Logotipo de Levant Time

Religión

La encíclica de León XIV sobre la IA: ¿Torre de Babel o Ciudad santa? (2/3)

Para ilustrar su argumento y darle una dimensión bíblica, el papa León XIV utiliza, en su encíclica Magnifica Humanitas sobre la era digital y la Inteligencia Artificial (IA), una metáfora: la humanidad debe elegir entre construir una nueva “Torre de Babel” o edificar la “Ciudad santa”. La historia de la Torre de Babel es un episodio bíblico del Libro del Génesis. Poco después del Diluvio, cuando todos los hombres hablaban la misma lengua, decidieron construir una ciudad y una torre cuya cima llegara hasta el cielo, con el objetivo de hacerse un nombre. Entonces Dios confundió su lengua para que dejaran de entenderse entre ellos y los dispersó por toda la superficie de la Tierra (Génesis 11:1-9). El mito tuvo una fecundidad extraordinaria en la historia de las ideas y dio lugar a reflexiones sobre el origen de la diversidad de las lenguas, el poder del esfuerzo colectivo, el pecado de la soberbia, la aspiración a la totalidad del conocimiento, entre otros temas. El tema de la “Ciudad santa”, iniciado en el Libro de Nehemías, cierra el Nuevo Testamento y ocupa un lugar central en la obra de san Agustín. La Ciudad santa simboliza todo aquello que es humanamente y divinamente posible y deseable: la paz, la justicia, las relaciones de amistad de Cristo con sus santos, la fidelidad doctrinal, entre otros elementos. Para la fe cristiana, corresponde a la humanidad elevarse por encima de sí misma para construir esta Ciudad, siguiendo las grandes orientaciones de la doctrina social de la Iglesia. La irresponsabilidad de la “Realpolitik” Al describir el mundo en el que vivimos, León XIV observa que, lejos de todas las promesas que las naciones se hicieron después de la Segunda Guerra Mundial y del grito de “Nunca más la guerra” que lanzó Europa, “la lógica del equilibrio armado y de la disuasión parece volver para imponerse”. “Pero, a diferencia del escenario bipolar de la Guerra Fría, añade el Papa, la multiplicación de actores y de frentes de conflicto vuelve hoy esta lógica cada vez más frágil. La intensificación de los enfrentamientos conduce a guerras asimétricas e “híbridas”, libradas también en los ámbitos económico, financiero e informático, con el recurso a la desinformación y a campañas que alimentan el miedo para influir en la opinión pública. En numerosos países, incluidos los del Sur global, el aumento del gasto militar se presenta como la única respuesta ante un futuro incierto o frente a amenazas percibidas, mientras que el costo real recae sobre los más pobres, quienes ven disminuir los recursos destinados a la salud, la educación y los servicios sociales”. “Detrás de todo esto, insiste León XIV, se esconde un falso “realismo”, basado no solo en la lógica bien establecida de la fuerza, sino también en una convicción cultural y antropológica, como si la guerra formara inevitablemente parte de la naturaleza humana. Siempre ha sido así, se dice, salvo breves paréntesis, ¡y siempre será así! El problema ya no es entonces la paz, perdida como referencia en el escenario internacional, sino cómo y cuándo actuar militarmente, mientras se afirma que sería irresponsable no prepararse para el enfrentamiento inevitable. Lo verdaderamente irresponsable es la Realpolitik , esa forma de “realismo” político que siembra tanto en las conciencias como en la cultura la resignación ante una guerra inevitable, y que considera la paz y el diálogo como posiciones utópicas o irracionales que ignoran los riesgos en juego.” (§205) El modo de producción de la economía digital En otro ámbito, León XIV se detiene en el modo de producción de la economía digital. Esta, afirma, “se basa en el trabajo silencioso de millones de seres humanos, empleados en actividades poco visibles pero esenciales: etiquetado de datos, moderación de contenidos, a menudo muy perjudiciales, entrenamiento de modelos. En muchos casos se trata de jóvenes, en su mayoría mujeres, que trabajan arduamente por salarios miserables. A este cansancio invisible se suma otro aún más brutal: el de la extracción de los recursos necesarios para la producción de los dispositivos y microprocesadores sobre los que se sostiene la IA”. “En algunas regiones del mundo, señala el Sumo Pontífice, niños y adolescentes trabajan en condiciones peligrosas en la trituración de materiales de los que se extraen tierras raras. Cuerpos marcados, mutilados, utilizados para que el flujo de procesamiento nunca se detenga. Además, redes criminales utilizan plataformas en línea, sistemas de mensajería, pagos anónimos y técnicas de perfilamiento para reclutar, controlar y trasladar a víctimas de trata, con frecuencia menores de edad, transformando a hombres y mujeres en “datos” que deben rastrearse y en “paquetes” que deben desplazarse dentro de los mismos circuitos digitales que sostienen gran parte de la economía mundial”. Y añade: “Esta realidad interpela profundamente la conciencia moral de nuestro tiempo. No basta con invocar la eficiencia ni con celebrar los beneficios de la innovación si estos se apoyan en una cadena de explotación que permanece deliberadamente invisible”. La paz, fruto de la justicia y la caridad Para el papa Prevost, “la paz no es una esperanza ingenua ni una simple ausencia de guerra”, sino “el fruto, siempre posible, de la justicia y de la caridad”. Para ilustrar esta afirmación, León XIV cita a J.R.R. Tolkien, el gran escritor católico británico del siglo XX, quien describe nuestra responsabilidad a través de las palabras de Gandalf, uno de los protagonistas de la trilogía El Señor de los Anillos : “Sin embargo, no nos corresponde reunir todas las mareas del mundo, sino hacer lo que esté en nuestras manos para ayudar durante los años en los que nos ha tocado vivir, arrancando el mal de los campos que conocemos, para que quienes vivan después de nosotros puedan tener una tierra limpia que cultivar”. Para nosotros, cuyas tierras cultivables y olivares son pulverizados con glifosato y fósforo, estas palabras deberían resonar con especial fuerza. Próximo artículo: Contra la ilusión poshumanista, la capacidad de relación y de amor (3/3) Leer también sobre el mismo tema: La encíclica Magnifica Humanitas de León XIV, texto fundador sobre la IA (1/3)

La Encíclica "Magnifica humanitas" de León XIV, texto fundacional sobre la IA (1/3)

