
¿Nos atreveríamos a establecer un paralelismo entre las respectivas trayectorias de dos dictadores derrocados, a saber, Adib Shishakli y Bashar al-Ásad? Ambos gobernaron Siria con mano de hierro (1), para luego huir de forma miserable, abandonando a sus partidarios a la venganza popular. El primero se marchó a la francesa en febrero de 1954 y el segundo escapó discretamente en diciembre de 2024. ¡El mismo patrón con 70 años de diferencia! Pero la comparación no termina ahí si se tiene en cuenta que ambos dictadores intentaron volver a afianzarse en Siria desde un refugio en el Líbano. Instalados en la negación, ninguno de los dos podía dudar de su popularidad entre un pueblo al que habían reprimido, ni del entusiasmo que manifestarían los sirios si regresaban al poder.















