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Lo esencial de la semana

El acuerdo entre Irán y EE. UU.: suspenso y negociaciones febriles

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Unos obreros retiran el letrero con el nombre del presidente estadounidense Donald Trump de la pared exterior del Centro Kennedy, en Washington, después de que un tribunal federal ordenara su retirada al considerar ilegal el cambio de nombre. (Keiichi Nakane/The Yomiuri Shimbun vía AFP)
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بقلم Taline Becharraoui
نُشر jun 14, 2026 - 23:53

Un pesado suspenso angustiante reinó durante todo el día y la noche de este domingo 14 de junio, jornada que debía quedar marcada por la firma virtual, «en línea», del acuerdo marco (o memorando de entendimiento) destinado a «suspender», por un período de 60 días, las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, con miras a iniciar un proceso de negociaciones sobre los contenciosos —nuclear, balístico, financiero y geopolítico— con la República Islámica.

Durante las últimas 48 horas, tanto el presidente Donald Trump como el primer ministro pakistaní afirmaron con insistencia, en múltiples ocasiones, que la firma del acuerdo marco tendría lugar efectivamente el domingo. La firma debía celebrarse «virtualmente» en presencia del vicepresidente estadounidense JD Vance y del presidente del Parlamento iraní, Mohammad Calibaf. Sin embargo, hasta bien entrada la noche (hora del Levante), la ceremonia prevista para tal fin no había tenido lugar. Dos factores explicaban este retraso: divergencias internas en Irán y una escalada militar en el frente libanés.

En cuanto a este último punto, un efecto dominó provocó una grave escalada en las operaciones militares. El domingo por la mañana temprano, las sirenas sonaron en más de una ocasión en el norte de Israel, señal de misiles o aviones no tripulados lanzados desde el Líbano que cayeron en territorio israelí.

Este ataque fue lanzado por Hezbolá a pesar de que Tel Aviv había subrayado en repetidas ocasiones que cualquier disparo de cohetes o drones que alcanzara el norte de Israel provocaría de inmediato una represalia contra el suburbio sur de Beirut. En efecto, la aviación del Estado hebreo llevó a cabo alrededor del mediodía un ataque contra esa zona, matando a un importante responsable militar de Hezbolá (encargado de las telecomunicaciones del partido).

A partir de primeras horas de la tarde, los medios de comunicación y los círculos políticos de la región se entregaron a todo tipo de especulaciones sobre la posibilidad de una represalia iraní contra Israel como consecuencia del ataque al suburbio sur.

Con el fin de «salvar» su acuerdo marco, al que parece estar (misteriosamente) férreamente comprometido, el presidente Trump habría ejercido una fuerte presión sobre el régimen iraní para que se abstuviera de lanzar su represalia contra Israel. Según diversas fuentes, todas coincidentes, incluso habría propuesto al poder iraní una concesión mayor (el levantamiento del bloqueo marítimo) a cambio de la contención militar de Irán. En vano…

Avanzada la noche, el asesor del Guía Supremo iraní anunciaba que «Irán responderá con contundencia al ataque contra el suburbio sur». En la misma línea se pronunció el presidente de la influyente Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento iraní, quien también declaró que una represalia iraní está en preparación. El mando militar iraní señalaba asimismo que un ataque contra Israel se produciría en breve. Al mismo tiempo, la agencia de noticias Tasnim (cercana a los Guardianes de la Revolución) anunciaba el cierre del espacio aéreo al este de Irán.

Las críticas al presidente iraní El segundo factor que explica, con toda probabilidad, el retraso en la firma del acuerdo marco es la aparición de serias divergencias dentro del régimen iraní en torno a la conveniencia de alcanzar un acuerdo con Estados Unidos. Estas discrepancias internas fueron confirmadas públicamente por el presidente iraní Massoud Pezechkian, quien criticó abiertamente las acusaciones de traición lanzadas contra el presidente del Parlamento iraní (principal negociador con Washington) y el jefe de la diplomacia iraní, Abbas Araghchi, que se encuentra en el centro de las negociaciones en curso. El presidente Pezechkian denunció además que la televisión iraní hubiera difundido declaraciones del Guía Supremo oponiéndose al diálogo con Estados Unidos.

Le second facteur qui explique, en toute vraisemblance, le retard dans la signature de l’accord-cadre est l’émergence de sérieuses divergences au sein du régime iranien au sujet de l’opportunité d’un accord avec les Etats-Unis. Ces différends internes ont été confirmé publiquement par le président iranien Massoud Pezechkian qui a ouvertement critiqué les accusations de traîtrise proférées contre le président du Parlement iranien (principal négociateur avec Washington) et le chef de la diplomatie iranienne Abbas Araghchi, qui est centre des tractations en cours. Le président Pezechkian a entre dénoncé le fait que la télévision iranienne ait rapporté des propos du Guide suprême s’opposant au dialogue avec les Etats-Unis.

Cabe recordar que el sábado se organizaron en Teherán manifestaciones hostiles a cualquier acuerdo con los estadounidenses, probablemente a instancias de los Guardianes de la Revolución. Los manifestantes llegaron a exigir la dimisión del presidente del Parlamento y del ministro de Asuntos Exteriores, lanzando incluso amenazas de muerte contra cualquier figura que apoyara dicho acuerdo. Estas manifestaciones refuerzan los argumentos de los analistas y medios que afirman la existencia en Irán de una corriente convencida de que el país ha logrado una «victoria simbólica» sobre Washington y que, por tanto, no necesita firmar ningún acuerdo con Estados Unidos.

