
“La tierra a cambio de la paz”. Así puede resumirse, en una fórmula antigua pero plenamente vigente, el acuerdo israelo-libanés de Washington (23-26 de junio), siempre que se coloque el interés de la población de las aldeas destruidas por encima de cualquier otra consideración. Lo demás son detalles. Sí, la tierra a cambio de la paz, pero no de cualquier paz. Una paz basada en la concentración de las armas en manos del Estado libanés, tal como hoy existe: una democracia parlamentaria, tierra de libertad y pluralismo. También podría expresarse de otro modo: la tierra a cambio de las armas de Hezbolá. Porque, a pesar de lo que muchos creen, el acuerdo de Washington es un acuerdo de paz, no de guerra. Podría aplicarse sin disparar una sola bala.















