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Lo esencial de la semana

EE.UU.-Irán: la escalada se impone sobre la diplomacia… ¡hasta nuevo aviso!

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El difunto Guía Supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, fue sepultado en el mausoleo del Imam Reza, en Mashhad, Irán. Construido en honor de Ali al-Reza, el octavo imán del islam chií duodecimano, este monumento religioso se encuentra entre las mezquitas más grandes del mundo. (AFP)
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Por Taline Becharraoui
Publicado jul 12, 2026 - 23:08

La tensión ha ido en aumento desde principios de semana entre Washington y Teherán, tras los nuevos ataques iraníes contra buques que transitan por el estrecho de Ormuz. El proceso de negociaciones no ha muerto, pero sí parece debilitado. Por su parte, Hezbolá amenaza con volver a involucrarse en el sur del Líbano si se reanuda la guerra, mientras todas las miradas se dirigen hacia las negociaciones líbano-israelíes que tendrán lugar la próxima semana en Roma.

El domingo por la mañana, las fuerzas estadounidenses anunciaron haber llevado a cabo, durante la noche, una tercera oleada de ataques contra más de 140 objetivos en Irán, en represalia por un nuevo ataque de los Guardianes de la Revolución Islámica iraní contra un buque comercial que navegaba por el estrecho de Ormuz. Tras los raids estadounidenses, los Pasdaran no tardaron en lanzar —y ampliar—, como es su costumbre, ataques contra varios países del Golfo, concretamente contra Baréin, Catar, los Emiratos Árabes Unidos, Omán y Kuwait… así como contra Jordania, país que los iraníes añadieron a su lista de objetivos potenciales desde la escalada de los últimos días. Ni siquiera el mediador omaní se libró. ¡El ataque contra el sultanato de Omán se produjo apenas unas horas después de la visita del ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, al sultanato!

Estos ataques ilustran el clima de la semana que acaba de concluir, en la que las tensiones fueron en aumento hasta desembocar en la escalada registrada durante el fin de semana. El domingo, a primera hora de la tarde, el ejército estadounidense lanzó nuevos raids contra infraestructuras militares de los Guardianes de la Revolución, quienes reanudaron sus ataques contra los países del Golfo, entre ellos especialmente Kuwait.

Las tensiones entre Irán y Estados Unidos ya eran perceptibles a principios de semana. Cada vez más exasperado por la actitud de los iraníes, el presidente Donald Trump había declarado, sin embargo, que quería concederles una tregua hasta el entierro de su antiguo guía supremo Ali Jameneí, previsto para el 9 de julio.

Los iraníes, por su parte, aprovecharon este acontecimiento —postergado desde marzo (Jameneí había muerto en ataques israelo-estadounidenses el 28 de febrero, al inicio de la guerra en Irán)— para protagonizar una demostración de fuerza (del 4 al 9 de julio), asegurando que «millones» de «seguidores» participaron en las concentraciones, entre lloros y lamentos, tanto en Irán como en algunas regiones iraquíes. Especialmente significativas fueron las consignas lanzadas durante estas manifestaciones populares y oficiales: en ellas se amenazaba directamente con la muerte al presidente Trump.

En este contexto, filtraciones en medios estadounidenses dieron cuenta esta semana de advertencias israelíes transmitidas al presidente americano sobre un plan iraní para atentar contra su vida. Otro indicio vino a acrecentar los temores por la seguridad de Trump: este llegó esta semana a la cumbre de la OTAN, celebrada en Turquía, a bordo de su nuevo avión presidencial, obsequio de Catar… pero regresó a bordo del antiguo avión presidencial (mucho más seguro), «por razones de seguridad», según los medios estadounidenses.

Y de hecho, las declaraciones de Trump reflejaron la escalada a lo largo de toda la semana, con ataques estadounidenses que se reanudaron incluso antes de que Jameneí fuera enterrado, el 9 de julio. Ya el 6 de julio, el presidente estadounidense amenazaba: «O habrá un acuerdo con Irán, o terminaremos el trabajo». A esto se sumó una breve frase lanzada el 8 de julio: «El alto el fuego ha terminado». Sin olvidar las duras críticas contra los dirigentes iraníes, a quienes calificó de «mentirosos» y «enfermos».

Su ira no solo refleja su indignación ante las amenazas contra su persona, sino que también constituye una reacción a los reiterados ataques de los Guardianes de la Revolución contra los buques que transitan por el estrecho de Ormuz, sin olvidar el empeño de los Pasdaran en mantener su dominio sobre esta vía marítima.