En la primera encíclica de su pontificado, León XIV aborda de frente las inmensas ventajas, pero también los peligros actuales y potenciales de la inteligencia artificial (IA). Aboga por una «paz posible» en una época que piensa que “la guerra forma inevitablemente parte de la naturaleza humana”. Instalado en el trono de Pedro hace poco más de un año, el papa León XIV presentó el pasado 15 de mayo su primera encíclica, Magnifica humanitas (Magnífica humanidad), que aborda de frente las inmensas ventajas, pero también los peligros actuales y potenciales de la inteligencia artificial (IA), un avance tecnológico sin precedentes en la historia de la humanidad, pero también una temible herramienta capaz de someter a la humanidad, de desnaturalizar al hombre. El paralelismo entre Magnífica Humanitas y la encíclica Rerum Novarum de León XIII (1891) es evidente, incluso en la forma: León XIV firmó simbólicamente su texto el 15 de mayo de 2026, día del 135.º aniversario de la encíclica fundadora de la «Doctrina Social de la Iglesia». El papa ya había explicado que eligió su nombre de reinado para honrar a León XIII, trazando un paralelismo directo entre las convulsiones de la primera revolución industrial y las provocadas por la inteligencia artificial. En 1891, la encíclica Rerum Novarum, que habría de inspirar toda la doctrina social de la Iglesia del siglo XX, establecía una serie de principios para recordar que la economía y el progreso técnico en general, entonces en plena transformación, debían permanecer al servicio del hombre y no al contrario. En plena revolución industrial, el papa León XIII quería advertir sobre el peligro que representaban para la humanidad, por un lado, el advenimiento de un capitalismo salvaje y, por otro, el proyecto socialista de una economía estatal. Entre esos grandes principios destacaban la dignidad del trabajador, la necesidad de que el Estado se preocupara por el bien común, el destino universal de los bienes frente a su apropiación por unos pocos, la subsidiariedad, según la cual una autoridad superior solo debe realizar aquello que los escalones inferiores no pueden hacer por sí mismos, la legitimidad tanto del sindicalismo como de la propiedad privada, así como la necesidad de una opción preferencial por los pobres. Un legado “aumentado” La encíclica Magnifica Humanitas ha sido recibida como un texto fundacional para la era digital, comparable a Rerum Novarum para la revolución industrial. Retoma ese legado adaptándolo al nuevo entorno digital, pues “la IA debe entenderse no como un apéndice temático, o como una emergencia que hay que gestionar, sino como una transformación que interpela desde dentro las categorías de la Doctrina social” (§17). Para muchos intelectuales, León XIV se revela, gracias a este documento, como el hombre del momento. Así, la encíclica incorpora los datos digitalizados al destino universal de los bienes y advierte que “cuando estos bienes quedan concentrados en las manos de unos pocos, sin adecuadas formas de intercambio y de acceso, se crea un nuevo desequilibrio que contradice el destino universal de los bienes” (§67). Otro ejemplo: la encíclica redefine la subsidiariedad, pues el “nivel superior” ya no está encarnado por el Estado, sino por las grandes plataformas tecnológicas que fijan las condiciones de acceso a la vida pública (§71). Toda la sociedad es interpelada Al igual que las grandes encíclicas sociales de la tradición católica, Magnifica humanitas interpela al conjunto de la sociedad. Es un llamado universal dirigido tanto a los diseñadores de algoritmos y a los dirigentes políticos como a los ciudadanos comunes, creyentes o no, para volver a situar la dignidad humana inalienable en el centro de la innovación. La encíclica está marcada por una gran fidelidad doctrinal. Retoma los conceptos de Juan Pablo II sobre la dignidad del trabajo humano ( Laborem exercens ), de Benedicto XVI sobre el desarrollo humano integral frente a la técnica ( Caritas in veritate ) y de Francisco sobre el destino universal de los bienes y la denuncia del paradigma tecnocrático ( Laudato si’ ), así como sobre la promoción de la fraternidad frente al individualismo digital transmitido por las pantallas ( Fratelli tutti ). Actualidad teológica “Hay que devolver actualidad a la idea de que la humanidad es algo grande”, escribió un día el papa Benedicto XVI. Ya desde su título, la encíclica de León XIV hace eco directamente de esa aspiración. La “Magnífica humanidad” es algo que debe contemplarse “en el rostro del Hijo”, afirma el papa estadounidense (§133). Un Hijo “por quien y para quien todo fue creado” (Col 1:16), pero que se presentó a sus contemporáneos y al mundo como “el hijo del hombre”, el hermano de todos ( Fratelli tutti ). En este sentido, Magnífica Humanitas es una encíclica profundamente personalista, que sitúa a la persona humana «en el centro» y no en la periferia de la actividad humana. Es también profundamente moral. Pero no se trata de una moral personal, sino de la moral determinada por el advenimiento y la utilización de esta herramienta extraordinaria que es la IA; es decir, en particular, la moral de su modo de producción, de las relaciones entre naciones ricas y pobres, de la relación entre el capital y el trabajo, de la concentración del poder cognitivo, económico y político en manos de multinacionales o de particulares. Es también la moral del uso del poder digital en el ámbito educativo, con fines civiles o militares, o bien con fines de bien común o de malicia criminal. Una gran ceguera espiritual La encíclica es también moral por el juicio que emite sobre nuestra época, marcada, según el Papa, de “notable ceguera espiritual y cultural”. Puede leerse en el §204: “Vivimos en una época de notable ceguera espiritual y cultural. Un falso pragmatismo invita a cortar las raíces de la memoria, como si se pudiera inaugurar una especie de “nueva creación” desvinculada del pasado; incluso quienes invocan grandes principios morales pueden caer en este nihilismo histórico, creyendo ilusoriamente que las atrocidades del siglo XX (las de las dos guerras mundiales y las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, el gulag soviético, la Shoá y los arrozales de Camboya, etc.) ya no pueden repetirse. En realidad, las mismas dinámicas resurgen bajo nuevas formas.” Como lo vemos ante nuestros propios ojos en Medio Oriente, África, Asia e incluso en la vieja Europa. Próximo artículo: Torre de Babel o Ciudad Santa (2/3)

Bkerké otorga identidad a las esposas de los sacerdotes casados
Por
Fady Noun
Publicado
jun 3, 2026 - 10:30

