


La guerra en Ucrania sigue siendo el centro de un amplio debate alimentado, entre otros factores, por bombardeos casi diarios que tienen como objetivo, en ambos bandos, centros neurálgicos y, de manera más específica, las capitales de Rusia y Ucrania.
Para comprender mejor las diferentes dimensiones de este antiguo conflicto, es necesario remontarse a sus antecedentes y a la génesis de lo que desembocó en esta guerra, ¿fratricida?, exponiendo las motivaciones y aspiraciones de las distintas partes involucradas, en particular de Occidente (Estados Unidos y Europa, ampliada a todos los países de la OTAN, con excepción de Turquía), y recordando también el inicio de la ofensiva rusa y el fracaso de los intentos por alcanzar la paz o, al menos, negociaciones, teniendo en cuenta que las responsabilidades en este contexto son múltiples.
Para comprender plenamente los distintos aspectos de la guerra en Ucrania, conviene plantear desde el inicio algunas preguntas fundamentales. ¿Qué representan Rusia y Ucrania para Occidente? ¿Cuáles podrían ser las consecuencias concretas de una eventual victoria clara de cualquiera de los dos protagonistas? Y, al mismo tiempo, ¿cuáles serían las repercusiones para Occidente y para Oriente Próximo?
En una serie de cinco artículos, Jean-Patrick Dayras, contraalmirante de la Marina francesa, expone su visión y análisis sobre esta cuestión.
Reflexión prospectiva: ¿qué pasaría si…?
A - Si Ucrania gana, es decir, recupera casi la totalidad de su territorio…
Para Ucrania, las consecuencias podrían incluir:
– Un fortalecimiento considerable de la posición internacional de Ucrania.
– Una aceleración de su integración a la Unión Europea, aunque la adhesión seguiría siendo un proceso largo.
– Una cooperación militar aún más estrecha con la Organización del Tratado del Atlántico Norte, exista o no una adhesión formal.
– Un debilitamiento de la influencia rusa en parte de Europa del Este.
Para Rusia, las consecuencias dependerían de la magnitud de la derrota. Pero es seguro que:
– Perdería una parte importante de su prestigio internacional.
– La derrota tendría un costo económico duradero debido a las sanciones, la reconstrucción y el restablecimiento de sus capacidades militares.
– Se pondría en tela de juicio la política del Kremlin, cuyo futuro dependería de la evolución de la situación interna.
– Toda la política rusa desarrollada durante años en África, así como en distintos Estados miembros o asociados de los BRICS+, se vería afectada.
Nota: Chad ha adoptado recientemente una actitud de acercamiento hacia Francia, lo que podría ser el preludio de un cambio en la geopolítica africana. Este aspecto debería examinarse cuidadosamente antes de llegar a conclusiones.
En cambio, es difícil predecir que una eventual derrota rusa provocaría automáticamente un cambio de régimen. La historia demuestra que este tipo de evolución depende de numerosos factores internos.
Para Europa
Una victoria ucraniana podría:
– Mejorar la percepción de seguridad en los países del norte, centro y este de Europa.
– Mantener un elevado nivel de gasto militar.
– Acelerar los esfuerzos de diversificación energética iniciados desde 2022.
Para Estados Unidos
Un desenlace de este tipo podría presentarse como un éxito de la política estadounidense de apoyo a Ucrania y de sus alianzas. Sin embargo, no pondría fin a otros desafíos estratégicos, como la rivalidad con China y las difíciles negociaciones con Irán.
Para China
Pekín observaría atentamente las lecciones del conflicto, especialmente en lo que respecta a una eventual invasión por la fuerza de Taiwán. Una derrota rusa podría llevar a China a:
– Profundizar algunos vínculos con Moscú para preservar a un socio estratégico, aunque desde una posición dominante.
– Reevaluar ciertos aspectos de su política exterior, especialmente en relación con Irán, Taiwán y la naciente asociación entre Australia, Japón, Corea del Sur y Filipinas.
Para las organizaciones internacionales
Una victoria ucraniana sería interpretada como un fortalecimiento del principio de que las fronteras no deben modificarse mediante el uso de la fuerza. Esto podría reforzar la credibilidad de ciertas normas del derecho internacional, aunque su aplicación seguiría dependiendo del equilibrio de poder entre los Estados.
Los límites de este escenario
Incluso en caso de éxito militar ucraniano, persistirían varias dificultades:
– La reconstrucción del país, estimada en varios cientos de miles de millones de euros, que deberían ser pagados por Rusia.
– El regreso de los refugiados (aunque esto solo compromete a quienes creen que ocurrirá).
– El desminado de extensos territorios.
– Los procesos judiciales relacionados con los presuntos crímenes de guerra, aunque queda por ver si también podrían implicarse ciudadanos ucranianos en delitos similares.
– Las futuras relaciones entre Rusia, Ucrania y los países europeos.
