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Lo esencial de la semana

Irán-Estados Unidos: falso comienzo y tensiones en Lucerna

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El ministro iraní de Exteriores, Abbas Araghchi, conversa en privado con el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, mientras en el fondo se ven el vicepresidente estadounidense JD Vance y Jared Kushner, yerno de Trump. (AFP)
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Por LevantTime .
Publicado jun 21, 2026 - 23:52

El Líbano estuvo en el centro de los debates del domingo entre Irán y Estados Unidos, celebrados en Suiza. Mientras Teherán afirmaba haber cerrado el estrecho de Ormuz y el vicepresidente estadounidense JD Vance pronunciaba un discurso en tono conciliador, el presidente Donald Trump reaccionó al cierre del estrecho lanzando amenazas contra Irán, lo que llevó a los negociadores iraníes a suspender las conversaciones. En lo que respecta al Líbano, todas las miradas están puestas en las negociaciones directas con Israel, que han desatado la ira de Hezbolá.

Domingo 21 de junio: inicio de las conversaciones irano-estadounidenses en Lucerna, Suiza. La delegación americana está encabezada por el vicepresidente JD Vance, y la iraní por el presidente del Parlamento Mohammed Ghalibaf. Tras un arranque fallido —estaban previstas para el viernes en el mismo lugar—, finalmente se celebraron dos días después. Lejos de transcurrir en calma, las conversaciones pusieron de manifiesto, una vez más, las profundas divergencias entre las dos antiguas partes en conflicto.

En cuanto a las formas, esta ronda de negociaciones estuvo marcada por numerosos apretones de manos y sonrisas, especialmente entre estadounidenses, qataríes y pakistaníes. Las declaraciones de JD Vance fueron positivas. «El presidente Trump nos ha pedido que pasemos página para transformar nuestra relación con el pueblo iraní», afirmó. También mencionó «avances considerables en las últimas horas».

Esta primera sesión estuvo salpicada de tropiezos diplomáticos: los iraníes se negaron a posar en fotografías con la delegación estadounidense y, además, tuvieron especial cuidado en hacer esperar al señor Vance retrasando su llegada a la sala de reuniones.

En cuanto al fondo, la cuestión libanesa ocupó un lugar central en las negociaciones, a juzgar por los ecos llegados a los medios de comunicación, que apuntan a que este expediente pesó mucho en los debates. Pues, en contraste con las floridas declaraciones de Vance, el presidente estadounidense Donald Trump publicó un mensaje contundente en su red social, subrayando que Irán debe «detener de inmediato el apoyo a sus grupos proxy», especialmente Hezbolá, so pena de que «golpearemos con mucha fuerza».

Poco después, el presidente estadounidense, en declaraciones a Fox News, aseguró haber advertido durante la noche a responsables iraníes —sin identificarlos— sobre el cierre del estrecho de Ormuz, afirmando que podía «tomar el control» del mismo. Estas posturas firmes generaron una fuerte tensión dentro de la sala de reuniones y provocaron la retirada de la delegación iraní.

En el Líbano, las posiciones iraníes permitieron a Hezbolá recuperar fuerza. Hay que «aprovechar» el respaldo de Irán, declaró el diputado de Hezbolá Hassan Fadlallah.

El partido pro-iraní arremetió con dureza, el domingo, contra las conversaciones directas entre el Líbano e Israel, cuya nueva ronda está prevista para el martes en Washington.

«Dictados estadounidenses», «capitulación»... un comunicado del partido no escatimó palabras para denunciar la continuación de las negociaciones directas iniciadas por las autoridades libanesas en nombre del Líbano, que se celebrarán de todos modos en Washington con delegaciones política y militar.

El domingo por la noche, Tel Aviv lanzó un mensaje conciliador hacia Washington, del que parecía haberse distanciado últimamente: el canal israelí 12 reveló que el ejército israelí estaría dispuesto a retiradas «limitadas» del sur del Líbano. ¿Un gesto de buena voluntad hacia las autoridades libanesas o un movimiento enmarcado en las negociaciones entre Irán y Estados Unidos?

Una semana llena de giros

La semana anterior había concluido con un anuncio del presidente estadounidense sobre la próxima firma de un acuerdo con Irán. Pudo así dirigirse a Francia para participar en el G7 habiendo logrado lo que considera una victoria diplomática. La firma del acuerdo tuvo lugar en línea, entre los presidentes estadounidense e iraní, el miércoles por la noche.

Trump se encontraba en Versalles para participar en la cena ofrecida por su homólogo francés Emmanuel Macron con motivo del G7, cuyos líderes celebraron el acuerdo y la reapertura del estrecho de Ormuz, así como la «oportunidad única» de lograr que Irán renuncie a su arsenal nuclear.

Las cláusulas del acuerdo se filtraron a los medios de comunicación en esa misma fecha, antes de que fueran anunciadas oficialmente. Mediante este acuerdo, ambas partes deciden «el cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano» y se comprometen a no iniciar ninguna guerra entre sí, respetando mutuamente la soberanía territorial de cada una. El texto menciona un plazo de 60 días renovables para alcanzar un acuerdo definitivo. El bloqueo naval estadounidense se levantaría y el estrecho de Ormuz quedaría totalmente reabierto en un plazo de 30 días.

Uno de los puntos más esenciales y polémicos del texto es el compromiso de Estados Unidos y de «sus socios regionales» de elaborar un plan de reconstrucción y desarrollo de la República Islámica con un presupuesto de «al menos 300.000 millones de dólares».

