


Hay razones de sobra para rechazar el término debellatio. Este concepto jurídico, de una brutalidad extrema, designa en el derecho internacional la subyugación de un Estado y su erradicación mediante la violencia armada. Alude a una situación de aniquilación militar, política y legal total de un país como resultado de una guerra devastadora, como la que vivió Cartago al final de las Guerras Púnicas, o la Alemania nazi tras la caída de Berlín en mayo de 1945. ¿Y qué ocurre con el Líbano? ¿No corre el riesgo de enfrentar un destino similar, supuestamente en nombre de los “actos de resistencia” del Hezb?
Normalización, pero ¿a qué costo?
¿Significa esto que los Acuerdos de Abraham, para atar a nuestro país a su caravana triunfante, requieren una debellatio previa, es decir, la subyugación de territorios recalcitrantes a la pax americana? Estos acuerdos internacionales, firmados en 2020 entre Israel y varios Estados del Golfo, pusieron en marcha un proceso de normalización diplomática, económica y de seguridad entre regímenes árabes y el Estado hebreo. Al hacerlo, relegaron a una oposición frontal a los defensores del llamado “eje de la resistencia” (al-mumana‘a), a saber, Irán y sus tres “H”: Hamás, los hutíes y Hezbolá*.
Una vez iniciado este proceso, el Líbano, tarde o temprano, se vería obligado a elegir su camino. Sin embargo, el Hezb no puede acomodarse a un “arreglo” de este tipo, que no toma en cuenta los intereses de su patrocinador iraní. Por ello, asumirá el papel de saboteador, bloqueando cualquier avance hasta que se alcance un compromiso entre Estados Unidos y la República Islámica de los mulás, si es que tal compromiso llega a materializarse. No hace falta decir que, en el pulso actual, el programa nuclear iraní ya ha desplazado a la cuestión palestina, hoy relegada a un segundo plano. Natanz, Fordow y otros sitios nucleares se han convertido en los principales escollos en el camino hacia la desescalada regional.
Un cambio de paradigma
Volvamos al punto central: si los Acuerdos de Abraham amenazan con salirnos muy caros a los libaneses es porque nos empujan hacia la normalización, algo que “trastocaría el equilibrio tradicional basado en la solidaridad árabe”, una solidaridad cimentada en la hostilidad hacia Israel. En pocas palabras, si estos acuerdos se implementaran, introducirían un auténtico cambio de paradigma. Dicho esto, el Hezb, que mantiene al Estado libanés contra las cuerdas, no puede aceptar abandonar la lucha armada. Salvo que reciba una orden directa de Teherán, no entregará sus armas, que constituyen su razón de ser y definen su modo de operar. Desde su perspectiva recalcitrante, resulta preferible resistir en apoyo de Irán y abrazar el martirio de Gaza antes que someterse a las exigencias de la paz.
La seducción de las ruinas
Un matiz, sin embargo: en lo que respecta al Hezb, el concepto de debellatio solo puede invocarse de manera metafórica. Desde un punto de vista jurídico, no aplica, ya que el Partido de Dios no es un Estado, sino una organización político-militar. No obstante, esta objeción válida es, en realidad, poco más que una pirueta retórica. Pasa por alto el hecho de que este partido, respaldado por Irán, se ha infiltrado y atrincherado en todos los niveles del Estado libanés. En su escalada, ¿no podría verse tentado a arrastrar a nuestro país a un torbellino, un remolino impetuoso que todo lo engulle a su paso? Ya sea en forma de un choque directo con Israel, una confrontación con el régimen sirio o, peor aún, una guerra civil insensata y devastadora. La fascinación del Hezb por los escombros apenas necesita subrayarse.
* Siria ya no figura en la lista de actores subordinados.