
Si las autoridades libanesas consideran que están movilizando todas sus energías y capacidades para hacer frente a la nueva realidad creada por la ocupación israelí de alrededor del 7% del territorio libanés, y que están realizando todos los esfuerzos posibles para poner en práctica el acuerdo marco firmado con Israel y reactivar las negociaciones estancadas en Roma o Washington, también es necesario que busquen idear alguna forma de diálogo político interno, en particular con Hezbolá, principal responsable de haber arrastrado al Líbano a dos guerras sucesivas, en 2024 y 2026. Las autoridades libanesas han puesto el listón muy alto desde la recomposición del poder, con la elección del general Joseph Aoun como presidente de la República en enero de 2025 y la formación del gobierno del primer ministro Nawaf Salam en febrero del mismo año. Hay que reconocer que se trata de objetivos que apenas unos años antes ni siquiera era posible plantearse, cuando el dominio de Hezbolá sobre el Estado y el poder político en el Líbano había alcanzado niveles muy profundos y su fuerza militar lo había llevado a extenderse hacia Siria y a sumergirse en las complejidades y los problemas de ese país.








