


Tras la prohibición oficial de las actividades militares de Hezbolá y de la Guardia Revolucionaria iraní en el Líbano, la decisión de expulsar al embajador de Irán en Beirut y de llamar a consultas al jefe de la misión diplomática libanesa en Teherán marca, sin duda, el paso más trascendental dado por el gobierno de Nawaf Salam desde que Hezbolá arrastró al país a la confrontación militar que enfrenta a Irán con Israel y Estados Unidos.
Y con razón: por primera vez desde los Acuerdos de Taif de 1989, las autoridades libanesas están fijando límites claros y buscan proteger al país de las injerencias extranjeras en sus asuntos internos. Interferencias que a menudo han resultado perjudiciales, incluso devastadoras.
El martes, el Ministerio de Asuntos Exteriores libanés convocó al encargado de negocios de la embajada iraní para informarle que el Líbano había decidido retirar la acreditación del embajador Mohammad Reza Shibani, ordenándole abandonar el país a más tardar el domingo. Shibani había sido designado a mediados de febrero al frente de la misión diplomática iraní en Beirut; había llegado a la capital libanesa apenas una semana antes del estallido de la guerra.
La decisión de expulsarlo fue inmediatamente bien recibida en Tel Aviv y París, mientras que figuras del entorno de Hezbolá la denunciaron como un escándalo.
¿Por qué es importante? Porque permite al Estado libanés demostrar que se toma en serio la restauración de su soberanía y el fin de los grupos armados y de sus patrocinadores. En un momento en que su (in)acción tras la decisión inicial adoptada a comienzos de marzo había suscitado críticas tanto a nivel interno como internacional. Beirut envía así la señal de que, aunque por ahora sigue siendo incapaz de frenar el curso destructivo al que Hezbolá ha arrastrado al país o de iniciar el desarme de una milicia que continúa amenazando a las autoridades, conserva margen de maniobra en los planos político y judicial. De hecho, se han emitido órdenes de arresto contra un grupo de milicianos detenidos mientras transportaban cohetes hacia el sur del Líbano.
La rebelión de Hezbolá y Amal
La gran incógnita sigue siendo hasta dónde llegará el gobierno, en los planos político y judicial, contra Hezbolá, cuyos dirigentes y allegados han denunciado la expulsión del embajador iraní. Según múltiples fuentes coincidentes, Hezbolá y el líder del movimiento Amal, que también ejerce como presidente del Parlamento, Nabih Berri, contactaron al embajador para instarlo a permanecer en su puesto e ignorar la orden del gobierno libanés de abandonar el país. Algunas fuentes añadieron que el diplomático considera la orden de expulsión “nula”. Al final del día, Hezbolá emitió un comunicado en el que atacó duramente al ministro de Asuntos Exteriores, Joe Raggi, y rechazó la decisión gubernamental.
Junto con el desafío de Hezbolá y de Nabih Berri al gobierno, el vicepresidente del Consejo Superior Chií, Ali Khatib, cercano a Irán, calificó la medida de “precipitada, imprudente, ilegítima e injustificada”. Sin embargo, en realidad, la decisión era largamente esperada. El propio primer ministro Nawaf Salam confirmó hace apenas unos días lo que desde hace tiempo era evidente: la presencia significativa en el Líbano de operativos de la Guardia Revolucionaria, encargados de coordinar la guerra contra Israel y, mucho antes del estallido de las hostilidades, de organizar y entrenar a los dirigentes y combatientes del grupo alineado con Irán.
El aspecto más grave de las declaraciones del líder religioso es que calificó una decisión oficial del gobierno como “una provocación contra una comunidad libanesa”, en referencia a la comunidad chií, que Hezbolá afirma representar de manera exclusiva.
La expulsión del diplomático iraní, a solicitud del gobierno, se justifica en particular porque el embajador Shibani violó las disposiciones de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas e incumplió sus obligaciones al inmiscuirse en los asuntos internos del Líbano, explicó el Ministerio de Asuntos Exteriores en un comunicado. La institución subrayó que la medida no constituye una ruptura de las relaciones diplomáticas con Irán, sino que responde, según el texto, a una serie de actuaciones del embajador, entre ellas sus declaraciones públicas sobre la política interna libanesa y sus valoraciones de decisiones gubernamentales, todas contrarias a las normas diplomáticas establecidas.
El Ministerio también reprochó a Mohammad Reza Shibani haberse reunido con grupos libaneses no oficiales sin coordinarlo con la cancillería, en una clara alusión a Hezbolá.
El precedente de Albert Moukheiber con el embajador egipcio
En este sentido, conviene recordar el precedente, en la historia contemporánea del Líbano, de la expulsión del embajador egipcio de Beirut en el contexto de la guerra civil de 1958. Albert Moukheiber era entonces ministro de Asuntos Exteriores en funciones y decidió expulsar al embajador egipcio, acusado, al igual que el embajador iraní, de injerencia desestabilizadora en los asuntos internos libaneses.
Escalada de ataques
Este desarrollo se produce en un contexto de intensificación de las tensiones sobre el terreno, con la reanudación de violentos intercambios de fuego entre Israel y Hezbolá, en el marco de una escalada regional más amplia. Un elemento destacado el martes fue la implicación de Irak, al igual que Líbano, en el conflicto en curso: quince combatientes de la milicia proiraní Hashed al-Shaabi, incluido un alto comandante, murieron al amanecer en un bombardeo en el oeste de Irak, el ataque más mortífero contra esta alianza de ex paramilitares, que lo denunció como “un ataque estadounidense”.
Entre las víctimas figuraba “el comandante de operaciones de Al-Anbar para Hashed al-Shaabi, Saad Dawaï”. El bombardeo, ocurrido en la zona de Habbaniya, se produjo durante una reunión de mando, según un responsable de la alianza citado por AFP.
