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Defensa

El cambio de las reglas del juego naval a escala internacional (1/3)

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El Liaoning, el primer portaaviones chino, construido a partir de un buque de la antigua marina soviética.
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Por Jean-Patrick Dayras
Publicado sep 21, 2026 - 00:38

Desde el siglo XIX, estrategas marítimos, en particular el estadounidense Mahan y el británico Corbett, han empleado y teorizado las expresiones «dominio del mar» y «poder marítimo». Son términos que con demasiada frecuencia se consideran equivalentes, pese a ser muy distintos y diferenciarse por los aspectos políticos y militares que abordan. En nuestros días ha surgido otro concepto: el poder naval. Por desgracia, algunos comentaristas, incluso de renombre, confunden el poder naval con el poder marítimo, sin conocer los matices cada vez más importantes que los separan a raíz de la aparición de nuevas armas y nuevos métodos de actuación, capaces en ocasiones de convertir al débil en fuerte y viceversa. Son estas nuevas armas y los métodos o marcos de empleo asociados los que determinan los calificativos —naval o marítimo— que conforman esta nueva terminología.

 Por Jean-Patrick Dayras, almirante (2.ª sección)

 

Para comprender bien las reglas y lo que está en juego en el «juego naval», así como su evolución entre las potencias militares internacionales, es preciso examinar la situación de algunas de las principales armadas del mundo.

 

La Armada rusa disponía en febrero de 2022 de una auténtica flota de guerra en el mar Negro: fragatas, submarinos, buques de desembarco, corbetas lanzamisiles y patrulleros. Tenía capacidad para bloquear el litoral ucraniano, efectuar desembarcos anfibios y lanzar ataques de largo alcance.

 

Ucrania había perdido la mayor parte de su flota con la anexión de Crimea en 2014 y, posteriormente, desde el inicio de la invasión rusa en 2022. No ha reconstruido una flota equivalente, sino que ha desarrollado una estrategia para impedir que la flota rusa aproveche libremente su superioridad (denegación del mar). En abril de 2022, el crucero Moskva, buque insignia de la Flota del Mar Negro, fue alcanzado por misiles ucranianos y se hundió.

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El Moskva. (AFP)

Entre 2023 y 2026, Ucrania convirtió el mar Negro en una zona vedada mediante el uso combinado de drones navales y aéreos, misiles antibuque y misiles de crucero, atacando tanto buques como bases y apoyándose en sus capacidades de inteligencia. Como consecuencia, Rusia tuvo que trasladar una parte importante de sus buques desde Sebastopol hasta Novorossiysk, mucho más al este.

 

En 2022, el dominio naval de Rusia en el mar Negro era abrumador frente a una pequeña armada ucraniana de carácter defensivo. En 2026, Rusia sigue disponiendo de una armada mucho más poderosa, pero está neutralizada, confinada y es vulnerable; Ucrania cuenta con una flota pequeña, pero con una capacidad de guerra naval asimétrica sumamente desarrollada. Gracias a los misiles y los drones, Ucrania ha cambiado las reglas del juego naval.

 

Irán dispone de dos fuerzas navales. La Armada regular iraní (IRIN) es una flota convencional compuesta por fragatas, corbetas, submarinos, buques logísticos y buques lanzamisiles. Los ataques de 2026 la golpearon duramente y perdió gran parte de sus capacidades de superficie. La Armada de la Guardia Revolucionaria (IRGC Navy), adaptada a la guerra asimétrica en el golfo Pérsico, dispone de lanchas rápidas, misiles antibuque, drones, minas y medios de vigilancia.

 

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Un Sikorsky Sea King estadounidense, helicóptero naval heredado de la época del sah. (AFP)

Irán ha perdido la capacidad de librar una verdadera batalla naval convencional, pero ¿es eso importante? La denegación marítima que impone al mundo entero en el golfo Pérsico y en torno a Ormuz mediante sus lanchas rápidas, misiles costeros, drones y minas basta para mantener una amenaza disuasoria y permanente sobre el tráfico comercial en el estrecho de Ormuz. Su poder marítimo parece insignificante frente al de Estados Unidos, e incluso al de Europa; sin embargo, gracias a los medios navales de la Guardia Revolucionaria, Irán tiene la llave del estrecho de Ormuz. Una vez más, las reglas del juego naval han cambiado, esta vez en un espacio reducido.

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Un buque moderno rodeado de varias lanchas rápidas y otras pequeñas embarcaciones pertenecientes a la Armada de los Guardianes de la Revolución. (AFP)

La Armada china ha pasado desde el año 2000 de ser una fuerza esencialmente costera, limitada a la defensa del litoral y sus accesos, a convertirse en una armada de alta mar (blue water navy).

Entre 2000 y 2010, China puso en marcha una modernización masiva de su industria naval y desarrolló destructores y fragatas modernos, submarinos y misiles antibuque, siguiendo una estrategia de denegación de acceso y de área (anti-access/area denial).

 

En 2012 entró en servicio su primer portaaviones, un antiguo buque soviético comprado a Ucrania y profundamente modernizado. En 2019 se botó el primer portaaviones construido en China. A este le ha seguido ahora el primer portaaviones equipado con catapultas electromagnéticas, lo que supone un salto tecnológico. Junto a estos portaaviones llegan grandes destructores de 11.000 toneladas, dotados de numerosas celdas de lanzamiento vertical y destinados, entre otras funciones, a escoltar a los grupos aeronavales.

