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Strategia

Hezbolá-Israel, ¿una guerra sin fin al servicio de quién? (17)

Resultado del eje saudí-sirio, o sin-sin: Hariri en Damas contra su voluntad

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Par Khalil Helou
Publié sep 20, 2026 - 15:58

Esta serie de artículos permite comprender mejor la situación actual del Líbano a la luz del pasado, lejos de los discursos apasionados, ideológicos o románticos que pasan por alto la realidad. Queda a criterio del lector sacar las conclusiones pertinentes. Las dieciséis entregas anteriores ofrecían una nueva lectura de los acontecimientos relacionados con el ascenso de Hezbolá desde el Acuerdo de Taif hasta la primera mitad del mandato del presidente Michel Sleiman. (Véanse las 16 entregas anteriores)

 

El acercamiento saudí a Siria se manifestó en dos visitas a Damasco del recién nombrado primer ministro Saad Hariri. La primera tuvo lugar el 19 de diciembre de 2009, a petición personal del rey Abdalá de Arabia Saudí, para reunirse allí con Bashar al-Ásad. Los partidarios de la Corriente del Futuro, presidida por el primer ministro, consideraron esta visita un gran sacrificio político. La segunda visita de Hariri a Damasco tuvo lugar seis meses después, el 18 de julio de 2010. Esta vez lo acompañaron 17 ministros para firmar acuerdos de cooperación bilateral.

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Saad Hariri tuvo que plegarse a las reglas de la realpolitik y saludar efusivamente al instigador del asesinato de su padre, Rafic, en 2005… (AFP)

Hariri, en sintonía con el presidente Michel Sleiman, buscaba reequilibrar las relaciones con Siria y pasar de una lógica de tutela a unas relaciones de Estado a Estado (1). Sin embargo, estos acuerdos pronto quedaron en papel mojado tras el estallido de la guerra civil siria menos de un año después.

La normalización entre Riad y Damasco alcanzó su punto culminante el 30 de julio de 2010, cuando el monarca saudí, el rey Abdalá bin Abdulaziz, y Bashar al-Ásad aterrizaron en Beirut a bordo del mismo avión, donde fueron recibidos por el presidente Michel Sleiman y Saad Hariri.

Ese mismo día se celebró en Baabda una cumbre tripartita entre Arabia Saudí, Siria y el Líbano, después de que Irán alentara a Ásad a participar. El principal objetivo de esta cumbre era contener las repercusiones políticas de las inminentes revelaciones del Tribunal Especial para el Líbano, que iban a acusar a miembros de Hezbolá de haber asesinado al ex primer ministro Rafic Hariri el 14 de febrero de 2005.

 

Doha y Riad, alineados en el Líbano

 

Dos días después de la cumbre tripartita de Baabda, concretamente el 1 de agosto de 2010, con motivo del Día del Ejército libanés, el emir de Catar asistió de forma excepcional, junto al presidente Michel Sleiman, a la ceremonia de entrega de espadas a los cadetes de la Academia Militar de Fayadieh, ascendidos a subtenientes.

Este acontecimiento histórico tuvo lugar en el marco de una visita oficial de tres días del soberano catarí al Líbano, coincidiendo con la visita del rey Abdalá de Arabia Saudí. Más allá del protocolo militar, esto confirmó el apoyo de Catar al presidente Sleiman, que se sumaba al respaldo saudí, a la consolidación del acuerdo entre los bloques del 8 y el 14 de Marzo y al acercamiento entre Hariri y Ásad.

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Sin embargo, el pragmatismo árabe hacia Hezbolá e Irán en el Líbano comenzó a desmoronarse a partir de 2011, con la extensión de la Primavera Árabe a Siria y la intervención militar de Hezbolá junto al régimen de Ásad.

 

Hezbolá se convierte en el pilar del eje de la «resistencia»

 

El periodo comprendido entre la demostración de fuerza de mayo de 2008 en Beirut y el estallido de la revuelta siria en la primavera de 2011 constituye una etapa histórica decisiva para Hezbolá.

En tres años, el partido armado proiraní experimentó una profunda transformación al consolidar su hegemonía política en el Líbano y articular discretamente una infraestructura logística indispensable en Siria.

Esta transición no supuso únicamente un aumento de su poder, sino también su institucionalización, que convirtió al «Partido de Dios» en un actor regional ineludible y en el eje central del bloque Damasco-Teherán.

