De los escombros del 14 de marzo de 2005 no emergieron sino otros escombros, encarnados simbólicamente en los del puerto de Beirut atomizado el 4 de agosto de 2020. Vaciado de sustancia por las guerras, las ocupaciones y las oleadas incesantes de corrupción, el Estado libanés ha sido transformado en plataforma, y su poder soberano usurpado por turnos por las distintas fuerzas de facto. Con la estructura estatal — incluso en los tiempos ya idos de su gloria y esplendor — las comunidades libanesas han mantenido todas ellas una relación fantasmática, casi libidinal, pero también de desprecio, de violencia, de algo que roza lo BDSM.






