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Lo esencial de la semana

Jornadas libanesas en Washington, Aoun en el Departamento de Estado

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Los ataúdes de combatientes de Hezbolá muertos en enfrentamientos con el ejército israelí, junto con un ataúd simbólico que representa el del guía supremo iraní fallecido, el ayatolá Alí Jamenei, durante un funeral multitudinario celebrado en el pueblo de Majdel Selm, en el sur del Líbano, el 18 de julio de 2026. (AFP)
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Por Taline Becharraoui
Publicado jul 20, 2026 - 00:04

El presidente libanés Joseph Aoun llegó el sábado a Washington, donde será recibido el martes por el presidente estadounidense Donald Trump. En el plano regional, Estados Unidos intensificó durante toda la semana pasada sus ataques contra posiciones e infraestructuras de los Guardianes de la Revolución iraní, provocando una respuesta de estos contra… los países del Golfo, mientras la milicia yemení proiraní de los hutíes volvía a entrar en escena.

Al cierre de la semana, la atención en el ámbito libanés estaba centrada en las perspectivas de la tan esperada visita del presidente Joseph Aoun a Washington. El jefe de Estado, que llegó el sábado a la capital estadounidense acompañado de su esposa y de sus asesores, sostuvo el domingo por la tarde (hora de Beirut) una reunión en el Departamento de Estado con el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio. Antes de su encuentro del martes con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca, también mantendrá conversaciones con varios otros altos funcionarios estadounidenses.

La reunión entre el presidente Joseph Aoun y el secretario de Estado duró una hora y media. En esa ocasión, el mandatario insistió en la importancia de establecer cuanto antes las zonas piloto que deberían ser evacuadas por el ejército israelí para permitir el despliegue del ejército libanés en esas áreas.

Rubio reafirmó el compromiso de Estados Unidos de trabajar para concretar el contenido del acuerdo marco alcanzado entre Líbano e Israel. El jefe de la diplomacia estadounidense también elogió los esfuerzos del presidente Aoun y del gobierno de Salam para restablecer la soberanía del Estado libanés y desmantelar la milicia de Hezbolá.

En ese contexto, fuentes citadas por el canal Al Hadath informaron el domingo sobre la intención de la administración Trump de crear “una alianza entre Líbano e Irak para reducir la influencia iraní en la región”.

Sea como fuere, esta visita oficial de un presidente libanés a Estados Unidos, la primera en muchísimos años reviste una importancia particular en el contexto actual debido a los acontecimientos que se desarrollan no solo en el país, sino sobre todo a escala regional.

La sexta ronda de negociaciones directas entre Líbano e Israel, celebrada esta semana en Roma, registró avances en cuanto al inicio de la aplicación del acuerdo marco firmado el 26 de junio en Washington. El ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Saar, anunció el martes desde Jerusalén que los israelíes “están listos para avanzar” en la implementación de las zonas piloto en el sur del Líbano. Los intercambios, que se extendieron durante dos días en Roma entre los negociadores libaneses e israelíes, fueron calificados el miércoles por la embajada de Estados Unidos en el Líbano como “productivos y positivos”.

Pero el diablo está en los detalles, que debían discutirse el viernes durante conversaciones técnicas entre libaneses e israelíes. Sin embargo, esa reunión fue pospuesta porque Líbano insiste en que las zonas piloto correspondan claramente a pueblos ocupados por Israel, mientras que Tel Aviv exige mayores garantías sobre la destrucción sistemática de toda la infraestructura de Hezbolá en las regiones que serán entregadas al ejército libanés. Los israelíes formularon estas exigencias a los estadounidenses.

En cualquier caso, los libaneses no son los únicos que sufren una situación “ambigua”. Las relaciones entre el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y el presidente Trump atraviesan un momento difícil. Medios israelíes informaron esta semana que Netanyahu viajaría próximamente a Washington para reunirse con el mandatario estadounidense, pero Estados Unidos desmintió que se le hubiera concedido una cita.

Más aún, según el medio Axios, la presión estadounidense sobre Netanyahu sigue aumentando. El portal reveló que el presidente Trump pidió al primer ministro israelí, durante una conversación telefónica el jueves, que redistribuyera sus fuerzas militares en Siria y Líbano.

Escalada en Irán

Sobre el terreno, en el sur del Líbano, Hezbolá aún no ha reanudado los combates, aunque todo indica que se trata de una pausa temporal. Según las declaraciones de sus dirigentes, la milicia proiraní “no tiene intención de volver a la situación anterior al 2 de marzo”. Es decir, Hezbolá no seguirá soportando indefinidamente los ataques israelíes sin responder. Sin embargo, los bombardeos y las demoliciones de túneles e infraestructuras de la milicia no han cesado. Otra prueba significativa es que las fuerzas armadas sirias incautaron esta semana un importante cargamento de drones procedentes de Irán y destinados a Hezbolá.

En este contexto, el partido chiita parece estar cada vez más debilitado, con una base popular desplazada o confinada en pueblos que ya no son habitables. Además, desde la relativa calma del último alto el fuego se celebran decenas de funerales de combatientes en las localidades del sur.

No obstante, no puede descartarse que Hezbolá vuelva a arrastrar a su base social y al Líbano hacia un nuevo conflicto si Irán vuelve a situarse en el centro de una gran escalada regional.

Los ataques estadounidenses contra Irán continuaron sin interrupción durante toda la semana y nada parece detenerlos, más aún cuando el ejército estadounidense ha desplegado 50,000 soldados en la región y ha enviado aviones de refuerzo desde Europa.

