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Lo esencial de la semana

Breve pausa en medio de tensiones y disensiones internas

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En Teherán, el funeral del ayatolá Ali Jamenei congrega a decenas de miles de iraníes pese al sofocante calor. (AFP)
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By Taline Becharraoui
Published jul 5, 2026 - 20:51

La semana que acaba de concluir deja la vaga impresión de que el fuego sigue latente bajo las cenizas. Persisten las tensiones entre estadounidenses e iraníes; estas salen a la luz dentro del propio régimen de los ayatolás y, en Líbano, las violaciones israelíes del alto el fuego continúan sin provocar, por ahora, una respuesta de Hezbolá.

Los últimos días estuvieron marcados por la espera, casi como un tiempo muerto. La semana fue menos intensa en acontecimientos que las que se sucedieron desde el inicio de la guerra en Irán y la apertura del frente paralelo en Líbano, pero no por ello deja de ser significativa. Empiezan a aparecer grietas aquí y allá, no solo en el memorando de entendimiento firmado entre estadounidenses e iraníes, sino también dentro del propio régimen iraní.

El estrecho de Ormuz fue uno de los principales puntos de fricción esta semana entre Irán y el resto del mundo. La insistencia de Teherán en considerar que el estrecho debe ser administrado por el régimen, así como los disparos contra embarcaciones que atraviesan la ruta sin haber recibido su autorización, les valieron a los ayatolás condenas desde distintos frentes.

El jueves, a petición de Baréin, el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió para debatir la cuestión, y las declaraciones de los distintos representantes, especialmente del embajador estadounidense, reprocharon con dureza la actitud y las acciones de Irán.

El viernes, los líderes de la OTAN, al igual que la Unión Europea unos días antes, criticaron con firmeza al régimen de Teherán y rechazaron cualquier tipo de tasa impuesta a los buques bajo el argumento de los “servicios prestados”.

Más aún, fueron las palabras pronunciadas el sábado por el presidente estadounidense Donald Trump, durante las celebraciones del 250.º aniversario de la independencia de Estados Unidos, las que captaron la atención. “Los golpeamos con mucha fuerza. Están desesperados por cerrar un acuerdo con nosotros, pero les daremos una semana para los funerales de Khamenei, por pura bondad”, dijo ante la multitud.

¿Significa esta declaración que Trump está perdiendo la paciencia? En cualquier caso, las negociaciones no se reanudarán antes del 9 de julio, fecha en la que concluirán los días de luto. Además, es evidente que Washington prefiere dejar pasar este período de la Copa del Mundo de fútbol, que se disputa parcialmente en territorio estadounidense.

Demostración de fuerza y divisiones

Los funerales de Ali Khamenei y de los miembros de su familia, fallecidos junto a él en el ataque israelí-estadounidense del 28 de febrero de 2026 que desencadenó la guerra en Oriente Medio, constituyen uno de los acontecimientos centrales de la semana y se extenderán durante varios días, hasta el entierro previsto para el 9 de julio.

Las ceremonias en homenaje al desaparecido líder comenzaron —y resulta difícil pensar que sea una coincidencia— el 4 de julio, día de la independencia de Estados Unidos.

Para el régimen de los ayatolás, se trata, como era de esperarse, de una demostración de fuerza y de una oportunidad para reafirmar su cohesión.

Sin embargo, hasta ahora eso no ha ocurrido del todo. Es cierto que la demostración de fuerza fue exitosa. Cientos de miles de iraníes leales al régimen acudieron para rendir un último homenaje al líder religioso y político que gobernó con mano de hierro este inmenso país durante más de tres décadas. Lágrimas, gritos y autoflagelaciones: todos los signos visibles de dolor y de determinación para continuar el camino del “guía” estuvieron presentes.

Representantes oficiales de varios países aliados, como Pakistán, asistieron a las ceremonias. A pesar de las tensiones recientes entre el Estado libanés e Irán, Beirut envió al ministro de Defensa, Michel Menassa, para representarlo.

Como era previsible, una amplia delegación de Hezbolá se inclinó entre lágrimas ante el féretro del ayatolá.

Sin embargo, lo que debía ser un momento de gran unidad en torno a una figura aglutinadora terminó revelando crecientes fisuras, no solo entre conservadores y reformistas, algo habitual en Irán, sino también dentro del propio sector conservador del régimen.

Según varios medios, entre ellos un artículo del New York Times y un reportaje de la cadena Al Arabiya, las señales muestran que la unidad exhibida por los dirigentes iraníes no es más que una fachada.

Mientras el presidente Massoud Pezechkian y el presidente del Parlamento, Mohamad Ghalibaf, siguen defendiendo el acuerdo con Estados Unidos, otras voces conservadoras cuestionan cómo pueden mantenerse esas negociaciones cuando Washington es, junto con sus aliados, responsable del asesinato del líder supremo.

Una lucha por el poder

Esta semana también estuvo marcada por una entrevista televisiva de Ghalibaf, en la que explicaba los detalles del acuerdo con Washington. La transmisión fue interrumpida abruptamente por la televisión estatal, dirigida por un ultraconservador, lo que provocó la indignación del principal negociador.

En Irak, mientras participaba en los preparativos de las ceremonias en honor a Khamenei en ese país, donde existe una importante población chiita y numerosos simpatizantes, el ministro de Relaciones Exteriores Abbas Araghchi fue abucheado por iraníes que le reprochan su papel en las negociaciones con Estados Unidos.

El artículo del New York Times sostiene que estas divisiones no giran únicamente en torno al acuerdo con Washington, sino que reflejan, sobre todo, una lucha interna por el poder.

