
Mientras las conversaciones entre Irán y Estados Unidos se estancan en medio de declaraciones incendiarias de ambos lados, es el frente sur del Líbano entre Israel y Hezbolá el que ha vivido esta semana una escalada progresiva que alcanzó su punto álgido el sábado. Todo ello apunta a que los próximos días podrían traer desarrollos imprevisibles. La semana transcurrida entre el 10 y el 16 de agosto de 2026 estuvo marcada, en el sur del Líbano, por una escalada que fue en aumento hasta el sangriento sábado 15 de agosto. Una sensación de déjà-vu: la de desplazar el epicentro de un conflicto regional hacia un pequeño país, en un momento en que, en el frente principal iraní, la violencia de las palabras entre los beligerantes iraníes y estadounidenses sustituye a la de los actos… por ahora. El sur del Líbano fue así escenario de una escalada israelí creciente a medida que avanzaban los días. Es también la primera vez desde el alto el fuego, bastante relativo, del pasado mes de junio que los israelíes reportan operaciones de Hezbolá contra sus soldados, aunque estas no son reivindicadas por la milicia chií, que sigue fingiendo respetar la tregua. El hostigamiento a Ali el-Taher se prolongó durante toda la semana de manera muy sostenida por parte de los israelíes, hasta la jornada especialmente sangrienta del sábado. Ese día, el ejército israelí afirmó haber atacado a dos altos comandantes de Hezbolá: Ali Fakhreddine en Deir Zahrani, y Ali Hajj Hassan (de la fuerza de élite Radwane), abatido junto con toda su familia en un cuartel general militar de Hezbolá en Ansar (en los confines de Sidón, es decir, una posición muy avanzada al sur). Los ataques de ese día causaron 11 muertos, entre ellos mujeres y niños, y una veintena de heridos. En relación con estos ataques, el ejército israelí invocó una operación contra sus soldados en la zona amarilla (la que ocupa en el sur), en la región de Ali el-Taher. Hezbolá no confirmó nada, pero publicó el sábado un comunicado con una amenaza de «respuesta apropiada» en caso de que las violaciones continuaran. La impresión de que la ya célebre colina de Ali el-Taher constituye un punto neurálgico del conflicto se vio reforzada el sábado por las declaraciones del presidente del Parlamento iraní, Mohammad Ghalibaf, principal negociador, quien afirmó estar «en contacto con los combatientes en primera línea en Ali el-Taher». Esta declaración no solo revela una voluntad iraní de mantener su influencia en el Líbano a través de Hezbolá, sino que también lleva a preguntarse si habla únicamente de combatientes libaneses o si estos están respaldados por oficiales superiores de los Pasdaran, como apunta el rumor público desde el inicio de este conflicto. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Irán para apoyar a Hezbolá en un enfrentamiento tan desigual con Israel? Escalada verbal entre Hezbolá y Estados Unidos Otro hecho destacado de la semana fue la escalada verbal entre diversos altos responsables estadounidenses y Hezbolá. Esta escalada llegó a su punto máximo con una declaración del embajador estadounidense Michel Issa, el viernes, quien subrayó, en respuesta a una pregunta de un periodista, que las destrucciones israelíes no cesarían hasta que Hezbolá entregara sus armas. El domingo, una fuente del Departamento de Estado estadounidense afirmó que Hezbolá «es el único responsable» de la situación en que se encuentra el país. Las declaraciones de Michel Issa provocaron una respuesta casi inmediata del secretario general del partido, Naïm Qassem, quien pronunció un encendido discurso el viernes en el que arremetió contra las autoridades libanesas, acusándolas de dejarse «humillar» y de ceder a los dictados de Estados Unidos e Israel. Les exigió que «dejaran de acumular fracasos», argumentando que todas las rondas de negociaciones con Israel no han reportado ningún beneficio al Líbano. Reenfocó la atención en el papel de Irán, sosteniendo que solo el acuerdo de Islamabad —hoy en muerte clínica— logró traer un alto el fuego al país. Un comunicado publicado por Hezbolá el sábado, tras los dos mortíferos ataques israelíes, se hace eco de ese discurso al afirmar que apostar por los estadounidenses y las garantías que prometen es «un fracaso seguro». La semana que acaba de transcurrir estuvo marcada además por una polémica entre israelíes y estadounidenses en torno al Líbano. Esta se manifestó principalmente a través de la airada reacción de Washington ante las declaraciones del ministro israelí de Defensa, Israel Katz, quien había afirmado que su ejército «no se retiraría» del sur del Líbano. Estados Unidos consideró que tales palabras ponían en peligro las conversaciones entre el Líbano y el Estado hebreo. Cabe señalar en este contexto que el presidente estadounidense Donald Trump ha enviado a su representante —y yerno— Jared Kushner a la región. Se espera que viaje a Israel en los próximos días para mantener conversaciones centradas en Gaza, aunque es muy probable que también aborden la situación en el Líbano. La semana pasada estuvo marcada asimismo por la gira del teniente general Joseph Clearfield —al frente del comité de supervisión del alto el fuego de noviembre de 2024, presidido por Estados Unidos— entre diversos responsables libaneses. Le acompañaba el embajador Issa. El oficial estadounidense abordó con sus interlocutores las negociaciones tripartitas, a la luz de una visita que había realizado la semana anterior a Israel. En el otro frente: el estrecho de Ormuz En el frente del conflicto entre Estados Unidos e Irán, no hubo grandes novedades esta semana, ni en el plano del enfrentamiento armado ni en el de las negociaciones directas —que siguen sin producirse—, a pocos días de que venza el plazo de sesenta días previsto en el acuerdo marco firmado entre ambas partes en junio en Islamabad. La semana próxima parece, por tanto, abierta a todo tipo de escenarios. El estrecho de Ormuz acapara toda la atención. La semana concluyó con las promesas de un acuerdo irano-omaní sobre su gestión, en marcado contraste con las declaraciones belicosas de ambos lados. El presidente estadounidense afirmó en más de una ocasión que la zona está totalmente bajo control estadounidense y que el bloqueo sobre los puertos iraníes es hermético. Por su parte, los iraníes no han cesado de lanzar provocaciones verbales contra los estadounidenses. La última declaración, emitida el domingo, provino del ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, quien aseguró que su país no tiene intención de reanudar por el momento las negociaciones con Estados Unidos. Los iraníes no dejan de comportarse como vencedores, mientras prosiguen con total tranquilidad su brutal represión interna mediante una oleada de ejecuciones de opositores, entre ellos jóvenes e incluso adolescentes. Cabe señalar, por otro lado, que el guía supremo iraní Mojtaba Jamenei, tan ausente como siempre de la vida pública, procedió el martes a seis nombramientos de alto rango en el aparato militar y de seguridad iraní. Los observadores interpretaron estos cambios como un reforzamiento del control de los Guardianes de la Revolución sobre los puestos clave de defensa, lo que acentúa la impresión de un endurecimiento del régimen en un contexto de tensiones regionales persistentes. Por último, cabe señalar que el frente de los hutíes yemeníes se mantuvo muy activo esta semana. Además de varios ataques hutíes en el mar Rojo (que se suman a los ataques iraníes contra buques en el estrecho de Ormuz), se produjeron importantes ataques contra la refinería del gigante petrolero saudí Aramco y contra un puerto controlado por las fuerzas yemeníes oficiales, respaldadas por Arabia Saudí.









