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Lo esencial de la semana

¡Para Hezbolá, el conflicto actual es la prolongación de la batalla de Kerbala!

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El ejército libanés a la entrada del pueblo de Zawtar. (AFP)
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Por Taline Becharraoui
Publicado jul 27, 2026 - 00:34

La semana pasada concluyó el domingo con dos acontecimientos de innegable importancia. El primero fue la visita del primer ministro Nawaf Salam a Bagdad, donde mantuvo conversaciones con los dirigentes iraquíes de carácter principalmente económico.

Acompañado por el ministro de Energía Joe Saddi, el jefe de gobierno discutió con su homólogo iraquí la posibilidad de incluir la refinería de Trípoli en la reactivación del oleoducto que une Irak con Siria, con miras a la exportación del petróleo iraquí.

Un acuerdo en ese sentido fue firmado hace unos días entre Siria e Irak, y el gobierno libanés busca relanzar el papel de la refinería de Trípoli en ese contexto.


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El segundo acontecimiento tiene un carácter macropolítico y supranacional: un intercambio de mensajes entre Hezbolá y el escurridizo y misterioso Guía Supremo iraní Moujtaba Jamenei.

De dicho documento se desprende que Hezbolá reafirma su lealtad al Guía iraní, subrayando en ese acuerdo que el conflicto actual en la región es «la prolongación de la batalla de Karbala».

Reafirmando su determinación de continuar con «la resistencia armada», Hezbolá hace hincapié en su «plena solidaridad con Irán y los Guardianes de la Revolución Islámica», añadiendo que el partido «permanece bajo la conducción del jeque Naïm Kassem» y sigue siendo «fiel al liderazgo de Moujtaba Jamenei».


En continuidad con la reafirmación del acto de lealtad expresado por Hezbolá, un mensaje atribuido a Moujtaba Jamenei y dirigido al partido proiraní subraya que «la perseverancia en el camino de la resistencia traerá la victoria divina prometida a los muyahidines que transitan por el sendero de la verdad».

Tregua en el frente estadounidense-iraní

En el plano de las operaciones militares, el frente estadounidense-iraní atraviesa desde el viernes por la noche una precaria calma.

Tras 13 días consecutivos de bombardeos estadounidenses en territorio iraní y de represalias iraníes contra los países vecinos del Golfo, las noches del viernes y del sábado transcurrieron en calma, mientras el frente yemení se inflama y el sur del Líbano se mantiene, por ahora, lejos de la escalada.

La guerra estadounidense contra Irán acaba de tomar un nuevo rumbo hacia un futuro que sigue siendo incierto.

Cuando la escalada era palpable desde hacía unos 13 días, y la semana estuvo marcada por masivos bombardeos estadounidenses en territorio iraní y continuas represalias iraníes contra los países vecinos del Golfo y Jordania, la tensión militar cayó bruscamente el viernes.

Los iraníes acaban de vivir su segunda noche de calma, según se puede constatar este domingo por la mañana. De acuerdo con medios estadounidenses, esta tregua proviene de una orden dada por el presidente Donald Trump el viernes. Los iraníes también suspendieron sus ataques contra los países vecinos.

Varios interrogantes acechan a los medios tras este desarrollo. ¿Es esta tregua temporal o está llamada a perdurar? ¿A qué debería dar lugar: a nuevas negociaciones o a un agravamiento del conflicto con, por ejemplo, combates terrestres? ¿Qué motivó realmente la decisión de Trump?

Este último interrogante es crucial. Porque para numerosos medios estadounidenses, como el New York Times o CNN, el gobierno estadounidense temería el agotamiento del arsenal de misiles de interceptación destinados a proteger a los países del Golfo. También teme una ampliación del conflicto en Oriente Medio.