Las quejas de Trump y la incertidumbre sobre el acuerdo

En cualquier caso, y en un plano completamente distinto, el presidente Trump dedicó un mensaje en su red social en el que consideró que «el ataque de esta mañana en Beirut no debería haber ocurrido». En su mensaje, equipara a Israel y a Hezbolá, instándoles a detener la escalada porque «podría ser el comienzo de una paz larga y hermosa» a la que nadie debería oponerse.

Conviene recordar que esta semana estuvo marcada por una fuerte tensión militar entre iraníes y estadounidenses. Los ataques estadounidenses contra múltiples objetivos en el sur de Irán se produjeron tras el derribo de un helicóptero Apache de EE.UU. por parte de los Pasdaran. El presidente Trump llegó incluso a amenazar con un ataque de gran envergadura en la noche del jueves al viernes (hora del Levante), antes de cancelarlo a última hora. El mundo amaneció el viernes con la noticia de la inminencia de un acuerdo entre los beligerantes… anunciada, como era de esperar, por el propio Trump en su red social.

Mientras los medios de comunicación difundían las alentadoras noticias, numerosas «filtraciones en medios iraníes» desmentían sistemáticamente el clima de optimismo. Uno de los métodos iraníes en este sentido consiste en difundir rumores sobre las cláusulas del acuerdo que contradicen frontalmente lo revelado por Washington. Según estas «informaciones» difundidas en Teherán, Irán mantendría el control sobre el estrecho de Ormuz, conservaría su derecho a enriquecer uranio y se beneficiaría de todos los fondos iraníes congelados en bancos de todo el mundo… Lo que llevó al presidente Trump a publicar el viernes un mensaje airado en el que acusaba a los iraníes de «carecer de honor». De forma inesperada, fue el ministro Araghchi quien tomó la palabra, instando a los medios iraníes a dejar de publicar informaciones sin fundamento, lo que le valió un elogioso comentario por parte de Trump.

¿Qué ocurre con el uranio enriquecido?

Aunque no se conocen con certeza las cláusulas del acuerdo, fuentes estadounidenses citadas por cadenas panarabes aseguran que los fondos iraníes congelados no serán liberados hasta que el acuerdo entre en vigor, que el estrecho de Ormuz quedaría abierto de forma automática, que las reservas de uranio serían sacadas del país y que las instalaciones nucleares serían desmanteladas.

En cuanto al expediente nuclear, debería ser objeto de futuras negociaciones a partir de la próxima semana, en caso de que se firme el acuerdo. Sin embargo, el sábado un reportaje de CNN difundió información inquietante al respecto. Según la cadena, durante el actual período de alto el fuego, los iraníes habrían reforzado el blindaje de sus reservas de uranio enriquecido para dificultar y hacer más arriesgado el acceso a las mismas. Habrían enterrado los 450 kilogramos de uranio enriquecido en túneles minados con explosivos. Estas medidas se adoptaron tras las amenazas del presidente Trump de ordenar al ejército estadounidense que se apoderara del uranio.

Malestar israelí e incógnita libanesa

Una de las grandes incógnitas de este proyecto de «acuerdo» entre Irán y Estados Unidos es su impacto sobre el Líbano, especialmente a la luz del evidente malestar israelí al respecto. Los iraníes se apresuraron a garantizar al Hezbolá que el alto el fuego en el Líbano y una retirada israelí están contemplados en el documento, lo que explica la actitud triunfalista inmediata de algunos diputados del Hezb, que se jactaron de las «implicaciones» para la escena libanesa. No dejaron pasar la oportunidad de lanzar una pulla a las autoridades libanesas, pidiéndoles que abandonen el proceso de negociaciones directas con Israel.

Sin embargo, la próxima cita en Washington entre el Líbano e Israel sigue fijada para el 22 de junio, según fuentes coincidentes. En cuanto a las autoridades libanesas, mantienen un discurso firme frente a las injerencias iraníes y siguen comprometidas con el proceso de negociaciones directas en Washington, de acuerdo con las declaraciones realizadas esta semana por el presidente Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam.

Otro punto oscuro es si el acuerdo obligará a Irán a distanciarse de sus grupos afines en la región, y en particular del Hezbolá libanés, el único que ha librado verdaderamente una batalla para contribuir a la supervivencia del régimen de los mulás. Numerosos indicios recogidos en Washington apuntan a que así sería, aunque los iraníes multiplican las declaraciones asegurando que jamás abandonarían al Hezbolá.

Mientras tanto, el terreno sigue en llamas en el sur del Líbano, entre el Hezbolá y el ejército israelí. Visiblemente preocupados por su libertad de movimiento en el Líbano, los israelíes ya muestran resistencia ante todo aquello que pudiera hacerles perder sus «logros» en el Sur, en especial las conquistas territoriales. Por su parte, el Hezbolá podría beneficiarse de un alto el fuego, aunque ya ha tenido que replegarse al norte de la línea simbólica del Litani, y también tiene interés en frenar el avance israelí.

Esto explicaría la ferocidad de los combates registrados en los últimos días en torno a ejes muy concretos, en disputa por el control de dos zonas principales: Nabatiyeh y Tiro. Es evidente que el ejército israelí intenta avanzar al máximo antes de que cualquier desarrollo lo obligue a reducir la intensidad de su intervención militar en el Líbano.

Y como de costumbre, son las ciudades y pueblos libaneses quienes pagan el precio. Las órdenes de evacuación se suceden para decenas de localidades, algunas de ellas en zonas hasta ahora indemnes, como Jezzine, por ejemplo.

Haya acuerdo con Irán o no, todas las miradas estarán también puestas el lunes en la reunión del G7 en Evian, a la que asiste Donald Trump. El presidente estadounidense prevé un encuentro con los líderes de Oriente Medio… al que Netanyahu ya habría anunciado que no asistirá.

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