
Si algunas voces políticas y mediáticas del bloque que antes se jactaba de llamarse a sí mismo el “eje del rechazo” no muestran preocupación por la destrucción de más pueblos mientras enarbolan consignas demagógicas e irresponsables, otras voces, del lado opuesto, no son menos temerarias al apresurarse a pedir la paz y la normalización. Sin importarles la ocupación de más de sesenta pueblos en el sur del Líbano, se precipitan a cualquier iniciativa irreflexiva con el único propósito de condenar el acto irresponsable de haber arrastrado al Líbano a la guerra. Entre el desafío irresponsable y la rendición a cualquier precio, el país queda atrapado en posturas demagógicas y vacías. Por un lado, hay quienes están dispuestos a provocar más destrucción en nombre de consignas que la última guerra dejó sin validez. Por otro lado, hay quienes están dispuestos a volver a contar la historia, desde la guerra civil hasta nuestros días, a través del prisma de lo correcto y lo incorrecto, para utilizar esa interpretación como base para promover una paz imposible y una normalización para la que todavía no ha llegado el momento.














