
¿A cuál Donald Trump debemos creerle? ¿Al que comprende, en lo más profundo, lo que representa Irán bajo el régimen establecido en 1979, o al que parece haberse acercado a las ilusiones de Barack Obama, convencido de que Teherán tenía las llaves de todas las crisis regionales y de que su expediente nuclear las contenía todas? Obama llegó incluso a convencerse de que el islam chiita radical, encarnado por la Guardia Revolucionaria y sus aliados en toda la región, era fundamentalmente diferente del islam sunita radical, representado por Al Qaeda, ISIS y, antes y después de ellos, los Hermanos Musulmanes. Nunca comprendió que el fanatismo religioso, cualquiera que sea su forma, cristiana, islámica, judía o hindú, no es más que distintas caras de una misma moneda.









