
La semana que acaba de concluir en Medio Oriente ha sido un crescendo de retórica y acciones militares que desemboca este lunes 6 de abril en el vencimiento del ultimátum lanzado por Donald Trump al régimen de los mulás. El jefe de la Casa Blanca ha amenazado con “aniquilar” las instalaciones energéticas de Irán. A lo largo de estos días, el presidente estadounidense multiplicó sus declaraciones, alcanzando su punto más alto el sábado, cuando dio 48 horas a los dirigentes en Teherán para aceptar el acuerdo propuesto, bajo la advertencia de que, de lo contrario, “el infierno” se desataría sobre ellos. Trump les exige “cerrar un acuerdo o abrir el estrecho de Ormuz”, en referencia a negociaciones basadas en 15 puntos planteados por Washington, centrados principalmente en el abandono de los programas nucleares y balísticos, así como en el cese del financiamiento a aliados regionales como Hezbolá. El segundo piloto estadounidense, hallado con vida Durante la semana, el mandatario estadounidense alternó mensajes contradictorios, como lo ha hecho desde el inicio de esta guerra contra el régimen iraní: en ocasiones habló de plazos de dos o tres semanas para el fin del conflicto, y en otras priorizó la vía diplomática, asegurando que los iraníes “quieren llegar a un acuerdo a cualquier costo”. Sin embargo, hacia el final de la semana fueron las autoridades iraníes las que dieron la impresión de buscar la escalada. El sábado rechazaron un alto el fuego de 48 horas propuesto por Estados Unidos y, por el contrario, intensificaron sus ataques contra Israel y, especialmente, contra países del Golfo. Allí atacaron infraestructuras sensibles como plantas desalinizadoras y centrales eléctricas, por ejemplo, en Kuwait. En un contexto de bombardeos crecientes sobre su propio territorio, ese mismo día se registró un hecho inusual: una central nuclear en el sur del país fue alcanzada. Además, los Guardianes de la Revolución iraníes lograron una “victoria” simbólica al derribar el viernes un avión F-15 estadounidense con dos comandantes a bordo. Uno de ellos fue rescatado rápidamente por el ejército estadounidense; el segundo fue encontrado con vida, aunque herido, la noche del sábado, tras una amplia y arriesgada operación de búsqueda llevada a cabo durante 48 horas en pleno territorio iraní por unidades de élite estadounidenses, con apoyo constante de helicópteros y aviones de reconocimiento que volaron a baja altura. La operación de rescate, ejecutada sin contratiempos durante dos días, culminó la noche del sábado con un enfrentamiento con elementos de los Basij, la fuerza paramilitar vinculada a los Guardianes de la Revolución, que intentaron capturar al comandante del F-15 cuya ubicación ya había sido detectada. Los milicianos sufrieron fuertes bajas y la unidad de élite logró rescatar al piloto antes de retirarse hacia un país árabe vecino. Ataques intensivos contra Emiratos y Kuwait En cuanto a las operaciones militares convencionales, el cierre de la semana estuvo marcado por un aumento de lanzamientos de misiles y drones contra, entre otros, los Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. El ejército kuwaití informó el sábado que interceptó ocho misiles balísticos y 19 drones con explosivos en 24 horas. Por su parte, los Emiratos señalaron haber interceptado en un solo día 23 misiles balísticos y 56 drones. En esta fase del conflicto, el estrecho de Ormuz se mantiene como el punto clave, eclipsando otras cuestiones como el programa nuclear o el posicionamiento regional del régimen iraní. La apuesta de Teherán por el impacto global del cierre de esta vía marítima estratégica ha dado sus frutos: el aumento de los precios de los combustibles afecta la economía de numerosos países y el poder adquisitivo en regiones muy alejadas del conflicto. Irán incluso ha insinuado que busca obtener beneficios económicos del tránsito por el estrecho, que mantiene prácticamente cerrado desde hace semanas, permitiendo solo el paso de algunos buques autorizados, como embarcaciones turcas e indias. Esto refuerza su control sobre la zona. El sábado, fuentes iraníes afirmaron haber atacado un petrolero “vinculado a Israel”. Otro elemento de escalada desde Teherán: un medio iraní informó que las exportaciones de petróleo desde la estratégica isla de Kharg, que Trump ha amenazado con tomar, han aumentado a pesar del conflicto. ¿Este comportamiento, incluido el rechazo a negociar con Estados Unidos y la negativa a aceptar un alto el fuego, refleja una mayor radicalización del liderazgo iraní? La información sobre la situación interna