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Lo esencial de la semana

La colina de Ali el-Taher y los hutíes en el centro de la actualidad
Por
Taline Becharraoui
Publicado
ago 16, 2026 - 23:46

Mientras las conversaciones entre Irán y Estados Unidos se estancan en medio de declaraciones incendiarias de ambos lados, es el frente sur del Líbano entre Israel y Hezbolá el que ha vivido esta semana una escalada progresiva que alcanzó su punto álgido el sábado. Todo ello apunta a que los próximos días podrían traer desarrollos imprevisibles. La semana transcurrida entre el 10 y el 16 de agosto de 2026 estuvo marcada, en el sur del Líbano, por una escalada que fue en aumento hasta el sangriento sábado 15 de agosto. Una sensación de déjà-vu: la de desplazar el epicentro de un conflicto regional hacia un pequeño país, en un momento en que, en el frente principal iraní, la violencia de las palabras entre los beligerantes iraníes y estadounidenses sustituye a la de los actos… por ahora. El sur del Líbano fue así escenario de una escalada israelí creciente a medida que avanzaban los días. Es también la primera vez desde el alto el fuego, bastante relativo, del pasado mes de junio que los israelíes reportan operaciones de Hezbolá contra sus soldados, aunque estas no son reivindicadas por la milicia chií, que sigue fingiendo respetar la tregua. El hostigamiento a Ali el-Taher se prolongó durante toda la semana de manera muy sostenida por parte de los israelíes, hasta la jornada especialmente sangrienta del sábado. Ese día, el ejército israelí afirmó haber atacado a dos altos comandantes de Hezbolá: Ali Fakhreddine en Deir Zahrani, y Ali Hajj Hassan (de la fuerza de élite Radwane), abatido junto con toda su familia en un cuartel general militar de Hezbolá en Ansar (en los confines de Sidón, es decir, una posición muy avanzada al sur). Los ataques de ese día causaron 11 muertos, entre ellos mujeres y niños, y una veintena de heridos. En relación con estos ataques, el ejército israelí invocó una operación contra sus soldados en la zona amarilla (la que ocupa en el sur), en la región de Ali el-Taher. Hezbolá no confirmó nada, pero publicó el sábado un comunicado con una amenaza de «respuesta apropiada» en caso de que las violaciones continuaran. La impresión de que la ya célebre colina de Ali el-Taher constituye un punto neurálgico del conflicto se vio reforzada el sábado por las declaraciones del presidente del Parlamento iraní, Mohammad Ghalibaf, principal negociador, quien afirmó estar «en contacto con los combatientes en primera línea en Ali el-Taher». Esta declaración no solo revela una voluntad iraní de mantener su influencia en el Líbano a través de Hezbolá, sino que también lleva a preguntarse si habla únicamente de combatientes libaneses o si estos están respaldados por oficiales superiores de los Pasdaran, como apunta el rumor público desde el inicio de este conflicto. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Irán para apoyar a Hezbolá en un enfrentamiento tan desigual con Israel? Escalada verbal entre Hezbolá y Estados Unidos Otro hecho destacado de la semana fue la escalada verbal entre diversos altos responsables estadounidenses y Hezbolá. Esta escalada llegó a su punto máximo con una declaración del embajador estadounidense Michel Issa, el viernes, quien subrayó, en respuesta a una pregunta de un periodista, que las destrucciones israelíes no cesarían hasta que Hezbolá entregara sus armas. El domingo, una fuente del Departamento de Estado estadounidense afirmó que Hezbolá «es el único responsable» de la situación en que se encuentra el país. Las declaraciones de Michel Issa provocaron una respuesta casi inmediata del secretario general del partido, Naïm Qassem, quien pronunció un encendido discurso el viernes en el que arremetió contra las autoridades libanesas, acusándolas de dejarse «humillar» y de ceder a los dictados de Estados Unidos e Israel. Les exigió que «dejaran de acumular fracasos», argumentando que todas las rondas de negociaciones con Israel no han reportado ningún beneficio al Líbano. Reenfocó la atención en el papel de Irán, sosteniendo que solo el acuerdo de Islamabad —hoy en muerte clínica— logró traer un alto el fuego al país. Un comunicado publicado por Hezbolá el sábado, tras los dos mortíferos ataques israelíes, se hace eco de ese discurso al afirmar que apostar por los estadounidenses y las garantías que prometen es «un fracaso seguro». La semana que acaba de transcurrir estuvo marcada además por una polémica entre israelíes y estadounidenses en torno al Líbano. Esta se manifestó principalmente a través de la airada reacción de Washington ante las declaraciones del ministro israelí de Defensa, Israel Katz, quien había afirmado que su ejército «no se retiraría» del sur del Líbano. Estados Unidos consideró que tales palabras ponían en peligro las conversaciones entre el Líbano y el Estado hebreo. Cabe señalar en este contexto que el presidente estadounidense Donald Trump ha enviado a su representante —y yerno— Jared Kushner a la región. Se espera que viaje a Israel en los próximos días para mantener conversaciones centradas en Gaza, aunque es muy probable que también aborden la situación en el Líbano. La semana pasada estuvo marcada asimismo por la gira del teniente general Joseph Clearfield —al frente del comité de supervisión del alto el fuego de noviembre de 2024, presidido por Estados Unidos— entre diversos responsables libaneses. Le acompañaba el embajador Issa. El oficial estadounidense abordó con sus interlocutores las negociaciones tripartitas, a la luz de una visita que había realizado la semana anterior a Israel. En el otro frente: el estrecho de Ormuz En el frente del conflicto entre Estados Unidos e Irán, no hubo grandes novedades esta semana, ni en el plano del enfrentamiento armado ni en el de las negociaciones directas —que siguen sin producirse—, a pocos días de que venza el plazo de sesenta días previsto en el acuerdo marco firmado entre ambas partes en junio en Islamabad. La semana próxima parece, por tanto, abierta a todo tipo de escenarios. El estrecho de Ormuz acapara toda la atención. La semana concluyó con las promesas de un acuerdo irano-omaní sobre su gestión, en marcado contraste con las declaraciones belicosas de ambos lados. El presidente estadounidense afirmó en más de una ocasión que la zona está totalmente bajo control estadounidense y que el bloqueo sobre los puertos iraníes es hermético. Por su parte, los iraníes no han cesado de lanzar provocaciones verbales contra los estadounidenses. La última declaración, emitida el domingo, provino del ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, quien aseguró que su país no tiene intención de reanudar por el momento las negociaciones con Estados Unidos. Los iraníes no dejan de comportarse como vencedores, mientras prosiguen con total tranquilidad su brutal represión interna mediante una oleada de ejecuciones de opositores, entre ellos jóvenes e incluso adolescentes. Cabe señalar, por otro lado, que el guía supremo iraní Mojtaba Jamenei, tan ausente como siempre de la vida pública, procedió el martes a seis nombramientos de alto rango en el aparato militar y de seguridad iraní. Los observadores interpretaron estos cambios como un reforzamiento del control de los Guardianes de la Revolución sobre los puestos clave de defensa, lo que acentúa la impresión de un endurecimiento del régimen en un contexto de tensiones regionales persistentes. Por último, cabe señalar que el frente de los hutíes yemeníes se mantuvo muy activo esta semana. Además de varios ataques hutíes en el mar Rojo (que se suman a los ataques iraníes contra buques en el estrecho de Ormuz), se produjeron importantes ataques contra la refinería del gigante petrolero saudí Aramco y contra un puerto controlado por las fuerzas yemeníes oficiales, respaldadas por Arabia Saudí.

