
Seis años después de la explosión catastrófica en el puerto de Beirut, cuando es más que probable que Hezbolá, con la complicidad de otros actores, haya protegido el almacenamiento de nitrato de amonio, el Líbano sigue resistiendo a su enemigo interno. Ese enemigo está representado por las armas de Hezbolá, utilizadas tanto dentro como fuera del país, especialmente en Siria, mucho antes de la llamada “guerra de apoyo a Gaza”, una guerra que terminó provocando una tragedia para la comunidad chiita y, sobre todo, un desastre nacional para el Líbano. Las declaraciones más recientes del secretario general de Hezbolá, Naim Qassem, constituyen una nueva prueba de ello. Acusó a las autoridades libanesas de “haber ayudado a Israel en lugar de ayudar al Líbano”, y añadió que “el presidente Joseph Aoun se ha convertido en parte del conflicto y en un factor de división, algo incompatible con el papel que le corresponde desempeñar”.