es limitada, pero un indicio significativo de esta se observa en las reacciones a un artículo publicado en la revista Foreign Affairs por el exministro de Relaciones Exteriores Mohammad Javad Zarif. Zarif sostiene que Irán “lleva la delantera en este conflicto”, al haber resistido los ataques sin ceder, lo que ha derivado, según él, “al fracaso de ambas partes para forzar la capitulación del régimen”. A su juicio, Irán debería aprovechar esta posición no para intensificar la guerra, sino para negociar, proponiendo limitar voluntariamente su programa nuclear y reabrir el estrecho de Ormuz a cambio del levantamiento de sanciones. Las reacciones a este planteamiento evidencian una fuerte polarización. Los sectores conservadores más radicales han respondido con especial dureza, calificando a Zarif de “ingenuo” e incluso de “traidor”, al considerar que sus declaraciones transmiten debilidad en plena guerra. Mientras tanto, el nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei, permanece fuera del foco público. En síntesis, Irán parece decidido a presionar a sus adversarios hasta el límite. ¿Se trata de una estrategia para negociar desde una posición de fuerza o de una huida hacia adelante? ¿Cuáles podrían ser los escenarios de una eventual intervención militar estadounidense en la próxima semana, considerando además que el jefe del Estado Mayor fue destituido recientemente por el secretario de Defensa, en favor de una figura más alineada con la política de Trump? Todo apunta a un endurecimiento también del lado estadounidense. En cualquier caso, la semana que comienza se perfila como un punto de inflexión en la guerra. En Líbano… En el otro frente, el de Líbano, la misma dinámica de escalada se observa entre Hezbolá e Israel. La milicia chiita mantiene ataques constantes con cohetes, misiles y drones contra el norte de Israel y posiciones dentro del territorio. Por su parte, el ejército israelí aplica una política de tierra arrasada en las localidades fronterizas, además de intensificar los bombardeos en distintas regiones. El número de víctimas supera ya las 1400 desde el 2 de marzo. Un desarrollo preocupante tuvo lugar el sábado por la noche, confirmando una mayor implicación de la región de la Bekaa en el conflicto: amenazas israelíes contra el paso fronterizo de Masnaa, entre Líbano y Siria, obligaron a las fuerzas de seguridad libanesas a evacuarlo de emergencia. Las razones no están claras: ¿sospechas de tráfico de armas hacia Hezbolá? El ministro de Obras Públicas y Transporte, Fayez Rassamny, negó fallas en el control del paso. ¿Se trata de una estrategia de bloqueo? Habrá que esperar. Cabe señalar una coincidencia llamativa: el 28 de marzo, autoridades sirias descubrieron y cerraron un túnel que cruzaba la frontera y que, según afirmaron, era utilizado por Hezbolá para contrabando. Durante la semana, también llamó la atención la resistencia de las comunidades cristianas del sur del Líbano. La decisión de replegar progresivamente al ejército libanés ante el avance israelí generó fuertes críticas, al interpretarse como un abandono de estas poblaciones. El ejército justificó la medida como una forma de evitar quedar rodeado, asegurando que mantendrá presencia en la zona. Si el ejército libanés está bajo presión, también lo está la Fuerza Interina de las Naciones Unidas en Líbano (FINUL). El 30 de marzo, tres cascos azules indonesios murieron en un ataque, y otros tres resultaron heridos días después. A menos de un año de su retirada definitiva prevista para finales de 2026, el papel de la misión vuelve a ser cuestionado. Otro episodio generó interrogantes: mientras Hezbolá mantiene un discurso de confianza total y exalta el heroísmo de sus combatientes, el ejército israelí difundió videos de interrogatorios a supuestos miembros capturados del grupo. En ellos, los detenidos expresan dudas sobre el sentido de su participación y un bajo estado de ánimo, aunque admiten no poder negarse a obedecer. La autenticidad de estos materiales puede ser cuestionada, pero su difusión ha tenido un fuerte impacto. El futuro del Líbano aparece cada vez más incierto, y una eventual escalada en Irán solo aumentaría la tensión. Otro país que muestra signos de fragilidad es Irak, que, sin estar en guerra abierta, parece convertirse en escenario del conflicto. Además de ataques contra intereses estadounidenses, se reportó el secuestro de una periodista estadounidense en Bagdad por parte de Kataeb Hezbolá, milicia proiraní, lo que refleja el control de facto que ejercen grupos vinculados a los Guardianes de la Revolución.