Una revolución virtuosa en la Iglesia maronita: Bkerké ha decidido otorgar una identidad a las esposas de sus sacerdotes casados: las khouriyés. Se llaman Rita, Paulette, Nadia, Nour, Charlotte y Dounia, y todas están casadas con sacerdotes maronitas. Son las khouriyés , forma femenina de la palabra khoury (sacerdote), un nombre afectuoso que han llevado desde siempre. El 16 de mayo tuvieron la alegría de participar en el primer encuentro nacional de esposas de sacerdotes de la Iglesia maronita, que decidió reconocerlas oficialmente y garantizar que sean parte integral del camino sacerdotal de sus esposos. En un mensaje dirigido a la asamblea, el cardenal Mario Grech destacó el doble movimiento que encarna esta iniciativa: la fidelidad a la tradición oriental de la Iglesia maronita y la apertura al lugar y al papel preponderante que la mujer debe desempeñar en la sociedad contemporánea. La reunión, una primera histórica, fue preparada y lanzada conjuntamente por la diócesis de Antélias, presidida por Antoine Bou Najem, y el Comité Patriarcal de Seguimiento del Sínodo sobre la Sinodalidad, presidido por Mounir Khairallah. Su tema fue: “Vocación y misión de la khouriyé en la Iglesia”. Para las 154 esposas de sacerdotes presentes, el encuentro representó un inmenso regalo: la obtención de un reconocimiento comunitario y la garantía de una formación permanente. “Incluso había en la asamblea una esposa de sacerdote cuyo hijo también es sacerdote casado”, cuenta entre risas Rita Abou-Mitri, de 49 años, coordinadora del grupo de esposas de sacerdotes de la diócesis de Antélias. Esta instancia desempeñó un papel clave en la materialización de este primer encuentro nacional. “La más veterana celebraba cincuenta años de matrimonio y la más reciente llevaba apenas una semana casada”, añade. El número de khouriyés en el Líbano es mucho más elevado, reconoce Rita, quien señala que todavía faltan datos precisos sobre el tema. La importancia del papel de los sacerdotes maronitas en la sociedad libanesa no necesita demostración, tanto en los centros urbanos como en los pueblos. Su matrimonio forma parte integral de la tradición maronita y suele considerarse un elemento de estabilidad, fecundidad y unidad. Dentro de la Iglesia maronita gozan de un estatus particular: su estado de vida se elige antes de la ordenación. Como sacerdotes diocesanos, no pueden ser consagrados obispos ni volver a casarse después de la muerte de su esposa. En Occidente, el papa Francisco autorizó su presencia y ordenación debido a su crecimiento y al flujo migratorio que los ha llevado fuera de Medio Oriente. Rita es enfermera titulada y, junto con su esposo, Georges Abou-Mitri, párroco de la iglesia de San Miguel de Beit Chaâr, en el Metn, tiene tres hijos: dos varones de 15 y 18 años y una niña de 11 años. Se conocieron cuando Georges se preparaba para el sacerdocio en el seminario de Ghazir, en Kesrouan. La formación universitaria de él incluye gestión hotelera, acompañamiento espiritual y filosofía. Ningún sentimiento de traición o culpa afecta su relación. El padre Georges había optado por el matrimonio desde aquella época, tras un proceso de discernimiento realizado con su director espiritual. “Dejar a Dios por Dios” Para esta pareja, las vocaciones matrimoniales y sacerdotales no se contradicen. Una de las “reglas de oro” de su vida en común es la flexibilidad, inspirada en un principio establecido por Vicente de Paúl para las Hijas de la Caridad: “Hay ocasiones en las que no se puede seguir el orden previsto para la jornada (…), porque la caridad está por encima de todas las reglas (…). Dios te llama a la oración y, al mismo tiempo, te llama a asistir a un enfermo. Eso significa dejar a Dios por Dios”. “Es una ley de libertad”, comenta Rita. “Como cualquier madre, hay momentos en los que debo abandonar la misa para atender a mis hijos o ausentarme de una reunión si surge una urgencia. Al mismo tiempo, debo actuar con mucha prudencia en mi relación con las distintas comisiones sociales o caritativas de la parroquia, las organizaciones juveniles, la preparación anual para la primera comunión, los comités de mujeres, los vínculos con el ámbito escolar, entre otras actividades.” “Es nuestra colaboración lo que hace crecer a la familia”, continúa. Para Rita, esto significa que ambas vocaciones se piensan y se viven juntas, y que entre las dos forman un equipo pastoral, sin que ello introduzca una jerarquía artificial dentro del matrimonio. Existe un delicado equilibrio en el servicio mutuo que se presta. La prioridad es que el sacerdocio del padre Georges sea fecundo, sin que el matrimonio termine marcado por la soledad o el agotamiento, ni que los hijos queden desatendidos. “Por el contrario”, subraya Rita, “nuestra buena relación se refleja en los vínculos de mi esposo con sus feligreses. Si hay tensiones, y eso sucede, o si el cansancio se vuelve demasiado evidente, se generan problemas y ellos lo notan de inmediato. Además, nuestras dos familias dan prioridad al horario de Georges y reorganizan sus actividades en función de él. Los niños también se adaptan.” Rita precisa que, durante la primera etapa de su matrimonio, tuvo que renunciar a su contrato laboral en un importante hospital de Beirut para cuidar de sus hijos pequeños. Durante esos años, la familia dependió del salario de docente de su esposo, quien impartía clases de catequesis y realizaba acompañamiento espiritual en dos escuelas distintas. También es habitual en las parroquias maronitas que el sacerdote reciba un salario. Sin embargo, la cantidad no está unificada y depende de los recursos de cada parroquia. En el mejor de los casos, alcanza los 600 dólares mensuales. Algunas parroquias reducen ese ingreso a una ayuda de apenas 100 dólares al mes, considerando que el sacerdote puede obtener recursos adicionales por bautizos, matrimonios y funerales que celebra. Aun así, en la Iglesia maronita la vivienda de un sacerdote suele estar garantizada por la parroquia; sus hijos reciben educación gratuita y cuenta con seguro médico, cobertura hospitalaria a cargo de su diócesis y un fondo de jubilación. “Que el sacerdote sea célibe o casado es secundario, siempre que no mire hacia atrás, que asuma el yugo del servicio y siga a Cristo con alegría”, afirma Paul Nahed, sacerdote casado y secretario general del Comité Patriarcal para el Seguimiento del Sínodo sobre la Sinodalidad. El cardenal Grech: “Una verdadera vocación” Recibidas y acompañadas por el patriarca Béchara Boutros Raï, por monseñor Mounir Khairallah, obispo de Batroun encargado del seguimiento del Sínodo sobre la Sinodalidad; por monseñor Antoine Bou Najem, obispo de Antélias; y por monseñor Paul Nahed, las participantes pudieron escuchar un mensaje en video del cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos en Roma, que el padre Nahed calificó como “sorprendentemente abierto”. “Su invitación”, afirmó el cardenal Grech, “aunque inesperada, me permitió apreciar el valor del camino que su Iglesia está emprendiendo para asegurar la fidelidad a su propia tradición (…). Dado que la tradición de las Iglesias orientales siempre ha subrayado la importancia del clero casado, resulta esencial, en el contexto actual y frente a las crecientes transformaciones socioculturales, considerar que las mujeres ocupen un papel más acorde con sus inmensas capacidades; un papel que pueda acompañar plenamente el recorrido sacerdotal e incluso convertirse en una parte integral y no secundaria de él”. Dirigiéndose directamente a las esposas presentes, añadió: “Sean fieles a su llamado. Se trata, efectivamente, de una verdadera vocación. Vivan junto a sus esposos sacerdotes, ofreciéndoles sus capacidades y su inteligencia y, sobre todo, su fe, su esperanza y su amor; ese amor que encuentra su fuerza en el maravilloso don que Dios les ha concedido: convertirse en madres dentro de la comunidad eclesial”. Divididas en pequeños grupos, las mujeres participaron en la llamada “conversación en el Espíritu”, un momento de intercambio y escucha de aquello que el Espíritu Santo, a través de la comunidad creyente, dice a la Iglesia. También pudieron dialogar con el patriarca Raï, quien respondió pacientemente a numerosas preguntas relacionadas con aspectos prácticos de su situación, en particular la viudez. Un comité se encargará del seguimiento de esta reunión y de la implementación de un programa de formación bíblica y pastoral. Para Rita Abou-Mitri, “el espíritu de escucha, discernimiento y participación dominó toda la jornada, reflejando una atmósfera espiritual en la que las participantes vieron una auténtica Pentecostés”.

El rosario, "la oración del pobre" y arma poderosa del Cielo
Por
Fady Noun
Publicado
may 25, 2026 - 11:54

