
¿Prosa poética o poesía prosaica? Esa es la primera impresión que atrapa al lector en Esta vieja canción que arde. La escritura ocupa un lugar central en esta segunda novela de Alexandre Lenot, que mantiene al lector en vilo más por sus largas y exuberantes frases que por su trama dramática. En ella se habla de lazos familiares debilitados, de la condición de gemelo, de identidad mestiza, de la búsqueda de amor y reconocimiento, de ecología y de activismo. Es una obra densa, pero fluye con naturalidad: la novela arrastra al lector a una espiral de acontecimientos crueles que se funden en una escritura de una fuerza embriagadora.
Esta es la obra que el Premio de los Cinco Continentes de la Francofonía ha elegido distinguir en su 25.ª edición. Una elección que cobra especial resonancia cuando el premio celebra un cuarto de siglo dedicado a las literaturas de expresión francesa de todo el mundo.
Desde su creación en 2001, el premio busca dar a conocer obras que reflejen la diversidad de los imaginarios en lengua francesa. Esa diversidad no es solo geográfica: también se manifiesta en los universos, las sensibilidades y las formas literarias que el francés permite hacer coexistir. Está en juego, asimismo, la visibilidad, en un panorama editorial donde no todas las obras cuentan con las mismas posibilidades de difusión.
Porque Esta vieja canción que arde revela algo de esa literatura francófona que el premio respalda: una literatura que no se define por un origen, una escuela o un único territorio, sino por la capacidad de la lengua para acoger historias e imaginarios diferentes. Hijo de padre francés y madre egipcia, Lenot encarna, tanto por su trayectoria como por su escritura, esa idea de una lengua francesa atravesada por múltiples pertenencias. Seis comités de lectura repartidos por el espacio francófono participaron en la selección, antes de que decidiera un jurado internacional compuesto por escritores y profesionales de diversas procedencias. Una legitimidad literaria nacida del contraste de miradas.
Un premio para que las obras circulen
El jurado elogió en su novela una «lengua de cadencia hipnótica» y una naturaleza «casi mitológica» en la que se entrelazan el silencio, el amor, el duelo y la posibilidad del perdón. Pero el libro también explora la posibilidad de construirse a partir de las carencias. Desconcierta en sus primeras páginas para después atrapar con más fuerza al lector.
El reconocimiento no termina con la entrega del premio. La OIF acompaña al ganador en encuentros literarios y eventos internacionales para dar a conocer su obra a nuevos públicos. La iniciativa también busca favorecer la circulación de derechos y la coedición. No se trata, por tanto, solo de premiar un texto, sino de brindarle oportunidades para traspasar las fronteras del mercado editorial.
La traducción, otro puente entre las lenguas
Esta circulación encuentra una prolongación natural en otro premio impulsado por la OIF: el Premio de Traducción Ibn Jaldún-Léopold Sédar Senghor, creado junto con la Organización Árabe para la Educación, la Cultura y las Ciencias (Alesco). Concedido en 2025 a la traductora Stéphanie Dujols por Soy mi libertad, del escritor palestino Nasser Abu Srour, plantea la cuestión desde otro ángulo: hacer circular las literaturas también significa permitir que una obra escrita en una lengua entre en el imaginario de otra y transforme miradas a veces moldeadas por prejuicios.
Adaptado del original árabe Relato de un muro, el texto de Abu Srour relata la experiencia de un preso palestino que convierte la pared de su celda en confidente y en espejo de su búsqueda de libertad interior. La traducción de Dujols, elogiada por su precisión, claridad y sensibilidad, no es, por tanto, un mero trasvase de una lengua a otra. Hace posible un encuentro. Traducir, en este caso, no consiste solo en transmitir un relato: también hay que recrear una voz, una sensibilidad y una escritura, para que el lector de otra lengua pueda sentir su fuerza.
Es ahí donde confluyen ambos premios. Uno distingue las voces que dan vida a la lengua francesa; el otro, a quienes permiten que esas voces, y otras, traspasen las fronteras lingüísticas. En ambos casos, se trata de circulación, de derribar barreras y de diálogo, pero, sobre todo, de ampliar horizontes.
En Beirut, esta circulación de las obras adquiere una forma concreta. En el marco de Beyrouth Livres, los dos galardonados están invitados a encontrarse con el público. Stéphanie Dujols conversará con Rana Idris sobre la traducción de Yo soy mi libertad, mientras que Alexandre Lenot compartirá reflexiones con el escritor libanés Charif Majdalani. Dos encuentros que ilustran, cada uno a su manera, la vocación de estos premios: dar a conocer obras, propiciar intercambios y tender puentes entre las lenguas y los imaginarios.
Al presentar en el Líbano a estos dos galardonados, la OIF no se limita, por tanto, a defender una lengua. Propicia el encuentro entre culturas que, sin esta circulación de las obras, quizá nunca habrían tenido la oportunidad de conocerse.


















