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Opinión

Trump y el Líbano: una oportunidad que no hay que perder

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Por Karim Tabet
Publicado ene 23, 2026 - 20:05

El Líbano se encuentra hoy en un punto de inflexión decisivo. Tiene ante sí una oportunidad excepcional, quizá única, para liberarse de una vez por todas de su enemigo más peligroso: Hezbolá, la organización militar respaldada por Irán que ha dominado la vida política interna del país durante más de cuarenta años.

Bajo el pretexto de proteger la seguridad del Líbano y defenderlo frente a Israel, Hezbolá ha provocado, en realidad, caos, destrucción, colapso económico y sufrimiento. Su historial evidencia una incompetencia y una impotencia absolutas: no ha logrado defender ni un solo centímetro del territorio libanés ni infligir un daño estratégico serio a Israel. Aun así, pese a su derrota y descrédito evidentes, la organización sigue negándose a cumplir la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU.

Hasta ahora, las ideas e iniciativas diplomáticas del presidente Trump orientadas a resolver este problema han sido recibidas con la negación y el rechazo categórico de Hezbolá a desmantelar por completo su arsenal militar al norte del río Litani. Sin embargo, este títere del régimen iraní de los mulás se encuentra hoy entre la espada y la pared. Incapaz de desligarse de su patrocinador, tampoco puede justificar ante la comunidad chiita, a la que dice representar de manera engañosa, que las cartas ya están echadas, que los vientos de cambio son irreversibles y que ha llegado el momento de la paz con Israel.

Décadas de violencia innecesaria y de confrontación ideológica no han dejado al Líbano más que estancamiento y retroceso. Mientras tanto, los países del Golfo Árabe atraviesan un período de crecimiento económico sin precedentes, desarrollo social y mayores perspectivas para sus jóvenes generaciones. Las vacías quimeras del panarabismo han quedado atrás, reemplazadas por el realismo, el pragmatismo y el sentido común.

Sin duda, la llegada del presidente Trump marca un punto de inflexión en el panorama político de Medio Oriente y representa una oportunidad única para que el Líbano logre finalmente zafarse del control asfixiante de los mulás iraníes y de sus aliados locales. Nunca un presidente estadounidense había ofrecido al Líbano, de forma tan clara, la posibilidad de pasar página e inaugurar un nuevo capítulo prometedor para todos sus ciudadanos. A diferencia de la complacencia y las dilaciones interminables de anteriores administraciones demócratas, el actual liderazgo estadounidense está decidido, incluso mediante el uso de la fuerza si fuera necesario, a imponer la paz y la estabilidad en la región.

Con la excepción de algunos Estados y actores reacios como Irán, Hezbolá, Yemen y, en menor medida, Irak, el clima regional dominante se aleja de la arrogancia y se orienta hacia el pragmatismo. Corregir y desmantelar las desastrosas y deliberadamente erróneas políticas exteriores de la administración Obama, que fortalecieron al régimen iraní y alejaron a los países del Golfo, no es una tarea sencilla. Sin embargo, el presidente Trump avanza claramente en esa dirección.

En paralelo a estos cambios, el propio Líbano tiene un papel fundamental que desempeñar si realmente desea aprovechar esta oportunidad histórica y no perder el tren puesto en marcha por el presidente Trump.

Las autoridades libanesas, el presidente y el gobierno, deben imponer de inmediato el desarme de Hezbolá en todo el territorio nacional. Esto permitiría destrabar la implementación de otras reformas esenciales y largamente postergadas. La reiterada invocación del fantasma de una guerra civil no es más que un recurso intimidatorio, utilizado de forma cínica para encubrir la debilidad política y la inacción.

Si no se actúa, la población deberá despertar, tomar la iniciativa y reaccionar. Es imprescindible ordenar la casa si el Líbano aspira a ser tomado en serio por la comunidad internacional. Con al menos el 75 por ciento de la población a favor del desarme de Hezbolá, debe lanzarse sin demora una campaña bien organizada y de amplia visibilidad. Los partidos políticos contrarios a Hezbolá deben ser presionados por sus propios votantes para que apoyen, y no obstaculicen, estos esfuerzos. Por una vez, la presión debe surgir desde la base hacia arriba, y no al revés.

Esta campaña puede adoptar múltiples formas y no debe limitarse a una sola línea de acción:

  • conferencias, editoriales y pódcasts;

  • presencia en medios internacionales;

  • reuniones con embajadas;

  • marchas y protestas bajo la protección del Ejército libanés.

El Líbano cuenta con un valioso capital humano independiente dispuesto a contribuir a este esfuerzo. No obstante, ello requerirá financiamiento, coordinación y un compromiso sostenido a largo plazo.

Si todo lo anterior fracasa, la desobediencia civil deberá convertirse en el credo de la ciudadanía: negativa a pagar impuestos, boicots a la administración pública, paros laborales y presión constante sobre la clase política. La voluntad colectiva debe imponerse si el Líbano quiere volver a ver la luz.

Por último, queda una pregunta fundamental sin respuesta: ¿renunciará Irán a sus ambiciones megalómanas y ordenará a Hezbolá apartarse de una vez por todas, o sufrirá, junto con su aliado, otra derrota histórica a manos de Israel y Estados Unidos? Las consecuencias de la última reunión entre Trump y Netanyahu arrojarán, sin duda, luz sobre el rumbo de los acontecimientos por venir.

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