“Hay que decirlo: el rosario te impide caer más bajo”. Raoul*, un jubilado apasionado por los idiomas, padre de familia libanés-canadiense altamente calificado y amenazado regularmente por el desempleo, habla con total naturalidad y sin entrar en detalles. En este mes de mayo, que la Iglesia dedica a la Virgen María, son innumerables los testimonios de auxilios recibidos mediante el rezo del rosario. Para Fahed F., originario de Keserwan, sin el rosario y las visitas al santuario mariano de Béchouate, en la Bekaa, su matrimonio habría permanecido sin hijos. “¡Ponte a rezar!” Escucha interiormente este empresario, justo después de entregar las llaves de su automóvil a un trabajador encargado de hacer una diligencia. A su regreso, el hombre, que discretamente había multiplicado los “Ave María” cerca de la obra donde trabajaban sus empleados, se entera de que su automóvil había derrapado sobre la carretera mojada de la autopista del Metn y que habría podido terminar en un barranco de no ser por un gran arbusto que providencialmente detuvo su trayectoria. Estos testimonios confirman, a su manera, las palabras del papa León XIV, quien el 8 de mayo acudió al santuario de Pompeya, en Italia, para conmemorar el primer aniversario de su pontificado: “El rosario, dijo, es la oración de los pobres (...). Es un cofre que contiene la teología cristiana más esencial”. Lo es particularmente de los dogmas de la Encarnación y de la Redención. En efecto, recogidos al azar de las conversaciones, estos testimonios muestran que el rosario es verdaderamente “la oración de los pobres”, la oración para todo del cielo, aquella a la que se recurre espontáneamente en cualquier momento y circunstancia: para obtener una gracia, detener una guerra, facilitar el nacimiento de un hijo, pedir fuerzas para levantarse de nuevo, aprobar un examen o prevenir un accidente. Una tradición nacida en el siglo XIII El rezo del rosario y del camándula hunde sus raíces en la Europa medieval. Durante la campaña contra la secta de los albigenses, a comienzos del siglo XIII, la Virgen se apareció a Santo Domingo de Guzmán y le explicó que, más poderosa para vencer la herejía que las polémicas y las batallas, debía emplear el arma de la oración. Había que repetir sin cesar: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pobres pecadores”. Ese sería el origen del rosario. Una alegoría sostiene que la propia Virgen María entregó a Santo Domingo este precioso collar de nudos o cuentas que hoy se ve colgado del retrovisor de tantos automóviles. En los conventos, se hizo recitar entonces a los monjes analfabetos los 150 “Ave María” del rosario, mientras aprendían los 150 salmos del Salterio. Compuesto por cinco decenas de “Ave María”, cada una acompañada de un “Padre Nuestro” y un “Gloria”, el rosario es una oración repetitiva. Originalmente, el rosario comprendía tres series de cuentas, lo que permitía recorrer los quince misterios gozosos, dolorosos y gloriosos. La palabra “misterio” se utiliza aquí para designar un episodio fundamental de la vida de Cristo. A comienzos del siglo XXI, Juan Pablo II añadió un cuarto grupo de cinco “misterios”, llamados “luminosos”, aunque siguen siendo opcionales. Cada decena va acompañada de una meditación sobre uno de los “misterios” de la vida de Cristo. Para hacer accesible el rosario a un mayor número de personas, y no solo a los religiosos, la Iglesia asignó días de la semana a cada grupo de “misterios”, de modo que el rezo completo pueda distribuirse en tres o cuatro días. Anclado en la historia Su arraigo en la historia de la Iglesia otorga al rosario una legitimidad espiritual sólida. Su gran fuerza reside en su accesibilidad. Se adapta a las preocupaciones y al tiempo libre de cada persona. Por supuesto, la experiencia demuestra que su carácter repetitivo conduce a veces a un rezo mecánico o incluso al sueño, y que hace falta un esfuerzo para completarlo. Sin embargo, ese esfuerzo nunca deja de ser recompensado. Punto de apoyo poderoso en los momentos difíciles de la vida, en los problemas de salud, los reveses profesionales o las angustias de toda clase, el rosario también puede llevar a descubrir nuevas profundidades en las Sagradas Escrituras y a un verdadero encuentro personal con Cristo. “El mayor milagro del rosario es el que ocurre en el corazón”, asegura Marielle, una madre maronita que creció en una familia donde el rosario se rezaba diariamente. Confiesa que, de niña, casi siempre se quedaba dormida durante la oración y que todavía no sabe rezarlo sola. “Con mi esposo, dice, a menudo logramos convertirlo en un momento de gracia, de intercambio, de encuentro con el Señor y de poderosa intercesión. ¡Todas nuestras preocupaciones pasan por ahí!” Cambiar el curso de la historia Pero la “Reina del cielo y de la tierra” no se limita a asistir a las personas. También quiere conducir a pueblos, continentes y al mundo entero hacia su hijo. Su intercesión, especialmente a través del rosario, puede cambiar el curso de la historia. El ejemplo más citado en este sentido es el papel atribuido al rosario durante la célebre Batalla de Lepanto, en el mar Jónico, el 7 de octubre de 1571, en la que se enfrentaron la flota otomana de Selim II y la flota de la coalición de la Santa Liga, liderada por España y la República de Venecia. Con la pérdida de 187 barcos de los 251 comprometidos y más de 20.000 hombres, el desenlace de la batalla fue considerado providencial. Ese día se puso un freno decisivo al expansionismo otomano. Como consecuencia, el papa Pío V estableció el 7 de octubre como la fiesta litúrgica del Rosario. La antigua presencia árabe-musulmana en Europa dejó al continente dos recuerdos extraordinarios: Santuario de Nuestra Señora de Lourdes y Santuario de Fátima. El pueblo de Fátima, en Portugal, lleva el nombre de la hija favorita del profeta del islam. Detrás de esta toponimia singular permanece el recuerdo duradero de Al Ándalus y de la presencia árabe en la península ibérica. Por qué María eligió ese pueblo para advertir sobre las desgracias del siglo XX sigue siendo un misterio. Lo que sí se sabe es que se presentó ante los tres niños que la vieron como Nuestra Señora del Rosario y pidió el rezo diario del rosario. “La más noble de las damas” En el caso de Lourdes, una tradición oral recogida por cronistas sugiere que este nombre deriva de la palabra árabe “ warda ” (rosa, flor), a través del paso de la “ waw ” árabe a la consonante líquida francesa “l”. También se plantea que la gruta de Massabielle, donde la Virgen se apareció en 1858 a Santa Bernadette Soubirous, toma su nombre del árabe “ as-sabil ”, que significa fuente o manantial. Estos detalles aparecen en una crónica que relata cómo, en 778, el emperador Carlomagno, de regreso de su campaña en España, quedó detenido a lo largo de los Pirineos frente a una fortaleza ocupada por un príncipe llamado Mirat, quien resistía tanto las órdenes de rendirse como las promesas de convertirse en “conde y caballero de Carlomagno” y conservar todas sus posesiones si aceptaba el bautismo. Como último recurso, el capellán de Carlomagno, el obispo de Le Puy, después de implorar fervientemente a Nuestra Señora de Le Puy, obtuvo permiso para subir a la ciudadela como negociador. Consciente de que los musulmanes veneran profundamente a la Virgen María, propuso a Mirat que, si no reconocía a Carlomagno, aceptara al menos como soberana a “la más noble Dama que jamás existió”. Conmovido por la idea, Mirat declaró estar “dispuesto a entregar las armas al servidor de Nuestra Señora y recibir el bautismo, con la condición de que su condado no dependiera jamás, ni para él ni para sus descendientes, más que de Ella”. Carlomagno confirmó el acuerdo y Mirat recibió el bautismo de manos del obispo de la diócesis de Le Puy. Ese encuentro marcó el final de la “Reconquista” en Francia. Testimonios que interpelan Estos testimonios nos interpelan. Por su irradiación, Lourdes y Fátima son reliquias sagradas, casi promesas. El santuario de Lourdes seguirá llevando hasta el fin del mundo la marca de la Virgen María, la “ warda sirriya ” o “rosa mística” de las letanías del rosario, como lo deseaba Mirat el sarraceno. Digamos, para concluir, que la Iglesia católica solo puede alegrarse de la santidad de los papas que la han gobernado desde hace más de un siglo. Pero la evidente multiplicación de las apariciones de la Virgen durante el último siglo demuestra que ella también ha considerado útil intervenir directamente en el curso de la historia. En Medio Oriente la hemos visto en El Cairo (1968), Beirut (1970), Damasco (1982) y Mosul (1991). Porque nada escapa a María: ni nuestras conductas personales ni los tiempos inquietantes que vive el planeta. Lo constatamos en el Líbano y en otros lugares: sus advertencias siguen plenamente vigentes. En el Líbano tuvimos la original idea de instaurar una fiesta nacional civil que simbolizara nuestra convivencia y tomamos prestada de la Virgen María la fiesta de la Anunciación, el 25 de marzo, para hacerlo. Porque, afortunadamente, la última palabra siempre le pertenece. “Si Dios, en su ira, destruyera el mundo, yo le devolvería los pedazos”, son las impactantes palabras que ella confió un día al padre Jean-Édouard Lamy, apóstol y místico francés (1853-1931). Sí, el rosario es verdaderamente, a imagen de “la Sierva del Señor”, la encarnación orante del espíritu de servicio y la certeza de que la oración ferviente y sincera supera en eficacia “las polémicas y la guerra”. Una “oración de los pobres”, una oración para todo y hasta, como asegura la propia Virgen María, para rehacerlo todo. (*) Los nombres fueron cambiados.

Líbano y su Iglesia en la turbulencia de tres guerras “santas”
Por
Fady Noun
Publicado
mar 17, 2026 - 15:30