Trump, por su parte, sigue enviando señales contradictorias. Al tiempo que asegura contemplar ataques aún más contundentes contra Irán, afirmó sin embargo estar «hablando (con los dirigentes iraníes) en este momento», considerando que se están volviendo «cada vez más serios» por «una razón obvia», aludiendo a los devastadores bombardeos llevados a cabo por la aviación estadounidense.

Esta repentina calma contrasta con el comportamiento israelí de los últimos días.

Marginados de los últimos ataques contra Irán, pese a haber sido el socio privilegiado —cuando no el instigador— del inicio de esta guerra contra Irán a finales de febrero, los israelíes han adoptado medidas de precaución extremas durante esta semana, pidiendo a su población que esté lista para refugiarse en los búnkeres en cualquier momento.

Varias aerolíneas han suspendido sus vuelos a Tel Aviv en los últimos días.

Según algunas informaciones, los israelíes habrían manifestado su disposición a llevar a cabo ataques precisos en territorio iraní, pero habrían sido frenados por el presidente Trump.

Sin embargo, el domingo por la mañana, el gobierno israelí aprobó la prórroga del estado de emergencia hasta el 11 de agosto.

En cualquier caso, una cita que hay que seguir de cerca la próxima semana es el encuentro previsto entre el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el presidente estadounidense, en Washington, el martes.

Netanyahu tardó en conseguir esta reunión, señal de que las tensiones persisten entre ambos hombres en torno a la guerra en Irán.

¿Logrará el primer ministro israelí influir en las decisiones de su socio estadounidense, teniendo en cuenta que ambos deben hacer frente a cruciales plazos electorales internos en los próximos meses?

Para el presidente Trump, las elecciones de mitad de mandato podrían resultar complicadas, ya que el alza de los precios del petróleo y la inflación, vinculadas a la guerra en Irán, han mermado seriamente su popularidad.

En cuanto a Netanyahu, una vez más se juega su futuro político.

Sin embargo, estas diferencias y estos cálculos no cambian demasiado la relación estratégica entre ambos países. Un hecho vino a reforzar esta tesis esta semana: el jueves, el secretario de Energía estadounidense anunció un próximo acuerdo con Arabia Saudita para el desarrollo de un programa nuclear civil, lo que generó inquietud entre legisladores demócratas y sectores israelíes, que afirman temer una nueva carrera armamentística nuclear en Oriente Medio.

Ese mismo día, el presidente Trump publicó un mensaje en su red socialTruth Social, de contenido sorprendente: asegura que ese acuerdo con los saudíes solo puede materializarse si su país reconoce a Israel y firma los Acuerdos de Abraham, ya ratificados por varios países del Golfo.

Satisfacción del lado israelí, donde Netanyahu considera que sería «un avance histórico». Del lado saudí, silencio.

Un primer despliegue turbulento del ejército en el sur del Líbano

Sobre el terreno, es inevitable constatar que, si bien Irán respetó esta tregua implícita con Estados Unidos conteniendo sus misiles y sus drones durante dos días, el frente yemení, del lado de los rebeldes hutíes pro-iraníes, sigue escalando.

Los rebeldes hutíes se mostraron amenazantes durante toda la semana, dirigiendo sus misiles hacia Arabia Saudita —por primera vez desde 2022— y complicando el tránsito de barcos por el mar Rojo.

Atacaron así dos petroleros saudíes durante esta semana (solo uno, según las autoridades saudíes).

En respuesta, el gobierno yemení legítimo pro-saudí lanzó ataques contra las regiones controladas por los rebeldes.

Este frente yemení activado por los iraníes parece, por ahora, eclipsar el frente del sur del Líbano.

Hezbolá sigue sin responder a las continuas operaciones israelíes en las zonas ocupadas e incluso más allá.

Si bien declaran respetar el alto el fuego —en particular el negociado por los iraníes en el marco del proceso de Islamabad, y no el obtenido por las autoridades libanesas en el acuerdo marco firmado directamente con los israelíes en Washington—, los dirigentes de la milicia pro-iraní tienen en cuenta el agotamiento de sus tropas, pero también, y sobre todo, el de su base social, gran parte de la cual sigue desplazada.


