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Opinión

Jeque Naim… El monopolio de las armas comienza en Ali al-Taher

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Por Najib Zwein
Publicado ago 5, 2026 - 18:24

Antes que nada, Jeque Naïm debe comprender que todo el pueblo libanés está pagando hoy el precio de sus inconsistencias políticas, su sumisión ciega a Irán y sus decisiones unilaterales que han arrastrado al Líbano a guerras que no había elegido ni decidido.

Porque quienes llevaron al país a esta dramática situación y permitieron el regreso de la ocupación israelí en ciertas partes del sur del Líbano no son quienes hoy se esfuerzan por salvar al Líbano. Son quienes se sometieron a las órdenes de Irán y decidieron declarar la guerra de manera unilateral, al margen de las instituciones del Estado y de su autoridad soberana.

Quienes arrojaron el sur del Líbano a una confrontación abierta y expusieron a los libaneses a la destrucción y al desplazamiento fueron quienes arrastraron al país a una guerra al servicio del proyecto iraní, no quienes hoy trabajan para sacar al país de su crisis y restablecer sus instituciones.

Quienes hoy intentan salvar lo que queda de la patria son el presidente de la República, el general Joseph Aoun, y el primer ministro, quienes trabajan para devolver al Estado el pleno control de las decisiones soberanas y sacar al Líbano del ciclo de las guerras.

Un ejemplo claro de ello es la propuesta del presidente de la República de poner la instalación de Tallat Ali al-Taher bajo el control del Ejército libanés, una propuesta que ustedes rechazaron, a pesar de haber sido aceptada por la parte israelí.

La cuestión que se plantea hoy no es la de la importancia estratégica de esta colina, porque de ello no hay duda, sino la de las razones que le empujan a negarse a entregar el control a la institución militar libanesa.

¿Es porque constituye el punto de observación más elevado sobre amplias zonas del sur del Líbano, de modo que quien la controle dispone de una ventaja decisiva para la vigilancia y el control del fuego?

¿O porque las infraestructuras militares, las fortificaciones y la red de túneles que alberga representan una inversión militar construida durante muchos años, de tal manera que entregarla al Ejército libanés supondría perder uno de sus principales elementos de fuerza sobre el terreno?

¿O la verdadera razón es que entregarla al Ejército libanés significaría, en la práctica, reconocer el principio del monopolio de las armas por parte del Estado y transferir la decisión militar a las autoridades legítimas?

Sea cual sea la respuesta, la paradoja sigue siendo impactante. Si la única alternativa es entregar esa posición al Ejército libanés o verla destruida por Israel, ¿cómo puede considerarse preferible la alternativa israelí? ¿Y cómo puede preferirse que un emplazamiento libanés sea destruido por el enemigo antes de que pase a estar bajo la autoridad del Ejército libanés?

No debe perder de vista, jeque Naim, que usted encabeza una milicia armada al margen de la legalidad libanesa. Ni los discursos ni las campañas de descalificación y de acusaciones de traición cambiarán esa realidad. El monopolio de las armas por parte del Estado no es un simple eslogan político, sino un principio de soberanía y un imperativo constitucional del que no habrá marcha atrás. Tarde o temprano, será aplicado.

Por último, las negociaciones directas decididas por el Estado libanés, en ejercicio de su soberanía y de acuerdo con su interés nacional, no constituyen una concesión. Son una herramienta para recuperar los derechos y el camino menos costoso para liberar el territorio, obtener la liberación de los prisioneros y reconstruir lo que destruyeron las guerras impuestas al Líbano al servicio de proyectos ajenos al interés nacional.

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