 

Este proceso comenzó al término de la guerra de 2006, durante la cual Hezbolá demostró que ya era una gran potencia militar. Tras el golpe del 7 de mayo de 2008, se produjo un giro decisivo: ya no se limitaba a su poder de fuego, sino que imponía su voluntad política en el seno del Estado libanés y afirmaba su determinación de proteger su autonomía militar.

 

De la institucionalización del veto al golpe de Estado incruento

 

Esta escalada alcanzó su punto culminante en enero de 2011. En aquel momento, el Tribunal Especial para el Líbano (TEL), con sede en La Haya, se disponía a dictar sus primeras imputaciones por el asesinato en 2005 del ex primer ministro Rafic Hariri.

Hezbolá, temiendo que la justicia internacional señalara la implicación de miembros de su milicia, había presionado a Saad Hariri para que repudiara oficialmente al tribunal y rompiera todo vínculo financiero y judicial con el TEL.

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En Harouf, en el sur del Líbano, localidad natal de Salim Ayyash, principal condenado por el TEL por el asesinato de Rafic Hariri, no se duda en exhibir orgullosamente su retrato en público como muestra de «reconocimiento»: eran los tiempos en que Hezbolá reinaba de manera absoluta en el país…

Ante la constante negativa de Saad Hariri a ceder en este punto, el bloque de Hezbolá decidió provocar la caída del gabinete mediante la dimisión de más de un tercio de los ministros.

 

La dimisión se orquestó desde Rabieh, residencia y sede de Michel Aoun, el 12 de enero de 2011. La elección del lugar fue sumamente simbólica. Hezbolá situó así en primer plano a su aliado maronita y lo utilizó, junto con todos sus demás aliados, como línea de defensa.

A cambio, Michel Aoun calculaba que daba un paso más para convertirse en el futuro presidente de la República, siguiendo el mismo camino recorrido por Emile Lahoud entre 1992 y 2007.

  

Desde Rabieh, un total de once de los 30 ministros en funciones anunciaron simultáneamente su dimisión. Entre ellos se encontraban los de Hezbolá, el movimiento Amal y la Corriente Patriótica Libre de Michel Aoun, además de un ministro chií que había sido nombrado durante la formación del Gobierno de Hariri sobre la base de un acuerdo entre el presidente Michel Sleiman y Hezbolá.

Este ministro acabó pasándose a las filas del partido proiraní.

Esta dimisión colectiva provocó automáticamente la caída del Gobierno, de conformidad con la Constitución libanesa. Al mismo tiempo que se anunciaban las dimisiones en Rabieh, el primer ministro se encontraba en Washington para reunirse en la Casa Blanca con el presidente estadounidense Barack Obama.

Este «golpe de Estado incruento» pretendía poner de relieve la impotencia del Gobierno frente a la estrategia de Hezbolá y tomó desprevenidos a Saad Hariri y a sus aliados árabes e internacionales.

 

A continuación se abrió un periodo de vacío gubernamental que duró varios meses, hasta la formación, en junio de 2011, de un nuevo Gobierno encabezado por Najib Mikati, menos hostil a Hezbolá que su predecesor y más en sintonía con los intereses estratégicos del partido proiraní.

Fue este nuevo Gobierno el que permitió a Hezbolá hacerse con el control de los asuntos públicos y relegar definitivamente al TEL de las prioridades nacionales.

En resumen: entre 2000 y 2011, Hezbolá pasó de ser una formación militar en desarrollo a una fuerza paramilitar consolidada; después, a un partido con derecho de veto en el Gobierno; y, por último, a ejercer el control político y militar en el ámbito del Estado libanés.

 

Modernización militar y de seguridad de Hezbolá (2008-2011)

 

Durante los tres años posteriores al acuerdo de Doha, Hezbolá aprovechó su fuerte presencia en el Gobierno para invertir masivamente en contraespionaje electrónico y se convirtió también en un actor de peso en materia de seguridad.

Sus capacidades en este ámbito se han desarrollado y le han permitido analizar los datos de telefonía móvil y proteger su red de fibra óptica frente a las intrusiones israelíes.

Además, logró desmantelar varias redes de espionaje israelíes e incluso sacar a la luz redes occidentales en el Líbano. Esta profesionalización de los servicios de inteligencia, sumada a su peso político, ha convertido a Hezbolá en un verdadero Estado dentro del Estado.

(continuará)

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