Estados Unidos pone fin «a todo tipo de sanciones» contra Irán, mientras que la República Islámica reafirma que «no adquirirá ni desarrollará armas nucleares», habiendo acordado ambos países resolver el destino de las reservas de uranio enriquecido que aún se encuentran en suelo iraní.

El Tesoro estadounidense deberá «conceder exenciones para la exportación de petróleo crudo iraní y sus derivados», y Estados Unidos se compromete a «poner plena y libremente a disposición los fondos y activos de la República Islámica de Irán que se encuentren congelados o sujetos a restricciones».

Por último, el acuerdo definitivo, una vez alcanzado, «será ratificado mediante una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de la ONU», una reivindicación que partió originalmente de Irán.

Las cláusulas de este acuerdo han sido consideradas de manera casi unánime en el mundo como mucho más favorables para Irán que para Estados Unidos, dado que el primero ha obtenido sobre el papel todo lo que exigía, mientras que todas las cláusulas que importan al segundo forman parte de lo que deberá negociarse durante los 60 días, y por tanto permanecen en la incertidumbre, en particular la cuestión nuclear. Trump negó que se fuera a pagar un solo centavo a Irán mientras ese país no haya cumplido todos sus compromisos.

Los iraníes, por su parte, no han dudado en proclamar la victoria. La respuesta del Guía Supremo Mojtaba Jamenei al memorando de entendimiento llegó el viernes en forma de una bendición envuelta en escepticismo, ya que dio a entender que su aprobación no significaba que compartiera la opinión de la otra parte. Un Mojtaba Jamenei tan invisible e inaprensible como siempre.

Por último, cabe destacar que, a pesar del éxito diplomático de Pakistán, el papel de Catar en estas negociaciones es cada vez más evidente: cuando el acuerdo parecía comprometido durante esta semana, en particular a causa de los ataques israelíes en el Líbano, una visita de mediadores catarís a Irán habría resultado decisiva.

¿El Líbano, ficha regional o actor soberano?

En el texto del acuerdo entre Irán y Estados Unidos no se hace ninguna mención explícita a los misiles balísticos ni a la influencia iraní en la región. Muy al contrario, este texto le permite a Irán recuperar el control de la carta libanesa, ya que logró incluir el alto el fuego en el Líbano como condición esencial para la implementación del acuerdo. Y ello a pesar de que las autoridades libanesas llevan a cabo sus propias negociaciones con Israel en Washington y de que Estados Unidos ha insistido reiteradamente en separar los expedientes iraní y libanés.

El apego de Teherán hacia su pupilo Hezbolá no parece debilitarse: el presidente del Parlamento iraní llegó incluso a reconocer que el partido chií libanés combatió durante 104 días en nombre de Irán, mientras que el propio Irán solo lo hizo durante 38 días… un vínculo inquebrantable que ninguno de los dos intenta ya disimular.

Sin embargo, no contaban con el presidente libanés Joseph Aoun ni con el primer ministro Nawaf Salam, quienes, aunque acogieron favorablemente el alto el fuego, reafirmaron con firmeza la voluntad del Líbano de negociar en nombre propio y de recuperar su soberanía.

Esta semana, Hezbolá y sus aliados también sufrieron un duro golpe el sábado cuando el exministro Sleimane Frangieh, su candidato preferido a la presidencia, y uno de sus cuadros más combativos, Mahmoud Comati, fueron objeto de sanciones estadounidenses. Sería una manera de que Estados Unidos señale que, pese a su voluntad de no comprometer el acuerdo con los iraníes, sus prioridades en el Líbano no han cambiado.

La situación sobre el terreno en el sur

Mientras tanto, sobre el terreno, en el Líbano Sur, la intensidad de los combates no amainó en toda la semana, e incluso se recrudeció hacia el fin de semana. El ejército israelí y Hezbolá se acusaron mutuamente de violar el alto el fuego. Las tropas israelíes seguían intentando tomar la estratégica colina de Ali Taher, en Nabatieh, causando numerosas bajas en el lado libanés y perdiendo también soldados propios.

En varias ocasiones, Irán amenazó con congelar las negociaciones si los ataques israelíes no cesaban en el Líbano. Y fue en ese punto donde las divergencias entre israelíes y estadounidenses afloraron abiertamente, ya que estos últimos ejercieron una fuerte presión sobre los primeros para que respetaran el alto el fuego, un escenario muy inusual en la relación entre ambos aliados.

Al final, no fue hasta el sábado por la noche cuando el primer ministro Benjamin Netanyahu pidió formalmente a su ejército que «detuviera las operaciones» en el Líbano, aunque se reservó el derecho de responder ante cualquier provocación de Hezbolá y advirtió que una retirada de los territorios ocupados durante este conflicto no está sobre la mesa.

El alto el fuego, que había entrado en vigor, seguía siendo muy frágil el domingo: a pesar de una aparente calma, se registraron algunas violaciones israelíes, mientras las fuerzas del Estado hebreo anunciaban el descubrimiento de un gran túnel bajo el pueblo de Majdelzoun, en Tiro.

Las declaraciones de Netanyahu, del ministro de Defensa Israel Katz y del jefe del Estado Mayor Eyal Zamir apuntaban todas en la misma dirección: la posibilidad de que los enfrentamientos se reanuden ante cualquier oportunidad.

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