El jugador argentino, que puso fin a su carrera internacional el 31 de agosto de 2026, no era nada menos que un prestidigitador de los estadios. Su trayectoria, hecha de prodigios, caídas y redención, quizá diga algo sobre nuestra intacta necesidad de encantamiento en un mundo que, sin embargo, pretende haberse desprendido de él. Anunciado pocas semanas después de la final del Mundial de 2026, perdida ante España, el retiro internacional de Lionel Messi no dejó de provocar una emoción para la cual resulta difícil encontrar muchos equivalentes en la historia reciente del fútbol. Probablemente habría que remontarse a Maradona, o también a Cruyff o Pelé, para recuperar esa sensación de que, con el retiro de un jugador, desaparece algo que rebasa con mucho al deporte mismo, como si cierta manera de habitar el fútbol, o incluso de creer en él, llegara también a su fin.






