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Mirada posada

¡Cuidado con el federalismo en el Líbano!

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Publicado oct 17, 2026 - 20:35

Si algunas voces políticas y mediáticas del bloque que antes se jactaba de llamarse a sí mismo el “eje del rechazo” no muestran preocupación por la destrucción de más pueblos mientras enarbolan consignas demagógicas e irresponsables, otras voces, del lado opuesto, no son menos temerarias al apresurarse a pedir la paz y la normalización. Sin importarles la ocupación de más de sesenta pueblos en el sur del Líbano, se precipitan hacia cualquier iniciativa irreflexiva con el único propósito de condenar el acto irresponsable de haber arrastrado al Líbano a la guerra.

Entre el desafío irresponsable y la rendición a cualquier precio, el país queda atrapado en posturas demagógicas y vacías. Por un lado, hay quienes están dispuestos a provocar más destrucción en nombre de consignas que la última guerra dejó sin validez. Por el otro, hay quienes están dispuestos a volver a contar la historia, desde la guerra civil hasta nuestros días, a través del prisma de lo correcto y lo incorrecto, para utilizar esa interpretación como base para promover una paz imposible y una normalización para la que todavía no ha llegado el momento.

Es una paradoja extraña: algunos están dispuestos a conducir al país hacia aventuras militares cuyo fracaso quedó demostrado con el derrumbe del “equilibrio de disuasión”, y hacerlo sobre los restos de cuerpos mutilados. Otros están dispuestos a empujar al país hacia soluciones improvisadas cuya eficacia frente a la ocupación israelí pocas veces ha quedado demostrada, como ilustra la experiencia de Oslo, también sobre los restos de cuerpos mutilados. De un lado, la población sirve de combustible para un proyecto que trasciende las fronteras. Del otro, es víctima de una situación en la que nadie se preocupa por su suerte.

Entre uno y otro discurso mediático, algunos vuelven a presentar sus ideas políticas, hablando una vez más del federalismo e intentando mostrarlo como la fórmula política más adecuada para el atribulado sistema libanés, capaz de resolver todos los problemas acumulados desde distintos frentes. Olvidan, o quizá prefieren pasar por alto, que el federalismo no puede curar el mal del sectarismo confesional que padece el sistema libanés. Por el contrario, lo consolidaría, convirtiendo la pertenencia confesional en el referente de los cantones y las regiones confesionales que los federalistas pretenden establecer, sin tomar en cuenta la diversidad que caracteriza a la mayoría de los distritos libaneses.

Ante las próximas iniciativas políticas y mediáticas destinadas a promover el federalismo en el Líbano, conviene recordar que esta fórmula no es la más adecuada para el país ni para los libaneses. Tampoco sería capaz de resolver sus problemas crónicos: el monopolio estatal de las armas, la decisión sobre la guerra y la paz, la política exterior, la política de defensa y tantos otros asuntos controvertidos que inquietan a los libaneses desde hace décadas.

Es cierto que el sistema libanés atraviesa dificultades y que algunos actores políticos han hecho un uso abusivo de la democracia consociativa, utilizándola como pretexto para obstaculizar sistemáticamente la aplicación de la Constitución y el funcionamiento de las instituciones. También es cierto que el Estado sigue siendo el actor más débil entre las fuerzas que ejercen influencia en el país, lo que hace indispensable encontrar salidas políticas para romper este círculo vicioso.

Pero también es cierto que el proyecto federal debilitaría todavía más al Estado, pues permitiría que los cantones buscaran respaldo en el exterior para imponerse sobre otros cantones, debilitarlos e incluso, quizás, “abalanzarse” sobre ellos de una forma u otra. Esto haría que al Estado le resultara aún más difícil que en la actualidad mantener el control sobre la política exterior y la política de defensa.

Las diferencias que existen actualmente en torno a las políticas exterior y de defensa no se resolverían mediante un sistema federal. Por el contrario, este las agravaría y complicaría todavía más las divisiones internas del Líbano. Así, el federalismo no sería más que una huida hacia adelante, sin ofrecer verdaderas soluciones a los crecientes problemas del país.

Es probable que los federalistas reaccionen a este artículo con gran virulencia. Eso es precisamente lo que han venido haciendo desde que comenzaron a promover su desacertada idea. No hay ningún problema con ello, siempre y cuando el debate político se mantenga en el terreno de las ideas y lejos de los ataques personales. Sin embargo, quizá la próxima etapa los lleve a intensificar su presencia política y mediática para promover el proyecto federal, aunque ello implique apartarse de las normas que deberían regir cualquier debate político sereno.

El sistema político libanés actual es malo, eso es cierto. Pero de algo no cabe duda: un sistema federal sería todavía peor.

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