
La memoria libanesa está jalonada de momentos importantes, pero pocos han constituido un verdadero punto de inflexión en la historia del país como la manifestación del 14 de marzo de 2005. Ese día, no se trató simplemente de una manifestación masiva en el corazón de Beirut, sino de un raro momento en que los libaneses se unieron en torno a una idea común: la restauración del Estado. Este momento ocurrió tras el asesinato del ex primer ministro Rafik Hariri, un crimen que no solo sacudió Líbano, sino que también trastocó el curso de su vida política. El asesinato de una figura de la talla de Hariri no fue un simple incidente de seguridad, sino un verdadero seísmo político que reveló la magnitud de la crisis que atravesaba Líbano, bajo el yugo de seguridad y político de Damasco desde el fin de la guerra civil.












