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Opinión

Rafic Hariri, 21 años después: ¿cómo ha cambiado Líbano?… ¿y si todavía estuviera entre nosotros?

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Por Jad Akhawi
Publicado feb 14, 2026 - 02:19

El 14 de febrero de 2005, no fue solo un hombre el asesinado, sino todo un equilibrio el que se desmoronó. El asesinato de Rafic Hariri marcó un punto de inflexión en la historia moderna del Líbano: el momento en que el país pasó de una tutela directa a un conflicto interno abierto a todas las eventualidades. Veintiún años después, la cuestión parece ir más allá del simple recuerdo: ¿qué ha cambiado? ¿Dónde está el Líbano hoy? Y si Hariri aún estuviera entre nosotros, ¿cómo habría gestionado este trastorno?

Del terremoto a la división

El asesinato empujó a cientos de miles de personas a las calles, las fuerzas sirias se retiraron y surgió una profunda división entre los bandos del 14 de marzo y del 8 de marzo. Pero la liberación de la tutela no generó estabilidad, sino más bien un largo período de polarización en torno a la soberanía, las armas de Hezbolá y el papel regional del Líbano.

Desde entonces, cada cuestión interna ha estado ligada a los equilibrios externos, desde la elección presidencial hasta la formación de gobiernos.

La economía: de la reconstrucción al colapso

Hariri fue el símbolo de la reconstrucción posguerra civil: reconstruyó el centro de Beirut, reconectó el Líbano con el mundo y fundó su reputación en una economía de mercado y servicios públicos. Pero después de su asesinato, este mismo modelo persistió, privado de la red de seguridad política que ofrecía. La deuda se acumuló, las reformas se pospusieron y la economía se mantuvo frágil, dependiendo de una renta.

Con la guerra en Siria, y luego el levantamiento de 2019, el sistema financiero colapsó. La moneda se desplomó, los depósitos se volatilizaron y la clase media se erosionó. El Líbano no se derrumbó repentinamente en 2020; llevaba años en plena debacle, sin que se manifestara una figura capaz de imponer un acuerdo para detener su declive.

El Líbano frente a las transformaciones regionales

En los últimos años, la región ha experimentado cambios radicales: el ascenso de Irán, el cambio de prioridades del Golfo y la transformación de Siria en un campo de batalla. Los lazos del Líbano con el eje liderado por Teherán bajo Ali Jamenei se han fortalecido, y su implicación en los conflictos regionales ha aumentado a través de Hezbolá.

Paralelamente, la «herencia política de Hariri» se ha desvanecido, especialmente con la retirada de Saad Hariri de la escena política. El equilibrio nacional se ha visto perturbado y el Líbano ha parecido menos apto para desempeñar un papel mediador y más inmerso en los conflictos ajenos.

Justicia y memoria

El Tribunal Especial para el Líbano fue creado y se dictó un veredicto condenando a uno de los acusados en rebeldía. Sin embargo, persiste la sensación general de injusticia. El asesinato de Hariri no fue un crimen aislado, sino el comienzo de una fase de violencia política. Entre quienes lo ven como un símbolo de esperanza y apertura y quienes critican su modelo económico, su asesinato sigue siendo un momento crucial que es imposible ignorar.

Si aún viviera hoy… ¿qué haría?

La pregunta es hipotética, pero se puede interpretar a la luz de su enfoque.

En el plano económico:

Habría concluido rápidamente un acuerdo claro con el Fondo Monetario Internacional y habría emprendido una verdadera reestructuración de los bancos y la deuda pública. No habría sido partidario de gestionar la crisis mediante la negación, sino de encontrar un compromiso importante: apoyo internacional a cambio de reformas profundas en el sector eléctrico y la gobernanza.

En las relaciones árabes:

Habría trabajado para reconectar al Líbano con sus socios del Golfo y con la escena internacional, aprovechando cualquier acercamiento irano-árabe para mitigar las tensiones internas. Su fuerza residía en su red de relaciones y su capacidad para reconciliar a las partes adversas.

Sobre la cuestión del armamento:

Probablemente no habría optado por una confrontación directa con Hezbolá, sino por un diálogo progresivo sobre una estrategia de defensa, al mismo tiempo que reforzaría las instituciones estatales en los planos económico y de seguridad para reducir la dependencia de las armas extranjeras.

Para restablecer la confianza:

Sabía que la política necesita esperanza. Podría haber lanzado proyectos de gran envergadura que habrían demostrado al pueblo que el Estado aún no había muerto.

Entre el hombre y la época:

¿Habría tenido éxito? Nadie puede afirmarlo con certeza. La región es hoy mucho más compleja, y el apoyo exterior está condicionado a reformas rigurosas. Pero muy probablemente habría intentado imponer un acuerdo importante antes de llegar a este profundo colapso.

Veintiún años después, la pregunta persiste: ¿el problema residía en la ausencia de Rafik Hariri, o en la incapacidad de los libaneses para llevar a cabo el proyecto de construcción estatal que él había emprendido?

El Líbano ha cambiado considerablemente desde 2005: la moneda se ha desplomado, las alianzas han evolucionado y la confianza en el Estado se ha erosionado. Pero la necesidad sigue siendo la misma: un Estado soberano y justo, capaz de proteger su economía y a sus ciudadanos.

Este aniversario no es solo una simple conmemoración, es una prueba. El asesinato de Hariri marcó un punto de inflexión. Salvar al Líbano hoy exige una decisión igualmente valiente.

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