
El momento es, sin duda, histórico en más de un sentido: en el plano simbólico, primero; y a nivel del alcance político y la dimensión estratégica del evento, por otra parte. El aspecto simbólico, en primer lugar, reviste una importancia muy particular en el contexto local y regional que nadie ignora: la embajadora de Líbano en Washington, Nada Hamadé Moawad, reunida cara a cara en el Departamento de Estado, en Washington, con el embajador de Israel, Yechiel Leiter, bajo la égida del Secretario de Estado Marco Rubio, con los pabellones libanés, israelí y estadounidense de fondo, uno al lado del otro… La imagen habría parecido ciencia ficción hace tan solo unos meses.
