Inquietante pasividad estadounidense ante las agresiones del ala radical iraní

Durante la semana pasada, la Administración Trump mostró una pasividad inquietante e inusual ante las agresiones (y la arrogancia) del ala radical del régimen iraní y sus grupos proxy, tanto en el estrecho de Ormuz como en el «frente» abierto por la milicia yemení pro-iraní de los hutíes contra Arabia Saudita. En este contexto se produjo esta semana el pacto de defensa común sellado entre Arabia Saudita, Pakistán y Turquía, percibido como una suerte de OTAN suní frente a Irán. La semana pasada en Oriente Medio quedará marcada, sin duda, por una imagen: la del príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan y el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif firmando, el viernes, en La Meca —lugar de enorme simbolismo— un pacto de defensa común. Es difícil no ver en esto una alianza de potencias suníes frente al régimen de los mulás, muy debilitado tras la última guerra con Estados Unidos, pero que todavía conserva una considerable capacidad de generar daño, tal como lo ha demostrado con sus ataques contra sus vecinos árabes y con la actitud agresiva de sus grupos proxy. La firma de este pacto de defensa tripartito coincide con la activación del frente yemení contra Arabia Saudita en la zona del mar Rojo y de Bab el-Mandeb, y con el bloqueo que la milicia pro-iraní de los hutíes intenta imponer a los puertos saudíes. Esta nueva alianza se ha convertido también en una prioridad para sus signatarios, dado que el aliado estadounidense parece querer encontrar una salida que no resulte demasiado deshonrosa y que le permita desvincularse por completo del conflicto iraní para proteger sus propios intereses. Si esta retirada estadounidense que parece asomar en el horizonte se confirma realmente en los hechos —algo que aún está por demostrarse en esta etapa—, significaría que la Administración Trump habría prácticamente capitulado ante el régimen iraní, dejando al ala radical con total libertad para recuperar terreno y reconstruir rápidamente su aparato militar e infraestructuras, no solo económicas, sino sobre todo nucleares y balísticas. El alcance del pacto de defensa Volviendo al pacto de defensa tripartito, este envía un mensaje en varias direcciones. Rápidamente, Ankara aclaró que esta alianza no va dirigida contra nadie, y Riad subrayó que no está vinculada a ninguna ambición nuclear —dado que Pakistán es una potencia nuclear y que el secretario de Energía estadounidense anunció recientemente un próximo acuerdo con el reino sobre el desarrollo de la energía nuclear civil, algo que el presidente estadounidense condicionó a un acuerdo de paz con Israel—. El desarrollo de esta alianza histórica deberá seguirse de cerca en las próximas semanas y meses, especialmente porque los signatarios hablan de «disuasión»: ¿con qué medios y contra quién? Los tres signatarios también afirmaron que la adhesión al pacto está abierta a otras naciones. Ya el sábado, el ministro turco de Asuntos Exteriores, Hakan Fidan, declaró que Egipto podría unirse pronto a esta nueva alianza, según informó la AFP. Sin perspectivas de reapertura del estrecho de Ormuz La firma de este pacto el viernes tuvo lugar al término de una semana de tregua, o más bien de pasividad estadounidense a nivel militar. Eso no impidió que el régimen de los mulás y su aliado yemení, los hutíes, continuaran con sus agresiones. Un destructor lanzamisiles patrullando en la zona de operaciones de la 5.ª Flota estadounidense en el Golfo. (Centcom) Los Pasdaran lanzaron a finales de semana un ataque contra un petrolero de los Emiratos Árabes Unidos en el estrecho de Ormuz, y en las últimas veinticuatro horas, los hutíes primero atacaron una refinería en las instalaciones de Aramco, en Arabia Saudita, antes de disparar repetidamente, el sábado, misiles y drones contra la zona del puerto yemení de Mokha, apuntando tanto a las instalaciones portuarias como a infraestructuras civiles (viviendas, centro hospitalario…). Este bombardeo dejó, según un primer balance, siete muertos y 35 heridos. Avanzada la noche del sábado, los hutíes reanudaron sus violentos bombardeos contra la zona del puerto de Mokha. Cabe destacar que los ataques de esta semana contra el petrolero emiratí, la refinería saudí de Aramco y las posiciones del poder yemení aliado de Arabia Saudita no provocaron ninguna reacción estadounidense. En cuanto a las negociaciones que debían haberse retomado el lunes, tal como había anunciado el presidente Donald Trump a cambio de la cancelación de una operación militar estadounidense contra Irán, estas no tuvieron lugar, ya que los iraníes rechazaron todo contacto con la Administración estadounidense. Las condiciones iraníes planteadas a Washington En lo que respecta a la hipotética reapertura del estrecho de Ormuz, los Guardianes de la Revolución iraní afirmaron a finales de semana que esta no depende de un acuerdo con Omán, sino de que Estados Unidos acepte sus condiciones, devolviendo así la pelota al tejado de Washington, que sigue negándose a aceptar el cobro de cualquier peaje por el paso marítimo. Las condiciones iraníes anunciadas el viernes incluían el cese de todas «las amenazas e insultos proferidos contra Irán» (!) y de todas las guerras en todos los frentes (incluido el Líbano), el levantamiento del bloqueo impuesto a los puertos iraníes y la retirada de todas las fuerzas estadounidenses de las proximidades de Irán, el pago de compensaciones por los daños causados durante esta guerra, el levantamiento de todas las sanciones y el desbloqueo de los activos iraníes congelados. Dos jóvenes iraníes posan para el fotógrafo mientras comen un helado durante un evento veraniego dedicado a la moda, una escena inusual en Teherán mientras la población aprovecha el alto el fuego. (Morteza Nikoubazl/NurPhoto vía AFP) Una retórica belicosa sin cambios que se explica sin duda por el hecho de que las amenazas estadounidenses no pasaron de palabras durante toda la semana, a pesar de los ataques iraníes (directos o a través de intermediarios) contra embarcaciones en el estrecho —no menos de seis— sin ninguna reacción por parte del ejército estadounidense. Cabe señalar en este contexto que, según el canal 13 israelí, el jefe del Mando Central estadounidense, de visita en Israel desde finales de semana, transmitió al gobierno israelí un mensaje del que se desprende que Washington desea que el Estado hebreo ponga fin a las operaciones militares en Irán, el Líbano y Gaza. Los dirigentes israelíes habrían respondido que Israel no dudará en atacar directamente al régimen iraní si este retoma la construcción de su arsenal nuclear y balístico. Por último, para cerrar este expediente regional, cabe señalar que el Guía Supremo Mojtaba Jamenei volvió a protagonizar tres apariciones el sábado. Habría mantenido una reunión con el presidente iraní Massoud Pezeshkian, nombró a Mohammad Bagher Zolghadr como asesor político y designó a Mohsen Rezaí, veterano de la guerra contra Irak y exjefe de los Pasdaran, como su representante en el Consejo Superior de Seguridad Nacional. Las negociaciones libaneso-israelíes, en un callejón sin salida Esta semana también fue significativa en el frente libanés. Durante tres días, del martes al jueves, se celebró la séptima ronda de negociaciones directas entre el Líbano e Israel, por segunda vez en Roma (en la embajada de Estados Unidos) y no en Washington. Esta séptima etapa ya había comenzado con mal pie, debido a las declaraciones israelíes (en particular las del primer ministro Benjamin Netanyahu) que apuntan a una clara falta de intención de retirarse del Líbano. Si la causa extraoficial es un endurecimiento del discurso de cara a las elecciones legislativas israelíes previstas para octubre, así como el deseo de Netanyahu de distanciarse de todo aquello que pueda descontenta a la opinión pública y a sus aliados del ala dura, la causa oficial es el temor a que Hezbolá renueve sus capacidades militares en las zonas evacuadas. Todos los indicios que han trascendido de estas conversaciones en Roma apuntan a una ausencia de avances significativos y de nuevas medidas concretas, cuando el principal objetivo de la delegación libanesa era delimitar nuevas zonas piloto para la retirada israelí y el despliegue del ejército libanés (en virtud del acuerdo marco firmado en junio). Tanto es así que la próxima ronda de conversaciones, prevista para principios de septiembre, parece estar ahora en peligro. Podría haberse pensado que todo estaba (casi) perdido, de no ser por una información de Reuters publicada el viernes, en la que se cita a un «funcionario libanés» que la agencia no identifica. Según este funcionario, el Líbano e Israel «han acordado una lista reducida de países con capacidad para enviar tropas y verificar el desarme de Hezbolá». No reveló información sobre los países incluidos en la lista, pero la agencia indicó que la decisión final corresponde a Estados Unidos. Mientras tanto, el sur del Líbano ha vivido una verdadera escalada en los últimos días. Hezbolá continúa actuando como si respetara el alto el fuego, pero parece haber retomado de manera extraoficial sus operaciones. Así lo evidencia una explosión ocurrida en el pueblo de Taybé, que esta semana dejó dos soldados israelíes muertos y varios heridos. Es la segunda en pocos días. La respuesta israelí no tardó en llegar. Por primera vez en varias semanas, el ejército israelí emitió una orden de evacuación para un pueblo del sur del Líbano, Mansouri, en Tiro, que desde entonces ha sido blanco de bombardeos casi incesantes. Los ataques israelíes, que nunca llegaron a interrumpirse del todo, ganan en intensidad día tras día, especialmente en torno a lo que se presenta como un importante complejo militar de Hezbolá en la colina de Ali el-Taher. Aún más preocupante es que las incursiones israelíes en territorio libanés están retomando. La que más impacto ha tenido esta semana es una incursión creciente en el área del pueblo de Zawtar el-Charqiya, a escasos metros de una de las zonas piloto evacuadas en julio donde el ejército libanés se ha desplegado, Zawtar el-Gharbiya. Como consecuencia, ambos ejércitos se encuentran peligrosamente cerca en los últimos días, en un momento en que un soldado libanés resultó herido por disparos israelíes en Mansouri mientras intentaba reabrir una carretera.

Por enésima vez, Trump cancela el ataque anunciado contra Irán.
Por
Taline Becharraoui
Publicado
ago 3, 2026 - 00:57

Una vez más, y por enésima vez (¡los precedentes en este sentido ya son incontables!), el presidente Donald Trump anunció en la madrugada del domingo 2 de agosto la «cancelación» del ataque «a gran escala» que se presentaba como «inminente» contra el régimen iraní. Durante los últimos días, la administración estadounidense había alimentado, con gran despliegue mediático, un clima que apuntaba a un ataque de gran envergadura previsto para ese fin de semana, con las infraestructuras energéticas de la República Islámica como objetivo. El anuncio de estas operaciones militares a gran escala estuvo acompañado de declaraciones del presidente Trump y de altos funcionarios estadounidenses que estigmatizaban la línea de conducta de los dirigentes iraníes y denunciaban, en términos muy duros, su actitud negativa y su comportamiento engañoso durante las conversaciones con los negociadores estadounidenses. Sin embargo, haciendo tabla rasa de esa posición tan contundente, el presidente Trump anunció en la madrugada del domingo la cancelación del ataque «a petición de Irán» (!) y de algunos países de la región, indicando que se había alcanzado un entendimiento sobre el programa nuclear iraní y la reapertura inmediata y sin obstáculos del estrecho de Ormuz… Aunque la agencia oficial iraní desmintió poco después cualquier acuerdo sobre ese paso estratégico. Hay que reconocer y, sobre todo, lamentar que estos reiterados giros del presidente Trump —que lo han llevado en numerosas ocasiones a retractarse en el último momento después de amenazar con atacar a Irán— no pueden sino perjudicar gravemente su credibilidad y, de rebote, no hacen más que fortalecer al ala radical del régimen iraní. No obstante, al anunciar la cancelación de los ataques previstos, el jefe de la Casa Blanca afirmó una vez más que «si no se negocia un acuerdo muy pronto, llevaremos a cabo los ataques más contundentes que el mundo haya visto desde la Segunda Guerra Mundial». Sin embargo, la opinión pública tiende cada vez más a no tomarse en serio las amenazas del presidente estadounidense. Esta decisión, anunciada en la red social Truth Social , se produjo tras una semana cargada de tensiones y novedades. El martes, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu se había reunido con el presidente Trump en Washington, al margen de una ceremonia en homenaje al fallecido senador estadounidense Lindsey Graham. La ausencia de una rueda de prensa conjunta entre ambos líderes había reavivado las especulaciones sobre la persistencia de desacuerdos entre ellos. Las amenazas iraníes En cualquier caso, a medida que avanzaba la semana resultaba cada vez más evidente que Israel y Estados Unidos se preparaban para un nuevo ataque contra Irán, mientras que el Estado hebreo había quedado al margen de la última escalada militar contra Teherán. El sábado se hablaba de ataques contra instalaciones energéticas iraníes, las mismas amenazas de ataques que habían precedido a la primera tregua anunciada por Trump el 8 de abril. Las embajadas de Estados Unidos en la región habían advertido el sábado a sus ciudadanos contra cualquier desplazamiento a Oriente Medio. Cabe señalar, en un intento de explicar el giro del presidente Trump, que el anuncio de la cancelación del ataque estuvo precedido de contactos iniciados el sábado por el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, con sus homólogos saudí y turco, así como con el comandante del ejército pakistaní. Al mismo tiempo, el señor Araghchi lanzó amenazas contra Estados Unidos, advirtiendo a los estadounidenses contra «cualquier decisión precipitada». En paralelo, fuentes del ala radical del régimen se embarcaron en una operación de chantaje puro y duro, subrayando el sábado que si el ejército estadounidense cumplía sus amenazas, las poblaciones de los países del Golfo, Jordania e Israel no volverían a conocer la paz. En este contexto de chantaje iraní, el secretario de Estado Marco Rubio afirmó el sábado por la noche, en una entrevista con Fox News, que «el régimen iraní debe cambiar, porque es un régimen que no busca gobernar su propio país sino gobernar la región». Y Rubio subrayó que «hay que hacer pagar un precio muy alto a los dirigentes iraníes por estas prácticas, de modo que abandonen su aspiración hegemónica». La cuestión iraquí y las armas de Hamás En cualquier caso, el régimen iraní ha demostrado una vez más en los últimos días su capacidad de causar daño a través de sus grupos proxy. Los rebeldes hutíes de Yemen abrieron un nuevo frente en el mar Rojo y amenazaron con el cierre total de otro estrecho, el de Bab el-Mandeb. Sin embargo, además del Hezbolá en Líbano y los hutíes en Yemen, otro actor entró en juego esta semana. Las Fuerzas de Movilización Popular (Hachd el-Chaabi), grupo iraquí proiraní, llevó a cabo ataques con drones contra territorio saudí, lo que provocó una respuesta estadounidense-saudí a principios de semana contra las instalaciones del grupo en Irak. Sea como fuere, a finales de semana, pese a los reiterados compromisos de las autoridades iraquíes de impedir cualquier ataque desde su territorio, Jordania amenazó con atacar a los grupos iraquíes proiraníes si su territorio volvía a ser blanco de agresiones. Esta ampliación de la zona del conflicto quedó confirmada por un ataque sin precedentes, el miércoles, contra un puerto egipcio, en el que fue golpeado un buque gasero perteneciente a una empresa estadounidense. Es la primera vez que Egipto se ve involucrado en este conflicto. Otro desarrollo importante en relación con los aliados de Irán en la región: Hamás, dirigido ahora por Khalil el-Hayya, aprobó un acuerdo que contempla su desarme y que estipula, según el grupo, una retirada progresiva de las fuerzas israelíes de la franja. Un acuerdo que debería ser implementado por el Consejo de Paz establecido por Trump en enero. Cabe señalar, por último, que el presidente libanés Joseph Aoun fue recibido a mediados de semana por su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, en Ankara.