Al-Anbar, una región mayoritariamente suní, es la provincia más extensa de Irak y limita con las estratégicas fronteras de Siria, Arabia Saudita y Jordania.
Ilustrando la espiral en la que Irak se ve arrastrado en medio del conflicto regional, la región autónoma del Kurdistán, en el norte, acusó a Irán de lanzar misiles balísticos contra sus fuerzas armadas, causando la muerte de seis soldados peshmerga. En ambos casos, se trata de los ataques más letales desde el inicio de la guerra el 28 de febrero.
En el pasado, Irán ha lanzado misiles balísticos contra esta región autónoma, pero en los últimos años las relaciones se han distendido. Con la guerra, los dirigentes kurdos actúan con cautela y buscan mantener cierto grado de neutralidad. En un comunicado, el Ministerio Peshmerga denunció “un acto de agresión (…) alejado de todo principio de buena vecindad” y añadió: “Reiteramos nuestro derecho soberano y legítimo a responder a cualquier agresión contra nuestro pueblo y nuestro territorio”.
Irán, que acaba de nombrar a Mohammad Bagher Zolghadr, excomandante de la Guardia Revolucionaria y cercano al fallecido Ali Larijani, para sustituirlo al frente del Consejo Supremo de Seguridad, ha continuado sus ataques contra Israel. Al mismo tiempo, Arabia Saudita y Kuwait anunciaron que también estaban siendo objeto de ataques con drones y misiles.
En respuesta, el ejército israelí atacó alrededor de un centenar de objetivos, incluidos varios bombardeos sobre Isfahán.
Según la agencia Fars, dos instalaciones energéticas iraníes fueron alcanzadas en ataques conjuntos israelí-estadounidenses, pocas horas después del anuncio inesperado del presidente estadounidense Donald Trump de preservar ciertas centrales eléctricas durante cinco días, el plazo que había fijado para que Teherán respondiera a las condiciones planteadas para las negociaciones.
En Israel, una decena de misiles iraníes apuntaron al norte y al centro del país, dejando varios heridos en Tel Aviv, lo que vuelve a subrayar la intensidad de una confrontación que amenaza con escalar, pese a la perspectiva de próximas negociaciones entre Teherán y Washington.
Conversaciones y escepticismo
En este contexto, cabe señalar que en Israel persiste cierto escepticismo sobre el posible resultado de las conversaciones entre Estados Unidos e Irán, anunciadas el lunes por Donald Trump. El presidente se ha fijado un plazo de cinco días para avanzar en las discusiones con “un alto responsable iraní”, cuya identidad no ha revelado, antes de reanudar los bombardeos, en particular contra la red eléctrica iraní.
En el frente diplomático, continúan surgiendo informaciones no confirmadas sobre contactos bilaterales, mientras diversos medios informan de que el ejército estadounidense se prepara para desplegar más tropas y recursos en Oriente Medio.
El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, cuyos objetivos de guerra no siempre coinciden con los de su aliado, afirmó que Trump considera posible “alcanzar un acuerdo que preserve los intereses vitales de Israel”. Pero “al mismo tiempo, seguimos atacando tanto a Irán como al Líbano”. En respuesta, la Guardia Revolucionaria afirmó que continuará lanzando misiles contra Israel si este “persiste en sus ataques contra Líbano y Palestina”.
Misiles iraníes en el espacio aéreo libanés fueron interceptados el martes por la tarde, en medio de informaciones contradictorias sobre su objetivo, ya fuera la embajada de Estados Unidos en Awkar o Chipre. En cualquier caso, los restos de los proyectiles cayeron en varias zonas de Kesrouan sin causar víctimas.
Desde Teherán, el Ministerio de Asuntos Exteriores se limitó a reconocer la recepción, a través de “países amigos”, de “mensajes que transmiten una solicitud estadounidense de negociaciones”.
Sea cual sea el alcance real de estas iniciativas diplomáticas, Catar, Egipto y Pakistán afirmaron apoyar “todos los esfuerzos” destinados a promover el diálogo. Mientras Doha indicó que no desea participar directamente, Islamabad expresó su disposición a acoger eventuales conversaciones entre Estados Unidos e Irán, señalando que ha sido contactado con ese fin.
Doha también sugirió que los vecinos de Irán deberían revisar colectivamente sus mecanismos de seguridad. “Los Estados del Golfo, que han trabajado en estrecha coordinación (…) para garantizar su seguridad, deben reevaluar (…) un marco regional común de seguridad”, declaró Majed al-Ansari, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Catar.
En Washington, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, no negó los informes sobre iniciativas diplomáticas de Pakistán, pero instó a no considerar estas “especulaciones” como confirmadas hasta que sean anunciadas oficialmente por Estados Unidos.
La implicación de Islamabad tendría sentido, según Michael Kugelman, experto en Asia del Sur del Atlantic Council. “Pakistán es uno de los pocos países que mantienen buenas relaciones tanto con Teherán como con Washington” y “representa los intereses diplomáticos de Irán en Washington”, donde Irán no tiene embajada.
Egipto, por su parte, parece avanzar en su propia agenda. Su ministro de Asuntos Exteriores, Badr Abdelatty, ha mantenido en los últimos días conversaciones con representantes de Irán, Estados Unidos, Turquía y Pakistán, según comunicados oficiales.
Rubio en Europa
En cualquier caso, con el plazo fijado por Donald Trump para Irán a punto de expirar el viernes, se espera que el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, viaje a Francia para una reunión del G7, donde abordará la guerra en Irán y la situación más amplia en Oriente Medio con sus homólogos europeos. Será su primer viaje al extranjero desde que Estados Unidos e Israel atacaron Irán el 28 de febrero.