
Dimisión del ministro iraní de Energía; ofensiva de los leales en Yemen


Las amenazas del presidente Donald Trump contra Irán tras el caso del vuelo de Flydubai del miércoles, así como el refuerzo de la presencia militar estadounidense en la región, muestran que la opción de la guerra es real, aunque la puerta de las negociaciones sigue abierta. Al menos en principio, pues los dirigentes iraníes no dejan de emplear un discurso radical y creen estar en condiciones de imponer exigencias a Estados Unidos. Al mismo tiempo, están escalando la situación en Yemen a través de sus aliados, los hutíes.
El fallido caso del secuestro —o accidente provocado— del avión emiratí de Flydubai, que cubría la ruta Dubái-Tel Aviv con más de 150 pasajeros israelíes a bordo, el 30 de septiembre, marcó sin duda la semana pasada.
No solo por la catástrofe evitada por poco, sino también por sus implicaciones y su posible impacto en el curso de los acontecimientos en Oriente Medio.
¿Qué vincula realmente este incidente con el conflicto regional? Pueden señalarse numerosos factores.
El carácter terrorista de este intento de secuestro ya no deja lugar a dudas, desde que las propias autoridades emiratíes lo establecieron, como demuestra el resultado preliminar de su investigación.
Se ha establecido que el copiloto, que atacó al comandante de la aeronave, de nacionalidad india, para tomar el control del avión, se radicalizó durante una estancia en Siria.
Es hijo de padre omaní y madre siria, y fue despedido por la compañía aérea nacional de Omán y rechazado por Emirates Airlines.
Aunque la orientación del copiloto es yihadista salafista y el móvil parece ser el odio hacia Israel, no debe descartarse una implicación iraní.
El propio presidente Trump lo subrayó, amenazando a Teherán con violentas represalias si se confirma tal implicación.
A esto se suman las acusaciones contra Irán tras un atentado frustrado contra una base estadounidense en el Reino Unido, pese al desmentido de Teherán.
De ello se desprende que la opción militar podría volver a ponerse sobre la mesa próximamente.
El ejército estadounidense refuerza así su presencia en la región y, paralelamente, las sanciones de Estados Unidos impuestas a Irán van en aumento, incluida la prohibición de vuelos desde y hacia Teherán, con una única excepción: Nayaf, en Irak, ciudad santa para los chiíes.
Por otra parte, los dirigentes iraníes elevaron el tono el domingo. El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, indicó que Irán seguía comprometido con el cierre del estrecho de Ormuz, afirmando que esta vía marítima solo se reabriría si Estados Unidos se somete a las condiciones iraníes, entre ellas el levantamiento del bloqueo, la retirada de la región y la devolución de los activos congelados.
En este contexto, el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, declaró a los estadounidenses que «no existe una solución militar» al conflicto ni ninguna solución «basada en nuevas sanciones», asegurando que su país respondería con firmeza a cualquier nuevo ataque.
Respondía así al presidente Trump, quien aseguró que los iraníes tendrán que aceptar las condiciones estadounidenses por las buenas o por las malas, y al secretario de Guerra, Pete Hegseth, quien afirmó que Irán debe renunciar definitivamente a su programa nuclear si quiere que la puerta de las negociaciones siga abierta.
En cualquier caso, las sanciones estadounidenses se hacen sentir cada vez más en la realidad iraní.
El rial continúa su vertiginosa caída. Otra señal de que el colapso económico de la República Islámica ha alcanzado un umbral crítico es que el ministro de Energía presentó su dimisión, aceptada de inmediato por el presidente iraní.
Esta dimisión se produce mientras las exportaciones iraníes de petróleo, que sorteaban las sanciones estadounidenses, podrían interrumpirse por completo en los próximos días debido a las severas medidas adoptadas en este ámbito por la Administración Trump.
Del lado israelí, se reavivan los temores ante un posible ataque... y estos han quedado plenamente integrados en la campaña electoral de las próximas elecciones legislativas, previstas para el 27 de octubre.
¿Podría el primer ministro Benjamin Netanyahu sacar provecho de ello para reforzar su posición? En cualquier caso, en Israel se multiplican las advertencias sobre los riesgos antes de los comicios.
Escalada en Yemen
Esté o no Irán implicado en recientes asuntos de carácter terrorista, lo cierto es que su aliado yemení, el grupo hutí, está provocando una clara escalada contra Arabia Saudí, que alcanzó su punto álgido a finales de la semana con un nuevo ataque contra el gigante petrolero saudí Aramco.
En Yemen, los rebeldes continúan su avance cercando la importante ciudad de Taez, cuya eventual toma supondría un importante revés para las fuerzas gubernamentales yemeníes, reconocidas internacionalmente y apoyadas por los saudíes.
No obstante, estas anunciaron el domingo por la noche, por boca de su presidente, «una gran ofensiva para recuperar los territorios conquistados por los hutíes».
Mientras las fuerzas gubernamentales yemeníes anuncian haber lanzado una ofensiva generalizada para liberar los territorios ocupados por las fuerzas proiraníes, Estados Unidos no parece dispuesto a involucrarse en la lucha contra los rebeldes. En este contexto, los saudíes negaron el domingo que hubiera habido un ataque hutí contra Aramco, algo que los rebeldes reafirmaron posteriormente.
Sin embargo, este lunes habrá que seguir la reunión prevista en Riad entre los miembros del pacto de La Meca, que reúne a Arabia Saudí, Turquía y Pakistán, ahora vinculados por un acuerdo de defensa común. Los ataques hutíes contra Arabia estarán en la agenda de las conversaciones, anunció Turquía el domingo.
En Líbano, statu quo político y escalada militar
Si Irán efectivamente empuja a los hutíes a la escalada, no parece hacer lo mismo con Hizbulá en Líbano, que sigue sin responder a los ataques israelíes en el sur del país. Aun así, los observadores señalan una escalada continua por parte del ejército israelí en el sur, con la continuación de las incursiones, los bombardeos y las voladuras...
Sin embargo, Hizbulá no renuncia a la «lucha armada», como indicó su secretario general, Naím Qassem, quien retomó en un discurso el 27 de septiembre sus ataques contra las autoridades libanesas.