También se trata de una disputa por ganarse el favor del nuevo guía supremo, Mojtaba Khamenei, quien aún no ha hecho ninguna aparición pública, pese a las informaciones que apuntaban a su intención de asistir a los funerales de su padre y de los demás miembros de su familia.

Su ausencia sigue alimentando los rumores sobre su estado de salud, ya que habría resultado gravemente herido en el mismo ataque en el que murió su padre, así como sobre su capacidad para dirigir el país.

La semana también estuvo marcada por revelaciones del New York Times y del Washington Post sobre un presunto plan de Israel para eliminar a los dos principales negociadores iraníes, Ghalibaf y Araghchi, durante las conversaciones con Estados Unidos.

Según ambos periódicos, Washington estaba tan preocupado por perder a esos interlocutores que recurrió a varios países de la región para advertir a Teherán del peligro.

Como era de esperar, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu salió al paso para negar esas acusaciones.

Demoliciones en el sur del Líbano

Mientras el acuerdo preliminar firmado entre estadounidenses e iraníes sigue dividiendo al liderazgo en Teherán, el acuerdo marco suscrito por las delegaciones libanesa e israelí el 22 de junio en Washington también genera críticas en Beirut. El dúo chiita continúa rechazando el documento, que contempla la creación de zonas piloto donde las tropas israelíes deberían ceder el control al Ejército libanés.

Frente a las críticas del eje Hezbolá-Amal, los sectores soberanistas expresan cada vez más su respaldo al presidente Joseph Aoun y al primer ministro Nawaf Salam, quienes tuvieron el coraje político de optar por negociaciones directas con Israel.

Los detractores del acuerdo marco centran principalmente sus críticas en el artículo 13, que establece que ni Líbano ni Israel presentarán denuncias ante instancias internacionales contra el otro país por eventuales crímenes de guerra.

Hezbolá, que en numerosas ocasiones obstaculizó y desacreditó la labor de la justicia nacional e internacional, como ocurrió con el Tribunal Especial para el Líbano por el asesinato de Rafic Hariri en 2005 o con la investigación sobre la explosión del puerto de Beirut en 2020, se presenta ahora como un firme defensor del recurso a los tribunales internacionales. Quienes apoyan el texto sostienen que una cláusula de este tipo es habitual en negociaciones de esta naturaleza.

Es cierto que el documento no es perfecto, pero, como subrayó en repetidas ocasiones esta semana el presidente Aoun, el acuerdo refleja la voluntad del Estado libanés de negociar en nombre propio, teniendo claro que el poder no puede renunciar bajo ninguna circunstancia a un solo metro cuadrado del territorio nacional.

También conviene señalar que, tras las sucesivas derrotas sufridas por Hezbolá frente a Israel en las guerras de 2023 y 2026, el Estado libanés dispone de muy pocas opciones para recuperar los territorios perdidos.

Dentro del dúo chiita, la unidad que se exhibe públicamente también presenta matices.

Mientras Hezbolá rechaza sin ambigüedades el proceso de negociaciones directas, el líder de Amal y presidente del Parlamento, Nabih Berri, parece enviar señales contradictorias.

En una de sus declaraciones de esta semana afirmó estar dispuesto a alcanzar un compromiso sobre este asunto.

En cualquier caso, el proyecto de formar una coalición cuatripartita para hacer caer el acuerdo marco en el Parlamento, integrada por Hezbolá, Amal, el Movimiento Patriótico Libre y el Partido Socialista Progresista, no prosperó.

Si bien una visita del líder del Movimiento Patriótico Libre, Gebran Bassil, a Berri alimentó los rumores sobre esa posibilidad, una declaración del exlíder del Partido Socialista Progresista, el druso Walid Jumblatt, enfrió las expectativas de quienes apostaban por ese escenario. Aunque fue crítico con el acuerdo marco, Jumblatt aseguró que no formará parte de una coalición de ese tipo.

Sobre el terreno, la situación sigue siendo tensa en el sur, aunque todavía no puede calificarse de guerra abierta. Las tropas israelíes continúan con sus ataques, los asesinatos de dirigentes de Hezbolá y la demolición de viviendas y túneles.

Por su parte, el movimiento chiita respeta en gran medida el alto el fuego, que considera consecuencia de la posición adoptada por Irán antes de la firma del acuerdo marco en Washington.

Esta tregua sigue siendo más frágil que nunca.

Chaibani en Beirut

El otro hecho destacado de la semana fue la visita a Beirut el jueves del ministro sirio de Relaciones Exteriores, Assaad al Chaibani. Una visita que parece abrir una nueva etapa en las relaciones entre ambos países, marcadas por una historia especialmente compleja.

Las declaraciones reflejaron la voluntad de respetar mutuamente la soberanía de cada Estado y de establecer relaciones de igualdad en distintos ámbitos, especialmente en el plano comercial.

La visita concluyó con la firma, por parte de Chaibani y Nawaf Salam, de un acuerdo que prevé la creación de una comisión bilateral de cooperación.

El jefe de la diplomacia siria, que se reunió con todas las fuerzas políticas salvo Hezbolá y visitó Trípoli, principal ciudad de mayoría sunita del norte del Líbano, probablemente tranquilizó a las autoridades libanesas al asegurar que Siria no intervendrá en el proceso de desarme de la milicia chiita libanesa, como lo ha solicitado en repetidas ocasiones el presidente Trump.

¿Casualidad del calendario? El jueves, la capital siria, Damasco, fue sacudida por una potente explosión de carácter terrorista en un café cercano al Palacio de Justicia, que dejó al menos nueve muertos y numerosos heridos.

El atentado, perpetrado con un artefacto explosivo de fabricación “artesanal”, según las autoridades sirias, no fue reivindicado por ningún grupo, pero presenta las características propias del grupo terrorista Estado Islámico.

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