Esta victoria no eliminaría las tensiones geopolíticas. Incluso si Ucrania alcanzara sus principales objetivos militares, las relaciones entre Rusia y Occidente probablemente seguirían marcadas por una desconfianza duradera, una mayor militarización de determinadas regiones y una reconfiguración del equilibrio de seguridad en Europa. Los efectos también dependerían de las condiciones del fin del conflicto: un acuerdo negociado, un alto el fuego duradero o una derrota militar contundente no tendrían las mismas consecuencias.
B - Rusia gana, Ucrania pierde
Todo depende de lo que signifique que “Rusia gane”. Las consecuencias serían muy diferentes según se trate de una ganancia territorial limitada, del control duradero de una parte de Ucrania o de un cambio de gobierno en Kiev.
Una derrota ucraniana podría provocar:
–La pérdida permanente de la totalidad o de parte de los territorios ocupados.
– Costos humanos, económicos y demográficos considerables.
– Una desaceleración de la reconstrucción y de las inversiones.
– El mantenimiento de un importante flujo de refugiados hacia otros países europeos.
El futuro político de Ucrania dependería de las condiciones del fin del conflicto: un alto el fuego, un tratado de paz o un acuerdo impuesto no tendrían los mismos efectos.
Si Moscú alcanzara sus principales objetivos, ello podría traducirse en:
– Un fortalecimiento de la posición interna del Kremlin.
– La presentación del desenlace como una victoria estratégica.
– El mantenimiento de su influencia sobre una parte de Ucrania y de su entorno, especialmente Moldavia.
Sin embargo, incluso en caso de éxito militar, Rusia podría seguir enfrentándose a:
– Sanciones económicas occidentales.
– Una mayor dependencia de socios como China, India u otros Estados no occidentales.
– Elevados costos relacionados con la reconstrucción de los territorios bajo su control y con el mantenimiento de importantes fuerzas militares.
Para Europa
Una victoria rusa probablemente conduciría a:
– Un aumento duradero del gasto militar de los estados europeos.
– Un fortalecimiento de la presencia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en su flanco oriental, aunque queda por ver si con o sin Estados Unidos.
– Una aceleración de las políticas destinadas a reducir la dependencia energética de Rusia.
Algunos también temen que los países vecinos de Rusia, especialmente los Estados bálticos, soliciten garantías de seguridad aún más sólidas.
Estados Unidos podría ver cuestionada su estrategia en Ucrania, lo que alimentaría un debate interno sobre su política exterior y sobre el nivel de apoyo a sus aliados, incluidos los del Golfo Pérsico y la península arábiga.
Una victoria rusa podría interpretarse de distintas maneras:
– Algunos la considerarían una prueba de que una gran potencia puede alcanzar ciertos objetivos a pesar de las sanciones.
– Otros destacarían el elevadísimo costo económico, humano y diplomático del conflicto, que también podría servir como advertencia.
En cualquier caso, China aparecería como el país que permitió la victoria de Rusia gracias al apoyo brindado. Sería la gran ganadora. Rusia dejaría de ser un gigante frente a ella.
Para el derecho internacional
Muchos juristas consideran que una adquisición permanente de territorios obtenida por la fuerza supondría un importante desafío al principio de integridad territorial de los Estados, consagrado especialmente por la ONU. Otros recuerdan que los precedentes históricos son diversos y que las reacciones internacionales suelen depender de las relaciones de poder. El Consejo de Seguridad de la ONU vería debilitado su prestigio e incluso podría ser cuestionado.
Incluso en caso de victoria rusa, varios factores podrían limitar sus beneficios:
– El costo económico a largo plazo.
– La administración de territorios potencialmente inestables.
– El mantenimiento del aislamiento respecto de una parte de los países occidentales.
– El riesgo de una insurgencia o de una inestabilidad persistente, según las zonas afectadas.
– El éxito estaría empañado por el descrédito debido al tiempo que tomó alcanzar un objetivo que inicialmente se esperaba fuera rápido e incluso fácil, en una guerra que ya supera en duración a la Primera Guerra Mundial.
– Es probable que, en África, su influencia también se vea afectada.
Las consecuencias de una victoria rusa dependerían de su magnitud y de las condiciones en las que termine la guerra.
La seguridad europea seguiría profundamente transformada, las relaciones entre Rusia y los países occidentales continuarían siendo extremadamente tensas durante mucho tiempo y el orden de seguridad en Europa seguiría redefiniéndose durante muchos años. En cambio, los efectos concretos sobre la política interna rusa, el equilibrio mundial o las futuras alianzas siguen siendo ampliamente inciertos y continúan siendo objeto de debate entre especialistas.
La última palabra: las consecuencias mencionadas permiten subrayar que este conflicto marcará el fin del concepto de victoria según el orden y el modelo westfaliano.
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