¡Para Hezbolá, el conflicto actual es la prolongación de la batalla de Kerbala!
Por
Taline Becharraoui
Publicado
jul 27, 2026 - 00:34

La semana pasada concluyó el domingo con dos acontecimientos de innegable importancia. El primero fue la visita del primer ministro Nawaf Salam a Bagdad, donde mantuvo conversaciones con los dirigentes iraquíes de carácter principalmente económico. Acompañado por el ministro de Energía Joe Saddi, el jefe de gobierno discutió con su homólogo iraquí la posibilidad de incluir la refinería de Trípoli en la reactivación del oleoducto que une Irak con Siria, con miras a la exportación del petróleo iraquí. Un acuerdo en ese sentido fue firmado hace unos días entre Siria e Irak, y el gobierno libanés busca relanzar el papel de la refinería de Trípoli en ese contexto. El segundo acontecimiento tiene un carácter macropolítico y supranacional: un intercambio de mensajes entre Hezbolá y el escurridizo y misterioso Guía Supremo iraní Moujtaba Jamenei. De dicho documento se desprende que Hezbolá reafirma su lealtad al Guía iraní, subrayando en ese acuerdo que el conflicto actual en la región es «la prolongación de la batalla de Karbala». Reafirmando su determinación de continuar con «la resistencia armada», Hezbolá hace hincapié en su «plena solidaridad con Irán y los Guardianes de la Revolución Islámica», añadiendo que el partido «permanece bajo la conducción del jeque Naïm Kassem» y sigue siendo «fiel al liderazgo de Moujtaba Jamenei». En continuidad con la reafirmación del acto de lealtad expresado por Hezbolá, un mensaje atribuido a Moujtaba Jamenei y dirigido al partido proiraní subraya que «la perseverancia en el camino de la resistencia traerá la victoria divina prometida a los muyahidines que transitan por el sendero de la verdad». Tregua en el frente estadounidense-iraní En el plano de las operaciones militares, el frente estadounidense-iraní atraviesa desde el viernes por la noche una precaria calma. Tras 13 días consecutivos de bombardeos estadounidenses en territorio iraní y de represalias iraníes contra los países vecinos del Golfo, las noches del viernes y del sábado transcurrieron en calma, mientras el frente yemení se inflama y el sur del Líbano se mantiene, por ahora, lejos de la escalada. La guerra estadounidense contra Irán acaba de tomar un nuevo rumbo hacia un futuro que sigue siendo incierto. Cuando la escalada era palpable desde hacía unos 13 días, y la semana estuvo marcada por masivos bombardeos estadounidenses en territorio iraní y continuas represalias iraníes contra los países vecinos del Golfo y Jordania, la tensión militar cayó bruscamente el viernes. Los iraníes acaban de vivir su segunda noche de calma, según se puede constatar este domingo por la mañana. De acuerdo con medios estadounidenses, esta tregua proviene de una orden dada por el presidente Donald Trump el viernes. Los iraníes también suspendieron sus ataques contra los países vecinos. Varios interrogantes acechan a los medios tras este desarrollo. ¿Es esta tregua temporal o está llamada a perdurar? ¿A qué debería dar lugar: a nuevas negociaciones o a un agravamiento del conflicto con, por ejemplo, combates terrestres? ¿Qué motivó realmente la decisión de Trump? Este último interrogante es crucial. Porque para numerosos medios estadounidenses, como el New York Times o CNN , el gobierno estadounidense temería el agotamiento del arsenal de misiles de interceptación destinados a proteger a los países del Golfo. También teme una ampliación del conflicto en Oriente Medio. Trump, por su parte, sigue enviando señales contradictorias. Al tiempo que asegura contemplar ataques aún más contundentes contra Irán, afirmó sin embargo estar «hablando (con los dirigentes iraníes) en este momento», considerando que se están volviendo «cada vez más serios» por «una razón obvia», aludiendo a los devastadores bombardeos llevados a cabo por la aviación estadounidense. Esta repentina calma contrasta con el comportamiento israelí de los últimos días. Marginados de los últimos ataques contra Irán, pese a haber sido el socio privilegiado —cuando no el instigador— del inicio de esta guerra contra Irán a finales de febrero, los israelíes han adoptado medidas de precaución extremas durante esta semana, pidiendo a su población que esté lista para refugiarse en los búnkeres en cualquier momento. Varias aerolíneas han suspendido sus vuelos a Tel Aviv en los últimos días. Según algunas informaciones, los israelíes habrían manifestado su disposición a llevar a cabo ataques precisos en territorio iraní, pero habrían sido frenados por el presidente Trump. Sin embargo, el domingo por la mañana, el gobierno israelí aprobó la prórroga del estado de emergencia hasta el 11 de agosto. En cualquier caso, una cita que hay que seguir de cerca la próxima semana es el encuentro previsto entre el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el presidente estadounidense, en Washington, el martes. Netanyahu tardó en conseguir esta reunión, señal de que las tensiones persisten entre ambos hombres en torno a la guerra en Irán. ¿Logrará el primer ministro israelí influir en las decisiones de su socio estadounidense, teniendo en cuenta que ambos deben hacer frente a cruciales plazos electorales internos en los próximos meses? Para el presidente Trump, las elecciones de mitad de mandato podrían resultar complicadas, ya que el alza de los precios del petróleo y la inflación, vinculadas a la guerra en Irán, han mermado seriamente su popularidad. En cuanto a Netanyahu, una vez más se juega su futuro político. Sin embargo, estas diferencias y estos cálculos no cambian demasiado la relación estratégica entre ambos países. Un hecho vino a reforzar esta tesis esta semana: el jueves, el secretario de Energía estadounidense anunció un próximo acuerdo con Arabia Saudita para el desarrollo de un programa nuclear civil, lo que generó inquietud entre legisladores demócratas y sectores israelíes, que afirman temer una nueva carrera armamentística nuclear en Oriente Medio. Ese mismo día, el presidente Trump publicó un mensaje en su red social Truth Social , de contenido sorprendente: asegura que ese acuerdo con los saudíes solo puede materializarse si su país reconoce a Israel y firma los Acuerdos de Abraham, ya ratificados por varios países del Golfo. Satisfacción del lado israelí, donde Netanyahu considera que sería «un avance histórico». Del lado saudí, silencio. Un primer despliegue turbulento del ejército en el sur del Líbano Sobre el terreno, es inevitable constatar que, si bien Irán respetó esta tregua implícita con Estados Unidos conteniendo sus misiles y sus drones durante dos días, el frente yemení, del lado de los rebeldes hutíes pro-iraníes, sigue escalando. Los rebeldes hutíes se mostraron amenazantes durante toda la semana, dirigiendo sus misiles hacia Arabia Saudita —por primera vez desde 2022— y complicando el tránsito de barcos por el mar Rojo. Atacaron así dos petroleros saudíes durante esta semana (solo uno, según las autoridades saudíes). En respuesta, el gobierno yemení legítimo pro-saudí lanzó ataques contra las regiones controladas por los rebeldes. Este frente yemení activado por los iraníes parece, por ahora, eclipsar el frente del sur del Líbano. Hezbolá sigue sin responder a las continuas operaciones israelíes en las zonas ocupadas e incluso más allá. Si bien declaran respetar el alto el fuego —en particular el negociado por los iraníes en el marco del proceso de Islamabad, y no el obtenido por las autoridades libanesas en el acuerdo marco firmado directamente con los israelíes en Washington—, los dirigentes de la milicia pro-iraní tienen en cuenta el agotamiento de sus tropas, pero también, y sobre todo, el de su base social, gran parte de la cual sigue desplazada. También en el sur del Líbano, el martes se produjo un acontecimiento decisivo en el marco del acuerdo marco libano-israelí: el despliegue del ejército libanés en un pueblo situado en los límites de la zona ocupada, Zawtar el-Gharbiya. La entrada del ejército libanés en esta localidad no estuvo exenta de incidentes: las fuerzas israelíes dispararon en dirección a los soldados libaneses, sin causar víctimas, alegando que los vehículos libaneses habían penetrado fuera de la zona acordada. El ejército libanés desmintió categóricamente estas afirmaciones. Aoun en Washington Con todo, las autoridades libanesas, blanco habitual de las críticas del eje iraní, persisten en su búsqueda de una paz duradera. Así lo demuestra el desplazamiento del primer ministro libanés Nawaf Salam el miércoles a Zawtar el-Gharbiya, donde plantó una bandera libanesa y transmitió un mensaje tranquilizador a la población del sur sobre el compromiso del Estado con ella. La visita del comandante en jefe del ejército, Rodolphe Haykal, al día siguiente vino a reforzar esa impresión. Este mensaje es más crucial que nunca para las poblaciones de las zonas devastadas. Las primeras reacciones de los habitantes de Zawtar al contemplar los destrozos, tras haber recibido autorización para regresar a inspeccionar sus bienes después del despliegue del ejército, son desgarradoras. Sin embargo, el acontecimiento clave de esta semana en el proceso de restauración del prestigio del Estado tuvo lugar en Washington. Presente en Estados Unidos desde el sábado, con una apretada agenda de reuniones con funcionarios estadounidenses —entre ellos el secretario de Estado Marco Rubio el domingo—, el presidente libanés Joseph Aoun fue recibido el martes por el presidente estadounidense Donald Trump en la Casa Blanca. En cuanto a las formas, la rueda de prensa conjunta de ambos presidentes mostró una auténtica sintonía entre los dos jefes de Estado, y el mensaje transmitido fue el de un avance positivo en las relaciones entre ambos países. En cuanto al fondo, todos los indicios también fueron favorables. Esa misma noche, el presidente estadounidense anunció una medida simbólica pero significativa: la reanudación de los vuelos directos entre Estados Unidos y Beirut, interrumpidos desde hace más de 40 años. El presidente libanés, por su parte, expresó en repetidas ocasiones tras este encuentro su confianza en que el país se encuentra en el buen camino. Ciertamente, las dudas persisten y los desafíos siguen siendo enormes, pero esta cita en Washington no habrá sido en vano. Como era de esperar, la visita del presidente a la capital estadounidense y su actuación le valieron un amplio respaldo dentro de la clase política libanesa. Incluso Nabih Berry, presidente del Parlamento y líder de Amal —aliado de Hezbolá—, que se había distanciado de las decisiones del presidente en las últimas semanas, lo llamó a su regreso. Hezbolá, en cambio, continúa disparando con dureza contra Aoun: en un comunicado mordaz difundido el jueves, el partido acusó al presidente de haber «fracasado en obtener la menor reivindicación nacional soberanista», señalando que «no logró ningún compromiso estadounidense respecto a una retirada israelí». En este aspecto también, la milicia chií parece estar cada vez más aislada. El presidente recibió el sábado un nuevo impulso de confianza durante la misa de beatificación del «padre del Gran Líbano», el patriarca Elias Howayek, celebrada en la sede de verano del patriarcado en Dimane (Becharre, norte del Líbano), a través de las palabras del patriarca maronita Bechara Rai. En este acto religioso y político, que reunió a personalidades de todas las comunidades —con la sorprendente ausencia de Nabih Berry—, el prelado saludó «las señales positivas» emanadas del encuentro de Washington y reiteró su apoyo al presidente.

