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"El amanecer de Yemen": un punto de inflexión con consecuencias duraderas (2)

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Publicado oct 15, 2026 - 19:24

II - ¿Hacia dónde?

La transformación que representa la operación “Amanecer de Yemen” no puede comprenderse únicamente a partir de sus resultados militares inmediatos, ni basta con examinar las posturas declaradas por las partes involucradas en la guerra. La cuestión trasciende los enfrentamientos sobre el terreno y alcanza la reconfiguración de los equilibrios regionales, el futuro de Yemen y el lugar que ocupa en los esquemas de seguridad árabe y las rutas marítimas internacionales.

La comparación entre “Amanecer de Yemen” y la operación “Tormenta Decisiva” de 2015 permite apreciar, quizás, la magnitud de los cambios que se han producido en la naturaleza y los objetivos de la guerra. En aquel momento, Arabia Saudita entró en el conflicto con el propósito declarado de restablecer la legitimidad e impedir que los hutíes tomaran el control del Estado yemení, apoyándose en una amplia superioridad militar y una coalición regional. Sin embargo, los años de guerra demostraron que la superioridad militar no basta para resolver un conflicto en el que las divisiones internas se entrelazan con los cálculos regionales y donde la geografía se convierte en un factor de poder tan importante como las armas.

Hoy, los cálculos parecen más complejos. Riad ya no se enfrenta a un adversario local de capacidades limitadas, sino a una fuerza que ha acumulado experiencia de combate, ha adquirido tecnología militar y ha sabido aprovechar la ubicación geográfica de Yemen para ejercer presión sobre sus adversarios. Al mismo tiempo, Arabia Saudita ha adquirido mayor conciencia del costo de una guerra abierta y de los riesgos que supone la persistencia de las amenazas contra sus fronteras, sus instalaciones estratégicas y la seguridad de la navegación en el mar Rojo.

Por ello, la pregunta no se limita a lo que la operación pueda conseguir militarmente, sino a si será capaz de sentar las bases de una etapa diferente que ponga fin a la dinámica de desgaste, o si abrirá una nueva ronda de guerra con medios más peligrosos.

Arabia Saudita: entre una resolución militar decisiva y la reconfiguración de los equilibrios

Arabia Saudita enfrenta una prueba que va más allá de recuperar la iniciativa militar. El éxito de cualquier iniciativa no se mide únicamente por su capacidad para infligir pérdidas a los hutíes, sino también por la posibilidad de impedirles reconstruir su poder y privarlos de la capacidad de utilizar el territorio yemení como plataforma para amenazar al reino y las rutas marítimas.

Pero lograrlo requiere algo más que presión militar. La cuestión fundamental gira en torno a la alternativa política capaz de llenar el vacío y a la capacidad de las fuerzas yemeníes contrarias a los hutíes para superar sus diferencias y presentar un proyecto de Estado que trascienda los intereses locales y faccionales.

Aquí radica uno de los problemas de la experiencia anterior: los objetivos se multiplicaron y las prioridades de los aliados divergieron, mientras que la construcción de una autoridad yemení capaz de unificar el país siguió siendo una meta postergada. Si esta situación se repite, podrían conseguirse avances militares sin que estos se traduzcan en una estabilidad duradera.

Irán y los hutíes: los límites de la influencia y de la autonomía de decisión

No es posible separar la posición de los hutíes de su relación con Irán. Sin embargo, reducir el movimiento yemení a un simple instrumento iraní supone ignorar sus raíces locales, sus intereses propios y su capacidad para tomar decisiones en función de sus cálculos internos.

Teherán se beneficia de la presencia de una fuerza aliada cerca de Bab el-Mandeb y el mar Rojo, lo que le permite ampliar sus instrumentos de presión regional y elevar el costo de una confrontación para sus adversarios. No obstante, esta influencia no significa necesariamente que Irán controle todas las decisiones de los hutíes ni que pueda garantizar los resultados de una eventual escalada.

Teherán podría considerar la continuación de los enfrentamientos como un medio para aumentar su capacidad de negociación, pero también podría verse expuesto a los riesgos de una ampliación de la guerra, especialmente si las operaciones se convierten en una amenaza directa para la navegación internacional o los intereses estadounidenses.

Por su parte, los hutíes enfrentan una ecuación igualmente compleja: la escalada puede permitirles asegurar su presencia en cualquier acuerdo, pero al mismo tiempo incrementa el costo de la guerra para la sociedad yemení y aumenta la posibilidad de que sus capacidades y los territorios bajo su control sean objeto de ataques. Entre las consideraciones locales y los cálculos iraníes, la cuestión del grado de autonomía de las decisiones hutíes sigue siendo un factor fundamental para determinar el rumbo de la próxima etapa.

