comercio internacional. Entre el océano Índico y el Mediterráneo, este corredor conecta, a través del canal de Suez, economías cuyos intereses son interdependientes, pero cuyos medios de protección y prioridades políticas siguen siendo profundamente distintos.

En este espacio, los actores locales incluyen a los Estados del Cuerno de África y sus zonas limítrofes: Somalia, Etiopía, Eritrea, Yibuti y Sudán, así como Yemen, en la orilla arábiga. A ellos se suman autoridades y fuerzas sin condición de Estado, en particular la región separatista de Somalilandia, que reivindica su independencia de Somalia; los hutíes de Yemen, que se consideran a sí mismos el Estado; las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) de Sudán; y el grupo armado Al Shabaab en Somalia. Las potencias regionales —Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Turquía, Israel e Irán— intervienen mediante sus inversiones, sus alianzas diplomáticas y su apoyo militar y en materia de seguridad. Además, Arabia Saudí y Egipto, como Estados ribereños, se ven directamente afectados y, al mismo tiempo, tienen capacidad para proyectar su influencia más allá de sus fronteras.
La importancia de este espacio estratégico va más allá del mero tránsito de mercancías e hidrocarburos. Para Arabia Saudí, constituye un frente de desarrollo y una vía esencial de abastecimiento. Para Egipto, condiciona la actividad del canal de Suez. Para Etiopía, que carece de litoral, representa una oportunidad de superar su aislamiento económico. Para Emiratos Árabes Unidos, forma parte de una red logística que conecta puertos, mercados e inversiones. La seguridad marítima se convierte así en el punto de encuentro de ambiciones nacionales que solo convergen parcialmente.
Esta continuidad geográfica contrasta con la oleada de crisis que azota la región. Yemen, Sudán y Etiopía están devastados por conflictos internos. El conflicto surgido entre Etiopía y Eritrea, junto con la persistente inseguridad en Somalia, debilita a las instituciones estatales encargadas de controlar los territorios y las costas. Estos factores impulsan a las potencias externas a intervenir en este espacio para proteger sus intereses, pero sus intervenciones rivales pueden agravar las divisiones que pretenden contener.
La alimentación y la logística, motores de la implicación de los países del Golfo
Las relaciones entre los países del Golfo y el Cuerno de África no se basan únicamente en consideraciones militares. Tienen sus raíces en antiguos intercambios de ganado, carne y productos agrícolas. Para los Estados de la península arábiga, que afrontan importantes limitaciones hídricas y agrícolas, la diversificación del abastecimiento alimentario constituye una prioridad a largo plazo. Por su parte, las economías africanas implicadas encuentran en los mercados del Golfo salidas comerciales, capital y oportunidades de desarrollo.
Sin embargo, la estrategia de inversión ha evolucionado. La adquisición o explotación de tierras por parte de los países del Golfo en la orilla africana del mar Rojo y en el Cuerno de África ya no basta para garantizar la seguridad alimentaria: también es necesario disponer de rutas marítimas seguras y transitables, capacidad de almacenamiento, cadenas de frío (1) y puertos accesibles. Por ello, los proyectos agrícolas se integran progresivamente en entramados logísticos mucho más amplios. El control de las infraestructuras que conectan las zonas de producción con los mercados se vuelve así tan importante como la propia producción.

Esta transformación explica la convergencia entre la inversión económica y la implicación en materia de seguridad. Una guerra puede interrumpir una cosecha, destruir infraestructuras o inutilizar un corredor comercial. Los inversores buscan entonces garantías políticas, socios locales y medios de protección tanto de seguridad como militares. Sin embargo, esto entraña riesgos: al apoyar a determinados actores locales para proteger sus inversiones, las potencias del Golfo pueden verse arrastradas a los conflictos internos de los países socios.
Yemen: eje estratégico y epicentro de una inseguridad marítima persistente
Por su ubicación geográfica, Yemen constituye un punto de enlace crucial entre el mar Rojo, Arabia Saudí, Oriente Medio y la navegación internacional, lo que lo convierte en el epicentro de una compleja interrelación entre conflicto territorial y seguridad internacional. La guerra actual ilustra perfectamente esta realidad: la capacidad de ataque de los hutíes, respaldados por Irán, les permite amenazar la navegación internacional e imponer costes económicos considerables a los actores mundiales, sin necesidad de ejercer un control territorial pleno sobre el estrecho de Bab el-Mandeb. Aquí la distinción es esencial: la capacidad de perturbar un paso marítimo no equivale a ejercer un control soberano sobre él ni a poder mantenerlo cerrado de forma prolongada, como también demuestra el caso del estrecho de Ormuz.
La toma por los hutíes, en septiembre de 2026, de la costa yemení del mar Rojo y de islas estratégicas en pleno estrecho de Bab el-Mandeb, seguida de su recuperación tras la contraofensiva de las tropas gubernamentales yemeníes y sus aliados, ha situado este corredor vital en el centro de una inestabilidad que parece prolongarse. Los ataques recurrentes contra instalaciones petroleras y aeropuertos saudíes, o contra campamentos militares y aeropuertos del sur de Yemen, podrían extenderse en cualquier momento a la navegación internacional por impulso de Irán, obligando a modificar las rutas comerciales, provocando un aumento drástico de las primas de seguros y complicando el abastecimiento mundial. Estas acciones afectarían sin duda al canal de Suez y a los puertos de la cuenca oriental del Mediterráneo, entre ellos los de Beirut y Haifa.
Para Riad, el desafío es enorme: se trata de proteger sus fronteras y sus intereses marítimos sin quedar empantanado indefinidamente en una guerra. Por ejemplo, los mortíferos ataques hutíes con misiles balísticos contra el campamento de Shabwa el 20 de octubre, que dejaron más de 50 muertos y 200 heridos entre los jóvenes reclutas del ejército yemení, desencadenaron de inmediato una respuesta aérea de la coalición liderada por Arabia Saudí. Sin esos repetidos ataques aéreos, los hutíes habrían ejercido sin duda un control más amplio sobre la costa oriental del mar Rojo, añadiendo una nueva dimensión a la influencia iraní. Por otra parte, las campañas saudíes exclusivamente navales y aéreas pueden reducir algunos riesgos inmediatos para la seguridad del reino, pero no resuelven en absoluto las causas políticas profundas de un conflicto que está adquiriendo una dimensión regional.
La inestabilidad actual, calificada por las Naciones Unidas como un retorno a una «guerra total», ya trasciende el ámbito yemení y se integra en una crisis de seguridad regional más amplia que afecta a la libertad de navegación y a las actividades económicas del Golfo. La estabilización de la navegación en el mar Rojo sigue, por tanto, estrechamente vinculada a las perspectivas de un acuerdo político en Yemen que, en este mes de octubre de 2026, parecen más lejanas que nunca. Esta situación genera una solidaridad defensiva entre varias potencias regionales e internacionales, sin borrar por ello sus discrepancias fundamentales sobre la conducción de la guerra.
(continuará)
1. Las cadenas de frío, cuyo objetivo es conservar las carnes y los alimentos perecederos, requieren la instalación de cámaras frigoríficas a lo largo de toda la cadena de suministro, especialmente en las explotaciones agrícolas, los mataderos, los puertos de exportación, los buques de transporte y los puertos de importación.