La Iglesia en el Líbano se encuentra hoy atrapada en la turbulencia de tres “guerras santas”: dos formas distintas de fundamentalismo islámico (chií y suní), un fundamentalismo judaico y un giro religioso de carácter escatológico, el llamado “sionismo cristiano”. Estas visiones espirituales en competencia comparten un mismo punto focal: Jerusalén, la ciudad por excelencia de la paz. Durante su visita al Líbano, el papa León XIV se dirigió a la población libanesa con el mismo mensaje que ha transmitido al mundo desde su elección, especialmente a los jóvenes cristianos de Oriente: “Sean arquitectos de su propia paz; sean fuerzas decisivas para una paz entre religiones”. Estas palabras están dirigidas a hombres y mujeres de un país que forma parte integral de Tierra Santa y que, por ello, carga con una misión de unidad y comunión. El Líbano es considerado un faro y una garantía para los cristianos de Oriente Medio, al ser el único país de la región donde el cristianismo histórico sigue profundamente arraigado en la sociedad. El papa Juan Pablo II describió a la nación como “un mensaje de libertad y un ejemplo de pluralismo tanto para Oriente como para Occidente”. Vinculados durante siglos al Vaticano y profundamente orientales a la vez, los maronitas libaneses y sus instituciones educativas han convertido al país en un puente excepcional entre Oriente y Occidente. En contraste, en ciertas corrientes religiosas estadounidenses, en particular las asociadas al “sionismo cristiano”, Oriente Medio, incluido el Líbano, se percibe como un escenario profético centrado en la existencia y la seguridad del Estado de Israel. Desde esta perspectiva, los conflictos regionales no son solo políticos: forman parte de una lectura escatológica de la historia vinculada al fin de los tiempos. Ante ello, la Iglesia tiene el deber de responder con un lenguaje que combine la verdad y la caridad. Prudencia y discernimiento La Iglesia, por supuesto, también cree en el fin de los tiempos, pero lo hace con la prudencia y el discernimiento adquiridos a lo largo de dos milenios y tras reconocer sus propias fallas. Sin la gracia de Dios, esos errores pueden repetirse. No obstante, la Iglesia sostiene una posición clara frente a la instrumentalización de la religión para legitimar la violencia. Para ella, la única violencia “legítima” es la que se ejerce contra aquello que “hace impuro al ser humano”, lo que “sale del corazón: malos pensamientos, asesinatos, adulterios, inmoralidad sexual, robos, falsos testimonios y calumnias” (Mateo 15). Esta violencia se dirige, ante todo, contra uno mismo. También puede ejercerse externamente, dentro de los límites de la legítima defensa. Sin embargo, incluso este concepto, presente en el Catecismo de la Iglesia Católica, debe aplicarse con cautela. Actualmente está siendo objeto de revisión doctrinal, en particular cuando se invoca de forma colectiva bajo la noción de “guerra justa”. Wilayat al-Faqih En Irán, la doctrina islámica de la Wilayat al-Faqih establece que, durante la ocultación del duodécimo imán, conocido como el “Imán de la Era”, el gobierno recae en un faqih (jurista-teólogo). Esta teoría, desarrollada principalmente por el ayatolá Jomeini, sustenta una teocracia que otorga primacía política al clero chií. El faqih, considerado líder supremo, gobierna la comunidad musulmana con poder de veto en todos los ámbitos, desde el legislativo hasta el militar, y se espera que actúe de la manera más cercana posible a como lo haría el Mahdi. Incorporada a la Constitución iraní, la aplicación de esta doctrina en el Líbano por parte de Hezbolá plantea un problema central: su incompatibilidad con el pluralismo confesional. En 1995, el jeque Mohammed Hussein Fadlallah se proclamó marja al-taqlid (fuente de emulación), en un gesto que representó un desafío abierto a la Wilayat al-Faqih, en nombre de una tradición chií pluralista y no jerárquica. “Las señales de la Hora” En un artículo publicado en la revista L’Histoire en abril de 2016, el historiador Jean-Pierre Filiu abordó la cuestión del “yihad del fin de los tiempos”. Diversas figuras de la teocracia iraní, desde el expresidente Mahmoud Ahmadineyad hasta el líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, han vinculado públicamente el proyecto político y militar iraní con la inminencia del “fin de los días”. Según Filiu, tanto en el sunismo como en el chiismo, el fin de los tiempos estará precedido por una serie de señales. Junto a indicios relativamente comunes, como la decadencia moral o el desprecio por la religión, aparecen otros más específicos: estaciones engañosas, la aceleración del tiempo, la urbanización de los desiertos o la aparición de una montaña de oro en el Éufrates. El grupo Estado Islámico ha recurrido con frecuencia a estas referencias, incluso al nombrar su revista Dabiq . Asimismo, Filiu recuerda dos episodios de “oportunismo apocalíptico”, en Sudán en 1883 y en La Meca en 1979, ambos finalmente sofocados. En este último caso, la toma de la Gran Mezquita por un grupo insurgente buscaba el reconocimiento de uno de sus miembros como el Mahdi, en un contexto de crítica al régimen saudí por corrupción y occidentalización. El historiador ilustra, además, este imaginario apocalíptico con el caso de Ahmadinejad, quien afirmó haber sido “envuelto en la luz del Mahdi” en un discurso ante la ONU. Asimismo, Hezbolá proclamó una “victoria divina” tras los enfrentamientos con Israel en 2006, atribuyéndola a una intervención del Mahdi junto a los combatientes chiíes. ¿Y qué hay de Israel? ¿Qué hay de Israel? El pequeño “hogar nacional” surgido de la Declaración Balfour se ha transformado en una potencia militar en la región. El Líbano ha sido testigo cercano de la guerra en Gaza, donde el gobierno de Benjamín Netanyahu respondió a los ataques del 7 de octubre con una ofensiva de gran escala. Para dar cuenta del mesianismo nacionalista de Netanyahu, basta citar su intervención televisada en el canal israelí i24 el 26 de octubre de 2023: “Somos el pueblo de la luz; ellos, el pueblo de la oscuridad, y la luz prevalecerá. Nuestra guerra contra Hamás es una prueba para toda la humanidad; es una lucha entre el eje del mal iraní —que incluye a Hezbolá y Hamás— y el eje de la libertad y el progreso. Ha llegado el momento de unirse en torno a un solo objetivo: avanzar y lograr la victoria mediante fuerzas conjuntas y una profunda fe en la justicia, una profunda fe en la eternidad del pueblo judío. Cumpliremos la profecía de Isaías”. Hamás y el hadiz La dimensión escatológica de Hamás, vinculado a los Hermanos Musulmanes, aparece claramente en su carta fundacional de 1988. Entre sus objetivos figuran la creación de un Estado palestino y la eliminación de Israel. Sin embargo, uno de los pasajes más significativos del texto es el hadiz de carácter escatológico citado en su artículo 7, que alude a un enfrentamiento final entre musulmanes y judíos: “La Hora no llegará hasta que los musulmanes combatan a los judíos y los maten; hasta que los judíos se oculten tras las piedras y los árboles, y estos digan: ‘Oh musulmán, hay un judío escondido detrás de mí, ven y mátalo’”. “Sionismo cristiano” y la segunda venida El “sionismo cristiano” sostiene que la existencia del Estado de Israel forma parte del plan divino. En ciertos círculos evangélicos estadounidenses, los acontecimientos en Oriente Medio se interpretan como señales del regreso de Cristo. Según esta visión, el retorno de Israel a su tierra —“del Nilo al Éufrates”— aceleraría la segunda venida. A diferencia del sionismo político, esta interpretación se basa en una lectura literal de la Biblia. Para muchos de sus partidarios, la propia existencia del Estado de Israel favorecerá el regreso de Jesús a la Tierra y garantizará la victoria de Dios sobre las fuerzas del mal, mientras que los judíos que se conviertan al cristianismo serán salvados. Esta ideología fue denunciada recientemente por las Iglesias de Tierra Santa. En una declaración del 17 de enero de 2026, los patriarcas ortodoxos griego y armenio la calificaron de “ideología perjudicial”. Según el texto, estas corrientes “inducen a error a la opinión pública, siembran confusión y dañan la unidad de los fieles”. Además, los firmantes advierten sobre una posible instrumentalización política que podría perjudicar la presencia cristiana en Tierra Santa y en todo Oriente Medio. Más allá de misiles, alianzas y rivalidades geopolíticas, la verdadera batalla por el Líbano reside en demostrar que es posible preservar la diversidad religiosa, construir un Estado justo y resistir la manipulación política de lo sagrado. Puede parecer una aspiración utópica, pero si el país logra sostener ese equilibrio en medio de la crisis, podría convertirse no en un campo de batalla, sino en un referente espiritual para toda la región.

Cristianos en Siria: “Desertificación espiritual” en la cuna del cristianismo (2/2)