Jornadas libanesas en Washington, Aoun en el Departamento de Estado
Por
Taline Becharraoui
Publicado
jul 20, 2026 - 00:04

El presidente libanés Joseph Aoun llegó el sábado a Washington, donde será recibido el martes por el presidente estadounidense Donald Trump. En el plano regional, Estados Unidos intensificó durante toda la semana pasada sus ataques contra posiciones e infraestructuras de los Guardianes de la Revolución iraní, provocando una respuesta de estos contra… los países del Golfo, mientras la milicia yemení proiraní de los hutíes volvía a entrar en escena. Al cierre de la semana, la atención en el ámbito libanés estaba centrada en las perspectivas de la tan esperada visita del presidente Joseph Aoun a Washington. El jefe de Estado, que llegó el sábado a la capital estadounidense acompañado de su esposa y de sus asesores, sostuvo el domingo por la tarde (hora de Beirut) una reunión en el Departamento de Estado con el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio. Antes de su encuentro del martes con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca, también mantendrá conversaciones con varios otros altos funcionarios estadounidenses. La reunión entre el presidente Joseph Aoun y el secretario de Estado duró una hora y media. En esa ocasión, el mandatario insistió en la importancia de establecer cuanto antes las zonas piloto que deberían ser evacuadas por el ejército israelí para permitir el despliegue del ejército libanés en esas áreas. Rubio reafirmó el compromiso de Estados Unidos de trabajar para concretar el contenido del acuerdo marco alcanzado entre Líbano e Israel. El jefe de la diplomacia estadounidense también elogió los esfuerzos del presidente Aoun y del gobierno de Salam para restablecer la soberanía del Estado libanés y desmantelar la milicia de Hezbolá. En ese contexto, fuentes citadas por el canal Al Hadath informaron el domingo sobre la intención de la administración Trump de crear “una alianza entre Líbano e Irak para reducir la influencia iraní en la región”. Sea como fuere, esta visita oficial de un presidente libanés a Estados Unidos, la primera en muchísimos años reviste una importancia particular en el contexto actual debido a los acontecimientos que se desarrollan no solo en el país, sino sobre todo a escala regional. La sexta ronda de negociaciones directas entre Líbano e Israel, celebrada esta semana en Roma, registró avances en cuanto al inicio de la aplicación del acuerdo marco firmado el 26 de junio en Washington. El ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Saar, anunció el martes desde Jerusalén que los israelíes “están listos para avanzar” en la implementación de las zonas piloto en el sur del Líbano. Los intercambios, que se extendieron durante dos días en Roma entre los negociadores libaneses e israelíes, fueron calificados el miércoles por la embajada de Estados Unidos en el Líbano como “productivos y positivos”. Pero el diablo está en los detalles, que debían discutirse el viernes durante conversaciones técnicas entre libaneses e israelíes. Sin embargo, esa reunión fue pospuesta porque Líbano insiste en que las zonas piloto correspondan claramente a pueblos ocupados por Israel, mientras que Tel Aviv exige mayores garantías sobre la destrucción sistemática de toda la infraestructura de Hezbolá en las regiones que serán entregadas al ejército libanés. Los israelíes formularon estas exigencias a los estadounidenses. En cualquier caso, los libaneses no son los únicos que sufren una situación “ambigua”. Las relaciones entre el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y el presidente Trump atraviesan un momento difícil. Medios israelíes informaron esta semana que Netanyahu viajaría próximamente a Washington para reunirse con el mandatario estadounidense, pero Estados Unidos desmintió que se le hubiera concedido una cita. Más aún, según el medio Axios, la presión estadounidense sobre Netanyahu sigue aumentando. El portal reveló que el presidente Trump pidió al primer ministro israelí, durante una conversación telefónica el jueves, que redistribuyera sus fuerzas militares en Siria y Líbano. Escalada en Irán Sobre el terreno, en el sur del Líbano, Hezbolá aún no ha reanudado los combates, aunque todo indica que se trata de una pausa temporal. Según las declaraciones de sus dirigentes, la milicia proiraní “no tiene intención de volver a la situación anterior al 2 de marzo”. Es decir, Hezbolá no seguirá soportando indefinidamente los ataques israelíes sin responder. Sin embargo, los bombardeos y las demoliciones de túneles e infraestructuras de la milicia no han cesado. Otra prueba significativa es que las fuerzas armadas sirias incautaron esta semana un importante cargamento de drones procedentes de Irán y destinados a Hezbolá. En este contexto, el partido chiita parece estar cada vez más debilitado, con una base popular desplazada o confinada en pueblos que ya no son habitables. Además, desde la relativa calma del último alto el fuego se celebran decenas de funerales de combatientes en las localidades del sur. No obstante, no puede descartarse que Hezbolá vuelva a arrastrar a su base social y al Líbano hacia un nuevo conflicto si Irán vuelve a situarse en el centro de una gran escalada regional. Los ataques estadounidenses contra Irán continuaron sin interrupción durante toda la semana y nada parece detenerlos, más aún cuando el ejército estadounidense ha desplegado 50,000 soldados en la región y ha enviado aviones de refuerzo desde Europa. Según informaciones difundidas por diversos medios, el presidente Trump notificó al Congreso el 10 de julio la reanudación de las operaciones militares estadounidenses contra Irán, calificándolas de “ataques defensivos” y “limitados”, planificados para reducir al máximo las víctimas civiles. Dado que este mensaje se produce después de una interrupción motivada por un alto el fuego y por la firma de un memorando de entendimiento con la parte iraní en junio, los análisis consideran que la escalada actual puede interpretarse como un nuevo conflicto, lo que otorga al presidente estadounidense 60 días de margen de acción antes de necesitar la aprobación del Congreso. Del lado iraní, los Guardianes de la Revolución parecen dirigir ahora claramente las operaciones. Incluso las declaraciones de los principales negociadores, el presidente del Parlamento Mohammad Ghalibaf y el ministro de Relaciones Exteriores Abbas Araghchi, se han endurecido, aunque parecen quedar eclipsadas por la voz de los sectores más radicales. Así, Irán tomó la iniciativa de anunciar el viernes la suspensión del memorando de entendimiento con Estados Unidos. Disensiones dentro del régimen iraní En este contexto aumentan los rumores sobre profundas divisiones internas dentro del régimen iraní, especialmente porque el líder supremo Mojtaba Khamenei permanece más inaccesible que nunca, lo que da lugar a la difusión de mensajes atribuidos a él cuya autenticidad resulta imposible de verificar. El más reciente de esos mensajes lanzó amenazas contra Estados Unidos, prometiendo el sábado “una lección que nunca olvidarían”. La anécdota de la semana fue una declaración de una “fuente iraní” a la agencia rusa TASS. Según esa fuente, Khamenei no tiene previsto hacer ninguna aparición pública antes del final de la guerra con Estados Unidos, y cuando finalmente se pronuncie sería mediante una conversación telefónica o un encuentro… con el presidente ruso Vladimir Putin. Por ahora, son los Guardianes de la Revolución quienes difunden los comunicados sobre ataques contra los países del Golfo, dirigidos contra Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Baréin y, ahora también, Jordania. Estos países se han convertido en objetivos diarios de misiles y drones iraníes, al igual que los buques que atraviesan el estrecho de Ormuz. Cada vez más, tanto los ataques estadounidenses en Irán como los ataques iraníes contra los países vecinos alcanzan objetivos civiles, especialmente infraestructuras energéticas. Los países del Golfo denunciaron el sábado estos ataques iraníes y los calificaron como “crímenes de guerra”. Mientras mantiene por ahora a Hezbolá al margen, Irán intenta involucrar a los hutíes yemeníes en el conflicto utilizando como principal carta la eventual clausura de otro paso marítimo estratégico, el estrecho de Bab el Mandeb, si las infraestructuras iraníes son atacadas a gran escala. En este contexto, el lunes se produjo un incidente: el gobierno legítimo de Yemen bombardeó el aeropuerto de Saná, controlado por los rebeldes hutíes, con el objetivo de atacar un avión procedente de Irán que transportaba pasajeros que habían participado en los funerales de Ali Khamenei. Los hutíes respondieron atacando un aeropuerto en Arabia Saudita. Sin embargo, el frente hutí aún no ha estallado plenamente. La visita del primer ministro iraquí a Washington En medio de este panorama sombrío, todavía pueden percibirse algunos matices. Por un lado, Estados Unidos no ha cerrado completamente la puerta a las negociaciones, como lo reiteró en varias ocasiones el presidente Trump esta semana, dando la impresión de preferir conversaciones “en caliente” antes que una guerra interminable. Sin embargo, cualquier incidente en estas circunstancias resulta mucho más peligroso. El sábado por la noche, dos soldados estadounidenses murieron en un ataque iraní contra Jordania, lo que acerca peligrosamente la situación a un punto de no retorno. Por otro lado, pese a su actitud aparentemente suicida, Irán parece querer evitar el peor escenario posible. Eso explicaría por qué aún no ha dirigido ningún ataque contra Israel desde la reanudación de las hostilidades. Y no por falta de voluntad israelí de intervenir: filtraciones publicadas el sábado por la noche indicaban que Israel había solicitado sumarse a los ataques contra Irán. Esa petición habría sido rechazada por Estados Unidos. En este contexto, cabe destacar que el presidente Trump volvió esta semana a insistir en la petición que había formulado al presidente sirio Ahmad al Chareh para que actuara en el Líbano contra Hezbolá. Por ahora, esas declaraciones no se traducen en acciones concretas, pero la pregunta sigue siendo cuánto tiempo podrá el presidente Chareh resistir la presión estadounidense. Sin embargo, quien realmente acaparó la atención en los últimos días fue Irak. El nuevo primer ministro iraquí, Ali al Zaidi, fue recibido con todos los honores esta semana por el presidente Trump en la Casa Blanca. Tras el encuentro, ambas partes firmaron numerosos acuerdos de gran valor económico. Al mismo tiempo, la prensa informó sobre la intención del gobierno iraquí de adoptar restricciones bancarias contra las milicias sancionadas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, entre ellas Hezbolá. Por ahora, Irak parece decidido a jugar en ambos frentes, respondiendo al mínimo indispensable a las presiones estadounidenses mientras evita enfrentarse directamente con Irán y con las milicias afines, incluidas aquellas que operan en territorio iraquí.

