
Una idea para el debate

Oriente Medio atraviesa transformaciones sin precedentes que están redefiniendo el equilibrio regional de poder y seguridad. Tras años de guerras abiertas y conflictos por intermediación, la región avanza gradualmente hacia un nuevo enfoque basado en el fortalecimiento del Estado nacional, la reducción de la influencia de las organizaciones armadas no estatales y la reconstrucción de las instituciones militares y de seguridad como la única garantía de estabilidad. En este contexto, el Líbano tiene una oportunidad excepcional para replantear su arquitectura de defensa de manera acorde con los cambios regionales y, al mismo tiempo, preservar sus intereses nacionales.
A lo largo de las últimas décadas, Hezbolá ha acumulado capacidades militares y tecnológicas avanzadas en materia de mando y control, inteligencia, drones, guerra electrónica, comunicaciones y logística. Ese conjunto de conocimientos constituye un valioso capital humano que no debería desperdiciarse. Por el contrario, dentro del marco de la autoridad legítima del Estado, debería integrarse al Ejército libanés y a las instituciones de seguridad del país, fortaleciendo así la soberanía estatal en lugar de perpetuar la dualidad de la autoridad en materia de seguridad.
La experiencia internacional, desde Sudáfrica hasta Colombia, demuestra que poner fin a los conflictos no pasa por excluir a los combatientes ni por desaprovechar la experiencia que han adquirido, sino por reincorporarlos a las instituciones del Estado conforme a criterios profesionales y jurídicos claramente establecidos. El éxito de cualquier proceso de transición depende, en última instancia, de la capacidad del Estado para integrar esas competencias, al tiempo que afirma su monopolio absoluto sobre el uso de la fuerza y sobre la decisión de ir a la guerra o hacer la paz.
Las transformaciones que hoy atraviesa la región, junto con las nuevas prioridades económicas y de seguridad que imponen, hacen indispensable que el Líbano inicie un diálogo nacional sobre una estrategia integral de defensa. Ese proceso debería ir acompañado de un plan para modernizar al Ejército libanés, crear un Centro Nacional de Innovación para la Defensa y la Ciberseguridad, y aprovechar la experiencia libanesa en tecnologías e industrias de defensa de vanguardia. La nueva ecuación ya no se basa en la existencia de múltiples centros de poder, sino en un Estado fortalecido por sus instituciones, capaz de proteger sus fronteras, ganarse la confianza de la comunidad internacional y atraer inversiones.
El momento actual no es para ajustar cuentas, sino para construir un nuevo pacto nacional que ponga todas las capacidades y todos los conocimientos al servicio de la República. Los Estados no se recuperan porque un bando se imponga sobre otro, sino cuando el propio Estado se convierte en el único vencedor y cuando las armas, la decisión soberana y la soberanía misma quedan plenamente bajo la autoridad de las instituciones constitucionales. Solo así el Líbano podrá abrir el camino hacia la estabilidad y la prosperidad en un Oriente Medio que cambia con rapidez.