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También en el sur del Líbano, el martes se produjo un acontecimiento decisivo en el marco del acuerdo marco libano-israelí: el despliegue del ejército libanés en un pueblo situado en los límites de la zona ocupada, Zawtar el-Gharbiya.

La entrada del ejército libanés en esta localidad no estuvo exenta de incidentes: las fuerzas israelíes dispararon en dirección a los soldados libaneses, sin causar víctimas, alegando que los vehículos libaneses habían penetrado fuera de la zona acordada. El ejército libanés desmintió categóricamente estas afirmaciones.


Aoun en Washington

Con todo, las autoridades libanesas, blanco habitual de las críticas del eje iraní, persisten en su búsqueda de una paz duradera. Así lo demuestra el desplazamiento del primer ministro libanés Nawaf Salam el miércoles a Zawtar el-Gharbiya, donde plantó una bandera libanesa y transmitió un mensaje tranquilizador a la población del sur sobre el compromiso del Estado con ella.

La visita del comandante en jefe del ejército, Rodolphe Haykal, al día siguiente vino a reforzar esa impresión.

Este mensaje es más crucial que nunca para las poblaciones de las zonas devastadas. Las primeras reacciones de los habitantes de Zawtar al contemplar los destrozos, tras haber recibido autorización para regresar a inspeccionar sus bienes después del despliegue del ejército, son desgarradoras.

Sin embargo, el acontecimiento clave de esta semana en el proceso de restauración del prestigio del Estado tuvo lugar en Washington. Presente en Estados Unidos desde el sábado, con una apretada agenda de reuniones con funcionarios estadounidenses —entre ellos el secretario de Estado Marco Rubio el domingo—, el presidente libanés Joseph Aoun fue recibido el martes por el presidente estadounidense Donald Trump en la Casa Blanca.

En cuanto a las formas, la rueda de prensa conjunta de ambos presidentes mostró una auténtica sintonía entre los dos jefes de Estado, y el mensaje transmitido fue el de un avance positivo en las relaciones entre ambos países.

En cuanto al fondo, todos los indicios también fueron favorables. Esa misma noche, el presidente estadounidense anunció una medida simbólica pero significativa: la reanudación de los vuelos directos entre Estados Unidos y Beirut, interrumpidos desde hace más de 40 años.

El presidente libanés, por su parte, expresó en repetidas ocasiones tras este encuentro su confianza en que el país se encuentra en el buen camino. Ciertamente, las dudas persisten y los desafíos siguen siendo enormes, pero esta cita en Washington no habrá sido en vano.

Como era de esperar, la visita del presidente a la capital estadounidense y su actuación le valieron un amplio respaldo dentro de la clase política libanesa.

Incluso Nabih Berry, presidente del Parlamento y líder de Amal —aliado de Hezbolá—, que se había distanciado de las decisiones del presidente en las últimas semanas, lo llamó a su regreso.

Hezbolá, en cambio, continúa disparando con dureza contra Aoun: en un comunicado mordaz difundido el jueves, el partido acusó al presidente de haber «fracasado en obtener la menor reivindicación nacional soberanista», señalando que «no logró ningún compromiso estadounidense respecto a una retirada israelí».

En este aspecto también, la milicia chií parece estar cada vez más aislada.

El presidente recibió el sábado un nuevo impulso de confianza durante la misa de beatificación del «padre del Gran Líbano», el patriarca Elias Howayek, celebrada en la sede de verano del patriarcado en Dimane (Becharre, norte del Líbano), a través de las palabras del patriarca maronita Bechara Rai.

En este acto religioso y político, que reunió a personalidades de todas las comunidades —con la sorprendente ausencia de Nabih Berry—, el prelado saludó «las señales positivas» emanadas del encuentro de Washington y reiteró su apoyo al presidente.

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