EE.UU.-Irán: la escalada se impone sobre la diplomacia… ¡hasta nuevo aviso!
Por
Taline Becharraoui
Publicado
jul 12, 2026 - 23:08

La tensión ha ido en aumento desde principios de semana entre Washington y Teherán, tras los nuevos ataques iraníes contra buques que transitan por el estrecho de Ormuz. El proceso de negociaciones no ha muerto, pero sí parece debilitado. Por su parte, Hezbolá amenaza con volver a involucrarse en el sur del Líbano si se reanuda la guerra, mientras todas las miradas se dirigen hacia las negociaciones líbano-israelíes que tendrán lugar la próxima semana en Roma. El domingo por la mañana, las fuerzas estadounidenses anunciaron haber llevado a cabo, durante la noche, una tercera oleada de ataques contra más de 140 objetivos en Irán, en represalia por un nuevo ataque de los Guardianes de la Revolución Islámica iraní contra un buque comercial que navegaba por el estrecho de Ormuz. Tras los raids estadounidenses, los Pasdaran no tardaron en lanzar —y ampliar—, como es su costumbre, ataques contra varios países del Golfo, concretamente contra Baréin, Catar, los Emiratos Árabes Unidos, Omán y Kuwait… así como contra Jordania, país que los iraníes añadieron a su lista de objetivos potenciales desde la escalada de los últimos días. Ni siquiera el mediador omaní se libró. ¡El ataque contra el sultanato de Omán se produjo apenas unas horas después de la visita del ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, al sultanato! Estos ataques ilustran el clima de la semana que acaba de concluir, en la que las tensiones fueron en aumento hasta desembocar en la escalada registrada durante el fin de semana. El domingo, a primera hora de la tarde, el ejército estadounidense lanzó nuevos raids contra infraestructuras militares de los Guardianes de la Revolución, quienes reanudaron sus ataques contra los países del Golfo, entre ellos especialmente Kuwait. Las tensiones entre Irán y Estados Unidos ya eran perceptibles a principios de semana. Cada vez más exasperado por la actitud de los iraníes, el presidente Donald Trump había declarado, sin embargo, que quería concederles una tregua hasta el entierro de su antiguo guía supremo Ali Jameneí, previsto para el 9 de julio. Los iraníes, por su parte, aprovecharon este acontecimiento —postergado desde marzo (Jameneí había muerto en ataques israelo-estadounidenses el 28 de febrero, al inicio de la guerra en Irán)— para protagonizar una demostración de fuerza (del 4 al 9 de julio), asegurando que «millones» de «seguidores» participaron en las concentraciones, entre lloros y lamentos, tanto en Irán como en algunas regiones iraquíes. Especialmente significativas fueron las consignas lanzadas durante estas manifestaciones populares y oficiales: en ellas se amenazaba directamente con la muerte al presidente Trump. En este contexto, filtraciones en medios estadounidenses dieron cuenta esta semana de advertencias israelíes transmitidas al presidente americano sobre un plan iraní para atentar contra su vida. Otro indicio vino a acrecentar los temores por la seguridad de Trump: este llegó esta semana a la cumbre de la OTAN, celebrada en Turquía, a bordo de su nuevo avión presidencial, obsequio de Catar… pero regresó a bordo del antiguo avión presidencial (mucho más seguro), «por razones de seguridad», según los medios estadounidenses. Y de hecho, las declaraciones de Trump reflejaron la escalada a lo largo de toda la semana, con ataques estadounidenses que se reanudaron incluso antes de que Jameneí fuera enterrado, el 9 de julio. Ya el 6 de julio, el presidente estadounidense amenazaba: «O habrá un acuerdo con Irán, o terminaremos el trabajo». A esto se sumó una breve frase lanzada el 8 de julio: «El alto el fuego ha terminado». Sin olvidar las duras críticas contra los dirigentes iraníes, a quienes calificó de «mentirosos» y «enfermos». Su ira no solo refleja su indignación ante las amenazas contra su persona, sino que también constituye una reacción a los reiterados ataques de los Guardianes de la Revolución contra los buques que transitan por el estrecho de Ormuz, sin olvidar el empeño de los Pasdaran en mantener su dominio sobre esta vía marítima. Conversaciones «en caliente» Ciertamente, el 10 de julio Trump dio marcha atrás en cierta medida al asegurar que «los iraníes han pedido retomar el diálogo, y hemos aceptado». De hecho, los mediadores paquistaníes y catarís estuvieron activos durante toda la semana para evitar el colapso total del proceso de negociaciones. Según informes mediáticos confirmados por un comunicado del Ministerio iraní de Asuntos Exteriores del domingo, las conversaciones parecen continuar de una forma u otra en Omán. Pero lo que parece haber cambiado es que las negociaciones seguirán adelante bajo el fuego, y ya no en un contexto de tregua. En cuanto a la situación interna en Irán, la ausencia del nuevo guía supremo Mojtaba Jamenei en el funeral de su padre fue señalada por numerosos medios de comunicación y en distintos círculos políticos, que plantearon la pregunta de quién gobierna realmente Irán hoy. La pregunta resulta cada vez más pertinente, sobre todo porque el ala dura del régimen parece imponerse sobre la corriente moderada. En los últimos días, las declaraciones belicosas provienen casi exclusivamente de los Pasdaran. Y la retórica del principal negociador, Mohammad Ghalibaf, presidente del Parlamento, no se ha quedado atrás: el 10 de julio aseguró que la guerra en Oriente Próximo «no terminará con la rendición de Irán», y el domingo añadió otra provocación: «La era de los acuerdos injustos ha terminado». ¿Hasta dónde puede llegar la intransigencia iraní? La situación económica del país es catastrófica, pero los Guardianes de la Revolución parecen querer ganar tiempo jugando la carta del alza de los precios del petróleo mediante la provocación del cierre del estrecho de Ormuz. En cualquier caso, la escalada sigue siendo relativamente contenida, a la espera de una nueva tregua o de un deslizamiento que abra de par en par las puertas a un nuevo conflicto global. Negociaciones líbano-israelíes en Roma En el frente sur del Líbano, la situación permanece sin cambios por el momento, con la destrucción por parte del ejército israelí de las infraestructuras de Hezbolá. Sin embargo, la milicia chií anunció, por boca de sus dirigentes, que «no dejará a Irán solo si la guerra se reanuda». Los ataques de los últimos días en el escenario libanés son más bien verbales, por parte del campo pro-iraní, contra la opción adoptada por el Estado libanés de entablar conversaciones directas con Israel. Dichos ataques recibieron una firme respuesta del líder de las Fuerzas Libanesas, Samir Geagea, quien se desplazó el viernes al Palacio de Baabda al frente de una importante delegación de su bloque parlamentario para respaldar la elección de la legalidad libanesa en lo que respecta a las negociaciones directas. Estas conversaciones continuarán la semana que viene en Roma, pese a las reservas libanesas sobre este cambio de sede, por temor a que se reduzca la implicación de Washington, algo que los dirigentes estadounidenses han descartado por completo. Esas aprensiones fueron disipadas por el embajador estadounidense Michel Issa el jueves, durante una ronda de visitas a las autoridades, en particular al presidente de la República Joseph Aoun. El embajador estadounidense anunció en este contexto la llegada de una delegación militar americana al Líbano para supervisar la aplicación del acuerdo marco entre Israel y el Líbano (firmado el 22 de junio), en particular en lo relativo a la retirada progresiva israelí y al despliegue del ejército libanés en dos zonas piloto en el sur. La delegación estadounidense se reunió al respecto, a finales de semana, con el mando del ejército. Presumiblemente para aumentar las posibilidades de éxito de estas negociaciones, el mando militar israelí ordenó a sus unidades congelar «las operaciones delicadas al sur del Líbano», a petición de los estadounidenses. La otra gran noticia de esta semana fue la confirmación de la visita del presidente libanés a Washington el 21 de julio. Cabe destacar que Joseph Aoun sigue negándose a que dicha visita incluya un encuentro directo con el primer ministro Benjamin Netanyahu, quien anunció a principios de semana una próxima reunión con el presidente Trump. Macron en Siria La semana pasada estuvo marcada además por la cumbre de la OTAN en Turquía, con la presencia notable del presidente Trump, pero sobre todo por la visita del presidente Emmanuel Macron a Damasco el 6 de julio, la primera de un jefe de Estado occidental desde el cambio de régimen en diciembre de 2024. Esta visita fue ocasión para hablar de cooperación y economía, en un momento en que el nuevo régimen busca unificar sus filas y llevar a cabo una recuperación. Pero también fue la ocasión para que terroristas —aparentemente el grupo «Estado Islámico», según las autoridades sirias— perpetraran un doble atentado con explosivos no lejos del hotel donde se alojaba el presidente francés. Una señal de que la situación de seguridad sigue siendo precaria en el escenario sirio.

Breve pausa en medio de tensiones y disensiones internas
Por
Taline Becharraoui
Publicado
jul 5, 2026 - 20:51