En un primer artículo que examinó la situación de los cristianos de Medio Oriente, delineamos la realidad demográfica y social que enfrentan las comunidades cristianas de Siria, un panorama desolador en todos los sentidos. Esta segunda entrega explora las dimensiones espirituales, culturales e históricas que están en juego. Al comentar un informe de L’Œuvre d’Orient sobre las comunidades cristianas en Siria, elaborado en el verano de 2025 (ver artículo anterior), el obispo Hugues de Woillemont, director de la organización, subrayó el papel vital que siguen desempeñando las instituciones asociativas y caritativas cristianas en la sociedad siria, en los ámbitos de la reconciliación, el empoderamiento de las mujeres y la educación. Al retomar el informe, afirmó: “El pluralismo religioso y étnico es uno de los mayores activos de Siria. Sin embargo, tras medio siglo de dictadura y catorce años de guerra, agravados por la violencia sectaria en el periodo posterior a Asad, es evidente que esta diversidad religiosa y étnica se ha debilitado considerablemente y se encuentra amenazada en Siria”. “Además, la necesidad crucial de proteger a las minorías para garantizar la estabilidad y prevenir conflictos ha sido destacada en numerosos informes de la ONU”, señaló el obispo Woillemont. “No obstante, los actuales mecanismos europeos e internacionales de ayuda y protección claramente no toman en cuenta suficientemente la vulnerabilidad y la fragilidad de este ecosistema”. “Pedimos en particular”, añadió el director de L’Œuvre d’Orient, “la creación de un fondo dedicado a la diversidad étnica y religiosa, junto con una plataforma nacional de diálogo intercomunitario. Estos instrumentos nacionales e internacionales podrían contar con el respaldo de diversas agencias de las Naciones Unidas y de la Unión Europea. Lejos de fomentar el sectarismo, estas iniciativas ayudarían a respaldar una transición política y a anclar a estas minorías en las sociedades en las que viven, salvaguardando así la estabilidad nacional y fortaleciendo el respeto de los derechos humanos para todos”. Diversidad y memoria cultural “Este tema concierne al equilibrio, la diversidad y la memoria cultural de Medio Oriente”, continuó el director de la ONG. “También interpela la responsabilidad histórica de Europa. La presencia de estas comunidades es una garantía de pluralismo y democracia. Sin un apoyo sustancial, las escuelas cierran, los jóvenes emigran, las familias se dispersan y el mosaico religioso se derrumba. Un Día Internacional ayudaría a hacer visible una crisis silenciosa, a brindar apoyo concreto a las instituciones educativas y de salud, y a reconstruir puentes entre Oriente y Occidente”. Para Vincent Gelot, representante de la ONG en el Líbano, Siria y Jordania, el descenso en el número de cristianos no es un hecho demográfico más, sino “una ruptura histórica y cultural de magnitud teológica”. En otras palabras, refleja la presencia de Dios en la historia. Usando una expresión del papa Benedicto XVI, equivale a una “desertificación espiritual” de la cuna del cristianismo, es decir, la sustitución de una verdad sobre la persona humana por otra. Sin embargo, la desaparición de Jesús en el plano social no es un proceso neutral. Marca el desvanecimiento de la forma particular en que Dios amó al mundo en Cristo y de la comprensión de la humanidad transmitida por ese Dios, en suma, de toda una antropología. En muchos sentidos, es el equivalente oriental de la “muerte de Dios” en Occidente: la pérdida irreparable de una verdad sobre la persona humana que ningún otro sistema de pensamiento puede reemplazar. Las autoridades religiosas cristianas han sido especialmente atentas a la amenaza en contra del pluralismo. “La diversidad de religiones y grupos étnicos siempre ha existido en Siria; no podemos imaginar una nación que no se parezca a la nuestra”, afirmó Jacques Mourad, arzobispo siro-católico de Homs. “Los sirios nunca han estado apegados a una forma tan tradicional del islam”, añadió al reflexionar sobre el impacto del ascenso al poder de Hay’at Tahrir al-Sham. A su juicio, el clima social y cultural en el que los cristianos habían vivido durante décadas se ha visto profundamente alterado. Volver a poner los pies en la tierra “Volver a poner los pies en la tierra: 18 millones de euros para mil proyectos no es mucho”, subrayó Vincent Gelot. “Hoy, la ayuda depende casi exclusivamente de donantes privados occidentales, a través de las organizaciones agrupadas en la ROACO*, y eso es claramente insuficiente”. “Es hora de que la comunidad internacional asuma sus responsabilidades y actúe de manera concreta en favor de las comunidades étnicas y religiosas de esta región, cuya propia existencia está ahora en juego. Sin apoyo sustancial, el mosaico religioso se derrumbará. La presencia de estas comunidades es una garantía de pluralismo, así como de democracia de nuestro mundo. Un Día Internacional daría visibilidad a una crisis silenciosa, proporcionaría apoyo tangible a las instituciones educativas y de salud y reconstruiría puentes entre Oriente y Occidente. Llamamos a una movilización inmediata, no para preservar un pasado congelado, sino para mantener viva una presencia que ha contribuido al equilibrio de Medio Oriente durante dos milenios”. “Estas comunidades cristianas son testigos insustituibles del cristianismo de la Iglesia primitiva”, enfatizó Gelot. “Los lugares santos están aquí: Jesús y sus apóstoles caminaron por esta tierra; Tiro y Sidón, hoy en el Líbano, son mencionadas en los Evangelios; san Pablo se convirtió en el camino a Damasco; san Pedro fue a Antioquía; y en Jordania se encuentra el lugar donde Jesús fue bautizado por Juan el Bautista. Sin embargo, estamos viendo cómo las comunidades cristianas de estas regiones empacan y se van. Irse es inaceptable. Por supuesto, la partida de los cristianos no pone en cuestión la Resurrección de Cristo, pero ¿no es ya una herida teológica para estas comunidades perder el acceso a los lugares santos? Además, su salida no es solo una pérdida para ellas; también lo es para nosotros en Occidente, porque parte de nuestras raíces, de nuestra civilización, de nuestro patrimonio cultural y religioso proviene de aquí. También es una pérdida para los musulmanes. Los países de Medio Oriente deben ser ayudados a preservar su mosaico”. Anclar a las minorías “En consecuencia”, recalcó Vincent Gelot, “L’Œuvre d’Orient hace un llamado a establecer con rapidez mecanismos de apoyo a la reconciliación y a una forma de justicia adaptada a todos los sirios. También recomienda la creación de mecanismos internacionales e instrumentos financieros que garanticen una reconstrucción inclusiva, junto con una movilización sostenida de la comunidad internacional para promover la diversidad étnica y religiosa en Siria”. Gelot concluyó: “Lejos de fomentar el sectarismo, estas iniciativas ayudarían a respaldar una transición política y a anclar a estas minorías en las sociedades en las que viven, salvaguardando así la estabilidad nacional y fortaleciendo el respeto de los derechos humanos para todos”. *ROACO: Reunión de Organismos de Ayuda a las Iglesias Orientales (incluye Ayuda a la Iglesia Necesitada, Misereor, la Misión Pontificia y L’Œuvre d’Orient). Artículos relacionados: “Desertificación espiritual” en Siria: una realidad dramática (1/2)

“Desertificación espiritual” en Siria: una realidad dramática (1/2)

Una situación grave se desarrolla en silencio en Medio Oriente, cuna del cristianismo. La región se está vaciando de su población cristiana. Procesos similares ya se observaron en Irak tras la invasión estadounidense de 2003 y en Tierra Santa. Hoy, Siria enfrenta la misma realidad. “La ruptura es existencial”, afirma Vincent Gelot, representante en el Líbano, Siria y Jordania de L’Œuvre d’Orient , una organización no política vinculada a la Iglesia católica francesa, que actualmente impulsa una campaña para establecer un Día Internacional de los Cristianos en Medio Oriente. Tomando a Siria como ejemplo, Gelot explica: “En catorce años de guerra (2011–2025), el país ha perdido casi el 80 % de su población cristiana”. Estimaciones fiables indican que entre 300,000 y 400,000 cristianos sirios permanecen en una población total de unos 26 a 27 millones. En Alepo, apenas queda alrededor de una sexta parte de los cristianos que vivían allí antes de la guerra iniciada en 2011. En Deir Ez-Zor, ciudad destruida en un 75 %, la población cristiana se ha reducido a solo cuatro personas, frente a las 7.000 que había antes del conflicto. Estas cifras se basan en estimaciones y no en un censo oficial. Una fuente fiable dentro del secretariado de la Iglesia Ortodoxa Griega, la mayor iglesia del país sugiere que los datos podrían estar subestimados, aunque no se difundieron cifras oficiales. En cualquier caso, según una fuente de la Iglesia maronita, el éxodo continuará mientras no regrese la estabilidad política ni se materialice una recuperación económica sólida. En 1905, los cristianos representaban cerca del 15 % de la población siria, alrededor de tres millones de personas, frente al 10 % registrado justo antes del inicio del conflicto en 2011. De acuerdo con los datos de L’Œuvre d’Orient, esa proporción ha caído hoy a menos del 1 %. “Se trata de una caída brutal que solo puede compararse con episodios de genocidio o de limpieza étnica”, subraya el responsable de la organización. “Es extremadamente raro que una comunidad local e indígena, en este caso, los cristianos, desaparezca tan rápido y de forma tan violenta”. Añade: “Del 20 % que permanece, la comunidad es mayoritariamente anciana. Más de la mitad tiene más de 50 años. Es decir, la pirámide demográfica está invertida, con una fuerte caída de jóvenes en relación con la población mayor”. Una comunidad “abandonada” “Los cristianos sirios soportaron la guerra como el resto de la población, pero además fueron blancos específicos de ISIS. Estructuralmente desarmada y sin respaldo confesional regional, la comunidad quedó librada a su suerte, lo que explica la brutalidad del éxodo”, afirma Vincent Gelot. El atentado del 23 de junio de 2025 contra la Iglesia Ortodoxa Griega de San Elías, en Damasco, que dejó al menos 25 muertos y más de 60 heridos, ilustra con crudeza esta vulnerabilidad. El éxodo cristiano se ha visto agravado por tres factores adicionales: las secuelas del terremoto de 2023, las sanciones internacionales impuestas al régimen de Assad y el servicio militar obligatorio, que afectó a todos los jóvenes sirios hasta la caída del régimen en diciembre de 2024. Instalado en el Líbano desde hace diez años, Vincent Gelot, de 37 años, vive allí con su esposa y sus cuatro hijos. Supervisa cerca de mil proyectos que sostienen el tejido social de los tres países bajo su responsabilidad. No llegó a Medio Oriente con traje y corbata. “A los 23 años, sin prácticamente dinero, partió solo en un Renault 4L para encontrarse con un mundo cristiano al borde de la extinción. Desde las llanuras de Nínive hasta las fronteras de Afganistán, su travesía duró dos años. Esta aventura fue una especie de conversión”, escribió la periodista Guyonne de Montjou en un perfil publicado en el sitio Aleteia. Desde entonces, ascendió dentro de la organización y hoy gestiona cerca de 18 millones de euros anuales en la región bajo su responsabilidad, destinados al apoyo de hospitales, escuelas, clínicas, centros de refugiados, grupos de acompañamiento e incubadoras estudiantiles. El papel central de las instituciones cristianas El número de cristianos en Siria no debe medirse solo por su peso social y cultural. Las instituciones dirigidas por congregaciones cristianas no sirven únicamente a cristianos: ofrecen espacios de diálogo intercomunitario y fomentan la cohesión nacional. Su desaparición debilitaría gravemente todo el tejido social, así como su apertura a la modernidad. Un informe de L’Œuvre d’Orient , publicado en el verano de 2025, subraya la “profunda marginación, marcada por el miedo y la inseguridad persistente” que viven los cristianos en Siria y formula recomendaciones a la comunidad internacional. “A pesar de su situación frágil, los cristianos siguen sirviendo incansablemente a otras comunidades. A través de sus cuatro grandes hospitales, 57 escuelas en todo el país y una red activa de asociaciones, contribuye al sostenimiento de la población y a la reactivación del empleo”, señala el informe.

