
La historia no solo recuerda las ciudades donde terminan las guerras, sino especialmente aquellas donde nacen nuevos regímenes. Por eso, Roma podría no ser recordada mañana simplemente como la ciudad que acogió una nueva ronda de negociaciones entre Líbano e Israel. Podría pasar a la historia como el lugar donde comenzó la refundación de la arquitectura política y de seguridad libanesa, tras una guerra que alteró profundamente el equilibrio regional. Las reuniones previstas en Roma no se limitan a examinar las modalidades de un alto el fuego, una retirada israelí o un intercambio de prisioneros, por cruciales que sean estas cuestiones. Forman parte de un proceso más amplio destinado a transformar las consecuencias de la guerra en una nueva realidad política, para evitar cualquier retorno al statu quo anterior.