La semana que acaba de concluir deja la vaga impresión de que el fuego sigue latente bajo las cenizas. Persisten las tensiones entre estadounidenses e iraníes; estas salen a la luz dentro del propio régimen de los ayatolás y, en Líbano, las violaciones israelíes del alto el fuego continúan sin provocar, por ahora, una respuesta de Hezbolá. Los últimos días estuvieron marcados por la espera, casi como un tiempo muerto. La semana fue menos intensa en acontecimientos que las que se sucedieron desde el inicio de la guerra en Irán y la apertura del frente paralelo en Líbano, pero no por ello deja de ser significativa. Empiezan a aparecer grietas aquí y allá, no solo en el memorando de entendimiento firmado entre estadounidenses e iraníes, sino también dentro del propio régimen iraní. El estrecho de Ormuz fue uno de los principales puntos de fricción esta semana entre Irán y el resto del mundo. La insistencia de Teherán en considerar que el estrecho debe ser administrado por el régimen, así como los disparos contra embarcaciones que atraviesan la ruta sin haber recibido su autorización, les valieron a los ayatolás condenas desde distintos frentes. El jueves, a petición de Baréin, el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió para debatir la cuestión, y las declaraciones de los distintos representantes, especialmente del embajador estadounidense, reprocharon con dureza la actitud y las acciones de Irán. El viernes, los líderes de la OTAN, al igual que la Unión Europea unos días antes, criticaron con firmeza al régimen de Teherán y rechazaron cualquier tipo de tasa impuesta a los buques bajo el argumento de los “servicios prestados”. Más aún, fueron las palabras pronunciadas el sábado por el presidente estadounidense Donald Trump, durante las celebraciones del 250.º aniversario de la independencia de Estados Unidos, las que captaron la atención. “Los golpeamos con mucha fuerza. Están desesperados por cerrar un acuerdo con nosotros, pero les daremos una semana para los funerales de Khamenei, por pura bondad”, dijo ante la multitud. ¿Significa esta declaración que Trump está perdiendo la paciencia? En cualquier caso, las negociaciones no se reanudarán antes del 9 de julio, fecha en la que concluirán los días de luto. Además, es evidente que Washington prefiere dejar pasar este período de la Copa del Mundo de fútbol, que se disputa parcialmente en territorio estadounidense. Demostración de fuerza y divisiones Los funerales de Ali Khamenei y de los miembros de su familia, fallecidos junto a él en el ataque israelí-estadounidense del 28 de febrero de 2026 que desencadenó la guerra en Oriente Medio, constituyen uno de los acontecimientos centrales de la semana y se extenderán durante varios días, hasta el entierro previsto para el 9 de julio. Las ceremonias en homenaje al desaparecido líder comenzaron —y resulta difícil pensar que sea una coincidencia— el 4 de julio, día de la independencia de Estados Unidos. Para el régimen de los ayatolás, se trata, como era de esperarse, de una demostración de fuerza y de una oportunidad para reafirmar su cohesión. Sin embargo, hasta ahora eso no ha ocurrido del todo. Es cierto que la demostración de fuerza fue exitosa. Cientos de miles de iraníes leales al régimen acudieron para rendir un último homenaje al líder religioso y político que gobernó con mano de hierro este inmenso país durante más de tres décadas. Lágrimas, gritos y autoflagelaciones: todos los signos visibles de dolor y de determinación para continuar el camino del “guía” estuvieron presentes. Representantes oficiales de varios países aliados, como Pakistán, asistieron a las ceremonias. A pesar de las tensiones recientes entre el Estado libanés e Irán, Beirut envió al ministro de Defensa, Michel Menassa, para representarlo. Como era previsible, una amplia delegación de Hezbolá se inclinó entre lágrimas ante el féretro del ayatolá. Sin embargo, lo que debía ser un momento de gran unidad en torno a una figura aglutinadora terminó revelando crecientes fisuras, no solo entre conservadores y reformistas, algo habitual en Irán, sino también dentro del propio sector conservador del régimen. Según varios medios, entre ellos un artículo del New York Times y un reportaje de la cadena Al Arabiya, las señales muestran que la unidad exhibida por los dirigentes iraníes no es más que una fachada. Mientras el presidente Massoud Pezechkian y el presidente del Parlamento, Mohamad Ghalibaf, siguen defendiendo el acuerdo con Estados Unidos, otras voces conservadoras cuestionan cómo pueden mantenerse esas negociaciones cuando Washington es, junto con sus aliados, responsable del asesinato del líder supremo. Una lucha por el poder Esta semana también estuvo marcada por una entrevista televisiva de Ghalibaf, en la que explicaba los detalles del acuerdo con Washington. La transmisión fue interrumpida abruptamente por la televisión estatal, dirigida por un ultraconservador, lo que provocó la indignación del principal negociador. En Irak, mientras participaba en los preparativos de las ceremonias en honor a Khamenei en ese país, donde existe una importante población chiita y numerosos simpatizantes, el ministro de Relaciones Exteriores Abbas Araghchi fue abucheado por iraníes que le reprochan su papel en las negociaciones con Estados Unidos. El artículo del New York Times sostiene que estas divisiones no giran únicamente en torno al acuerdo con Washington, sino que reflejan, sobre todo, una lucha interna por el poder. También se trata de una disputa por ganarse el favor del nuevo guía supremo, Mojtaba Khamenei, quien aún no ha hecho ninguna aparición pública, pese a las informaciones que apuntaban a su intención de asistir a los funerales de su padre y de los demás miembros de su familia. Su ausencia sigue alimentando los rumores sobre su estado de salud, ya que habría resultado gravemente herido en el mismo ataque en el que murió su padre, así como sobre su capacidad para dirigir el país. La semana también estuvo marcada por revelaciones del New York Times y del Washington Post sobre un presunto plan de Israel para eliminar a los dos principales negociadores iraníes, Ghalibaf y Araghchi, durante las conversaciones con Estados Unidos. Según ambos periódicos, Washington estaba tan preocupado por perder a esos interlocutores que recurrió a varios países de la región para advertir a Teherán del peligro. Como era de esperar, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu salió al paso para negar esas acusaciones. Demoliciones en el sur del Líbano Mientras el acuerdo preliminar firmado entre estadounidenses e iraníes sigue dividiendo al liderazgo en Teherán, el acuerdo marco suscrito por las delegaciones libanesa e israelí el 22 de junio en Washington también genera críticas en Beirut. El dúo chiita continúa rechazando el documento, que contempla la creación de zonas piloto donde las tropas israelíes deberían ceder el control al Ejército libanés. Frente a las críticas del eje Hezbolá-Amal, los sectores soberanistas expresan cada vez más su respaldo al presidente Joseph Aoun y al primer ministro Nawaf Salam, quienes tuvieron el coraje político de optar por negociaciones directas con Israel. Los detractores del acuerdo marco centran principalmente sus críticas en el artículo 13, que establece que ni Líbano ni Israel presentarán denuncias ante instancias internacionales contra el otro país por eventuales crímenes de guerra. Hezbolá, que en numerosas ocasiones obstaculizó y desacreditó la labor de la justicia nacional e internacional, como ocurrió con el Tribunal Especial para el Líbano por el asesinato de Rafic Hariri en 2005 o con la investigación sobre la explosión del puerto de Beirut en 2020, se presenta ahora como un firme defensor del recurso a los tribunales internacionales. Quienes apoyan el texto sostienen que una cláusula de este tipo es habitual en negociaciones de esta naturaleza. Es cierto que el documento no es perfecto, pero, como subrayó en repetidas ocasiones esta semana el presidente Aoun, el acuerdo refleja la voluntad del Estado libanés de negociar en nombre propio, teniendo claro que el poder no puede renunciar bajo ninguna circunstancia a un solo metro cuadrado del territorio nacional. También conviene señalar que, tras las sucesivas derrotas sufridas por Hezbolá frente a Israel en las guerras de 2023 y 2026, el Estado libanés dispone de muy pocas opciones para recuperar los territorios perdidos. Dentro del dúo chiita, la unidad que se exhibe públicamente también presenta matices. Mientras Hezbolá rechaza sin ambigüedades el proceso de negociaciones directas, el líder de Amal y presidente del Parlamento, Nabih Berri, parece enviar señales contradictorias. En una de sus declaraciones de esta semana afirmó estar dispuesto a alcanzar un compromiso sobre este asunto. En cualquier caso, el proyecto de formar una coalición cuatripartita para hacer caer el acuerdo marco en el Parlamento, integrada por Hezbolá, Amal, el Movimiento Patriótico Libre y el Partido Socialista Progresista, no prosperó. Si bien una visita del líder del Movimiento Patriótico Libre, Gebran Bassil, a Berri alimentó los rumores sobre esa posibilidad, una declaración del exlíder del Partido Socialista Progresista, el druso Walid Jumblatt, enfrió las expectativas de quienes apostaban por ese escenario. Aunque fue crítico con el acuerdo marco, Jumblatt aseguró que no formará parte de una coalición de ese tipo. Sobre el terreno, la situación sigue siendo tensa en el sur, aunque todavía no puede calificarse de guerra abierta. Las tropas israelíes continúan con sus ataques, los asesinatos de dirigentes de Hezbolá y la demolición de viviendas y túneles. Por su parte, el movimiento chiita respeta en gran medida el alto el fuego, que considera consecuencia de la posición adoptada por Irán antes de la firma del acuerdo marco en Washington. Esta tregua sigue siendo más frágil que nunca. Chaibani en Beirut El otro hecho destacado de la semana fue la visita a Beirut el jueves del ministro sirio de Relaciones Exteriores, Assaad al Chaibani. Una visita que parece abrir una nueva etapa en las relaciones entre ambos países, marcadas por una historia especialmente compleja. Las declaraciones reflejaron la voluntad de respetar mutuamente la soberanía de cada Estado y de establecer relaciones de igualdad en distintos ámbitos, especialmente en el plano comercial. La visita concluyó con la firma, por parte de Chaibani y Nawaf Salam, de un acuerdo que prevé la creación de una comisión bilateral de cooperación. El jefe de la diplomacia siria, que se reunió con todas las fuerzas políticas salvo Hezbolá y visitó Trípoli, principal ciudad de mayoría sunita del norte del Líbano, probablemente tranquilizó a las autoridades libanesas al asegurar que Siria no intervendrá en el proceso de desarme de la milicia chiita libanesa, como lo ha solicitado en repetidas ocasiones el presidente Trump. ¿Casualidad del calendario? El jueves, la capital siria, Damasco, fue sacudida por una potente explosión de carácter terrorista en un café cercano al Palacio de Justicia, que dejó al menos nueve muertos y numerosos heridos. El atentado, perpetrado con un artefacto explosivo de fabricación “artesanal”, según las autoridades sirias, no fue reivindicado por ningún grupo, pero presenta las características propias del grupo terrorista Estado Islámico.

El post-memorándum de entendimiento revela el verdadero rostro de Teherán
Por
LevantTime .
Publicado
jun 28, 2026 - 20:55

Pasadas las manifestaciones de alegría y buena voluntad tras su supuesta “victoria” contra el bloque israelí-estadounidense, el eje proiraní no tardó en mostrar los dientes cuando se enfrentó a las realidades del terreno, como lo revela la sucesión de acontecimientos desde la firma del memorándum de entendimiento entre Teherán y Washington, el 18 de junio, y, posteriormente, la del acuerdo entre Beirut y Tel Aviv, el 26 de junio. Irán, que creía poder marcar el rumbo después de haber logrado incluir en el texto del acuerdo con Washington los asuntos que más le interesaban, mostró rápidamente los límites de la “buena voluntad” de la que hizo gala durante todas las negociaciones que desembocaron en la firma del documento presentado como un preludio a un acuerdo de paz regional. La virulencia de su reacción ante la normalización de la navegación en el estrecho de Ormuz y ante el regreso de los inspectores del OIEA a sus instalaciones nucleares dejó al descubierto, si aún era necesario, las verdaderas intenciones de la República Islámica: no ceder en los puntos esenciales, incluido el expediente libanés. Sin embargo, Estados Unidos había levantado el bloqueo naval impuesto a los puertos iraníes y había autorizado la producción, entrega, transporte y venta de petróleo crudo y productos petrolíferos de origen iraní durante el período de 60 días fijado para la duración de las negociaciones. En la noche del sábado al domingo, la Guardia Revolucionaria Islámica lanzó ataques contra Kuwait y Baréin, en reacción, según su comunicado, “a las agresiones estadounidenses”. Pero si existe un agresor en este asunto, es precisamente Irán. En efecto, desde que el sultanato de Omán decidió, en coordinación con el Centcom, garantizar la seguridad de un corredor de navegación que bordea sus costas en el estrecho de Ormuz, mientras este asunto se resolvía, Teherán se dedicó a realizar ataques con drones contra los buques petroleros que utilizan una ruta fuera de su control. En la noche del sábado al domingo, un petrolero con bandera panameña fue atacado, lo que provocó una reacción inmediata de las fuerzas estadounidenses, que realizaron bombardeos de represalia contra instalaciones militares en la costa iraní, cerca de Ormuz. Ignorando las advertencias del Centcom, Teherán respondió con una serie de ataques con drones contra Kuwait y Baréin. La mayoría de los artefactos pudieron ser interceptados. Las amenazas de Trump El presidente estadounidense Donald Trump reaccionó advirtiendo, en su red Truth Social, contra la continuación de las violaciones del alto el fuego por parte de Teherán, dejando entender nuevamente que está dispuesto a reanudar la guerra en caso de bloqueo. Pero la República Islámica, aparentemente, no quiere escuchar. Su ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, reafirmó el domingo que solo su país es “responsable de la gestión de este paso marítimo estratégico” y advirtió que cualquier injerencia en la administración iraní del estrecho podría “incrementar las tensiones”. Abbas Araghchi hizo estas declaraciones durante una visita improvisada a Bagdad, donde discutió con responsables iraquíes sobre el memorándum de entendimiento con Estados Unidos y coordinó con ellos los detalles de las ceremonias funerarias de Ali Khamenei, previstas del 4 al 12 de julio en los santuarios chiitas iraquíes de Najaf y Karbala. Irónicamente, también se habló de cooperación regional, ya que el ministro iraní celebró una iniciativa de Bagdad, presentada por su homólogo iraquí, Fouad Hussein, para organizar una cumbre que reúna a Irán y a los países del Golfo, países que la República Islámica continúa, sin embargo, bombardeando. ¿Acciones judiciales iraníes contra Estados Unidos? Paralelamente, Teherán sigue rechazando que sus instalaciones nucleares dañadas o destruidas durante los ataques israelíes y estadounidenses en la guerra sean sometidas a inspecciones, una condición que Washington estableció para desbloquear una primera parte de los activos iraníes congelados. El argumento presentado por Teherán es el siguiente: los inspectores del OIEA no son neutrales. En este contexto de renovadas tensiones, el nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, salió al frente. En un comunicado publicado el domingo con motivo de la Semana Judicial en Irán, pidió la apertura de procesos judiciales, a nivel nacional e internacional, contra Estados Unidos, al que acusa de ser responsable de la muerte de su padre, Ali Khamenei, así como de los ataques contra su país. Sin embargo, estas declaraciones fueron matizadas por el presidente iraní, Massoud Pezeshkian, quien afirmó: “apoyar la estabilidad, la seguridad y el diálogo en la región”. Massoud Pezeshkian también expresó su esperanza de que “todas las partes cumplan con sus compromisos asumidos en el marco de los acuerdos alcanzados”, lo que parece ser una alusión al acuerdo israelí-libanés. Porque en el expediente libanés, el descontento de la Guardia Revolucionaria es evidente desde la firma del acuerdo marco entre Líbano e Israel, el cual debería, a largo plazo, sustraer al Líbano de la influencia de Teherán, al neutralizar la capacidad de acción de su brazo militar, Hezbolá, y limitar su poder desestabilizador. El CGRI, al igual que Hezbolá, solo reconoce lo que el memorándum de entendimiento con Washington contempla para el país de los cedros. Por ello, en Bagdad, Abbas Araghchi, cercano a los Pasdaran, insistió en que todas las partes del protocolo firmado con Estados Unidos debían ser respetadas, incluidas las cláusulas relativas al Líbano, “donde lamentablemente la entidad sionista continúa sus ataques aéreos”. Llamó a Washington a “asumir sus responsabilidades y presionar a Israel para que se retire de las zonas que ocupa en el Líbano”. “Esta es la primera cláusula del protocolo de entendimiento”, afirmó, sin mencionar en ningún momento el acuerdo marco libanés-israelí. Teherán, al igual que Hezbolá, no se siente en absoluto concernido por este documento. Uno de los diputados de la formación proiraní, Hassan Fadlallah, volvió a pronunciarse. No solo rechazó el acuerdo marco de Washington, sino que insistió en que “las armas de Hezbolá se mantendrán gracias a una ecuación regional que se extiende desde el estrecho de Ormuz hasta el sur del Líbano”. Es en este contexto de incertidumbre sobre las reacciones de la formación proiraní en el terreno que el ejército israelí debía iniciar una retirada táctica de dos “zonas piloto” fuera de la Línea Amarilla en el sur del Líbano, donde continúa atacando a combatientes de Hezbolá. Al mismo tiempo, los funcionarios israelíes siguen destacando que su ejército continuará sus operaciones en la parte meridional del país para eliminar cualquier amenaza de Hezbolá. La semana que está por comenzar permanecerá cargada de incertidumbre y tensiones. Finalmente, cabe señalar un acontecimiento importante al margen, o quizás como continuación, de estos hechos: el sábado por la noche y durante la jornada del domingo, Irak fue escenario de una ola de detenciones que apuntó contra más de medio centenar de figuras políticas de alto nivel, incluidos numerosos diputados, así como empresarios, acusados de corrupción pero que estarían cercanos al régimen iraní, según informaciones aún no confirmadas.