La fiesta de San Marón: historia, sacrificios y promesa de futuro
Por
Nayla Assaf
Publicado
feb 9, 2026 - 20:03

« El Líbano no pertenece a los Maronitas; son los Maronitas quienes pertenecen al Líbano » Patriarca Nasrallah Sfeir San Marón, cuya fiesta se celebra este 9 de febrero, no es solo una figura religiosa; es, para los Maronitas y para el Líbano, un símbolo fundador de libertad, fidelidad y resiliencia. Enraizado en la ascesis y la oración en el siglo IV, este ermitaño sirio inspiró una tradición espiritual que se extendió a lo largo de los siglos y que se convertiría en la Iglesia maronita: un pilar esencial de la historia libanesa y una fuerza viva en la construcción de una identidad pluralista en el corazón de Oriente Medio. A lo largo de los siglos, los Maronitas han enfrentado pruebas y persecuciones, forjando su identidad en las montañas del Monte Líbano, a menudo al margen de las grandes potencias pero siempre en el centro de la vida religiosa, cultural y social del país. Su fidelidad a la fe y a sus valores ha ido de la mano con un profundo compromiso con la libertad humana y la coexistencia, un mensaje raro en una región marcada por incesantes convulsiones. Los Maronitas no solo han sobrevivido; han contribuido directamente al nacimiento de lo que hoy llamamos Líbano . Su presencia histórica ha influido en el desarrollo político y social del país, dando origen a una visión de coexistencia entre diferentes comunidades y una estructura institucional única. Han construido escuelas, hospitales, universidades e instituciones sociales que han apoyado a la sociedad libanesa, a menudo en ausencia de un Estado plenamente organizado. Cada piedra colocada, cada niño instruido, cada enfermo atendido refleja la idea de que el servicio al prójimo es una dimensión esencial de la identidad maronita. Disputas internas y divisiones Sin embargo, esta gloriosa historia no debe ocultar los desafíos internos. Las disputas internas dentro de la comunidad maronita –sean políticas, sociales o económicas– a veces han debilitado su cohesión. Las divisiones, amplificadas por el contexto nacional, han fragmentado corrientes de pensamiento y a veces han desviado la atención de cuestiones esenciales. En un Líbano ya debilitado por crisis estructurales, estas tensiones internas han dado la impresión de que el legado histórico de los maronitas estaba amenazado de erosión y que su papel central se diluiría frente a las rivalidades contemporáneas. Sin embargo, la historia enseña una verdad profunda: incluso cuando las dificultades parecen insuperables, las sociedades capaces de recurrir a su memoria colectiva y a sus valores fundacionales pueden renacer. El legado maronita está lejos de ser una reliquia polvorienta del pasado; constituye una poderosa reserva moral y espiritual. Los Maronitas han resistido la adversidad durante siglos –desde las persecuciones medievales hasta las convulsiones modernas– sin renunciar jamás a la esencia de su vocación. Hoy más que nunca, este coraje moral, esta fidelidad a la dignidad humana, pueden ponerse al servicio de un Líbano renovado . Reconectando con los valores de libertad, diálogo y respeto mutuo que guiaron a sus ancestros, los Maronitas pueden contribuir a superar las divisiones que afligen al país. No es un llamado a la uniformidad, sino a la reafirmación de un papel positivo y constructivo en una sociedad pluralista. Un vínculo para el diálogo Este papel no se limita a la protección de los intereses comunitarios. Abarca una responsabilidad más amplia: ser un vínculo, un puente de diálogo entre los diferentes componentes de la nación, una voz para la justicia social, un catalizador de armonía en un paisaje a menudo fracturado. Los Maronitas han encarnado, en el pasado, la idea de un Líbano que podría ser un espacio de coexistencia pacífica y de creatividad humana. Esta idea no ha muerto. Sigue viva, lista para ser intensificada por aquellos que quieren hacerla una realidad vibrante. El futuro de los maronitas no debe definirse por las rivalidades internas, sino por su capacidad de trascender estas divisiones y unirse en torno a lo que más importa: la permanencia del Líbano como tierra de acogida, pluralismo y dignidad humana. Los desafíos actuales –ya sean políticos, económicos o sociales– no son insuperables si la comunidad sabe recurrir a su herencia espiritual y moral. El mensaje atemporal de San Marón, que inspiró a generaciones a vivir con fe y coraje, sigue siendo relevante hoy. Este mensaje no está encerrado en los archivos del pasado: vive en las instituciones educativas, los monasterios, los centros sociales, en cada gesto de ayuda mutua y solidaridad. Mientras esta llama permanezca, existe una posibilidad real de que los maronitas —y con ellos todo el Líbano— se levanten, unidos en la diversidad, confiados en el futuro . En este día de San Marón, recordemos que nuestra herencia es tanto un recuerdo como una fuente de esperanza. Y que el futuro, a pesar de los obstáculos, puede escribirse con audacia y lucidez, apoyándose en las lecciones y sacrificios del pasado mientras se mira hacia un Líbano de concordia y prosperidad.