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La fragata lanzamisiles Yulin, a la derecha. (AFP)

China desarrolla así un sistema naval completo, con fragatas, buques de aprovisionamiento, buques anfibios y portahelicópteros de asalto, además de submarinos, aviones, satélites, misiles y las bases y la logística necesarias para una armada de alta mar. Su muy eficiente industria naval es un elemento fundamental de esta estrategia. Desde 2020, la verdadera evolución ha sido cualitativa. En 2030 contará con 435 buques. Sin embargo, el poder naval no debe evaluarse únicamente por el número de plataformas.

 

¿Para qué sirve una armada oceánica de este tipo?

Primer objetivo: Taiwán. Aislar la isla, impedir o disuadir una intervención estadounidense de apoyo, mantener las líneas logísticas de China e incluso imponer un bloqueo. Para ello, la Armada cuenta con el respaldo de misiles terrestres, aviación de combate, satélites, capacidades cibernéticas y guardacostas. Este conjunto coherente permitirá, de ser necesario, cercar, aislar y controlar el espacio marítimo en torno a Taiwán, evitando probablemente tener que llevar a cabo un desembarco.

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Aviones Shenyang J-11 a bordo del portaaviones Liaoning. (AFP)

En un primer momento, China no pretende contar con una flota superior a la de Estados Unidos en todas partes. Por ahora, busca hacer que una intervención estadounidense en su entorno estratégico resulte extremadamente costosa. Es otra forma de disuasión «clásica».

 

El conjunto formado por portaaviones, buques de superficie, submarinos, misiles antibuque, aviación, drones y satélites debe permitir a Pekín disponer de una burbuja de poder marítimo cerca de China y dentro de su área geopolítica: primero los mares de China Oriental y Meridional, después los estrechos del Sudeste Asiático, luego el océano Índico y, por último, el Pacífico. Además, los guardacostas y las milicias marítimas permiten a China ejercer una importante presión marítima en el mar de China sin tener que emplear directamente su armada de guerra. Este es el segundo objetivo.

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El submarino chino Long March 15. (AFP)

Con portaaviones capaces de desplegar aviación de combate lejos del territorio chino, Pekín quiere proteger sus intereses en el océano Índico, el golfo de Adén, África y Oriente Medio, así como las rutas comerciales hacia Europa. Este orden de prioridades demuestra la voluntad de China de desarrollar y proteger su poder comercial para impulsar un crecimiento que le permita convertirse en la primera potencia económica mundial.

 

Se ha pasado del concepto de defender China al de defender los intereses chinos en todo el mundo. Para alcanzar este objetivo, China está construyendo un ecosistema de poder marítimo basado en una industria naval, satélites, misiles, aviación, bases, una marina mercante e instalaciones portuarias en el extranjero. Este es el tercer objetivo.

 

La Armada japonesa, Fuerza Marítima de Autodefensa, desde el año 2000 ha pasado de ser una fuerza concebida para la defensa de los accesos marítimos y la guerra antisubmarina a convertirse en una armada polivalente, capaz de llevar a cabo operaciones a larga distancia.

 

De 2000 a 2010 se creó una armada principalmente defensiva, aunque ya muy moderna, para proteger el archipiélago, las rutas marítimas y sus accesos. Un cambio importante se produjo con la llegada de los destructores portahelicópteros a partir de 2009. Su tamaño y configuración ya anunciaban la futura evolución hacia los portaaviones.

 

De 2010 a 2020 se produjo una reorientación hacia una armada expedicionaria. El auge de China constituye el principal factor estratégico. La armada china se desarrolla rápidamente y aumentan las tensiones en torno a las islas Senkaku/Diaoyu, Taiwán y el mar de China Oriental. Japón refuerza especialmente sus capacidades en el suroeste del archipiélago.

 

Desde 2020, avanza hacia una armada de alta mar preparada para conflictos de alta intensidad. En diciembre de 2022, Japón adoptó tres documentos: la Estrategia de Seguridad Nacional, la Estrategia de Defensa Nacional y el Programa de Desarrollo de la Defensa. Esto implica, entre otras cosas, una defensa aérea y antimisiles integrada, portaaviones con aviación embarcada, submarinos y misiles de largo alcance. La ruptura es doctrinal. Japón ya no se limita a construir una armada capaz de repeler un ataque contra sus aguas; ahora busca poder detectar, interceptar y, si es necesario, atacar a distancia las capacidades adversarias, al tiempo que protege las rutas marítimas y las islas del suroeste.

 

Entre 2000 y 2026, la armada japonesa ha pasado de ser una excelente fuerza naval defensiva, especializada en la guerra antisubmarina, a una armada polivalente, capaz de operar en un conflicto de alta intensidad en el Indopacífico y de contribuir a la protección de sus rutas de abastecimiento.

 

La evolución reciente de la envergadura y el empleo de las cinco armadas —rusa, ucraniana, iraní, china y japonesa— ha permitido presentar, sin nombrarlos, los conceptos de poder naval, poder marítimo y dominio del mar.

Estos distintos conceptos, que a veces se confunden, se expondrán en el próximo artículo, que mostrará cuáles son los objetivos de estos países, las estrategias aplicadas y sus respectivas ventajas comparativas.

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