Irán-Estados Unidos: falso comienzo y tensiones en Lucerna
Por
LevantTime .
Publicado
jun 21, 2026 - 23:52

El Líbano estuvo en el centro de los debates del domingo entre Irán y Estados Unidos, celebrados en Suiza. Mientras Teherán afirmaba haber cerrado el estrecho de Ormuz y el vicepresidente estadounidense JD Vance pronunciaba un discurso en tono conciliador, el presidente Donald Trump reaccionó al cierre del estrecho lanzando amenazas contra Irán, lo que llevó a los negociadores iraníes a suspender las conversaciones. En lo que respecta al Líbano, todas las miradas están puestas en las negociaciones directas con Israel, que han desatado la ira de Hezbolá. Domingo 21 de junio: inicio de las conversaciones irano-estadounidenses en Lucerna, Suiza. La delegación americana está encabezada por el vicepresidente JD Vance, y la iraní por el presidente del Parlamento Mohammed Ghalibaf. Tras un arranque fallido —estaban previstas para el viernes en el mismo lugar—, finalmente se celebraron dos días después. Lejos de transcurrir en calma, las conversaciones pusieron de manifiesto, una vez más, las profundas divergencias entre las dos antiguas partes en conflicto. En cuanto a las formas, esta ronda de negociaciones estuvo marcada por numerosos apretones de manos y sonrisas, especialmente entre estadounidenses, qataríes y pakistaníes. Las declaraciones de JD Vance fueron positivas. «El presidente Trump nos ha pedido que pasemos página para transformar nuestra relación con el pueblo iraní», afirmó. También mencionó «avances considerables en las últimas horas». Esta primera sesión estuvo salpicada de tropiezos diplomáticos: los iraníes se negaron a posar en fotografías con la delegación estadounidense y, además, tuvieron especial cuidado en hacer esperar al señor Vance retrasando su llegada a la sala de reuniones. En cuanto al fondo, la cuestión libanesa ocupó un lugar central en las negociaciones, a juzgar por los ecos llegados a los medios de comunicación, que apuntan a que este expediente pesó mucho en los debates. Pues, en contraste con las floridas declaraciones de Vance, el presidente estadounidense Donald Trump publicó un mensaje contundente en su red social, subrayando que Irán debe «detener de inmediato el apoyo a sus grupos proxy», especialmente Hezbolá, so pena de que «golpearemos con mucha fuerza». Poco después, el presidente estadounidense, en declaraciones a Fox News, aseguró haber advertido durante la noche a responsables iraníes —sin identificarlos— sobre el cierre del estrecho de Ormuz, afirmando que podía «tomar el control» del mismo. Estas posturas firmes generaron una fuerte tensión dentro de la sala de reuniones y provocaron la retirada de la delegación iraní. En el Líbano, las posiciones iraníes permitieron a Hezbolá recuperar fuerza. Hay que «aprovechar» el respaldo de Irán, declaró el diputado de Hezbolá Hassan Fadlallah. El partido pro-iraní arremetió con dureza, el domingo, contra las conversaciones directas entre el Líbano e Israel, cuya nueva ronda está prevista para el martes en Washington. «Dictados estadounidenses», «capitulación»... un comunicado del partido no escatimó palabras para denunciar la continuación de las negociaciones directas iniciadas por las autoridades libanesas en nombre del Líbano, que se celebrarán de todos modos en Washington con delegaciones política y militar. El domingo por la noche, Tel Aviv lanzó un mensaje conciliador hacia Washington, del que parecía haberse distanciado últimamente: el canal israelí 12 reveló que el ejército israelí estaría dispuesto a retiradas «limitadas» del sur del Líbano. ¿Un gesto de buena voluntad hacia las autoridades libanesas o un movimiento enmarcado en las negociaciones entre Irán y Estados Unidos? Una semana llena de giros La semana anterior había concluido con un anuncio del presidente estadounidense sobre la próxima firma de un acuerdo con Irán. Pudo así dirigirse a Francia para participar en el G7 habiendo logrado lo que considera una victoria diplomática. La firma del acuerdo tuvo lugar en línea, entre los presidentes estadounidense e iraní, el miércoles por la noche. Trump se encontraba en Versalles para participar en la cena ofrecida por su homólogo francés Emmanuel Macron con motivo del G7, cuyos líderes celebraron el acuerdo y la reapertura del estrecho de Ormuz, así como la «oportunidad única» de lograr que Irán renuncie a su arsenal nuclear. Las cláusulas del acuerdo se filtraron a los medios de comunicación en esa misma fecha, antes de que fueran anunciadas oficialmente. Mediante este acuerdo, ambas partes deciden «el cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano» y se comprometen a no iniciar ninguna guerra entre sí, respetando mutuamente la soberanía territorial de cada una. El texto menciona un plazo de 60 días renovables para alcanzar un acuerdo definitivo. El bloqueo naval estadounidense se levantaría y el estrecho de Ormuz quedaría totalmente reabierto en un plazo de 30 días. Uno de los puntos más esenciales y polémicos del texto es el compromiso de Estados Unidos y de «sus socios regionales» de elaborar un plan de reconstrucción y desarrollo de la República Islámica con un presupuesto de «al menos 300.000 millones de dólares». Estados Unidos pone fin «a todo tipo de sanciones» contra Irán, mientras que la República Islámica reafirma que «no adquirirá ni desarrollará armas nucleares», habiendo acordado ambos países resolver el destino de las reservas de uranio enriquecido que aún se encuentran en suelo iraní. El Tesoro estadounidense deberá «conceder exenciones para la exportación de petróleo crudo iraní y sus derivados», y Estados Unidos se compromete a «poner plena y libremente a disposición los fondos y activos de la República Islámica de Irán que se encuentren congelados o sujetos a restricciones». Por último, el acuerdo definitivo, una vez alcanzado, «será ratificado mediante una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de la ONU», una reivindicación que partió originalmente de Irán. Las cláusulas de este acuerdo han sido consideradas de manera casi unánime en el mundo como mucho más favorables para Irán que para Estados Unidos, dado que el primero ha obtenido sobre el papel todo lo que exigía, mientras que todas las cláusulas que importan al segundo forman parte de lo que deberá negociarse durante los 60 días, y por tanto permanecen en la incertidumbre, en particular la cuestión nuclear. Trump negó que se fuera a pagar un solo centavo a Irán mientras ese país no haya cumplido todos sus compromisos. Los iraníes, por su parte, no han dudado en proclamar la victoria. La respuesta del Guía Supremo Mojtaba Jamenei al memorando de entendimiento llegó el viernes en forma de una bendición envuelta en escepticismo, ya que dio a entender que su aprobación no significaba que compartiera la opinión de la otra parte. Un Mojtaba Jamenei tan invisible e inaprensible como siempre. Por último, cabe destacar que, a pesar del éxito diplomático de Pakistán, el papel de Catar en estas negociaciones es cada vez más evidente: cuando el acuerdo parecía comprometido durante esta semana, en particular a causa de los ataques israelíes en el Líbano, una visita de mediadores catarís a Irán habría resultado decisiva. ¿El Líbano, ficha regional o actor soberano? En el texto del acuerdo entre Irán y Estados Unidos no se hace ninguna mención explícita a los misiles balísticos ni a la influencia iraní en la región. Muy al contrario, este texto le permite a Irán recuperar el control de la carta libanesa, ya que logró incluir el alto el fuego en el Líbano como condición esencial para la implementación del acuerdo. Y ello a pesar de que las autoridades libanesas llevan a cabo sus propias negociaciones con Israel en Washington y de que Estados Unidos ha insistido reiteradamente en separar los expedientes iraní y libanés. El apego de Teherán hacia su pupilo Hezbolá no parece debilitarse: el presidente del Parlamento iraní llegó incluso a reconocer que el partido chií libanés combatió durante 104 días en nombre de Irán, mientras que el propio Irán solo lo hizo durante 38 días… un vínculo inquebrantable que ninguno de los dos intenta ya disimular. Sin embargo, no contaban con el presidente libanés Joseph Aoun ni con el primer ministro Nawaf Salam, quienes, aunque acogieron favorablemente el alto el fuego, reafirmaron con firmeza la voluntad del Líbano de negociar en nombre propio y de recuperar su soberanía. Esta semana, Hezbolá y sus aliados también sufrieron un duro golpe el sábado cuando el exministro Sleimane Frangieh, su candidato preferido a la presidencia, y uno de sus cuadros más combativos, Mahmoud Comati, fueron objeto de sanciones estadounidenses. Sería una manera de que Estados Unidos señale que, pese a su voluntad de no comprometer el acuerdo con los iraníes, sus prioridades en el Líbano no han cambiado. La situación sobre el terreno en el sur Mientras tanto, sobre el terreno, en el Líbano Sur, la intensidad de los combates no amainó en toda la semana, e incluso se recrudeció hacia el fin de semana. El ejército israelí y Hezbolá se acusaron mutuamente de violar el alto el fuego. Las tropas israelíes seguían intentando tomar la estratégica colina de Ali Taher, en Nabatieh, causando numerosas bajas en el lado libanés y perdiendo también soldados propios. En varias ocasiones, Irán amenazó con congelar las negociaciones si los ataques israelíes no cesaban en el Líbano. Y fue en ese punto donde las divergencias entre israelíes y estadounidenses afloraron abiertamente, ya que estos últimos ejercieron una fuerte presión sobre los primeros para que respetaran el alto el fuego, un escenario muy inusual en la relación entre ambos aliados. Al final, no fue hasta el sábado por la noche cuando el primer ministro Benjamin Netanyahu pidió formalmente a su ejército que «detuviera las operaciones» en el Líbano, aunque se reservó el derecho de responder ante cualquier provocación de Hezbolá y advirtió que una retirada de los territorios ocupados durante este conflicto no está sobre la mesa. El alto el fuego, que había entrado en vigor, seguía siendo muy frágil el domingo: a pesar de una aparente calma, se registraron algunas violaciones israelíes, mientras las fuerzas del Estado hebreo anunciaban el descubrimiento de un gran túnel bajo el pueblo de Majdelzoun, en Tiro. Las declaraciones de Netanyahu, del ministro de Defensa Israel Katz y del jefe del Estado Mayor Eyal Zamir apuntaban todas en la misma dirección: la posibilidad de que los enfrentamientos se reanuden ante cualquier oportunidad.