Conversaciones «en caliente»

Ciertamente, el 10 de julio Trump dio marcha atrás en cierta medida al asegurar que «los iraníes han pedido retomar el diálogo, y hemos aceptado». De hecho, los mediadores paquistaníes y catarís estuvieron activos durante toda la semana para evitar el colapso total del proceso de negociaciones. Según informes mediáticos confirmados por un comunicado del Ministerio iraní de Asuntos Exteriores del domingo, las conversaciones parecen continuar de una forma u otra en Omán. Pero lo que parece haber cambiado es que las negociaciones seguirán adelante bajo el fuego, y ya no en un contexto de tregua.

En cuanto a la situación interna en Irán, la ausencia del nuevo guía supremo Mojtaba Jamenei en el funeral de su padre fue señalada por numerosos medios de comunicación y en distintos círculos políticos, que plantearon la pregunta de quién gobierna realmente Irán hoy.

La pregunta resulta cada vez más pertinente, sobre todo porque el ala dura del régimen parece imponerse sobre la corriente moderada. En los últimos días, las declaraciones belicosas provienen casi exclusivamente de los Pasdaran. Y la retórica del principal negociador, Mohammad Ghalibaf, presidente del Parlamento, no se ha quedado atrás: el 10 de julio aseguró que la guerra en Oriente Próximo «no terminará con la rendición de Irán», y el domingo añadió otra provocación: «La era de los acuerdos injustos ha terminado».

¿Hasta dónde puede llegar la intransigencia iraní? La situación económica del país es catastrófica, pero los Guardianes de la Revolución parecen querer ganar tiempo jugando la carta del alza de los precios del petróleo mediante la provocación del cierre del estrecho de Ormuz. En cualquier caso, la escalada sigue siendo relativamente contenida, a la espera de una nueva tregua o de un deslizamiento que abra de par en par las puertas a un nuevo conflicto global.

Negociaciones líbano-israelíes en Roma

En el frente sur del Líbano, la situación permanece sin cambios por el momento, con la destrucción por parte del ejército israelí de las infraestructuras de Hezbolá. Sin embargo, la milicia chií anunció, por boca de sus dirigentes, que «no dejará a Irán solo si la guerra se reanuda».

Los ataques de los últimos días en el escenario libanés son más bien verbales, por parte del campo pro-iraní, contra la opción adoptada por el Estado libanés de entablar conversaciones directas con Israel. Dichos ataques recibieron una firme respuesta del líder de las Fuerzas Libanesas, Samir Geagea, quien se desplazó el viernes al Palacio de Baabda al frente de una importante delegación de su bloque parlamentario para respaldar la elección de la legalidad libanesa en lo que respecta a las negociaciones directas.

Estas conversaciones continuarán la semana que viene en Roma, pese a las reservas libanesas sobre este cambio de sede, por temor a que se reduzca la implicación de Washington, algo que los dirigentes estadounidenses han descartado por completo. Esas aprensiones fueron disipadas por el embajador estadounidense Michel Issa el jueves, durante una ronda de visitas a las autoridades, en particular al presidente de la República Joseph Aoun.

El embajador estadounidense anunció en este contexto la llegada de una delegación militar americana al Líbano para supervisar la aplicación del acuerdo marco entre Israel y el Líbano (firmado el 22 de junio), en particular en lo relativo a la retirada progresiva israelí y al despliegue del ejército libanés en dos zonas piloto en el sur. La delegación estadounidense se reunió al respecto, a finales de semana, con el mando del ejército.

Presumiblemente para aumentar las posibilidades de éxito de estas negociaciones, el mando militar israelí ordenó a sus unidades congelar «las operaciones delicadas al sur del Líbano», a petición de los estadounidenses.

La otra gran noticia de esta semana fue la confirmación de la visita del presidente libanés a Washington el 21 de julio. Cabe destacar que Joseph Aoun sigue negándose a que dicha visita incluya un encuentro directo con el primer ministro Benjamin Netanyahu, quien anunció a principios de semana una próxima reunión con el presidente Trump.

Macron en Siria

La semana pasada estuvo marcada además por la cumbre de la OTAN en Turquía, con la presencia notable del presidente Trump, pero sobre todo por la visita del presidente Emmanuel Macron a Damasco el 6 de julio, la primera de un jefe de Estado occidental desde el cambio de régimen en diciembre de 2024. Esta visita fue ocasión para hablar de cooperación y economía, en un momento en que el nuevo régimen busca unificar sus filas y llevar a cabo una recuperación. Pero también fue la ocasión para que terroristas —aparentemente el grupo «Estado Islámico», según las autoridades sirias— perpetraran un doble atentado con explosivos no lejos del hotel donde se alojaba el presidente francés. Una señal de que la situación de seguridad sigue siendo precaria en el escenario sirio.

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