
En un momento regional de extrema complejidad, el Líbano se enfrenta a una cuestión existencial que va mucho más allá de los cálculos políticos cotidianos y de las divisiones tradicionales: ¿qué quiere obtener de unas posibles negociaciones con Israel?, ¿qué puede ofrecer?, ¿y tiene realmente la capacidad interna para cumplir los compromisos que puedan derivarse de ellas? Estas preguntas han dejado de ser teóricas. Ahora están directamente vinculadas al destino del Estado libanés, a la posibilidad de que cientos de miles de ciudadanos regresen a sus pueblos y a la capacidad del país para salir de su condición de “escenario de confrontación abierta” y convertirse, por fin, en un Estado normal, dueño de sus fronteras y de sus decisiones.










