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Religión

El rosario, "la oración del pobre" y arma poderosa del Cielo

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Fieles caminan junto al rosario más largo del mundo, al término de la misa dominical celebrada el 21 de diciembre de 2024 en Bkerké. El rosario fue bendecido por el patriarca Béchara Raí. (Anwar Amro / AFP)
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Por Fady Noun
Publicado may 25, 2026 - 11:54

“Hay que decirlo: el rosario te impide caer más bajo”. Raoul*, un jubilado apasionado por los idiomas, padre de familia libanés-canadiense altamente calificado y amenazado regularmente por el desempleo, habla con total naturalidad y sin entrar en detalles.

En este mes de mayo, que la Iglesia dedica a la Virgen María, son innumerables los testimonios de auxilios recibidos mediante el rezo del rosario.

Para Fahed F., originario de Keserwan, sin el rosario y las visitas al santuario mariano de Béchouate, en la Bekaa, su matrimonio habría permanecido sin hijos.

“¡Ponte a rezar!” Escucha interiormente este empresario, justo después de entregar las llaves de su automóvil a un trabajador encargado de hacer una diligencia. A su regreso, el hombre, que discretamente había multiplicado los “Ave María” cerca de la obra donde trabajaban sus empleados, se entera de que su automóvil había derrapado sobre la carretera mojada de la autopista del Metn y que habría podido terminar en un barranco de no ser por un gran arbusto que providencialmente detuvo su trayectoria.

Estos testimonios confirman, a su manera, las palabras del papa León XIV, quien el 8 de mayo acudió al santuario de Pompeya, en Italia, para conmemorar el primer aniversario de su pontificado: “El rosario, dijo, es la oración de los pobres (...). Es un cofre que contiene la teología cristiana más esencial”. Lo es particularmente de los dogmas de la Encarnación y de la Redención.

En efecto, recogidos al azar de las conversaciones, estos testimonios muestran que el rosario es verdaderamente “la oración de los pobres”, la oración para todo del cielo, aquella a la que se recurre espontáneamente en cualquier momento y circunstancia: para obtener una gracia, detener una guerra, facilitar el nacimiento de un hijo, pedir fuerzas para levantarse de nuevo, aprobar un examen o prevenir un accidente.

Una tradición nacida en el siglo XIII

El rezo del rosario y del camándula hunde sus raíces en la Europa medieval. Durante la campaña contra la secta de los albigenses, a comienzos del siglo XIII, la Virgen se apareció a Santo Domingo de Guzmán y le explicó que, más poderosa para vencer la herejía que las polémicas y las batallas, debía emplear el arma de la oración. Había que repetir sin cesar: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pobres pecadores”. Ese sería el origen del rosario. Una alegoría sostiene que la propia Virgen María entregó a Santo Domingo este precioso collar de nudos o cuentas que hoy se ve colgado del retrovisor de tantos automóviles. En los conventos, se hizo recitar entonces a los monjes analfabetos los 150 “Ave María” del rosario, mientras aprendían los 150 salmos del Salterio.

Compuesto por cinco decenas de “Ave María”, cada una acompañada de un “Padre Nuestro” y un “Gloria”, el rosario es una oración repetitiva. Originalmente, el rosario comprendía tres series de cuentas, lo que permitía recorrer los quince misterios gozosos, dolorosos y gloriosos. La palabra “misterio” se utiliza aquí para designar un episodio fundamental de la vida de Cristo. A comienzos del siglo XXI, Juan Pablo II añadió un cuarto grupo de cinco “misterios”, llamados “luminosos”, aunque siguen siendo opcionales. Cada decena va acompañada de una meditación sobre uno de los “misterios” de la vida de Cristo. Para hacer accesible el rosario a un mayor número de personas, y no solo a los religiosos, la Iglesia asignó días de la semana a cada grupo de “misterios”, de modo que el rezo completo pueda distribuirse en tres o cuatro días.

Anclado en la historia

Su arraigo en la historia de la Iglesia otorga al rosario una legitimidad espiritual sólida. Su gran fuerza reside en su accesibilidad. Se adapta a las preocupaciones y al tiempo libre de cada persona. Por supuesto, la experiencia demuestra que su carácter repetitivo conduce a veces a un rezo mecánico o incluso al sueño, y que hace falta un esfuerzo para completarlo. Sin embargo, ese esfuerzo nunca deja de ser recompensado. Punto de apoyo poderoso en los momentos difíciles de la vida, en los problemas de salud, los reveses profesionales o las angustias de toda clase, el rosario también puede llevar a descubrir nuevas profundidades en las Sagradas Escrituras y a un verdadero encuentro personal con Cristo.

“El mayor milagro del rosario es el que ocurre en el corazón”, asegura Marielle, una madre maronita que creció en una familia donde el rosario se rezaba diariamente. Confiesa que, de niña, casi siempre se quedaba dormida durante la oración y que todavía no sabe rezarlo sola. “Con mi esposo, dice, a menudo logramos convertirlo en un momento de gracia, de intercambio, de encuentro con el Señor y de poderosa intercesión. ¡Todas nuestras preocupaciones pasan por ahí!”