Cuento de Navidad: la solución de dos Estados y la estrella de la esperanza

Se dice que una noche, cuando las arenas que alguna vez cruzaron los Reyes Magos parecían cansadas de haber visto tantos pasos pasar sin encontrarse jamás, una nueva estrella comenzó a brillar más que todas las demás. Quienes estaban más atentos levantaron la vista y suspiraron al buscar el cielo, con la sensación de que algo nuevo y misterioso, nacido de lo Gran Desconocido, se estaba dando a conocer. La estrella no apareció sobre una tierra intacta. Brilló sobre un Medio Oriente marcado por muros, puestos de control, ruinas, oraciones enfrentadas y miles de muertos, viudas y huérfanos. Al mismo tiempo, en una calle estrecha de Belén, una familia armaba un pequeño nacimiento frente a su casa. Nada elaborado: arpillera rescatada de un saco de arroz, algunas figuras de plástico gastadas, un Niño Jesús envuelto en una tela amarillenta, ovejas sin pastor y una Virgen María y un San José de colores desvaídos. Un niño le preguntó a su padre: —Papá, ¿por qué seguimos poniendo un nacimiento aquí? El padre respondió con sencillez: —Porque todavía estamos aquí, hijo. Esa noche, el niño vio la nueva estrella. Parecía moverse lentamente, como si esperara a que alguien la siguiera. A lo lejos, un pastor del desierto de Judea llevaba su rebaño de regreso antes del anochecer. Había tenido malos encuentros y escuchado demasiados disparos en los últimos días. También levantó la mirada. Y en otros lugares, en Bagdad, Gaza, Ammán y Jerusalén Este, hombres y mujeres sintieron la misma inquietud mezclada con un llamado extraño: no quedarse quietos, esperar contra toda esperanza. Así, todos emprendieron el camino. Hubo pastores que confiaron sus rebaños a otros; una maestra que quería entender por qué “el futuro había hecho las maletas”; un zapatero de Nazaret cuya tienda sobrevivía sobre todo con reparaciones, porque nadie compraba nada nuevo; dos hermanos separados por un muro pero unidos por el teléfono; un pastor que conocía los caminos sin señales; un obispo; zapateros con las manos aún llenas de cuero, pegamento y polvo, diciéndose que los pies cansados pronto necesitarían buenas sandalias; adultos ansiosos cargando preguntas más pesadas que su equipaje. Se encontraron en retenes, en autobuses abarrotados, en salas de espera. No siempre hablaban el mismo idioma, pero compartían el mismo silencio. En el camino, se cruzaron con figuras inesperadas. Conocieron a tres sabios que lo habían visto todo. No compartían lengua, oración ni vestimenta, pero todos miraban la misma estrella. A pocos kilómetros, en edificios con aire acondicionado y puertas reforzadas, vieron a líderes políticos rodeados de escoltas y discursos. Buscaban una respuesta a un enigma que se remontaba al primer Diluvio. —¿Qué están buscando? —preguntaron los niños. —La solución de dos Estados —respondieron los líderes. Entonces, un anciano vestido de blanco, portador de un nombre del siglo XIII, dio un paso al frente. A su lado caminaba un sabio de Al Azhar. Se hablaron a través de silencios entendidos. Al final, todos llegaron a un lugar muy sencillo. No una fortaleza. No una ciudadela. Una iglesia dañada en el sur del Líbano. Allí vivía una familia. Vieron a una niña recién nacida a la que sus padres habían llamado, con cariño, Esperanza. Los pastores compartieron leche y miel. Alguien ofreció aceitunas. Los generales y jefes de Estado, por una vez, guardaron silencio. Se sirvió café. Las palabras se intercambiaron en pequeños grupos. Entonces los viajeros comprendieron que Dios suele encontrarse donde nadie pensó en buscar. Un periodista cubrió el acontecimiento y un cineasta se interesó por la historia. En cuanto a la estrella, se dividió en miles de millones de pequeñas luces, una por cada persona que enderezaba un error. Y el mundo, lentamente, aprendió a caminar de nuevo, como un niño que da sus primeros pasos.

Como la levadura en la masa…
Por
Fady Noun
Publicado
dic 21, 2025 - 10:14

La vocación de la Iglesia, de toda Iglesia y de todas las Iglesias, está trazada por Cristo. Esta vocación es a la vez universal e inclusiva con el objetivo de desterrar toda discriminación. Es ser la levadura en la masa y/o la sal sin la cual todo alimento se vuelve insípido e incomible. En otras palabras, como la sal está hecha para los alimentos, nosotros no estamos hechos para nosotros mismos, somos «seres para los demás». Esta vocación también es proclamar, con nuestras palabras y nuestros actos, la «buena nueva» de Cristo. «El cimiento de una historia nacional a mínima» y de un principio de cristalización de una identidad nacional, constatado por la historiadora Candice Raymond, es lo más preciado que tenemos para ofrecer a nuestros compatriotas – y debemos hablar indistintamente de ello como maronitas y como libaneses. Este cimiento es nuestro orgullo: es el inicio de una identidad estable y definida que debemos proteger de todo lo que pueda desfigurarla. Esto es, en particular, lo más valioso que podemos ofrecer a una comunidad alienada de este Líbano por una utopía político-religiosa de naturaleza «milenarista», en el sentido de que debe cumplirse dentro de la Historia, y en este caso preciso, concluir la Historia. La Iglesia pasó por eso. Condenó el «milenarismo» cristiano, y sabemos de sobra, y por experiencia, cuánto toda utopía engendra el terror. Pero es mejor, en lugar de esta demostración que podría prolongarse, hablar de lo más digno que los maronitas del Líbano pueden ofrecer a sus compatriotas: el altruismo. He aquí cómo: Ningún texto apologético lo dice mejor que la Carta a Diogneto, un manuscrito de los tiempos apostólicos descubierto en Constantinopla hacia 1436, en una pescadería donde servía de papel de envolver: «Pues los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por la tierra, ni por el lenguaje, ni por la vestimenta. No habitan ciudades propias, no usan algún dialecto extraordinario, su modo de vida no tiene nada de singular. (...) Residen cada uno en su propia patria, pero como extranjeros domiciliados. Cumplen con todos sus deberes de ciudadanos, y soportan todas las cargas como extranjeros. (...) Se casan como todo el mundo, tienen hijos, pero no abandonan a sus recién nacidos. (...) Están en la carne, pero no viven según la carne. Pasan su vida en la tierra, pero son ciudadanos del cielo. Obedecen las leyes establecidas y su modo de vida supera en perfección a las leyes. (...) En una palabra, lo que el alma es en el cuerpo, los cristianos lo son en el mundo. El alma está esparcida por todos los miembros del cuerpo como los cristianos en las ciudades del mundo.» La Carta a Diogneto es una ilustración por excelencia de lo que debe ser la ciudadanía; la mayoría de sus criterios pueden ser adoptados por cualquier hombre, cualquier mujer. Lo mismo ocurre con muchos otros textos doctrinales que la Iglesia pone a nuestra disposición, incluyendo la Doctrina Social de la Iglesia. Para esta doctrina, las nociones de dignidad de la persona humana, de bien común, de destino universal de los bienes, de subsidiariedad en la toma de decisiones, de solidaridad, son articulaciones esenciales de las relaciones sociales, lugar por excelencia donde se juega la piedad y la fidelidad a Dios. En el límite, se trata incluso de textos areligiosos, en el sentido de que no es necesario ser cristiano para inspirarse en ellos; es un buffet abierto al mundo entero. La encíclica social Fratelli Tutti del Papa Francisco forma parte de esos textos accesibles para todos, sin distinción de pertenencia religiosa. Este texto es un desarrollo de la Declaración de Abu Dabi sobre la fraternidad humana, cosignada por Francisco y el gran imán de Al-Azhar, Ahmad el-Tayyeb (2019). Por propia confesión del Papa, esta declaración nació en sus grandes líneas en torno a una comida a la que había invitado informalmente al dignatario sunita, al salir de una reunión de trabajo en la biblioteca del Vaticano. El Papa Francisco pone de relieve el concepto de amistad social, que es de hecho el complemento necesario del concepto de ciudadanía. Estos elementos de la doctrina cristiana se apoyan en valores y principios universales que trascienden las culturas y las épocas. Cuando Juan Pablo II dijo del Líbano que «es mucho más que un país: es un mensaje de libertad y un ejemplo de pluralismo para Oriente y Occidente», esto es lo que quería decir: los valores encarnados y asumidos por el Líbano de los que hablamos, e inscritos en nuestra Constitución, son válidos para todos, incluido el mundo occidental, parte del cual se encuentra en la pendiente resbaladiza del humanismo ateo y autorreferencial. Las palabras de Juan Pablo II subrayan, de una vez por todas, la misión particular, profunda e irremplazable del país del cedro: la de ser un modelo de convivencia entre las diferentes comunidades religiosas que lo componen, en particular entre el cristianismo y el islam. Pero como también afirma Juan Pablo II, «el hombre no es la verdad, está a la búsqueda de la verdad». Este es el postulado filosófico inquebrantable en el que se basa el Líbano. Es el fundamento mismo de este pluralismo que lo enriquece, y que es de hecho la vocación de toda sociedad democrática. Es también el «eslabón perdido» cuya existencia permitiría al principio de laicidad en Francia, que nos es tan cercano cultural y políticamente, evitar la intolerancia y mantenerse mesurado. No es que la Iglesia no sea el cuerpo místico de Aquel que dijo «Yo soy la Verdad», como cree todo católico. Pero la Iglesia también sabe, particularmente desde el Concilio Vaticano II, que «el Espíritu de verdad», Dios mismo, actúa también «fuera de las fronteras visibles de la Iglesia», y que conduce a la salvación a aquellos que, «sin culpa por su parte», y por diversas razones, no han conocido a Cristo como lo conocen los cristianos.