Emiratos Árabes Unidos y el sur: objetivos contradictorios

El análisis de la situación yemení estaría incompleto sin examinar el papel de Emiratos Árabes Unidos, especialmente en el sur, la costa y los puertos. Aunque Arabia Saudita y Emiratos comparten intereses en su enfrentamiento con los hutíes, no necesariamente coinciden en su visión del futuro de Yemen y de su estructura política.

Los cálculos emiratíes están vinculados a la seguridad de las rutas marítimas y los puertos, así como a sus relaciones con las fuerzas del sur, cuyos proyectos políticos difieren del proyecto de un Estado yemení unificado. Aquí surge una contradicción fundamental: ¿las operaciones militares contribuirán a unificar el frente contrario a los hutíes o reavivarán las diferencias entre sus componentes?

Debilitar a los hutíes, si no va acompañado de un entendimiento entre Arabia Saudita y Emiratos sobre la configuración del futuro poder político, podría abrir la puerta a nuevos conflictos por la influencia, los recursos y los puertos. En ese caso, el problema no sería la falta de poder militar, sino la ausencia de un proyecto político capaz de convertirlo en estabilidad.

Bab el-Mandeb y el mar Rojo: la dimensión internacional de la guerra

La ubicación geográfica de Yemen otorga al conflicto dimensiones que trascienden sus fronteras. Bab el-Mandeb no es simplemente un paso marítimo, sino un eslabón fundamental del comercio y el transporte de energía entre Asia y Europa. Cualquier amenaza sostenida contra la navegación en el estrecho obliga a las potencias internacionales a afrontar consideraciones directas de seguridad y económicas.

En este contexto, una ampliación de los enfrentamientos podría provocar un aumento de las intervenciones extranjeras, pero también podría impulsar un acuerdo motivado por los intereses internacionales de garantizar la libertad de navegación e impedir que el mar Rojo se convierta en un escenario de conflicto permanente.

En este sentido, destaca la importancia de Omán, gracias a sus canales de comunicación y su experiencia en mediación, junto con el papel de Estados Unidos, que podría oscilar entre apoyar la presión militar y buscar contener la escalada. Sin embargo, los intereses internacionales no necesariamente coinciden con los del pueblo yemení. Las grandes potencias podrían conformarse con garantizar la seguridad de las rutas marítimas sin abordar las causas de la guerra ni las divisiones internas.

Los escenarios futuros: entre la solución política y el desgaste

Pueden contemplarse tres escenarios principales para la próxima etapa.

El primero sería que las operaciones lograran modificar la correlación de fuerzas, abriendo el camino a negociaciones más serias que obligaran a los hutíes a renunciar al uso de la fuerza para imponer sus decisiones y permitieran reconstruir las instituciones del Estado sobre la base de una colaboración entre las distintas fuerzas nacionales.

El segundo consistiría en una disminución de la intensidad de las operaciones sin un desenlace decisivo, lo que devolvería la guerra a una dinámica de desgaste mutuo, con la persistencia de las divisiones yemeníes y la multiplicidad de centros de influencia. Esta posibilidad no puede descartarse, a la luz de las experiencias de los últimos años y de la capacidad de las partes para adaptarse a las pérdidas.

El tercero sería una ampliación regional de los enfrentamientos, con los riesgos que ello supondría para Arabia Saudita, el mar Rojo y los intereses internacionales, convirtiendo a Yemen en otro escenario de ajuste de cuentas regional. Esta evolución podría conducir a intervenciones más amplias, sin garantizar una solución política más estable.

Sin embargo, existe otra posibilidad, que depende de la capacidad de las partes para extraer lecciones de la experiencia anterior: que la presión militar se convierta en una vía hacia una solución política, en lugar de constituir un fin en sí misma. Esto requiere un consenso regional que impida perpetuar la guerra, así como acuerdos entre los yemeníes que aborden la cuestión del sur, devuelvan a las instituciones del Estado el papel que les corresponde y pongan fin a la proliferación de ejércitos y centros de decisión.

En definitiva, el pueblo yemení no debe quedar excluido de los cálculos que definen el futuro de su país. La sociedad yemení ha pagado un precio enorme en recursos, estabilidad y unidad, mientras que el Estado ha seguido siendo incapaz de proporcionar un mínimo de seguridad, servicios y derechos.

“Amanecer de Yemen” podría representar un punto de inflexión con consecuencias duraderas, pero no llegará a serlo por el simple desplazamiento de las líneas del frente. La verdadera prueba reside en la capacidad de pasar de administrar la guerra a ponerle fin, y de los equilibrios de poder temporales a la construcción de un Estado capaz de proteger su soberanía y unificar a su sociedad.

Porque el criterio definitivo no es quién gana esta ronda militar, sino quién puede poner fin a la guerra, reconstruir el Estado y devolver a los yemeníes su derecho a decidir su propio futuro.

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