Según informaciones difundidas por diversos medios, el presidente Trump notificó al Congreso el 10 de julio la reanudación de las operaciones militares estadounidenses contra Irán, calificándolas de “ataques defensivos” y “limitados”, planificados para reducir al máximo las víctimas civiles.

Dado que este mensaje se produce después de una interrupción motivada por un alto el fuego y por la firma de un memorando de entendimiento con la parte iraní en junio, los análisis consideran que la escalada actual puede interpretarse como un nuevo conflicto, lo que otorga al presidente estadounidense 60 días de margen de acción antes de necesitar la aprobación del Congreso.

Del lado iraní, los Guardianes de la Revolución parecen dirigir ahora claramente las operaciones. Incluso las declaraciones de los principales negociadores, el presidente del Parlamento Mohammad Ghalibaf y el ministro de Relaciones Exteriores Abbas Araghchi, se han endurecido, aunque parecen quedar eclipsadas por la voz de los sectores más radicales. Así, Irán tomó la iniciativa de anunciar el viernes la suspensión del memorando de entendimiento con Estados Unidos.

Disensiones dentro del régimen iraní

En este contexto aumentan los rumores sobre profundas divisiones internas dentro del régimen iraní, especialmente porque el líder supremo Mojtaba Khamenei permanece más inaccesible que nunca, lo que da lugar a la difusión de mensajes atribuidos a él cuya autenticidad resulta imposible de verificar.

El más reciente de esos mensajes lanzó amenazas contra Estados Unidos, prometiendo el sábado “una lección que nunca olvidarían”.

La anécdota de la semana fue una declaración de una “fuente iraní” a la agencia rusa TASS. Según esa fuente, Khamenei no tiene previsto hacer ninguna aparición pública antes del final de la guerra con Estados Unidos, y cuando finalmente se pronuncie sería mediante una conversación telefónica o un encuentro… con el presidente ruso Vladimir Putin.

Por ahora, son los Guardianes de la Revolución quienes difunden los comunicados sobre ataques contra los países del Golfo, dirigidos contra Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Baréin y, ahora también, Jordania. Estos países se han convertido en objetivos diarios de misiles y drones iraníes, al igual que los buques que atraviesan el estrecho de Ormuz.

Cada vez más, tanto los ataques estadounidenses en Irán como los ataques iraníes contra los países vecinos alcanzan objetivos civiles, especialmente infraestructuras energéticas. Los países del Golfo denunciaron el sábado estos ataques iraníes y los calificaron como “crímenes de guerra”.

Mientras mantiene por ahora a Hezbolá al margen, Irán intenta involucrar a los hutíes yemeníes en el conflicto utilizando como principal carta la eventual clausura de otro paso marítimo estratégico, el estrecho de Bab el Mandeb, si las infraestructuras iraníes son atacadas a gran escala.

En este contexto, el lunes se produjo un incidente: el gobierno legítimo de Yemen bombardeó el aeropuerto de Saná, controlado por los rebeldes hutíes, con el objetivo de atacar un avión procedente de Irán que transportaba pasajeros que habían participado en los funerales de Ali Khamenei. Los hutíes respondieron atacando un aeropuerto en Arabia Saudita. Sin embargo, el frente hutí aún no ha estallado plenamente.

La visita del primer ministro iraquí a Washington

En medio de este panorama sombrío, todavía pueden percibirse algunos matices.

Por un lado, Estados Unidos no ha cerrado completamente la puerta a las negociaciones, como lo reiteró en varias ocasiones el presidente Trump esta semana, dando la impresión de preferir conversaciones “en caliente” antes que una guerra interminable. Sin embargo, cualquier incidente en estas circunstancias resulta mucho más peligroso. El sábado por la noche, dos soldados estadounidenses murieron en un ataque iraní contra Jordania, lo que acerca peligrosamente la situación a un punto de no retorno.

Por otro lado, pese a su actitud aparentemente suicida, Irán parece querer evitar el peor escenario posible. Eso explicaría por qué aún no ha dirigido ningún ataque contra Israel desde la reanudación de las hostilidades. Y no por falta de voluntad israelí de intervenir: filtraciones publicadas el sábado por la noche indicaban que Israel había solicitado sumarse a los ataques contra Irán. Esa petición habría sido rechazada por Estados Unidos.

En este contexto, cabe destacar que el presidente Trump volvió esta semana a insistir en la petición que había formulado al presidente sirio Ahmad al Chareh para que actuara en el Líbano contra Hezbolá. Por ahora, esas declaraciones no se traducen en acciones concretas, pero la pregunta sigue siendo cuánto tiempo podrá el presidente Chareh resistir la presión estadounidense.

Sin embargo, quien realmente acaparó la atención en los últimos días fue Irak. El nuevo primer ministro iraquí, Ali al Zaidi, fue recibido con todos los honores esta semana por el presidente Trump en la Casa Blanca. Tras el encuentro, ambas partes firmaron numerosos acuerdos de gran valor económico.

Al mismo tiempo, la prensa informó sobre la intención del gobierno iraquí de adoptar restricciones bancarias contra las milicias sancionadas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, entre ellas Hezbolá.

Por ahora, Irak parece decidido a jugar en ambos frentes, respondiendo al mínimo indispensable a las presiones estadounidenses mientras evita enfrentarse directamente con Irán y con las milicias afines, incluidas aquellas que operan en territorio iraquí.

 

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