Cambiar el curso de la historia

Pero la “Reina del cielo y de la tierra” no se limita a asistir a las personas. También quiere conducir a pueblos, continentes y al mundo entero hacia su hijo. Su intercesión, especialmente a través del rosario, puede cambiar el curso de la historia.

El ejemplo más citado en este sentido es el papel atribuido al rosario durante la célebre Batalla de Lepanto, en el mar Jónico, el 7 de octubre de 1571, en la que se enfrentaron la flota otomana de Selim II y la flota de la coalición de la Santa Liga, liderada por España y la República de Venecia. Con la pérdida de 187 barcos de los 251 comprometidos y más de 20.000 hombres, el desenlace de la batalla fue considerado providencial. Ese día se puso un freno decisivo al expansionismo otomano. Como consecuencia, el papa Pío V estableció el 7 de octubre como la fiesta litúrgica del Rosario.

La antigua presencia árabe-musulmana en Europa dejó al continente dos recuerdos extraordinarios: Santuario de Nuestra Señora de Lourdes y Santuario de Fátima. El pueblo de Fátima, en Portugal, lleva el nombre de la hija favorita del profeta del islam. Detrás de esta toponimia singular permanece el recuerdo duradero de Al Ándalus y de la presencia árabe en la península ibérica. Por qué María eligió ese pueblo para advertir sobre las desgracias del siglo XX sigue siendo un misterio. Lo que sí se sabe es que se presentó ante los tres niños que la vieron como Nuestra Señora del Rosario y pidió el rezo diario del rosario.

“La más noble de las damas”

En el caso de Lourdes, una tradición oral recogida por cronistas sugiere que este nombre deriva de la palabra árabe “warda” (rosa, flor), a través del paso de la “waw” árabe a la consonante líquida francesa “l”. También se plantea que la gruta de Massabielle, donde la Virgen se apareció en 1858 a Santa Bernadette Soubirous, toma su nombre del árabe “as-sabil”, que significa fuente o manantial.

Estos detalles aparecen en una crónica que relata cómo, en 778, el emperador Carlomagno, de regreso de su campaña en España, quedó detenido a lo largo de los Pirineos frente a una fortaleza ocupada por un príncipe llamado Mirat, quien resistía tanto las órdenes de rendirse como las promesas de convertirse en “conde y caballero de Carlomagno” y conservar todas sus posesiones si aceptaba el bautismo.

Como último recurso, el capellán de Carlomagno, el obispo de Le Puy, después de implorar fervientemente a Nuestra Señora de Le Puy, obtuvo permiso para subir a la ciudadela como negociador. Consciente de que los musulmanes veneran profundamente a la Virgen María, propuso a Mirat que, si no reconocía a Carlomagno, aceptara al menos como soberana a “la más noble Dama que jamás existió”. Conmovido por la idea, Mirat declaró estar “dispuesto a entregar las armas al servidor de Nuestra Señora y recibir el bautismo, con la condición de que su condado no dependiera jamás, ni para él ni para sus descendientes, más que de Ella”. Carlomagno confirmó el acuerdo y Mirat recibió el bautismo de manos del obispo de la diócesis de Le Puy. Ese encuentro marcó el final de la “Reconquista” en Francia.

Testimonios que interpelan

Estos testimonios nos interpelan. Por su irradiación, Lourdes y Fátima son reliquias sagradas, casi promesas. El santuario de Lourdes seguirá llevando hasta el fin del mundo la marca de la Virgen María, la “warda sirriya” o “rosa mística” de las letanías del rosario, como lo deseaba Mirat el sarraceno.

Digamos, para concluir, que la Iglesia católica solo puede alegrarse de la santidad de los papas que la han gobernado desde hace más de un siglo. Pero la evidente multiplicación de las apariciones de la Virgen durante el último siglo demuestra que ella también ha considerado útil intervenir directamente en el curso de la historia. En Medio Oriente la hemos visto en El Cairo (1968), Beirut (1970), Damasco (1982) y Mosul (1991). Porque nada escapa a María: ni nuestras conductas personales ni los tiempos inquietantes que vive el planeta. Lo constatamos en el Líbano y en otros lugares: sus advertencias siguen plenamente vigentes. En el Líbano tuvimos la original idea de instaurar una fiesta nacional civil que simbolizara nuestra convivencia y tomamos prestada de la Virgen María la fiesta de la Anunciación, el 25 de marzo, para hacerlo. Porque, afortunadamente, la última palabra siempre le pertenece. “Si Dios, en su ira, destruyera el mundo, yo le devolvería los pedazos”, son las impactantes palabras que ella confió un día al padre Jean-Édouard Lamy, apóstol y místico francés (1853-1931).

Sí, el rosario es verdaderamente, a imagen de “la Sierva del Señor”, la encarnación orante del espíritu de servicio y la certeza de que la oración ferviente y sincera supera en eficacia “las polémicas y la guerra”. Una “oración de los pobres”, una oración para todo y hasta, como asegura la propia Virgen María, para rehacerlo todo.

(*) Los nombres fueron cambiados.

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