
Con el telón de fondo de más de un millón de desplazados y los escombros de más de cincuenta y cinco pueblos y localidades libanesas del Sur, la «República Islámica» celebró en Beirut —capital del Líbano— la ceremonia del cuadragésimo día de luto por el «Guía» iraní Alí Jamenei, asesinado por América e Israel el pasado 28 de febrero. El espectáculo de esta conmemoración revela una desvergüenza sin parangón, tanto más cuanto que el embajador iraní Mohammad Reza Shibani —declarado persona non grata por el gobierno libanés— ocupaba la primera fila, sin haber presentado jamás sus cartas credenciales. Su persistente presencia en Beirut no es sino una muestra más del desprecio con que Irán trata al Líbano y a los libaneses, un desprecio que es, en su esencia, de naturaleza persa, sustentado en un sentimiento de superioridad respecto de todo lo árabe en la región.














