La pregunta no podría ser más sencilla. ¿Tiene Líbano un solo gobierno encabezado por Nawaf Salam, o varios gobiernos, cada uno con su propia agenda y bajo el control de uno u otro ministro? Era natural que Nawaf Salam resolviera el asunto e impidiera que el ministro de Defensa, Michel Menassa, tomara la palabra durante la sesión parlamentaria en la que se aprobó la ley de amnistía, con sus aciertos y sus fallas, una ley que refleja mejor que cualquier otra cosa el estado de Líbano, con todo su deterioro y sus tensiones. Nada ilustra mejor este deterioro libanés que la alianza entre Hezbolá y la Corriente Patriótica Libre, encabezada por Gebran Bassil, yerno del expresidente Michel Aoun. Esta alianza se opuso a la ley de amnistía y respaldó al ministro de Defensa, quien pretendía expresar ante el Parlamento la posición del ejército libanés sobre dicha ley. Esto habría significado socavar desde sus cimientos el sistema vigente, al presentar al ejército como una entidad autónoma respecto del Consejo de Ministros. En otras palabras, el ejército tendría una posición propia, paralela a la del Consejo de Ministros, que representa al poder ejecutivo… o al menos eso se supone.