El acuerdo entre Irán y EE. UU.: suspenso y negociaciones febriles
Por
Taline Becharraoui
Publicado
jun 14, 2026 - 23:53

Un pesado suspenso angustiante reinó durante todo el día y la noche de este domingo 14 de junio, jornada que debía quedar marcada por la firma virtual, «en línea», del acuerdo marco (o memorando de entendimiento) destinado a «suspender», por un período de 60 días, las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, con miras a iniciar un proceso de negociaciones sobre los contenciosos —nuclear, balístico, financiero y geopolítico— con la República Islámica. Durante las últimas 48 horas, tanto el presidente Donald Trump como el primer ministro pakistaní afirmaron con insistencia, en múltiples ocasiones, que la firma del acuerdo marco tendría lugar efectivamente el domingo. La firma debía celebrarse «virtualmente» en presencia del vicepresidente estadounidense JD Vance y del presidente del Parlamento iraní, Mohammad Calibaf. Sin embargo, hasta bien entrada la noche (hora del Levante), la ceremonia prevista para tal fin no había tenido lugar. Dos factores explicaban este retraso: divergencias internas en Irán y una escalada militar en el frente libanés. En cuanto a este último punto, un efecto dominó provocó una grave escalada en las operaciones militares. El domingo por la mañana temprano, las sirenas sonaron en más de una ocasión en el norte de Israel, señal de misiles o aviones no tripulados lanzados desde el Líbano que cayeron en territorio israelí. Este ataque fue lanzado por Hezbolá a pesar de que Tel Aviv había subrayado en repetidas ocasiones que cualquier disparo de cohetes o drones que alcanzara el norte de Israel provocaría de inmediato una represalia contra el suburbio sur de Beirut. En efecto, la aviación del Estado hebreo llevó a cabo alrededor del mediodía un ataque contra esa zona, matando a un importante responsable militar de Hezbolá (encargado de las telecomunicaciones del partido). A partir de primeras horas de la tarde, los medios de comunicación y los círculos políticos de la región se entregaron a todo tipo de especulaciones sobre la posibilidad de una represalia iraní contra Israel como consecuencia del ataque al suburbio sur. Con el fin de «salvar» su acuerdo marco, al que parece estar (misteriosamente) férreamente comprometido, el presidente Trump habría ejercido una fuerte presión sobre el régimen iraní para que se abstuviera de lanzar su represalia contra Israel. Según diversas fuentes, todas coincidentes, incluso habría propuesto al poder iraní una concesión mayor (el levantamiento del bloqueo marítimo) a cambio de la contención militar de Irán. En vano… Avanzada la noche, el asesor del Guía Supremo iraní anunciaba que «Irán responderá con contundencia al ataque contra el suburbio sur». En la misma línea se pronunció el presidente de la influyente Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento iraní, quien también declaró que una represalia iraní está en preparación. El mando militar iraní señalaba asimismo que un ataque contra Israel se produciría en breve. Al mismo tiempo, la agencia de noticias Tasnim (cercana a los Guardianes de la Revolución) anunciaba el cierre del espacio aéreo al este de Irán. Las críticas al presidente iraní El segundo factor que explica, con toda probabilidad, el retraso en la firma del acuerdo marco es la aparición de serias divergencias dentro del régimen iraní en torno a la conveniencia de alcanzar un acuerdo con Estados Unidos. Estas discrepancias internas fueron confirmadas públicamente por el presidente iraní Massoud Pezechkian, quien criticó abiertamente las acusaciones de traición lanzadas contra el presidente del Parlamento iraní (principal negociador con Washington) y el jefe de la diplomacia iraní, Abbas Araghchi, que se encuentra en el centro de las negociaciones en curso. El presidente Pezechkian denunció además que la televisión iraní hubiera difundido declaraciones del Guía Supremo oponiéndose al diálogo con Estados Unidos. Le second facteur qui explique, en toute vraisemblance, le retard dans la signature de l’accord-cadre est l’émergence de sérieuses divergences au sein du régime iranien au sujet de l’opportunité d’un accord avec les Etats-Unis. Ces différends internes ont été confirmé publiquement par le président iranien Massoud Pezechkian qui a ouvertement critiqué les accusations de traîtrise proférées contre le président du Parlement iranien (principal négociateur avec Washington) et le chef de la diplomatie iranienne Abbas Araghchi, qui est centre des tractations en cours. Le président Pezechkian a entre dénoncé le fait que la télévision iranienne ait rapporté des propos du Guide suprême s’opposant au dialogue avec les Etats-Unis. Cabe recordar que el sábado se organizaron en Teherán manifestaciones hostiles a cualquier acuerdo con los estadounidenses, probablemente a instancias de los Guardianes de la Revolución. Los manifestantes llegaron a exigir la dimisión del presidente del Parlamento y del ministro de Asuntos Exteriores, lanzando incluso amenazas de muerte contra cualquier figura que apoyara dicho acuerdo. Estas manifestaciones refuerzan los argumentos de los analistas y medios que afirman la existencia en Irán de una corriente convencida de que el país ha logrado una «victoria simbólica» sobre Washington y que, por tanto, no necesita firmar ningún acuerdo con Estados Unidos. Las quejas de Trump y la incertidumbre sobre el acuerdo En cualquier caso, y en un plano completamente distinto, el presidente Trump dedicó un mensaje en su red social en el que consideró que «el ataque de esta mañana en Beirut no debería haber ocurrido». En su mensaje, equipara a Israel y a Hezbolá, instándoles a detener la escalada porque «podría ser el comienzo de una paz larga y hermosa» a la que nadie debería oponerse. Conviene recordar que esta semana estuvo marcada por una fuerte tensión militar entre iraníes y estadounidenses. Los ataques estadounidenses contra múltiples objetivos en el sur de Irán se produjeron tras el derribo de un helicóptero Apache de EE.UU. por parte de los Pasdaran. El presidente Trump llegó incluso a amenazar con un ataque de gran envergadura en la noche del jueves al viernes (hora del Levante), antes de cancelarlo a última hora. El mundo amaneció el viernes con la noticia de la inminencia de un acuerdo entre los beligerantes… anunciada, como era de esperar, por el propio Trump en su red social. Mientras los medios de comunicación difundían las alentadoras noticias, numerosas «filtraciones en medios iraníes» desmentían sistemáticamente el clima de optimismo. Uno de los métodos iraníes en este sentido consiste en difundir rumores sobre las cláusulas del acuerdo que contradicen frontalmente lo revelado por Washington. Según estas «informaciones» difundidas en Teherán, Irán mantendría el control sobre el estrecho de Ormuz, conservaría su derecho a enriquecer uranio y se beneficiaría de todos los fondos iraníes congelados en bancos de todo el mundo… Lo que llevó al presidente Trump a publicar el viernes un mensaje airado en el que acusaba a los iraníes de «carecer de honor». De forma inesperada, fue el ministro Araghchi quien tomó la palabra, instando a los medios iraníes a dejar de publicar informaciones sin fundamento, lo que le valió un elogioso comentario por parte de Trump. ¿Qué ocurre con el uranio enriquecido? Aunque no se conocen con certeza las cláusulas del acuerdo, fuentes estadounidenses citadas por cadenas panarabes aseguran que los fondos iraníes congelados no serán liberados hasta que el acuerdo entre en vigor, que el estrecho de Ormuz quedaría abierto de forma automática, que las reservas de uranio serían sacadas del país y que las instalaciones nucleares serían desmanteladas. En cuanto al expediente nuclear, debería ser objeto de futuras negociaciones a partir de la próxima semana, en caso de que se firme el acuerdo. Sin embargo, el sábado un reportaje de CNN difundió información inquietante al respecto. Según la cadena, durante el actual período de alto el fuego, los iraníes habrían reforzado el blindaje de sus reservas de uranio enriquecido para dificultar y hacer más arriesgado el acceso a las mismas. Habrían enterrado los 450 kilogramos de uranio enriquecido en túneles minados con explosivos. Estas medidas se adoptaron tras las amenazas del presidente Trump de ordenar al ejército estadounidense que se apoderara del uranio. Malestar israelí e incógnita libanesa Una de las grandes incógnitas de este proyecto de «acuerdo» entre Irán y Estados Unidos es su impacto sobre el Líbano, especialmente a la luz del evidente malestar israelí al respecto. Los iraníes se apresuraron a garantizar al Hezbolá que el alto el fuego en el Líbano y una retirada israelí están contemplados en el documento, lo que explica la actitud triunfalista inmediata de algunos diputados del Hezb, que se jactaron de las «implicaciones» para la escena libanesa. No dejaron pasar la oportunidad de lanzar una pulla a las autoridades libanesas, pidiéndoles que abandonen el proceso de negociaciones directas con Israel. Sin embargo, la próxima cita en Washington entre el Líbano e Israel sigue fijada para el 22 de junio, según fuentes coincidentes. En cuanto a las autoridades libanesas, mantienen un discurso firme frente a las injerencias iraníes y siguen comprometidas con el proceso de negociaciones directas en Washington, de acuerdo con las declaraciones realizadas esta semana por el presidente Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam. Otro punto oscuro es si el acuerdo obligará a Irán a distanciarse de sus grupos afines en la región, y en particular del Hezbolá libanés, el único que ha librado verdaderamente una batalla para contribuir a la supervivencia del régimen de los mulás. Numerosos indicios recogidos en Washington apuntan a que así sería, aunque los iraníes multiplican las declaraciones asegurando que jamás abandonarían al Hezbolá. Mientras tanto, el terreno sigue en llamas en el sur del Líbano, entre el Hezbolá y el ejército israelí. Visiblemente preocupados por su libertad de movimiento en el Líbano, los israelíes ya muestran resistencia ante todo aquello que pudiera hacerles perder sus «logros» en el Sur, en especial las conquistas territoriales. Por su parte, el Hezbolá podría beneficiarse de un alto el fuego, aunque ya ha tenido que replegarse al norte de la línea simbólica del Litani, y también tiene interés en frenar el avance israelí. Esto explicaría la ferocidad de los combates registrados en los últimos días en torno a ejes muy concretos, en disputa por el control de dos zonas principales: Nabatiyeh y Tiro. Es evidente que el ejército israelí intenta avanzar al máximo antes de que cualquier desarrollo lo obligue a reducir la intensidad de su intervención militar en el Líbano. Y como de costumbre, son las ciudades y pueblos libaneses quienes pagan el precio. Las órdenes de evacuación se suceden para decenas de localidades, algunas de ellas en zonas hasta ahora indemnes, como Jezzine, por ejemplo. Haya acuerdo con Irán o no, todas las miradas estarán también puestas el lunes en la reunión del G7 en Evian, a la que asiste Donald Trump. El presidente estadounidense prevé un encuentro con los líderes de Oriente Medio… al que Netanyahu ya habría anunciado que no asistirá.

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