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Mirada posada

Por qué abrir un nuevo capítulo entre Líbano y Siria es una necesidad absoluta

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Por Rami Rayess
Publicado ago 8, 2026 - 17:51

La historia compartida entre Líbano y Siria es rica, al igual que las oportunidades que ofrece. El pasado entre ambos países pesa enormemente. Desde la independencia bajo el Mandato en 1920 hasta la independencia efectiva en 1943, y pasando por las etapas más recientes, los expedientes se han ido acumulando hasta convertir las relaciones complejas entre ambos países en una situación casi permanente. Pero ha llegado el momento de poner fin a ello y de abrir una nueva página cuyo principio fundamental sea el respeto mutuo y la no injerencia en los asuntos internos.

La amarga experiencia de la tutela que sufrieron los libaneses desde la invasión siria de Líbano en 1976 hasta la retirada militar del 26 de abril de 2005 permanece profundamente grabada en su memoria. Esta retirada se produjo en el contexto de las reacciones internacionales al asesinato del presidente Rafik Hariri el 14 de febrero de ese mismo año. Si bien el análisis de las razones de la entrada siria en Líbano requeriría varios artículos por sí solo, la etapa que marcó el apogeo de la tutela se inició tras la participación de Siria en la operación de liberación de Kuwait en 1990, cuando su control sobre Líbano le fue concedido, en la práctica, como una especie de “recompensa”.

Los libaneses recuerdan, naturalmente, cómo la administración siria de Líbano se transformó en una forma de gestión directa, ejercida a través del centro de los servicios de inteligencia sirios en Anjar, el Beau Rivage y otros lugares, donde figuras del antiguo régimen se empeñaban en humillar a los responsables libaneses y les impartían órdenes con gran condescendencia y sin el menor respeto por las exigencias más elementales de la dignidad nacional.

Tampoco hace falta recordar que los libaneses no han olvidado los asesinatos políticos perpetrados en Líbano contra líderes de opinión, intelectuales y políticos, desde Kamal Joumblatt hasta Rafik Hariri, ni la intimidación, las detenciones y la represión de la libertad de expresión y de las libertades fundamentales. La tutela estuvo a punto de transformar al Líbano en un régimen calcado del sistema sirio, con elecciones de fachada sin verdadera incidencia, cuyo único objetivo era completar la escenografía política.

Lo importante es que esa página ya haya quedado atrás. Pero aún más importante es reflexionar seriamente sobre cómo construir, de cara al futuro, relaciones sólidas basadas en la confianza, el respeto y los intereses comunes, y sobre cómo evitar que cualquiera de los dos países vuelva a verse arrastrado a perjudicar al otro o a intentar tomar el control sobre él, como ocurrió en la etapa anterior. También es necesario que ciertos círculos libaneses, tanto oficiales como extraoficiales, superen su reticencia o indiferencia respecto al desarrollo de estas relaciones en la dirección correcta, en beneficio de ambos países.

La abolición del Consejo Superior Libanés-Sirio constituyó un paso en la dirección correcta para devolver las relaciones a su marco natural: relaciones entre dos Estados plenamente independientes, unidos por numerosos intereses comunes y cuyas relaciones deben organizarse por las vías diplomáticas habituales, es decir, a través de las embajadas. También pueden elevarse al nivel de comisiones mixtas o ministeriales encargadas de abordar cuestiones sectoriales específicas.

Sin embargo, pese a todo lo anterior sobre la necesidad de restablecer la “normalidad” de las relaciones entre Líbano y Siria, es indispensable superar algunos de los obstáculos que frenan el avance en numerosos ámbitos, sin que ello implique volver a las antiguas fórmulas, en particular en materia de política exterior. Si bien es absolutamente inaceptable regresar a la fórmula de la “unidad de los frentes y los destinos”, que dominó la política exterior libanesa durante la década de 1990 y que, en la práctica, privó a Líbano de la capacidad de formular una política independiente fuera de la órbita siria, ello no significa que la coordinación deba interrumpirse, especialmente en los asuntos regionales y en el contexto del conflicto con Israel.

Líbano y Siria sufren ambos la expansión militar israelí. El primero ha padecido su cuota de destrucción y ocupación a lo largo de dos guerras sucesivas, mientras que la segunda también ha visto ocupadas nuevas porciones de su territorio. Ambos países enfrentan violaciones cotidianas de su soberanía nacional. Y si bien la idea de una confrontación militar directa con Israel no está planteada ni en Líbano ni en Siria, la coordinación de las posiciones políticas y diplomáticas resulta sumamente útil para ambos países.

En el ámbito de la seguridad, la coordinación es más que necesaria para desmantelar lo que queda de las redes de narcotráfico, tráfico de Captagon, trata de personas y contrabando. Esta tarea debe llevarse a cabo con firmeza por ambas partes, ya que dichas actividades causan graves perjuicios a ambos países. En cuanto a las posibilidades de cooperación económica, eléctrica y comercial, son numerosas, muy numerosas incluso, y requieren una atención particular por parte de las autoridades oficiales de ambos países.

Por lo tanto, no basta con dejar atrás el pasado. Lo que se necesita es pensar seriamente en el futuro, sobre todo porque la región atraviesa transformaciones sin precedentes en distintos niveles y las amenazas israelíes también han alcanzado una etapa avanzada. Esto convierte incluso un mínimo de “armonía” libanesa-siria en una necesidad urgente.

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