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Análisis

De Roma a la Tercera República: ¿ha comenzado la refundación del Líbano?

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Por Jad Akhawi
Publicado jul 29, 2026 - 15:50

La historia no solo recuerda las ciudades donde terminan las guerras, sino especialmente aquellas donde nacen nuevos regímenes.

Por eso, Roma podría no ser recordada mañana simplemente como la ciudad que acogió una nueva ronda de negociaciones entre Líbano e Israel. Podría pasar a la historia como el lugar donde comenzó la refundación de la arquitectura política y de seguridad libanesa, tras una guerra que alteró profundamente el equilibrio regional.

Las reuniones previstas en Roma no se limitan a examinar las modalidades de un alto el fuego, una retirada israelí o un intercambio de prisioneros, por cruciales que sean estas cuestiones. Forman parte de un proceso más amplio destinado a transformar las consecuencias de la guerra en una nueva realidad política, para evitar cualquier retorno al statu quo anterior.

La experiencia internacional demuestra que las guerras solo producen sus efectos completos cuando cesan las hostilidades y un nuevo orden logra abordar las causas profundas del conflicto para prevenir su recurrencia. Este es precisamente el objetivo que Estados Unidos parece perseguir hoy en Líbano.

Desde la visita del presidente Joseph Aoun a Washington hasta el acuerdo marco y, posteriormente, hasta las reuniones de Roma, se perfila una secuencia coherente. Todo parece indicar un cambio: de la gestión de la crisis libanesa a una reorganización de los cimientos mismos del Estado.

El objetivo principal de este enfoque es establecer un principio sencillo: un solo Estado, un solo ejército y una sola autoridad de seguridad.

La cuestión del control estatal sobre las armas ya no es solo una exigencia libanesa o internacional. Se ha convertido en la condición indispensable para la reconstrucción del Estado. Ningún país puede recuperar plenamente su papel cuando la decisión de declarar la guerra o firmar la paz escapa al ámbito de sus instituciones constitucionales.

Sin embargo, reducir la crisis libanesa únicamente al tema de las armas sería un análisis incompleto. El problema reside no solo en la existencia de una fuerza militar que opera paralelamente al Estado, sino también en el debilitamiento gradual de las instituciones bajo la influencia de un sistema político que ha consagrado el sectarismo y transformado las agencias gubernamentales en espacios de influencia.

Es en este contexto donde se hace evidente el papel de Nabih Berri, una de las figuras más influyentes en el corazón del poder libanés.

Durante las últimas décadas, su influencia no se ha limitado a su presidencia de la Cámara de Diputados ni a su relación política con Hezbolá. También ha sido uno de los pilares fundamentales del sistema de gobierno establecido tras el Acuerdo de Taif.

Así como Hezbolá contribuyó a crear una realidad de seguridad paralela al mantener sus armas fuera de las instituciones estatales, diversas fuerzas políticas, entre las que Nabih Berri fue una figura destacada, consolidaron un sistema de gobierno basado en cuotas y nombramientos sectarios, donde las consideraciones políticas a menudo prevalecían sobre la competencia.

Esto derivó en un Estado lastrado por la disfunción administrativa, un sector público plagado de contrataciones excesivas, un desempleo encubierto generalizado y un debilitamiento constante de la capacidad de las instituciones para cumplir sus funciones.

Por lo tanto, la reconstrucción del Líbano no puede limitarse a resolver el problema de las armas. También se requiere una reforma fundamental del propio Estado: una administración moderna, un poder judicial independiente, instituciones eficaces y nombramientos basados en el mérito, no en lealtades políticas.

Es en este contexto que debemos comprender las crecientes presiones que se ejercen sobre Nabih Berri.

Hasta el momento, Washington no lo ha atacado directamente, pero las señales políticas transmitidas a través de la presión ejercida sobre varias figuras y redes dentro de su círculo son explícitas. El mensaje parece claro: la siguiente etapa ya no permitirá la continuación de las antiguas reglas del juego.

El objetivo podría no ser destituir a Nabih Berri, sino redefinir su papel.

Su experiencia política y la amplitud de su red lo convierten en un actor que ninguna transición puede ignorar. La verdadera pregunta ahora es si optará por ser un socio en la construcción del nuevo Estado o un defensor del sistema que ha llevado al Líbano a este punto muerto.

Hezbolá, por su parte, se enfrenta a una prueba de naturaleza completamente diferente. Ya no se trata simplemente de poner fin a la confrontación militar, sino de redefinir su lugar dentro del Estado libanés. Ahora parecen abrirse dos caminos: convertirse en un partido político que opere dentro del marco de las instituciones, o continuar su confrontación con un proceso, tanto interno como internacional, destinado a restaurar y aniquilar la plena soberanía del Estado.

En última instancia, Roma podría representar más que un simple paso en las negociaciones entre Líbano e Israel. Podría marcar el inicio de negociaciones mucho más amplias sobre el Líbano del futuro.

Si bien los Acuerdos de Taif pusieron fin a la guerra civil y redistribuyeron el equilibrio de poder, el período que comienza ahora podría propiciar una redefinición de la función misma del Estado libanés: un Estado con el monopolio de las armas, con el poder de decidir sobre la guerra y la paz, que recupere su lugar en el mundo árabe y en el escenario internacional, al tiempo que reconstruye una economía capaz de volver a crecer.

Sin embargo, nada garantiza el éxito de esta empresa. Estados Unidos puede respaldar los compromisos, los países árabes pueden contribuir a la reconstrucción y la comunidad internacional puede brindar su apoyo. Pero la construcción del Estado sigue siendo, en última instancia, responsabilidad de los propios libaneses.

La verdadera pregunta, por lo tanto, no es tanto qué producirán las reuniones de Roma,sino si Roma allanará el camino hacia la Tercera República Libanesa.

Una república que no solo pondría fin a la guerra, sino que abordaría finalmente las causas profundas que han impedido el surgimiento de un verdadero Estado durante décadas.

Porque la próxima batalla del Líbano no será simplemente una lucha por las fronteras. Será una batalla por la identidad misma del Estado: ¿seguirá siendo un país dividido entre varios centros de poder, o se convertirá finalmente en un Estado unificado, con plena capacidad de decisión y soberanía?

Aquí es donde se escribirá el próximo capítulo de la historia del Líbano.

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